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Claves geopolíticas (XII)
El dilema de la Periferia

por Héctor Valle
hectorvalle@adinet.com.uy

Si la historia es, como afirmaba Braudel, una dialéctica de la duración, la nuestra, la sudamericana, merece ser pensada y repensada desde la visión de varios de sus hacedores claves. Y, siguiendo con afirmaciones del historiador francés, el economista ha adquirido la costumbre de acudir en apoyo de lo actual, en apoyo de los gobiernos y todo el pensamiento económico, y ahora
lo extiendo a lo contemporáneo, es decir al dogma dominante, está coartado por la restricción temporal de lo sucedido en pocos años previos a la fecha.

 

Así, se procura que lo aparente tome vistos de permanente y real y esto sea tenido por lo justo, sabio y revelador. Se prescinde de todo pensamiento crítico y, en especial, todo aquel pensamiento pretendidamente crítico que no venga del Centro.

 

Raúl Prebisch

Y, como toda generalización tiene sus honrosas excepciones, es que hoy visitaremos una de ellas, en la persona del argentino Raúl Prebisch.

 

Es así que el visitar la memoria y la obra de Raúl Prebisch, tiene por un lado
la fuerza del compromiso con lo mejor de lo nuestro, en materia de pensamiento económico, junto con el de Celso Furtado, a la vez que imprime e ilumina una dinámica y un lugar a nuestro entender estratégico para situar nuestra reflexión: la Periferia.

 

 

En la exposición realizada el 7 de junio de 1978 en ocasión del XXX aniversario de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL), Prebisch reflexiona y lo hace a su modo, en profundidad y de esta forma: “Tres consideraciones primordiales orientaron a la Secretaría de la CEPAL en su esfuerzo por servir al desarrollo latinoamericano: Primero, sustraerse a la fácil seducción de teorías concebidas en los grandes centros que, no obstante su aparente sentido de universalidad, no podían responder a una realidad latinoamericana, a una estructura social muy diferente de la de aquellos. Segundo, dedicarse al análisis sistemático de esa realidad a fin de actuar sobre ella, utilizando una concepción auténtica y no desde el prisma de los centros. Tercero, reconocer las continuas mutaciones de los fenómenos reales y la necesidad de renovar incesantemente nuestro pensamiento.

 

Por algo no es posible, al menos en Montevideo, ubicar las obras de Prebisch, tarea a la que propongo nos aboquemos todos. Este hombre, como a su vez, Furtado, de quien ya he escrito en este ámbito periodístico, fue un pensador libre, comprometido con su gente y nuestra región, en tanto él supo ver a la Argentina asociada a toda la América Latina en un marco en el que, como el de la Periferia de los centros de poder, debía ser pensada y relanzada, con voz propia, que no es lo mismo que decir meramente contestataria, al concierto de las naciones del mundo, en una salida consensuada y acordada con el resto de las naciones de nuestra región.

 

Prebisch fue, además de un gran pensador, un hombre libre y probo, hasta el final. Y que además tuvo la sabiduría y el coraje de decir las cosas claras y de frente, sin servilismos ni medias tintas, como estas expresiones, contenidas en la citada disertación: “Los grandes nunca violan sus principios económicos; si no les vienen bien, ¡sencillamente los cambian! (...) También fue combatida duramente la idea de planificación del desarrollo lanzada por la CEPAL. Se confundía la planificación con el control centralizado de la economía, aunque nunca pensamos en tal cosa. Sin embargo, los críticos no se tomaban la molestia de leer nuestros trabajos, en donde sosteníamos que la planificación, no sólo no conspiraba contra la iniciativa individual, sino que era un instrumento eficaz para su desenvolvimiento. Y afirmábamos simultáneamente la conveniencia de alentar la iniciativa de nuestros propios empresarios.

 

Que de esto debemos ocuparnos, de planificar desde lo nuestro y con los nuestros. Como, por ejemplo, se hace en el ámbito de la integración latinoamericana que es la Asociación Latinoamericana de Integración (ALADI) cuya casa, además, está en Montevideo, en esta querida aldea que recuesta su cuerpo junto al río que llamamos mar.

