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Precariedad laboral
El lucro antes que la persona

por Héctor Valle
hectorvalle@adinet.com.uy

Algunos medios, los principales por desgracia, pregonan crítica o acríticamente, la magia de los números, como noticias dignas del mejor destaque pero, pocas veces, presentan una lectura más profunda que permita entenderlos en su complejidad y significado.

 

Así, cuando leemos o escuchamos que el Indice Dow Jones, de la Bolsa de New York ha alcanzado un record histórico, los más tenderían a pensar cuán bien va la economía, ¿verdad? Pues no, o sí, pero no tanto.

 

La pregunta, creo, debiera ser: ¿para quiénes va bien ese modo de alcanzar tales máximos?

 

Y aquí aparece un aliado singular: el economista norteamericano Paul Krugman quien, en nota publicada en su habitual columna en el diario New York Times, el día 6 de octubre bajo el título de “The War Against Wages”(que también pueden ubicar la versión en español publicada por el diario argentino Clarín, en su edición del 15 de octubre de 2006 – EE.UU.: guerra contra los salarios), subraya que estos niveles históricos adolecen de un abandono progresivo por parte de las principales corporaciones, en la protección de sus trabajadores bien como el intento sistematizado de llevar al empleo del largo al corto plazo.

Es decir, Krugman también denuncia la precariedad laboral como la variable de ajuste de las corporaciones, o sea del sistema económico imperante, para forzar una progresiva crecida en la obtención de lucros empresariales.

 

Dice Krugman, en tal artículo: “El crecimiento económico desde comienzos
del 2000, cuando el Dow alcanzó su record anterior, no ha sido excepcional. Pero las ganancias empresariales, deducidos los impuestos, se han más que duplicado, porque la productividad de los trabajadores sube pero sus salarios no, y porque las empresas han respondido al aumento de los seguros de
salud negándoles el seguro a un grupo cada vez mayor de trabajadores.”

 

Pero permítanme cruzar el Atlántico, para demostrar con otro ejemplo presentado por la prensa, cual es el caso de El Periódico de España, en su edición del 19 de octubre de 2006, en donde en un Informe, establecen que sólo uno de cada tres trabajadores temporales logra un empleo indefinido al cabo de cinco años. Y, además, destacan que casi la mitad de los desempleados tienen pocas probabilidades de hallar un nuevo empleo.

 

Con esto, pretendo demostrar que el trabajo temporal no sólo es malo en sí mismo, porque degrada a la persona humana, a quien buscan, y parece que lo están logrando, transformar en un factor de trabajo pasible de ser desplazado, borrado, sino que también la permanencia de tal política laboral profundiza, por agravar, la inestabilidad laboral, social y personal de la población económicamente activa y así de vastas capas de las sociedades de nuestros respectivos países.

 

Porque, por favor, entendámoslo: esto nos atañe absolutamente a todos; directa como indirectamente.

 

Dice este Informe español, lo siguiente: “Un tercio de los trabajadores temporales no encuentra un empleo fijo después de cinco años, mientras
que otro tercio termina fuera del mercado laboral, según un estudio
presentado hoy por el Ministerio de Trabajo y Asuntos Sociales. El informe El atrapamiento en la temporalidad, que ha analizado la evolución durante cinco años de los 5,7 millones de trabajadores temporales registrados en el 2000, concluye que sólo el 33% ha logrado un empleo indefinido.”

 

Vaya esto para quienes piensan que son apenas expresiones ideológicas, cuando hablamos de estas miserias del modelo económico imperante, a escala planetaria, y se olvidan, a la vez que niegan ver y escuchar, los datos que están ahí, esperando ser levantados. Pues, aquí van, entonces, para que nadie aduzca desconocimiento sobre tales datos.

 

De vuelta a Krugman, este economista y periodista norteamericano da, también, datos específicos sobre una empresa, cita a la cadena Wal-Mart, bien como se explaya sobre la legislación laboral en su país y el grado de vigencia y acatamiento que esta pueda aun tener. Y uno, pese a conocer elementos de juicio, no deja de impactarse profundamente por la sostenida desprotección que el trabajador va sufriendo en aquel país.

