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Claves geopolíticas
Lula y el Uruguay Profundo

por  Héctor Valle
hectorvalle@adinet.com.uy

Es la hora de empezar.

Es el tiempo de ser, de vivir, de expandirnos en ésta, nuestra América
del Sur, junto y para los nuestros, los de a pie, hombres y mujeres de
esta Patria Grande que anhela libertad y busca un desarrollo con
equidad.

Y para ello, como nunca, lo que el Brasil determine el próximo 29 de
octubre, en la segunda vuelta electoral presidencial, será clave.

¿Cómo entonces no dilucidar, en nuestro ámbito específico de las
Claves geopolíticas, esta cuestión, a cara descubierta y en forma
previa a tan trascendental instancia?

¿Cómo eludir el sincerar nuestro pensamiento si de lo que hemos venido
hablando largamente en esta serie ha sido, justamente, de luchar por
obtener posibilidades ciertas de actuar en consonancia con los más
caros ideales de la democracia social, cuales son el dar espacio y
tiempo para que los nuestros, todos sin exclusiones de grado alguno,
tengan la posibilidad de expandir su condición humana al haber
alcanzado la indispensable seguridad en la satisfacción de sus
necesidades existenciales básicas?


¿Cómo callar? ¿Y por qué hacerlo?

Hablamos inicialmente de geopolítica y luego avanzamos, en el sentido
de profundizar nuestra mirada, hacia la geohistoria, en la
consideración de la importancia capital que tienen todas las ciencias
sociales en ese espacio profundo que está debajo de una superficie que,
por tanto mirarla, a veces pudimos tomar como lo único existente.

Hablo de la linealidad en el pensar, desde un supuesto pensar. En
creernos y aceptar que las cosas son definibles por la simple
consideración de factores opuestos, que la complementariedad no debía
buscarse sino sólo resaltar la oposición de los mismos sin pretender
ahondar miradas en el vasto mundo de lo profundo; de esto que Braudel
llamara la larga duración.

Fue este mismo francés que aportó una dimensión más abarcadora del
tiempo que el mero paso de las horas, que la mera existencia
individual. Así, tomamos su consideración del tiempo social, como
tiempo que traduce el paso de varias generaciones, sin dejar de tener
en cuenta al tiempo cronológico, el de nuestras vidas, el que aun la
mayor parte de los economistas toman como el que debe ser considerado:
el que transcurre mientras ellos están en el ejercicio de sus parcelas
de poder.

No.

Nuestro tiempo social, el de la América del Sur, va hacia una
inflexión, o si lo prefieren hacia un pliegue que, no diré se de
específicamente el día 29 de octubre, habida cuenta de lo que suceda en
el Brasil, pero ciertamente que de tal dilucidación presidencial,
dependerá, ciertamente, el paso que, en el transcurso del tiempo
social, nuestra región, la que otros también llaman Patria Grande,
habrá de darse a sí misma.

Hemos sido largamente dependientes y, convengamos, en especial,
colonizados en nuestras mentes y así, en nuestros modos de vida.

Pero el tiempo del cambio ha llegado; se ha instalado y queremos
avanzar. Debemos hacerlo. Y lo estamos haciendo, con torpeza,
inequitativamente a veces, sin tino, otras tantas, pero avanzamos. Y lo
más importante de todo: estamos en el camino, porque permanecemos a
conciencia en él y porque así no nos han podido apartar. Pero persisten
en ello.


El señor Luiz Inácio Lula da Silva y su Partido

Hoy que, en lo político, estoy al descampado -y en él permaneceré-
puedo mirar con mayor perspectiva, creo y espero, cuando acontecen
situaciones que, como en el Partido político del señor Luiz Inácio Lula
da Silva, amagan suceder y suceden, realmente.

Permítaseme, por tanto, extrapolar experiencias y así, dar mi opinión
sobre la cuestión.

Cuando un Partido, en el ejercicio del gobierno nacional, incurre en
faltas, siempre resulta, en lo personal e inmediato, muy fácil salirse
del foco, pasarse a la platea y gritar “¡Yo no convalidaré esto! ¡Me
declaro libre! ¡Mantengo mis principios!” y así, salvar o pretender
salvar su propia autoestima y consideración pública.

