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Presentación en Buenos Aires de
El acto fue abierto por un representante del embajador, que se congratuló de la presencia de los artistas (Dequerusa Tango Trío integrado por el gran bandoneonista Pedro Mayo, gloria del tango argentino de los años cuarenta, quien fuera primer bandoneón de Alfredo De Ángelis, el también argentino guitarrista Daniel Loustau y el cantor uruguayo Francisco Cordiero, radicado en Buenos Aires desde hace décadas, del narrador uruguayo Joselo González Olascuaga, el historiador y escritor argentino Felipe Pigna y del autor de Uruguayos..., Nelson Ferrer, un compatriota que trabaja en Buenos Aires desde hace veinte años) y de la nutrida concurrencia (más de doscientas personas que colmaron las instalaciones del anfiteatro de la embajada, completando sus localidades y debiendo permanecer en gran parte de pie a las entradas del salón). Luego actuó brillantemente Dequerusa Tango Trío, interpretando piezas de Spósito, Manzi, Gardel, Lepera y una selección de valses.
La parte oratoria comenzó con una lectura de González Olascuaga de una adaptación del capítulo 1 de Uruguayos, esos argentinos de antes. Montevideo, 1980:
Cuando Nacho y el Vasco se reunieron a evaluar la obra de teatro que llevarían a escena para denostar al doctor Lucas Obes, no sospechaban que habían trabajado en vano. El final del juego estaba decidido. Pero, ciegos y confiados, persistían en su objeto.
Se encontraron en La Giralda. Llegaron al mismo tiempo y se dirigieron hacia una mesa apartada. Nacho ordenó milanesa con papas fritas. El Vasco, como en infinidad de oportunidades, pidió merluza a la provenzal. Nacho le preguntó si era una coincidencia eso de ordenar merluza cada vez que comían juntos. El Vasco contestó que siempre comía lo mismo. Ante el gesto de interrogación de Nacho, el Vasco dijo que un abuelo suyo también comía merluza a diario. Nacho pensó en la longevidad, algo que no le importaba o sobre lo que no abrigaba ninguna esperanza. Era un muchacho pobre y comunista, alguien por quien ninguna compañía de seguros arriesgaría un centavo.
Así que comiendo merluza tu abuelo vivió muchos años dijo Nacho. El Vasco respondió que el abuelo había muerto muy joven. Nacho no hizo más preguntas.
Comenzaron la lectura del guión. El Vasco se detuvo para explicar algunos detalles y cuando terminaron de leer la obra, reconocieron que la misma no se ajustaba a la verdad. El Vasco confesó que a esa altura de la investigación, la personalidad del doctor Lucas Obes le resultaba mucho menos despreciable que al comienzo. Es más, lo encontraba superior a la mayoría de los protagonistas de su época y lo creía el verdadero inventor del Uruguay.
¡Dejate de joder!, vasco ¿De dónde sacaste eso de que Lucas Obes inventó el Uruguay?
De la lectura de la Ley de Unión, de las cartas en que Obes aconseja a Rivera conquistar las Misiones Orientales y de una cantidad impresionante de indicios que así lo sugieren.
No me rompas los huevos. Vos sabés que los izquierdistas abonamos la teoría de que nuestra independencia se debió a los ingleses.
Está bien. Los ingleses tuvieron mucho que ver en la insólita creación de un Uruguay independiente. Pero no arriesgaron nada. Apostaron al ganador después que los orientales vencieron a los brasileños en todas las batallas, y no antes de que Rivera, alentado por Obes, les arrebatara las Misiones. Si vivieran, Hill, White y Lord Ponsonby, viejos amigos de Obes, darían testimonio de ello.
Los ingleses querían un Estado «tapón» entre Brasil y Argentina. En eso estamos de acuerdo. Pero de ahí a afirmar que Lucas Obes es el inventor del Uruguay, hay una distancia sideral. En lo personal, creo que fueron las batallas del Rincón y Sarandí las que garantizaron la independencia y la existencia del Uruguay como país.
Sos un iluso. Por eso seguís confiando en la Unión Soviética.
¿Por qué no te vas a la mierda, Vasco?
Mirá, Nacho: Es posible que de esta no salgamos vivos y vos pretendés que yo siga repitiendo los cuentos que nos enseñaron en la escuela y el liceo. Me decepcionás.
Vos dejá a la Unión Soviética fuera del tema y decí lo que tengas que decir.