 

Al respecto, Paul Krugman manifiesta que: “Durante un largo período, la ley
fue efectiva: los trabajadores estaban razonablemente protegidos contra intimidaciones de los empleadores, y el movimiento sindical floreció. En los 70, sin embargo, los empleadores comenzaron una exitosa campaña para hacer retroceder a los sindicatos. (...) Y ahora que el giro a la derecha se profundizó, los funcionarios están buscando eliminar cualquier protección de los derechos de los trabajadores que las relaciones laborales sigan proveyendo”.

 

Y, presten atención, hablo de uno de los principales economistas americanos y también columnista destacado del Times de New York, no pudiendo por tanto nadie aducir que se trata de un dogmático antinorteamericano sino y todo lo contrario, de un americano auténticamente inspirado en la teoría liberal primera y no en su bastarda versión actual, de efecto planetario.

 

Es Krugman, quien termina su reflexión con las siguientes palabras: “ Así que ¿qué es lo que hace bajar los salarios? Grandes empleadores como Wal-Mart han decidido que sus intereses son mejor servidos si tratan a los trabajadores como un commodity descartable, mal pago y alentado a irse después de uno
o dos años. Y a esos empleadores no les preocupa que los trabajadores se enojen y formen sindicatos porque saben que los funcionarios del gobierno
que deberían proteger los derechos laborales harán todo lo que puedan para alinearse con los reducidores de salarios.”

 

Así, pues, nos dan una terrible, clara y auténtica denuncia que expone, una vez más, las miasmas de un sistema económico pervertido que continúa su declive y en cuyo tránsito, persiste cada vez más en fagocitarse todo lo humano que encuentre a su paso en aras de mejorar el lucro que beneficiará a esos parias de las corporaciones que hablan un idioma pero no tienen pertenencia, en raíces culturales, éticas y humanas, a espacio humano alguno. Son las elites parias que nos presentaba el americano Christopher Lasch y que uno no se cansa de reiterar para que todo aquel que aun no lo haya leído, busque conocer íntimamente de lo que esto se trata y a lo que comprende, porque el mundo así va girando dejando lo humano y buscando el lado animal del hombre.

 

Fue el francés Boris Vian, con su obra “El lobo hombre” quien con mayor crudeza presagiara lo que hoy es noticia corriente: la queda del respeto por el otro en mérito a multiplicar, electrónicamente, los valores acumulados en inversiones varias. Esa búsqueda frenética de la validación social por la vía de negarse como persona, locura que sólo el hombre puede cometer y aun pretender que con eso se enaltece cuando en realidad está en una franca huida de sí mismo, de su valoración como ser humano, en tanto el hombre es un ser en relación con otro hombre.

 

También en la América del Sur hay ejemplos, sí los habrá, en todos sus países, incluido, claro está, el modelo americano en el Sur: Chile, esa gran falacia del éxito empresarial. Aunque en realidad es ciertamente un éxito empresarial pero no lo es como éxito social, si por social entendemos a todas las gentes.

 

Aquí, en La ONDA digital, hemos presentado sendos documentos elaborados por prestigiosos economistas chilenos, dando cuenta de la gran hipocresía que signa esta mentada homilía del dogma neoliberal: el éxito chileno.

 

Han despojado a Chile de su cobre, al privatizarlo en medida nada menor e incluso permitiendo que las regalías partan sin una contrapartida que permita que tal país hermano, participe, justamente, de los beneficios de los emprendimientos privados. Este adjetivo que resulta ser tan erotizante para algunos y que en realidad, por sí mismo, nada dice o dice mucho si no está consensuado con medidas que el Estado en cuestión, sea Chile, sea el Uruguay, o el que fuere, haya tenido a bien conciliar en salvaguardia de los intereses de la nación, que es de su gente, la permanente, la que queda, la que está, la que camina y tantas pero tantas veces lucha y sufre, no ya por empleo sino porque siquiera la respeten como seres humanos.