También es cierto que, si las acciones comprenden un vasto y oscuro
plan que lleva directamente a conculcar libertades, a eliminar
posibilidades ciertas de crecimiento a las gentes, etcétera, bueno, en
ese caso, puede y debe considerarse el tomar posiciones aun más
comprometidas que vayan en defensa de los valores básicos de una
sociedad que pretende avanzar hacia una equidad tal que permita a los
suyos tener una vida digna.

No es el caso. Brasil no es este caso.

Un Partido en el ejercicio del gobierno, que avanza, como ha avanzado
en mejoras sustantivas para su población, como para los diferentes
estamentos socioeconómicos, merece considerar la permanencia en el
esfuerzo, así y todo se den citas las miserias que el hombre, un día sí
y otro también, en mayor o menor medida, no puede esconder y deja,
livianamente, que afloren y oscurezcan su vida.

Creo, pues, en mérito a la propia experiencia y en vista de las
circunstancias específicas, y también especiales, que rodean la
actuación, la vasta y poli cromática, actuación del Partido de los
Trabajadores en el Brasil, que es momento de permanecer en el barco y
buscar alcanzar ese horizonte que aunque luminoso, por querer
alcanzarlo navegando cerca de la costa, cerca de lo fácil, a veces nos
hace sufrir sus arrecifes, sus corales, esas hermosas colonias que, tan
pronto nos acercamos, muestran en el contacto directo, la falsedad de
una imagen que sólo cumplía la función de un espejismo.

Y el señor Luiz Inácio Lula da Silva permanece en el barco, aunque
otros hayan buscado las facilidades de allegarse, cobijados en sus
cáscaras de nueces, a una ilusoria seguridad.
De continuar con la metáfora del mar y del navegante, llegamos a la
tempestad y a la necesaria ponderación que quien tiene a su cargo el
timón de la nave debe tener y con su equipo, saber demostrar que
llevará a todos a un destino mejor, no sólo por seguro sino por ser
válido para la mejor vida de los suyos, los que estando en el barco no
saben de las calamidades que la tempestad trae consigo.

Las acciones emprendidas a lo largo de estos años por el Presidente
del Brasil, en armonía con su equipo de gobierno, han sido tanto en lo
regional cuanto en lo nacional han sido las más de las veces, y por más
refiero no a cantidad sino a calidad, a importancia y profundidad de
las mismas como de sus resultados, favorables y merecedoras de ser
continuadas.

Por tanto, la opción, en lo personal, no ofrece dudas: entre un señor
ultramontano y un señor de a pie, que presenta las cicatrices recibidas
en una lucha franca, que lo que dice se ve reflejado en acciones, en
algunos casos inaugurales, en otros continuadas y ciertamente en otros
varios aun por ser encaradas. En este caso, entonces, para mí la opción
es obvia: el señor Luiz Inácio Lula da Silva, merece la oportunidad de
continuar haciendo lo que ha hecho bien, repensar lo que ofrece mayores
críticas y animarse a dar el paso primero en aquellas otras acciones
que aun, por los más diversos motivos, no han sido encaradas.


El Brasil y la América del Sur
Nuestro inefable, y comprometido, maestro Pierre Bourdieu decía, en
oportunidad de tratar el tema de “Neoliberalismo: la lucha de todos
contra todos”, que: “El programa neoliberal, que extrae su fuerza
social de la fuerza político-económica de aquellos cuyos intereses
expresa - accionistas, operadores financieros, industriales, políticos
conservadores y socialdemócratas convertidos a las dimensiones
reconfortantes del laissez-faire, altos funcionarios de las finanzas-,
tiende globalmente a favorecer la ruptura entre la economía y las
realidades sociales. Y a construir así, en la realidad, un sistema
económico conforme a la descripción teórica. Es decir, una suerte de
máquina lógica que se presenta como una cadena de limitaciones que
generan los agentes económicos.”

Pues bien, se trata justamente de avanzar, críticamente, desde
nuestras realidades en busca de un proyecto común, alcanzable, luego
gradual pero sistemáticamente acometido. Y repito: para bien de todos,
junto a todos.