 

Prebisch apunta a lo que luego pretendo sea un ejemplo de lo que uno aboga para nuestra región: el Brasil y su momento, que es, en algún modo, y nada menor, el de todos. Sin que por ello perdamos singularidad en mayor o menor medida. Pero convengamos que a la hora de planificar, en acuerdo con el resto de países de la región, un articulador de peso y con sustancia, además de otros, pero que linda con una decena de naciones, es el Brasil desde dos cuencas, la Amazónica y la del Plata. Tan sencillo como eso.

 

Pero prosigamos con Prebisch.

 

Ética y racionalidad

Dice este economista argentino, nacido en Tucumán, el Jardín de su patria: “La CEPAL no surgió como un cuerpo sistemático de doctrina; lo fue elaborando frente a una realidad cambiante y cada vez más compleja.” Y, luego de detallar uno de sus trabajos sobre población, resalta en aquello que a su criterio debe primar: “Lo esencial, a nuestro juicio, era una política de distribución dinámica. Consistía esta política en elevar la productividad y el ingreso de ese grupo rezagado mediante una más intensa acumulación de capital (tanto en bienes físicos como en formación humana), sin perjuicio de algunas sensatas medidas de redistribución inmediata.”

 

Y casi de inmediato, define lo que aun hoy nos hiere: “Con retardo histórico algunos economistas del hemisferio norte han descubierto lo que han dado en llamar “pobreza crítica”. ¿Quién podría negar la necesidad de extirparla? Personalmente yo sería el último en hacerlo. Pero de todos modos me resisto a este tipo de simplificaciones. La pobreza es parte integrante del problema del desarrollo y no podrá resolverse aisladamente. Constituye un problema que requiere enérgicas medidas internas y de cooperación internacional. Ya no caben dudas acerca de la tendencia del sistema a dejar al margen del desarrollo los estratos inferiores de la estructura social. Y lo afirmo tras larga y madura reflexión. Así son las leyes del mercado. No ocurre esto por las fallas del mercado que, a mi juicio, tiene gran importancia económica y, sobre todo, política. No es el mercado en sí mismo, sino lo que está detrás de él. Tenemos una estructura social de donde surgen relaciones de poder que influyen considerablemente en la distribución desigual del ingreso, y esas relaciones llevan a concentrar gran parte del fruto de la creciente productividad del sistema en los estratos superiores.”, afirmaba Prebisch, casi a punto de culminar su brillante intervención del mes de agosto de 1978.

 

Marca, pues, que la pobreza no es un aditamento sino que constituye un aspecto del problema central que procura tantas veces ser ignorado: la falta de justicia social en la formulación y ejecución de políticas distributivas para con las naciones de la Periferia, en especial pero y en general para con toda aquella masa de gente que no integre las elites parias del poder central dominante.

 

Él habla de una pobreza que forma parte, que integra un modo de actuar y no de una pobreza que, según otros, es un factor exógeno, luego pasible de caridad,  de dádiva a pensar en ser dada a aquellos pobres.

 

Dice y dice bien, respecto del mercado, como de sus clérigos. Sobre lo que hay por detrás de determinadas homilías, lo que se pretende esconder pero a la vista salta: la más flagrante ignorancia por el otro, por lo social, en beneficio del factor utilitarista predominante, el santo y seña de la doxa actual: el rédito.

 

Un rédito que no es tenido en cuenta para un marco social donde la distribución sea tanto equitativa como propiciadora de igualdades en los planos diversos en que se lo calcula, no. El rédito por el rédito en sí. La formulación primera y última del sentido de un hombre práctico: la ganancia, la supuesta superación individual.

 

Falta aun darse cita a parte sustantiva de su pensamiento y de su acción en los años siguientes; años en los que, supo mantener con dignidad y elevación de miras, una actitud serena, docta y a la vez, democrática y republicana, respecto de las vicisitudes que el devenir de los acontecimientos, cada vez de más honda repercusión social, se iban produciendo en nuestra América.