Es muy simple. En 1808, Lucas Obes fue protagonista fundamental en la conformación de la Primera Junta del Río de la Plata. Como secretario de la misma, fue el primer hombre que gobernó Montevideo sin la tutela de España ni de Buenos Aires. Hay muchos historiadores que sostienen que debería reconocerse el 21 de setiembre de 1808 como la verdadera fecha de nuestra Independencia.
No, pará. Pero el presidente de esa Junta era Elío, un español obediente al rey de España.
Elío no gobernaba nada. Lucas Obes lo manejaba a su antojo. Elío era un militar bruto que respondía a una autoridad que no existía. El rey Fernando VII, el Borbón ese que nos quitó los fueros a los vascos, estaba cautivo y España en manos de las tropas de Napoleón.
Sin embargo, Obes decía que su gobierno respondía a la Junta de Sevilla.
Lo decía para mantenerse en el poder, para no intranquilizar a los residentes españoles y para que no lo sacaran del forro. Obes era un hombre de veinticinco años que estaba bien al tanto de las doctrinas revolucionarias y era un experto en contractualismo español. Seguramente él, antes que nadie, debió haber concebido la posibilidad de separar el destino de esta Banda del resto de la Patria Grande, de España y de cualquier otro país.
Vasco... Lucas Obes estuvo con todos los que gobernaron en Montevideo. Españoles, argentinos, orientales, portugueses, brasileños argumentó Nacho, como para recordar que Obes había sido un traidor.
Es cierto, pero si leemos entre líneas, tenemos que concederle que sus acciones siempre estuvieron dirigidas a beneficiar el desarrollo de la Banda Oriental, la Provincia Oriental, la Cisplatina, el Uruguay.
Ta bien. Pero sostener que el 21 de setiembre es la fecha de nuestra independencia, es una locura.
Ay... Nacho. Creo que sos capaz de colgarte la escarapela uruguaya y conmemorar el Día de la Independencia cada 25 de agosto.
Dejá el sarcasmo, ¿querés? o te voy a romper la cara.
¿A sí? ¿Sabés lo que decidió nuestra Honorable Sala de Representantes el 25 de agosto de 1825? Te leo: La Honorable Sala de Representantes: «Declara que su voto general, constante, solemne y decisivo, es y debe ser por la Unión con las demás Provincias argentinas, a quien siempre perteneció por los vínculos más sagrados que el mundo conoce. Por tanto ha sancionado y decreta por Ley Fundamental la siguiente: Queda la Provincia Oriental del Río de la Plata unida a las demás de este nombre en el territorio de Sudamérica».
Nacho no hizo ningún comentario. Desvió la mirada y llamó al mozo para pedir café y ordenarle que trajera la cuenta. Era un ardid para ganar tiempo y contraatacar.
Si Obes no era partidario de la unión con la Argentina, ¿por qué renunció a sus privilegios en Brasil y vino a la Banda Oriental para ponerse al servicio de Lavalleja? ¿No respondía Lavalleja como militar al ejército argentino, al gobierno de Buenos Aires?
Vamos por partes. Lo que decís es cierto. Pero Lucas Obes no vino a la Banda Oriental para servir a Lavalleja sino a Rivera. Lo decidió cuando se enteró de que Rivera había desertado de las fuerzas brasileñas a las que luego derrotó en el Rincón. Es más, presumo que Obes y Rivera, se contaban entre los pocos «orientales» que no estuvieron de acuerdo con la declaración de Unión a las Provincias Unidas del Río de la Plata. Ambos sabían que el gobierno de Buenos Aires no abrigaba mejores intenciones que los imperiales brasileños con respecto a la Provincia Oriental.
Son solo conjeturas.
¿Conjeturas? No, Nacho, ¡Son hechos! Lucas Obes era un testigo incómodo para las autoridades argentinas. ¿Sabés lo que decían de él: «No hay peor astilla que la del mismo palo». Obes conocía los términos de los acuerdos secretos que facilitaron la invasión portuguesa a la Banda Oriental. Conocía personalmente a los negociadores argentinos que llevaron a Río de Janeiro las ideas más contrarias a los principios de la Revolución de Mayo.
¿Y qué pruebas tenés sobre su vinculación con los ingleses?
Te explico: Cuando Obes escapó del Brasil en febrero de 1826, lo hizo ayudado por los ingleses. Partió de Río de Janeiro, escondido en un bergantín de bandera británica, el Hoppe, que lo trajo hasta una playa de Maldonado. El Capitán de la nave, John Roberts, fue detenido y procesado por las autoridades brasileñas cuando su buque atracó en Montevideo.