Por ello hoy vuelvo a insistir como lo hice en la anterior nota,
entregada el día antes de la primera vuelta de la elección nacional del
Brasil: el señor Luiz Inácio Lula da Silva, junto a su equipo de
gobierno, es quien ofrece las garantías no ya de que eso se hará sino y
especialmente que resulta creíble pensar que insistirá en su tarea de
acrecentar la democracia, en base a un trato equitativo, en los
diferentes planos de actuación que le cabe a él, a su gobierno y en
definitiva a su país, en el concierto de naciones soberanas que
integran nuestra querida América del Sur.

El es, recordémoslo, tan sólo un hombre. Un hombre que no pretende ni
ser endiosado si ser el portavoz de corporaciones oscuras. Es tan sólo
un hombre que se mantiene en el camino y lucha por los suyos. Con
errores, gruesos y livianos, claro está, pero con la credibilidad que
da el haber tenido agresiones de todo tipo y, frente a ellas, y en todo
tiempo, responder con respeto, con altura y las más de las veces,
obsequiando un silencio que permitió avanzar democráticamente tanto en
su país cuanto en la región.

Y eso debe ser validado y  convalidado.

¿Quién de nosotros puede argüir absoluta autonomía en su hacer y a la
vez, ostentar el raro privilegio de no haberse equivocado? ¿Quién?

Estamos hablando en el marco de nuestra región y por ello la cita de
Bourdieu que se compadece con estos otros conceptos que el francés
emitiera un poco más adelante en el mismo texto, al que llega al
considerar el manido tema de la flexibilidad laboral, el “uso” de la
persona humana como factor de producción como de consumo. Dice así:
”Así se instaura el reinado absoluto de la flexibilidad, con los
contratos temporarios o las pasantías y la instauración, en el seno de
la empresa, de la competencia entre filiales autónomas, entre equipos y
entre individuos a través de la individualización de la relación
salarial.”

Para agregar, seguidamente, algo que creo es de capital importancia en
la consideración que hoy nos ocupa: “Objetivos individuales, reuniones
individuales de evaluación, evaluación permanente, incrementos
individualizados de salarios, carreras individualizadas, estrategias de
responsabilización que tienden a asegurar la autoexploración de ciertos
cuadros que, aunque simples asalariados bajo una fuerte dependencia
jerárquica, son responsabilizados por sus ventas, sus productos, su
sucursal, su revista, etcétera, como si fueran independientes.”

Es decir, el para nada ligero matiz entre tratar al otro de persona o
apenas de individuo. Y así determinar en qué grado habrá de envilecerse
al ser humano, de la mano de la flexibilización, la consideración de
”menores costos” que uno debe leer, en verdad, como de “mayores
lucros”.

Y yo, junto a usted, y a muchos como nosotros, lucho por defender lo
humano en el hombre y evitar que las corporaciones, que la patología en
la que han devenido muchas de ellas, obtengan para sí, en aras de aupar
a “su” candidato, a su arlequín, el dominio de las cuestiones que hacen
a la determinación del lugar que el hombre, y en especial la mujer, de
a pie, habrá de tener en este, nuestro espacio ampliado de vida: la
América del Sur.

Por eso el apoyo que trasunto a la persona y al equipo del señor Luiz
Inácio Lula da Silva.

Que la lucha en la que todos, repito: todos, estamos embarcados, es
entre ser o dejar que otros determinen lo que habremos de ser, luego
servidores, usuarios, objetos. Es en estas cuestiones esenciales donde
se juega nuestro destino y es por tanto, la jornada cívica brasileña
del próximo 29 de octubre, instancia fundamental para todos los
sudamericanos, de cuyo resultado, repito sin cansarme, dependerá
permanezca o fenezca la esperanza de ser más humanos por más iguales,
por más dignos; junto al otro.

Bourdieu, de inmediato, muestra la llaga de nuestro tiempo: “El
discurso empresarial nunca habló tanto de confianza, cooperación,
lealtad y cultura empresarial como en una época en la que se obtiene la
adhesión a cada instante haciendo desaparecer todas las garantías
temporales. Vemos así que la utopía neoliberal tiende a encarnarse en
la realidad de una suerte de máquina infernal, cuya necesidad se impone
incluso a los dominantes.”

