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Moniz Bandeira: Alckmin representa
la sumisión de Brasil a los EE.UU.

- El resultado de la elección presidencial brasileña tiene alguna relevancia internacional?  Cuál?

-  La victoria del candidato de la oposición sería un desastre para los países en desarrollo que, liderados por Brasil, con el apoyo de Rusia, China e India, formaron el llamado G-21, a fin de forzar a los Estados Unidos y las demás potencias industriales a realizar mayores concesiones en las negociaciones sobre el comercio.  Estas potencias industriales, comenzando por los Estados Unidos, están abarrotadas de manufacturas, tienen superproducción, y quieren abrir y ampliar sus mercados por medio de áreas de libre comercio, sin dar ninguna contrapartida.  El tratado de libre comercio, en los términos que los Estados Unidos desean y el candidato de la oposición ya se mostró dispuesto a aceptarlo, sería un desastre para la industria brasileña y, también, para la agricultura.

 

 El Nafta liquidó la agricultura de Méjico y de nada valieron las concesiones hechas, pues hasta un muro en la frontera va a ser construido, separándolo de los Estados Unidos.  El candidato de la coalición PSDB-PFL ya reveló su perfil de derecha, servil a los intereses de los grandes grupos económicos extranjeros y nacionales, y pretende, sin duda, someter a Brasil a los Estados Unidos, cambiando sustancialmente el panorama político que se delinea en América del Sur, en torno de la alianza entre Brasil y Argentina para la formación de otro polo de poder mundial, mediante la construcción de la Comunidad Sudamericana de Naciones, cuyo núcleo duro es el MERCOSUR.  La campaña contra el presidente Lula encubre refleja fuertes intereses internacionales, que pretenden modificar la política externa de Brasil.

 

-¿Cómo reaccionaron los gobiernos de las grandes potencias frente a la noticia de que habría una segunda vuelta en Brasil?

- Los gobiernos de las grandes potencias, diplomáticamente, no pueden manifestarse sobre las elecciones en otro país, aunque muchas veces los Estados Unidos no escondan su preferencia por los candidatos más conservadores, de derecha, como en el caso de Venezuela y de Méjico, entre otros.  Aunque pueda mantener un buen reracionamiento con el presidente Lula y no deba temer su reelección, no tengo la menor duda de que la preferencia del presidente de los Estados Unidos, George W. Bush, es por el candidato de la oposición, del PSDB-PFL, que desea cambiar la política exterior de Brasil y retomar el proceso de privatización, o mejor, de extranjerización de las empresas públicas, y de un modo aún más radical que el presidente Fernando Enrique Cardoso, pues se sabe que pretende privatizar, extranjerizar, el Banco do Brasil, la Caixa Econômica Federal, la Petrobrás, la Eletrobrás, los Correos, en fin, lo que aún queda de nacional en Brasil.  El sería capaz, inclusive, de permitir la internacionalización de la Amazonia.

 

- ¿Cuál es la diferencia que habría, entre la política externa de un gobierno Alckmin y de un segundo mandato de Lula?

- Con Lula en la presidencia, Brasil ganó mayor respetabilidad internacional, tiene un peso específico en las negociaciones comerciales.  Y es por esto que el ataque principal contra su gobierno tiende a alcanzar, sobre todo, a Itamaraty, mediante entrevistas con personas descalificadas para emitir opinión sobre política externa, profesores y/o periodistas, o con diplomáticos jubilados, algunos de los cuales imaginan que puedan ser nombrados canciller, en caso de que el candidato de la oposición sea electo.  Con más de un mandato, el presidente Lula consolidará internacionalmente la posición de Brasil, cuya imagen en Europa es muy positiva, en virtud de haber conseguido un gran éxito económico y de sus realizaciones sociales.  Sin embargo,  como ya dije en las otras respuestas, la elección del candidato del PSDB-PFL representaría un golpe profundo contra el MERCOSUR, pues su candidato está alineado íntimamente con los intereses económicos y políticos de los Estados Unidos.

 

-¿Cómo evalúa Ud. la actitud de sectores de ultra-izquierda, así como de sectores de la izquierda próxima al PSDB, de no convocar a votar a Lula?

Estos sectores de ultra-izquierda o de izquierda que se oponen a Lula, en la elección para presidente, van a incurrir en el mismo error del Partido Comunista de Alemania, cuya torpeza política, entre 1931 y 1933, permitió la ascensión de Hitler al poder.  Los comunistas, liderados en aquella época por Ernest Thälmann, se rehusaron a formar un frente único contra los nazis y no hacían diferencia entre un gobernante del Partido del Centro, como Heinrich Brüning, y Adolfo Hitler, que marchaba para capturar el poder.  Trotsky criticó duramente esta política.  Pero Thälmann llegó a desafiar a Hitler a asumir el poder, creyendo que luego el nazismo se desmoralizaría y posibilitaría la revolución. 

 

Los comunistas, en seguida, pasaron a hacer competencia a Hitler, en la oposición al gobierno de Heinrich Brüning, y abrieron el camino para Hitler. 

De cierto modo, era una situación parecida con la que ahora ocurrió en Brasil.  Heloisa Helena y Cristóvão Buarque pasaron a competir con el candidato del PSDB-PFL, en la oposición al gobierno Lula, y no es raro que sus ataques moralistas eran los mismos y se confundían con los del candidato del PSDB-PFL, ataques del tipo que la UDN y Carlos Lacerda hacían contra el gobierno de Getúlio Vargas, acusándolo de estar sobre un “mar de barro”, o contra el gobierno de João Goulart.  Estos segmentos de ultra-izquierda o de izquierda, que votaron a Heloisa Helena o Cristóvão Buarque, no hicieron otra cosa sino favorecer a la extrema derecha, represenada por el candidato del PSDB-PFL. 

 

Pero el hecho es que la desnacionalización de la economía, realizada por el gobierno de Fernando Henrique Cardoso, parecería probablemente insignificante frente a lo que Geraldo Alckmin podría hacer si llegase a ser el presidente de la República.  La base social de este candidato del PSDB-PFL son los grandes grupos económicos nacionales y extranjeros, que son los mayores clientes de las agencias de publicidad y mantienen la gran prensa, en dificultades financieras, como rehén, e influencian sus directrices en el sentido de galvanizar las clases medias, por medio de una campaña fariseo, de un moralismo hipócrita, a fin de llevar a Brasil a capitular frente a los grandes intereses extranjeros y renunciar a su soberanía en un área de libre comercio con los Estados Unidos.  Esto es lo que no comprenden tales segmentos supuestamente ultra-izquierdistas, que atacan al gobierno de Lula y, conciente o inconcientemente, hacían y/o hacen, coro con la extrema derecha.

 

Traducido para LA ONDA digital por Cristina Iriarte

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