¿Y entonces cómo terminó Lucas Obes en el campamento de Lavalleja en Durazno?
Porque una vez en la Banda Oriental, presumo que buscando al itinerante Rivera, tuvo la mala fortuna de toparse con oficiales bonaerenses que lo llevaron ante Lavalleja.
No, Vasco: ¡Otra presunción! ¿No ibas a basar tu teoría en hechos?
Nachito. Vos sabés mejor que yo que cuando Obes pisó el campamento de Lavalleja, los agentes del gobierno de Buenos Aires lo «invitaron» a trasladarse a esa ciudad y lo metieron en cana apenas desensilló. El 10 de mayo de 1826 Obes fue encarcelado por órdenes del gobierno de Rivadavia.
Ya lo sé: «Decretada su muerte civil y frustrada su aspiración de ser sometido a un juicio justo. Obes permaneció preso en Buenos Aires por más de dos años.
¿Ves que es como yo te digo? Los mismos hombres que entregaron la Provincia Oriental a la Corona de Portugal, para deshacerse de Artigas, acusaron a Obes de espía al servicio del Emperador y lo condenaron sin otorgarle la posibilidad de defenderse. Si las acusaciones hubiesen sido ciertas, ¿no resultaría incoherente que Lecor, el más poderoso representante del emperador del Brasil en Montevideo, le haya confiscado sus bienes y declarado traidor? El gobierno de Buenos Aires, especialmente a través de los ministros de Gobierno y de Guerra, intentó convencer al Congreso sobre la culpabilidad de Lucas Obes. En realidad evitaron el juicio para que Obes no ventilara públicamente los detalles de la verdadera historia. En la Argentina, la condena que el Poder Ejecutivo le impuso a Obes aún perdura. Aunque hayan pasado más de ciento cincuenta años. Su nombre no está en la nomenclatura de las ciudades, ni avenidas, ni calles, ni plazas de la Argentina. Es la prueba más contundente. Pero no solo es un desconocido en Argentina. En Uruguay nadie sabe quién fue Lucas Obes. Nosotros mismos no teníamos ni la menor idea. Creo que si se hiciera una encuesta, el noventa y nueve coma nueve por ciento de los uruguayos no sabrían de su existencia. Aún así, sigo creyendo que el tipo fue el verdadero inventor del Uruguay.
Vasco... ¡Otra vez con lo mismo! ¿Te imaginás el quilombo que se armaría si le decís a la gente que Uruguay es un invento argentino?: ¿Sabés, vasquito, si terminamos vivos cuando finalice la dictadura, si termina algún día, podríamos dedicarnos a la historia. A mí me gustaría ser profesor.
Eso no es para mí. Yo quiero seguir en el teatro, o en cualquier caso, en la «tramoya».
Uruguayos... ¿Desde cuándo nos llamaremos uruguayos? preguntó Nacho.
No sé. Pero lo más probable es que seamos uruguayos desde el momento en que dejamos de ser orientales, que es lo mismo que decir: desde el momento en que dejamos de ser argentinos.
Bueno, al menos nos queda el consuelo de haber tenido al viejo Batlle y no haber padecido al general Roca.
No se consuela el que no quiere. Te lo digo en serio, si fuésemos argentinos cargaríamos con la desgracia de haber sido gobernados por los generales Uriburu, Aramburu, Onganía, Videla...
Nacho, no seas patriotero. Nosotros tuvimos a Terra, a Pacheco, a Bordaberry, y todavía estamos bajo la pata de Aparicio Méndez. Y somos tan desafortunados que ni siquiera contamos con una Evita.
Olascuaga agregó que: Esta novela terminó siendo la segunda revolución de mayo: Publicada en de Mayo del 2006, agotada la primera edición en pocos meses, la semana pasada comenzó una comisión del parlamento uruguayo a discutir cuál va a ser de aquí en más la fecha reconocida como de la independencia del Uruguay. El profesor Gerardo Caetano, un eminente historiador que yo considero un símil de Felipe Pigna en el Uruguay, es el que se encarga de trasladar al parlamento las razones académicas para decidir que el 25 de Agosto pase a ser la fecha de la declaración de la Florida sin más, no ya la fecha de la independencia. Y hay razones que esgrimen algunos legisladores en esas sesiones, a iniciativa del doctor Julio María Sanguineti. Algunos señalan que da para el ridículo incluso que la declaración de la Ley de Unión sea considerada el día de la independencia del Uruguay. Proponen, con distintos matices, modificar las nominaciones y las jerarquías de algunas fechas patrias. Sanguineti propone que sea una fecha artiguista la principal de nuestro calendario de celebraciones de acontecimientos históricos, el 5 de abril por el Congreso de Tres Cruces y sus Instrucciones del año 13. Caetano coincide en esta opinión.
