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Artículo denigratorio de Latorre,
deporte favorito de algunos

por Alfredo E. Allende

El Sr. Carlos Zapiola en el número 309 de “La Onda” sostiene que “ese Coronel (se refiere a Latorre) que fue traído de su entierro en Buenos Aires en un viaje especial en plena dictadura pasada hace tan pocos años, lleva a replantearse el tema.” “Ese coronel” fue el organizador principalísimo del Estado uruguayo y el realizador de la unidad nacional; merecería entonces que el tema se hubiera replanteado hace
mucho tiempo. Latorre no tuvo la culpa de que los miembros
de la dictadura aprovecharan el prestigio popular del que aún gozaba para
buscar un paradigma que los cubriera con una ascendencia de fuerte
reputación. Latorre no instauró un régimen militar (de acuerdo: Pivel
Devoto, Benjamín Nahum, Real de Azúa, etc.) y ni siquiera gobernó en
beneficio de la clase militar: bajó el presupuesto castrense en más de
un 50% (Ver mi trabajo, “Lorenzo Latorre, el estadista”, editorial El
Galeón, Montevideo) No ascendió a nadie de nivel jerárquico militar
superior y tampoco se ascendió a general. Se rodeó de civiles de
prestigio, por supuesto con varios “blancos”, no sólo “colorados”,
respetó al Tribunal Supremo de Justicia, y no nombró jueces sino que le
dejo a la “vieja” Corte o Tribunal esa actividad. “Ese coronel” ordenó,
además desalojar de la ciudad capital a todos los batallones menos uno,
tal cual lo reclamaba la civilidad, y nunca se lo había hecho. Y
suprimió unidades militares.
 

El Sr. Zapiola dice con exactitud que “fue hijo de una familia de
nivel pequeño burguesa”, y agrega: “de bajo nivel pero honrado”.
Subrayo la conjunción adversativa, sobre la que no hago comentarios.
Señala además que el participar a los 19 años de la revolución de
Flores ”lo situó lejos de muchos ciudadanos”. En fin, no parece que un
muchacho a esa edad pudiera alejar a nadie que no fuera su propio
padre, blanco empedernido, con el que luego se reconcilió en una cálida
amistad filial. “Participó en la Guerra del Paraguay, lo que hacen que
mucho lo miren con odio”. Siendo un militar y muy joven, cumplió con su
deber y no creo que desertar hubiese sido un buen ejemplo; se lo
estaría acusando de traidor a la patria. Lástima que se omitió decir
que fue héroe en esa desgraciada guerra al frente de la vanguardia como
oficial en Estero Bellaco, dónde recibió una grave herida que le dejó
secuelas muy molestas durante toda su vida.

 

Dice con razón el Sr. Zapiola que tuvo un “poder dictatorial”: en
verdad técnicamente hablando fue una dictadura -no una tiranía-
reclamada por una multitud para su tiempo (hubo más gente en la esquina
de su casa adonde se lo fue a buscar que la concurrente a los continuos
comicios fraudulentos que se realizaban en medio de escándalos y con
derramamiento de sangre) Ese dictador no encarceló a rival político
alguno, ni exilió a nadie, ni cerró un solo periódico de los numerosos
de oposición que había. Puedo continuar al respecto, pero sólo agrego
que el propio J. P. Varela exigió por escrito en 1875 que se hiciera
algo enérgico para ordenar el país cuyo estado normal, decía, era la
guerra, pensamiento concordante con la de otros orientales de
relevancia pública: en ese año, 1875, Manuel Herrera y Obes, en una
revolución (“La Tricolor”) había aceptado la dirección y la Dictadura
que vendría si hubiera triunfado la revuelta.
 

