|
Apocalipsis temprano
En enero de 2002, cuatro meses después de los atentados del 11 de setiembre, George W. Bush, en el discurso sobre el Estado de la Unión, acusó a Irak, Irán y Corea del Norte de ser aliados de los terroristas y de constituir el eje del mal y amenazar la paz del mundo. Al mismo tiempo, el Pentágono desarrollaba planes de contingencia para el empleo preventivo de armas atómicas contra por lo menos siete Estados China, Rusia, Irak, Corea del Norte, Irán, Libia y Siria no poseían armas nucleares. Naturalmente, si cualquier otro país estuviese planificando el desarrollo de ataques preventivos contra una lista de Estados no-nucleares, Washington con seguridad lo calificaría como dangerous rogue state, i.e. un peligroso Estado irresponsable, según el propio New York Times comentó.
El presidente George W. Bush adoptó una doctrina de seguridad nacional, basada en la amenaza de ataques previos, según el Defense Planning Guidance (DPG), de 1992, y el Rebuilding Americas Defenses: Strategies, Forces and Resources for a New Century, de 2000, elaborados por los neo-conservadores del Partido Republicano, que pretendían realizar el Proyecto del Nuevo Siglo Americano, cuyo programa consistía en aumentar los gastos en defensa, fortalecer los vínculos democráticos y desafiar los regímenes hostiles a los intereses y valores americanos, promover la libertad política en todo el mundo, y aceptar para los Estados Unidos el papel exclusivo en preservar y extender un orden internacional amigable (friendly) a nuestra seguridad, nuestra prosperidad y nuestros principios. Dichas propuestas expresaban, nítidamente, los poderosos intereses económicos y políticos del complejo industrial-militar.
Frente a tales circunstancias, Corea del Norte se sintió desde luego amenazada y decidió, por lo tanto, desarrollar su programa para la obtención de armas de modo que pudiese disponer de un elemento disuasorio contra cualquier posible ataque de los Estados Unidos. George W. Bush aprovechó y suspendió entonces el acuerdo, intermediado, en 1994, por Jimmy Carter, que permitiera al gobierno del presidente Bill Clinton conseguir, diplomáticamente, que Kim Jong-il, el dictador de Corea del Norte, interrumpiese su programa nuclear, a cambio del suministro anual de 500.000 toneladas de aceite, por año, y de la ayuda a la construcción de dos reactores nucleares de agua-liviana, para fines pacíficos, compromiso, además, no cumplido por los Estados Unidos.
En aquella época, Corea del Norte ya había conseguido producir su primer cargamento de uranio frío, gracias al reactor de 5 megavoltios, en Yongbyon, y estaba en condiciones de fabricar una o dos bombas nucleares, si poseyera las primeras barras de combustible. Y la decisión de George W. Bush de acabar con el acuerdo alcanzado en la administración de Clinton reavivó las tensiones en la región e interrumpió el proceso de paz entre Corea del Norte y Corea del Sur. Mientras tanto, ante los preparativos de los Estados Unidos para atacar a Irak, usando como pretexto la suposición de que Saddam Husseim buscaba obtener armas de destrucción masiva, Kim Jong-il infirió que Corea del Norte, como parte del axis of evil, sería la próxima víctima. Entendió que ni aún desarmándose, renunciando al proyecto de producir armas nucleares y permitiendo la entrada de los inspectores de la AIEA, evitaría la guerra. Los Estados Unidos no eran un país confiable, pues sin respetar el Tratado de No-Proliferación de las Armas Nucleares continuaban produciendo los más sofisticados artefactos nucleares.
¿Cómo puede ahora el presidente George W. Bush pretender que Corea del Norte e Irán respeten resoluciones del Consejo de Seguridad de la ONU? Él mismo, George W. Bush, no le faltó el respeto al Consejo de Seguridad y determinó el ataque a Irak, después de declarar que la ONU sería irrelevante si no atendiese el propósito de los Estados Unidos? Sí, George W. Bush, al deflagrar la guerra contra el gobierno de Saddam Hussein, trató efectivamente de desmoralizar a la ONU, como irrelevante, y colocar a los Estados Unidos por encima del derecho internacional y del orden. Su actitud, determinando unilateralmente la invasión de Irak, sin autorización del Consejo de Seguridad, reflejó el pensamiento de la extrema-derecha americana, que despreciaba a la ONU, como un organismo sin consistencia, deteriorado por la disparidad de objetivos y dedicado a apaciguar al revés de por fin las amenazas a la paz y la seguridad.
No sin razón, Robert McNamara, ex-secretario de Defensa en los gobiernos de John Kennedy y Lyndon Jonson, exhortó a los Estados Unidos, en el artículo Apocalypse Soon publicado por la revista Foreign Policy, a cesar en su estilo de Guerra Fría, confiando en las armas nucleares como instrumento de política exterior. Y declaró que, a pesar del riesgo de parecer simplista y provocativo, él caracterizaría la actual política de armas nucleares como inmoral, ilegal, militarmente innecesaria y terriblemente peligrosa. Según ponderó el riesgo de un lanzamiento accidental o inadvertido de un artefacto nuclear era inaceptablemente alto y que la administración Bush, insistiendo en mantener el arsenal nuclear como el principal soporte de su poder militar, iba a corroer las normas internacionales que habían limitado la proliferación de las armas nucleares y materiales físseis por 50 años. (La ONDA digital) Traducido para LA ONDA DIGITAL por Cristina Iriarte LA ONDA® DIGITAL |
|
|
Un portal para y por uruguayos |
© Copyright |