 

Termina esta exposición, con estas palabras, que prolongan lo que venía afirmando en torno a la concentración de la productividad del sistema en los estratos superiores; dice: “Sobre ellos se asienta la sociedad privilegiada de consumo, la imitación vehemente de las pautas de consumo de los centros, en desmedro de la acumulación del capital indispensable para absorber productivamente los estratos inferiores. A todo ello se agrega la succión de ingresos por partes de los centros, cada vez más vinculados a la sociedad de consumo. La sociedad de consumo es, pues, incompatible con la integración social de las grandes masas rezagadas. (...) ¿Pero podemos hablar de economía social de mercado en nuestra periferia, donde una proporción considerable y persistente de la población vegeta en la sociedad de infraconsumo? Dos siglos durante los cuales ha dominado la creencia en las virtudes reguladoras de las fuerzas espontáneas de la economía han sofocado el sentido ético del desarrollo, lo que no puede atribuirse por cierto al padre de la economía política, ya que fue Adam Smith, antes de escribir sus “Investigaciones sobre la naturaleza y las causas de la riqueza de las naciones”, fue profesor de ética. Se ha extraviado en forma flagrante la significación social del desarrollo. Por consiguiente se imponen serias transformaciones: ética para impulsarlas y racionalidad para realizarlas.”

 

¿Cómo, pues, no recordar a Prebisch?

 

¿Cómo pensar una “salida” sin contemplar a todos? ¿Cómo subdividir la especie humana en “nosotros” y “aquellos”? ¿Cómo hacerlo sin renunciar a la vergüenza, al respeto por el otro que es también por nosotros mismos?

 

¿Cómo?

 

Por cierto que no agotaremos aquí, en esta entrega, su recuerdo sino que tendremos por delante varias instancias más de meditación junto a sus reflexiones que, haciéndolas nuestras, intentaremos presentarlas en este espacio y tiempo de nuestra región.

 

Una ética y una racionalidad, entonces, que no sólo ya fue pensada, por ejemplo por Prebisch como por Furtado, entre otros grandes hombres como mujeres de nuestra América, pero que hoy debemos poner en el centro de nuestra consideración a la hora de establecer, con precisión, que es un modo de decir, con compromiso social, cuáles son y cuáles deberán ser nuestras actitudes y acciones en la mejora sustantiva en equidad económica y social para el conjunto de nuestras gentes.

 

Vayamos ahora a un dato que la hora impone no sólo pensar sino también, asumir posición:

 

Brasil en elecciones

Veamos si podemos convenir, para situarnos en este momento de reflexión, en que la vida nunca es de una sola vía, sino confusión, oposición dialéctica para unos, caos que genera orden para otros, y así sucesivamente en la multiplicidad de visiones que cada quien tiene de este instante que pretendemos sea nuestro.


Por eso, más que atender la demonización con la que un hombre calificó a otro en un lugar del mundo, y en este momento de nuestro instante, no podemos olvidar que incluso el diablo tiene algo de humano.

 

O, como establecía Mark Twain, en su obra “El Forastero Misterioso”, pensar que, posiblemente, por qué no: “Percibes, ahora, que todo es imposible a no ser en un sueño. Comprendes que son puros y pueriles desvaríos, las tontas creaciones de una imaginación que no es consciente de sus monstruos. En una palabra que son un sueño, y tú el que sueña. Todas las marcas del sueño están presentes; debiste haberlas reconocido antes.” 

 

Pero dejemos estas disquisiciones que provienen a resultas del exabrupto proferido por un hombre, ya vencido y sobrepasado por los acontecimientos, de manera de intentar golpear a otro que sí está en el centro de la tarea y que aun dista mucho de culminar su tarea.

 

En lo que a mí respecta, prefiero, en todo caso, recordar a Gastón Bachelard cuando afirmaba que “El destino de un hombre es ser agente de transformación”. Es decir, opto por este mundo, desde mi hora, que es la nuestra, para ver cómo situarnos y de ahí tomar los puntos de referencia que nos permitan actuar, coordinadamente, en pro de nuestras gentes, desde el llano y hacia el porvenir.

 

Lo cierto y que desde ya saludamos, con alegría y respeto, es que el Brasil vota por quinta vez consecutiva, en democracia plena, a su Presidente; algo que merece ser destacado.

 

Quiero citar al pensador brasileño Wanderley Guilherme dos Santos que en nota publicada por el diario Folha de São Paulo, de fecha 26 de septiembre de 2006, bajo el título de “La oportunidad de la democracia”, explicita su posición respecto de esta elección presidencial.

 

Al hablar a favor de la candidatura de Luiz Inácio Lula da Silva, explicita no pocos de los problemas y circunstancias que rodean no sólo la elección sino al Partido del actual Presidente.