Que el dogma no “precisa” comprobación, porque es dogma, porque “va de
suyo” que es así. Y que, el correcto empresario ultramontano que hace
abstracción de las consideraciones sociales más elementales, en
beneficio de un “mejor criterio” que “permita” primero acceder a un
”equilibrio” de las cuentas para “luego” (un luego que nunca llega y
que, digámoslo, por qué no también en ese país, en el Brasil, con los
anteriores, nunca llegó a plasmarse) atender esas cuestiones.

Pero un dogma que en sí mismo atiende el mero interés, el signo del
beneficio mezquino, absoluto y vacuo del rédito por el rédito en sí. O,
como dice Bourdieu: “(...) la free trade faith (la fe en el libre
comercio), no sólo de los financistas, los gerentes de las grandes
empresas, etcétera, sino también en quienes encuentran en ella la 
justificación de su existencia, como los altos funcionarios y los
políticos que sacralizan el poder de los mercados en nombre de la
eficacia económica, que exigen la abolición de las barreras
administrativas o políticas capaces de fastidiar a los capitalistas en
la búsqueda puramente individual de la maximización de la ganancia
individual, que quieren bancos centrales independientes y que pregonan
la subordinación de los Estados nacionales a las exigencias de la
libertad económica.” En fin, esos clérigos de lo mezquino son, hoy como
nunca, los verdaderos adversarios de nuestra región, en nuestra región
e, indudablemente, en la contienda electoral brasileña a dilucidarse
próximamente.


La acción del Brasil en la región y el mundo

En los últimos tiempos, turbulentos en varias naciones de nuestra
América, el Brasil supo campear el temporal por la vía de su proverbial
desenvoltura diplomática pero esta vez signada por la democrática
prédica de su Primer Mandatario.

Así, en lugar de una confrontación armada con Bolivia, ha habido y
continúa habiendo diálogo;

Así, en lugar de una pugna, brutal y mediática, con Venezuela, ha
habido y continúa habiendo, un diálogo racional y geopolítico que
atempere, en la medida de lo posible, y caso a caso, las torpezas y los
excesos de la hermana República de Venezuela;

Así, el Brasil ha arribado a una estratégica y seria relación con la
Argentina, aventando toda confrontación que en el pasado era moneda
corriente (perdonen por no saber despegarme de este lenguaje
economicista);

Así, un conflicto bilateral entre dos socios del MERCOSUR que pudo
hacer abortar al propio proyecto, encuentra cauce en los foros
regionales e internacionales, al tiempo que la ponderación y serenidad
de ánimo, gana a ambas partes;

Así, con diálogo, la hermana República del Paraguay habrá dejado en el
pasado un mal paso acordado con fuerzas militares ajenas a lo nuestro;

Así, se espera que, en la realidad, y sólo con un gobierno presidido
por el señor Luiz Inácio Lula da Silva, el Uruguay tenga posibilidades
ciertas de negociar mayores acercamientos comerciales. Aunque en este
caso, debo decir, o más bien reiterar, que para esto se necesita el
concurso decidido de los funcionarios uruguayos que vayan a negociar,
algo que hoy no ocurre, a mi modesto entender, por no estar estos, los
del segundo escalón de mando, consustanciados con la región. Quizá, la
propia prédica del Presidente del Uruguay, conteste en mantener a
nuestro país en proyectos comerciales y políticos comunes con la
región, advierta y revierta estas voluntades que hasta ahora han
contribuido, negativamente, a la solución de estas cuestiones.

Asimismo, el encare, el talante, la tónica que el Brasil de a las
negociaciones multilaterales y extrarregionales, será factor clave para
nuestra propia región. Por ello, es preciso recordar, a vía de ejemplo,
lo que declarara el Presidente del Brasil, ante el plenario de la
Asamblea General de las Naciones Unidas, el pasado 19 de septiembre.

Dijo el señor Luiz Inácio Lula da Silva, lo siguiente, en un pasaje de
su alocución: “Señora Presidente, La América del Sur es una prioridad
de la política externa brasileña. Nuestra región es nuestra casa.
Estamos expandiendo el MERCOSUR y fortaleciendo la Comunidad
Sudamericana de Naciones. El futuro del Brasil está vinculado al de sus
vecinos. Una América del Sur fuerte y unida contribuirá para la
integración de la América Latina y del Caribe.”

