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Valor económico
Su creencia en la excepcionalidad de los 102 puritanos que salieron de Inglaterra, a principios del Siglo XVII,, atravesaron el Atlántico en el navío Mayflower, y desembarcaron en Massachussets, el día 21 de diciembre de 1620, con la decisión de crear una nueva sociedad en el continente americano. Del punto de vista de los mortales, ellos eran apenas un grupo de ingleses pobres y puritanos que comenzaron a cultivar las tierras de Nueva Inglaterra, después de fundar la ciudad de Plymouth. Del punto de vista de la mitología norteamericana, mientras tanto, estos señores atravesaron el Atlántico para plantar la semilla moral y ética de un pueblo escogido para redimir los pecados de Europa.
Con el tiempo, este mito fundador y la idea de la excepcionalidad histórica de los Estados Unidos, se transformaron en una pieza central de todo el pensamiento norteamericano, reforzado por la tesis de algunos cientistas sociales y economistas que creen que el desarrollo del capitalismo norteamericano fue absolutamente original, gracias a la fuerza de su propio capital financiero, y a la inventiva de sus Grandes Corporaciones.
Cuando se mira más de cerca, entre tanto, la historia del capitalismo norteamericano es menos original de lo que parece. Por una razón muy simple: los Estados Unidos fueron el primer estado nacional que se formó fuera de Europa, pero ellos no rompieron con Inglaterra y mantuvieron una posición privilegiada dentro del territorio económico británico. Algunos de sus presidentes se consideraban descendientes de los primeros peregrinos, pero en realidad del vamos a ver su opción fue negociar y mantener una posición privilegiada, dentro del espacio imperial británico. Y sólo así se consigue comprender el éxito inmediato del expansionismo territorial y económico de los Estados Unidos, a partir de la propia independencia.
El fundamentalismo puritano puede haber ayudado a unos y otros, pero mucho antes de que se formasen las Grandes Corporaciones, los Estados Unidos comenzaron un movimiento de expansión continua e ininterrumpida, a través del comercio y de la diplomacia, pero también, a través de la guerra, como en la historia de Inglaterra. El primer paso fue dado en la propia Guerra de la Independencia con Inglaterra, pero luego se dieron una sucesión de 37 guerras indígenas sucesivas, cortas y crónicas, al Sur, Norte y Oeste.
Después vinieron las Guerras de Texas, en 1837, y de Méjico, en 1846 que trajeron junto con las victorias, un aumento del 60% del territorio inicial de las 13 Colonias. Más adelante, fue el turno de la Guerra Civil de 1961-65, y a fines del siglo XIX, la Guerra Hispano-Americana, en Cuba y en Filipinas.
Paralelo a la expansión territorial, los Estados Unidos también usaron sus armas para expandir su comercio, atacando el norte de África, y bombardeando la ciudad de Trípoli, en 1804, y la ciudad de Argel en 1815; así como en Asia, bombardeando Cantum, en 1856; Shimonseki Strait, en Japón, en 1863, y Corea en 1871. La misma tendencia expansionista y bélica que se mantuvo durante todo el siglo XX, cuando los Estados Unidos hicieron cerca de 50 intervenciones militares fuera de su territorio, antes y después del fin de la II Guerra Mundial, y del lanzamiento por la aviación norteamericana de dos bombas atómicas, sobres las ciudades japonesas de Hiroshima y Nagasaki.
Por otro lado, desde el punto de vista de la expansión estrictamente comercial y diplomática de los intereses norteamericanos, enseguida de 1784 ya era posible encontrar navíos mercantes americanos en los puertos chinos. E inmediatamente que finalizó la Guerra de la Independencia, los Estados Unidos firmaron un acuerdo económico con Inglaterra el Jays Treaty de 1793 estableciendo las bases de su sociedad de largo plazo, que abrió de inmediato, a los navíos norteamericanos, los puertos de las colonias inglesas de oriente, en Oman, Batavia, Manila y Cantun. Medio siglo después, los americanos firmaron su primer Tratado Comercial de Wanghia, con China, en 1844, conquistando acceso a los puertos de Canton, Amoy, Foochow, Ningpo y Shangai. Y lo mismo sucedió con Japón, después de la firma en 1854 de un tratado comercial que abrió de una sola vez dos puertos japoneses más a los navíos norteamericanos.
Por fin, una vez más a contramano de la tesis de la excepcionalidad, todas las evidencias indican que la economía americana ocupó a partir de su independencia una posición complementaria y privilegiada con relación a la economía inglesa. Al comienzo, al romper sus lazos políticos con Inglaterra, los Estados Unidos se transformaron en una periferia agro-exportadora de la economía británica. Pero enseguida, los Estados Unidos se transformaron en los mayores hospitalarios y beneficiarios del capital financiero inglés, y de sus inversiones directas, sobretodo en servicios, transportes y comunicaciones. En algunos momentos, la inversión directa inglesa llegó a representar el 60% de la inversión total del período, asegurando a los Estados Unidos una posición importante dentro del territorio económico británico.
Y diríamos más, usando una expresión común a fines del siglo XX: en la práctica, el capitalismo norteamericano fue el primer caso de éxito de desarrollo a invitación de Inglaterra. Una Inglaterra que además de todo, nunca se opuso al uso intensivo y permanente de políticas mercantilistas, por parte del gobierno norteamericano.
La hegemonía mundial del imperio inglés no habría existido sin sus dos pilares fundamentales: la India y los Estados Unidos. Y no hay duda que los Estados Unidos fueron la verdadera frontera de expansión del capitalismo británico, durante todo el siglo XIX.
Para finalizar, los Estados Unidos también siguieron el modelo de Inglaterra de Cromwell, durante su Guerra Civil, entre 1861 y 1864: fue allí que se establecieron las bases fiscales, administrativas y militares del moderno estado americano, y fue también durante la guerra civil que se formaron juntos, el sistema de deuda pública y el sistema de crédito de los bancos americanos. Fue el momento del casamiento definitivo entre el poder del estado y de los grandes capitales americanos, la verdadera locomotora de la economía americana, entre 1870 y 1914. Esta historia es menos edificante y puritana que la de los primeros peregrinos, pero siempre habrá a quien le gusten las historias de Carroñitas. Traducido para LA ONDA digital por Cristina Iriarte LA ONDA® DIGITAL |
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