 

En todo caso, quiero destacar un párrafo en particular, por su proyección y significación para la región. Dice dos Santos, lo siguiente: “La actual crisis que envuelve al PT no es una crisis de crecimiento, sino de saneamiento y de desparroquialización. El Partido de los Trabajadores  necesita tener su administración nacionalizada, así como el propio gobierno, del que el PT es el principal responsable, debe exigir una reformulación que contemple las exigencias de un país en las vísperas de una etapa crucial de su historia: la etapa en que puede seriamente candidatearse a una inserción más positiva en el cuadro internacional.”

 

En forma por demás certera y sintética, el Profesor dos Santos atiende a los tres aspectos cruciales que a su juicio, compartido por muchos, deberá prestarse atención en los próximos tiempos si, como muchos pensamos, y esperamos, el Presidente Lula renueva su mandato.

 

Y esto queda dicho: nos identificamos con este hombre pues la región merece y necesita a un Brasil integrado, actuante y que pueda desplegar, desde una praxis que ya va permitiendo teorizarse a sí misma –sin eludir sino propiciar una dialéctica que esperemos devenga en mayores construcciones antes que perderse en luchas intestinas- y entonces converger en síntesis de mayor y mejor creación para tomar posición en lo internacional que lleven consigo las posiciones que las naciones de la región tenemos y defendemos. Sin que por ello, lo repito, ninguno, ni yo mismo, se entiende, releguemos porciones de soberanía y menos de autonomía intelectual; no.

 

Asimismo, porque es dable observar que han habido avances significativos, tanto en generación de nuevos empleos, cuanto en una mejora de la educación (la que ciertamente puede aun perfeccionarse bastante), bien como en el efectivo acceso a la creación de micro emprendimientos y así, lentamente, sustentar de mejor forma la base socioeconómica del empresariado de este país hermano.

 

Pero también porque se trata de ser coherentes y planificar con visión geopolítica, por ende superior, que atienda y formule una geoestrategia de consenso y proyección.

 

Hablo de políticas que reviertan procesos denigratorios para la condición socioeconómica de nuestros pueblos, en el marco de un intercambio comercial no sólo desigual sino discriminatorio para con la Periferia por parte de los centros de poder, desde el ámbito, vaya si cuestionado pero a la vez, necesario de la Organización Mundial del Comercio (OMC).

 

La región, país por país

Y es junto al Brasil, reitero, que nuestras naciones fijarán y coordinarán posiciones.

 

Veamos a nuestra región, país por país, en una muy esquemática visita:

 

La Argentina, en franco desarrollo económico pero aun con instancias previas hacia una real reindustrialización; Chile, en un proceso de convergencia hacia una democracia plena, con una economía brillante en lo macroeconómico pero seriamente cuestionable en lo social; el Paraguay con dos Estados y una Visita.

 

A su vez, Bolivia, el polvorín de la región; Venezuela, con un hombre y un elemento –su Presidente y el petróleo- pero aun lejos de tener y sostener, estructuras confiables y proyectos pensados y sostenidos desde bases actuantes, a largo plazo; el Perú, con un TLC pendiente, un partido de gobierno con enfrentamientos y contradicciones; Colombia, con otro TLC pendiente, y ambos, Perú y Colombia quizá sólo consigan renovar los respectivos ATPDEA, falta ver cómo los trata el Senado norteamericano, pero Colombia con dos gobiernos y dos territorios, pujando por converger en uno, si bien todavía distante en el tiempo.

 

Por su parte, el Ecuador, con una elección sustantiva por delante y con un indigenismo que habrá de tener espacio; Cuba, repensándose a sí misma, tímida pero sostenidamente comienza a hacerlo, vistas las declaraciones, por ejemplo de Raúl Castro, el 28 de septiembre de 2006: pidió ser autocríticos “aunque no agrade lo que nos digan”.

 

Apretadísima e incompleta, pero sugerente, síntesis de una América del Sur necesitada de certezas y no por cierto de improvisaciones y menos de signo contrario al que diga relación con la mejor inserción socioeconómica de nuestros pueblos.

 

Por ello mi postura explicitada en forma previa a la elección brasileña, una vez que estos apuntes son entregados el sábado 30 de septiembre a la Coordinación de La Onda Digital para su posterior compaginación en la edición que estará en la Red el martes 2 de octubre.

 

Para la serie en sí, digamos una vez más que Raúl Prebisch volverá a ser pensado por nosotros, en breve. Y espero contar con usted para mejorar la mirada y establecer horizontes de acción. 

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