Y agregó algo que debe ser también recordado: ”Nos sentimos ligados
por lazos históricos y culturales al continente africano. Por ser la
segunda mayor población negra del mundo, estamos comprometidos a
compartir los desafíos y los destinos de África, empero las cuestiones
regionales son parte de la problemática global que enfrentamos.”

Con esto, creo yo, tenemos datos que ostentan la condición de
elementos de análisis valiosísimos, puesto que nos habemos con un
mandatario que no sólo apela por su región, en la que es factor clave
sino y especialmente por una extrarregión a la que recuerda fue y sigue
siendo lazo indisoluble, innegable y digno del mayor y más digno
homenaje, al haberle dado al Brasil, como a toda nuestra América,
generaciones y generaciones de hombres y mujeres que, por vía del más
vil de los tratos, la cosificación del hombre, en tanto negación de su
condición humana, termina dándole, aportándole, aportándonos, digamos
mejor, historia en valores culturales de la más variada especie.

El Brasil del señor Lula no resigna sino que alienta y defiende su
condición mestiza, que es también la nuestra, como un dato de la
realidad, de un crisol de orígenes que habilitan a la existencia de
hombres y mujeres con sus diversas culturas amalgamadas, en el caso del
Brasil, por una lengua que une y sintetiza, si es que podemos decirlo
así, a una multiplicidad de gentes que apelan a un destino común, hoy
en consideración: la mejora en dignidad del ser humano.

Post Scriptum

Para finalizar, desde el llano, y en la “cocina” de un medio de
comunicación, como lo es La Onda Digital, apelo, respetuosa y
modestamente, a que los colegas sudamericanos, sumen su voz crítica a
la de aquellos que entendemos que la función de un comunicador está en
ser veraz, en todo tiempo.

Hay un momento en la vida, en toda vida, en que uno se enfrenta
consigo mismo, ante sus aparentes certezas y debe determinar qué es
mejor, si acallar la voz por el miedo que nos atenaza, y a esto yo no
escapo en modo alguno, o si optamos por lo posible: sumar al miedo la
posibilidad de que nuestra voz lleve un mensaje auténtico en el que la
conciencia crítica fue determinante a la hora de sopesar nuestros
principios, con los elementos que entendemos del caso deben ser
tratados para así, en la dialéctica de nuestras acciones, interiores y
exteriores, dar nuestro paso en el camino de la vida.

El dogma va creando a su alrededor una suerte de velo en el que si nos
dejamos atrapar podemos creer que realmente existe. Es el velo del
miedo que todo dogma promueve para con él poder ser, poder dar curso a
sus designios.

El hombre es, estimados colegas, un ser esencialmente precario, pues
la vida lo es. Nuestro haber, nuestras pertenencias son del reino de lo
inefable: nuestros afectos; nuestros principios, que crítica y
permanentemente evaluamos; nuestro proyecto de vida y nuestro sentido,
personal, de lo trascendente: nuestro paso, el eco de nuestros pasos,
por esta vida.

Que el eco de nuestros pasos, diga de una persona que, en la
insignificancia relativa de su vida, en el complejo universo de la
sociedad en que le cupo actuar, haya sido todo lo digna y creadora que
fuera posible encarar.

Aventemos, entonces, fantasmas inexistentes y atendamos a nuestra
faena primera: la veracidad y el sentido de nuestra labor que no es
otro que el interés de nuestros pueblos, de nuestras gentes, del
diferente.

Así, este paso lo habremos dado con seguridad y una permanente sonrisa
de cara al horizonte.

El 31 de octubre volveremos. Esperamos contar con la victoria del
señor Luiz Inácio Lula da Silva y ahí, todos juntos, los pueblos de la
América del Sur, con un poco más de madurez, y no pocas cicatrices en
nuestros cuerpos, sincerarnos y continuar buscando, en el largo aliento
del tiempo social que nos cabe en suerte vivir, el mejor de nuestros
destinos: el del hombre y la mujer de a pie; en su dignificación.

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