 

Chile, ese país hermano que es presa de una gran mentira. Chile,  que según datos divulgados por la Universidad de Chile, a mediados de abril del 2006, mantiene a un cincuenta por ciento, sí: a un 50% de los trabajadores con ingresos inferiores a unos U$S 350,00.

 

El informe de la Universidad de Chile, comienza así: “Recientemente, el Instituto Nacional de Estadísticas, informó que el desempleo en Chile llega
al 7,3 por ciento. Es decir, 470 mil 630 personas continúan sin trabajo. Según los anuncios oficiales, estas cifras deberían llenarnos de optimismo, porque
la tasa de desocupación se ha reducido. Esta disminución era esperable, debido a que la oferta de trabajo aumenta en el verano, producto de las actividades temporales de la agroindustria y el turismo. Por lo tanto, más allá de la cantidad de puestos de trabajo que se llenan durante cada trimestre, lo importante es analizar la calidad de dichos puestos de trabajo.”

 

Aquí, en el Uruguay, también, debemos profundizar porque no vale quedarse con el rostro serio cual obispo en procesión, del funcionario a cargo de la economía quien unas veces informa que ha disminuido el desempleo en unas décimas, cuando eso podría también llamarse oscilación, mientras que en otras oportunidades, lamentablemente ya van unas cuantas, nos anuncia con aparatosa discreción, como dijera Borges, el cambio de deuda externa sin que varíe el total, o sea prolongando la agonía en el tiempo, y hablo de su servicio, del pago que todos juntos a través de varias generaciones tendremos que realizar.

 

Ojalá llegue el día que este señor, o quien le suceda, anuncie un reperfilamiento del trabajo en el Uruguay, del aumento de emprendimientos societarios, de la mejora y aumento, también, del cooperativismo uruguayo, de tantas cosas que hoy casi ni se mencionan mientras que en otras áreas de la Nación, es dable destacarlo, se van produciendo sensibles cambios para bien de la gente.

 

Debemos detener el avance del trabajo temporario y del trabajo mal pago, a la vez que comenzar a crear empleos genuinos de la mano de una inversión sin dogmas, es decir sin el manido calificativo de “privada” o “extranjera”; esa inversión que, por otra parte, los últimos gobiernos no consiguieron en modo significativo alguno.

 

Vamos, que no hay que ir, meramente, en pos de un Estado Recaudador sino y especialmente de un Estado generador de trabajo, de instancias que propicien, por alentar, la generación de trabajo y por qué no, especialmente de trabajo calificado.

 

No todo se logra con la tributación si al mismo tiempo no buscamos generar políticas que incentiven la creación de emprendimientos con fuerte componente de mano de obra.

 

Vanos son los éxitos en materia de recaudación del Estado si al mismo tiempo no son acompañados tales éxitos de una política planificada, pensada, que promueve emprendimientos socioeconómicos de entidad superior.

 

Debemos mirar con inteligencia a la región y volver a mirarnos a nosotros mismos, críticamente, para poder avenirnos a realizar lo posible y así crecer, en buena medida, con planes serios y a largo plazo que incentiven tanto la mejora del número y de la calidad de los empleos, cuanto de la creación de micro emprendimientos en concordancia con acuerdos regionales y subregionales factibles en el mediano y largo plazo.


Esperemos, entonces, que este tipo de cambios, para bien de la gente de a pie, comiencen en algún momento a provenir en diversas áreas de la sociedad como del Estado y, por qué no, desde las oficinas de los funcionarios a cargo de la Economía, algo que por ahora, tendremos que esperar pero que en modo alguno perdemos la esperanza de que un día se presenten incluso en estos sectores del quehacer nacional.

 

Lo dicho al inicio: debemos luchar contra la cosificación del hombre y buscar, desde la responsabilidad de nuestro papel como ciudadanos, una mejora sustantiva de nuestra realidad socioeconómica.

 

Y hallarla, ciertamente. Lo haremos; todos juntos, como en otras áreas ya ha comenzado a suceder. Ahora que se ha parado el embate dogmático de acuerdos desastrosos para el país, es tiempo de crecer; y de madurar en bien de todos. Y por todos, por cada uno de los habitantes de estos suelos.

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