El párrafo referido al tendido de alambres (supongo que
”alumbramiento” quiere decir alambrado) se refiere a la concentración
de tierras. ¡Ya estaban concentradas las tierras, claro que sin
explotación! Al contrario, el alambrado ponía límites al desborde de
los más poderosos y posibilitaba la producción en cantidad y calidad
por vez primera en la historia oriental. De todas maneras y como lo
explica el investigador Dn. Silos Piedra Cueva-Azpiroz (en un libro
también hallable en El Galeón) elevó al Parlamento un proyecto concreto
de reforma agraria para distribución de tierras fiscales que los
Representantes ignoraron, lo que fue uno de los motivos que lo
indujeron a la renuncia. Si bien no entiendo la última oración de este
párrafo del Sr. Zapiola, aclaro que el asalariado rural es, en
principio, un paso fundamental en el progreso socio-económico-cultural
de una nación. Un paisano sujeto a la leva de las partidas bravías o
del ejército, ése, es un esclavo sujeto al caudillo y desarraigado de
la familia, no un sujeto libre.

 

“Nuestro país es ingobernable”: claro la dirigencia que había llevado
a la situación de caos durante décadas. De todas maneras fue una frase
que aislada y sacada del contexto político no fue feliz. El Sr. Zapiola
le da una enorme importancia a la expresión sin mencionar la obra
fundacional del gobernante; Latorre llevó a cabo la única revolución
estructural del Uruguay. Pero algunos se aferran a una frase suelta:
son quienes evitan hablar de los temas concretos, la magna obra llevada
a cabo en menos de cuatro años.
 

Tiene una confusión grande el Sr. Zapiola cuando dice que la
”Universidad tuvo una vida diferente con la mano de José P. Varela”.
Varela no tuvo nada que ver con la reforma democratizadora
universitaria de Latorre, con la creación entre otras de la Facultad de
Medicina, o con las Escuelas de Artes y Oficios. Varela se dedicó a la
educación primaria exclusivamente y antes de morir le agradeció,
también por escrito a Latorre, el haber hecho posible esa gran reforma
primaria.
 

Quizá no sepa el Sr. Zapiola -hay mucha gente en el Uruguay que lo
desconoce- que la acción de Varela la debió sostener el Coronel
Latorre, contra viento y marea porque se oponían la Iglesia y buena
parte de la oposición y de propios partidarios, alegando que no podía
ser obligatoria la educación porque afectaba a las libertades… Además
al fallecer el Educador, Latorre no hesitó: nombró al hermano de aquél
para que continuara fielmente la obra, a pesar de intentar grupos de
poder otros candidatos. La reforma mal que les pese a los detractores o
ignorantes sin culpas, fue vareliana-latorrista, no sólo vareliana. Y
¿qué reforma hubiese sido efectiva con partidas bravías y desorden
generalizado? ¿Cómo se hubiera podido llevar a cabo sin la organización
de la campaña, sin la Justicia Rural que Latorre creó, sin los
impuestos y afectaciones presupuestarias que decretó él para la
educación, y sin el Correo, sin los telégrafos, todas creaciones de
este increpado gobernante?
 

No sé de dónde sacó el Sr. Zapiola que las Autoridades y los docentes
universitarios resistieron a Latorre y que se vieron actos de
violencia. Al contrario; pero sí hubo críticas en el “Ateneo”,
organización particular, a la vuelta de la casa de aquél, sin que nadie
molestara esas reuniones, a las que asistía el pintor e intelectual
Figari, que dejó dicho, años después, que no entendía porqué se atacaba
al gobernante.
 

Yo me permito decir que tampoco ahora lo entiendo. Pero sí comprendo a
quienes han sido dirigidos mentalmente por manuales de segunda
categoría o que han sido manipulados por el eslogan de sus desconocidas
violencias -la leyenda negra antilatorrista- o no han tenido tiempo
para leer a Salterain y Herrera, o a todos los otros ilustres
orientales que mencioné, o echar un vistazo a  mi modesto ensayo sobre
el particular, cuya única virtud consiste en poner claridad y respeto
sobre el personaje mayor que hizo posible con su revolución pacífica
que importantes políticos más tarde pudieran efectuar tareas de
progreso, ya dentro de un Estado constituido, con instituciones
esenciales en marcha con la producción y la cultura activadas. El Sr.
Zapiola merece todo mi respeto: es víctima como tantos, de una
tradición sin basamento histórico hacia “ese coronel”, ese Prócer.

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