Ambos señalan la conveniencia de que esa jerarquía corresponde al congreso de Tres Cruces, donde se redactaron las Instrucciones del año 13, por parte de José Artigas, el fundador de nuestra nacionalidad. Por eso Sanguinetti sugiere que se la denomine el día de la nacionalidad. Hay un matiz en la posición del profesor Caetano que propone que se llame el día de la república, porque las Instrucciones del año 13 son indudablemente republicanas. Pero lo cierto es que se resuelva lo que resuelva, ha sido tan removedor el planteo y el impacto del libro de Ferrer, que hoy se está discutiendo donde debe discutirse, en el parlamento nacional, porque el parlamento que es el poder legislativo por el que tanto luchamos para que volviera a funcionar, es la representación del pueblo uruguayo. Bueno, aquello que en el año ochenta, en la Montevideo de mil novecientos ochenta, discutíamos en un boliche, Nelson Ferrer que se llamaba Nacho, ese era su nombre en la clandestinidad, y yo, que soy el Vasco de esta novela, ahora armó un quilombo bárbaro en la realidad, porque además Nelson toca un tema que es entrar en vena, en este momento, de las relaciones entre Uruguay y Argentina, entre el Mercosur y el continente... ¿Cómo podríamos catalogar las Instrucciones del año 13? Y bueno, probablemente sean, sin duda, la declaración de la libre autodeterminación del pueblo oriental y la prospectiva de la libre autodeterminación de todos los pueblos, y el federalismo por libre adhesión, hacia adentro y hacia fuera del pueblo oriental. Es un programa federal por libre adhesión que, como dice Aznar en España (respecto al plan Ibarretxe, no quiero una libre adhesión con derecho a libre secesión, dice Aznar), implica, en su parte no enunciada, el derecho a la libre secesión.
Claro, Artigas decía que de lo que se trata es de lo que quieren los pueblos. ¿Qué ocurrió? Finalmente decidió el pueblo uruguayo separarse, en una experiencia que Sanguinetti, en esta reunión parlamentaria que menciono, calificó de exitosa. Y aquí está lo que plantea Nelson Ferrer sobre el valor del viejo Battle y cómo esa república, que finalmente creó una secesión del tronco del que había surgido, usa su libre autodeterminación en ese sentido. Yo creo que fue exitosa por ser el más eficaz modelo antiimperialista de su época. Pero la libre autodeterminación también se puede utilizar para la unión y ése fue el espíritu de 1825, del 19 de abril. Y dentro de ese juego es que estuvo la personalidad de Lucas Obes como uno de los tantos patriotas olvidados. Quizá, por una mala fortuna simplemente, porque él cambió tantas veces de bando como cambió Rivera y, sin embargo, Rivera es un prócer. Y porque, además, probablemente, él formó parte de esa inteligencia que trabajó en el poder y que fue poder (llegó a ser ministro de la política, de la economía, de las relaciones internacionales del Uruguay, todo a la vez), pero que en definitiva era un vouger del poder y sobretodo del poder en aquellos tiempos que se podía definir como mayor precisión que hoy como destacamentos de hombres armados con distintos implementos como las cárceles, porque en definitiva ese poder estaba en manos de los caudillos. Pero para hablar de eso tenemos en el panel a alguien más autorizado que yo, el historiador Felipe Pigna.
Pigna: Buenas noches. Te felicito por lo bien que lees, pero te digo que me arruinaste el final de la charla, porque yo pensaba cerrar mi discurso con ese pasaje del libro donde el autor se pregunta ¿Desde cuándo seremos uruguayos?. Ese es un fragmento del libro que está buenísimo; en realidad este es un libro que está muy bueno, un libro muy importante destinado a levantar revuelo, efectivamente, y que además plantea una cuestión interesante en torno al poder, efectivamente. A los que participaron, a los que lo miraron y aquella gente que recorrió el poder de la manera en que lo recorrió Lucas Obes. Si el 99% de los uruguayos no lo conocen, el 100% de los argentinos tampoco lo conocen a pesar de haber nacido acá. Un tipo argentino de una trayectoria muy interesante y que participó de todos esos momentos tan importantes de la vida que nos une y nos separa a la vez y nos separó históricamente.
Yo creo, yendo a la construcción de la novela, que es interesantísima porque toma un momento muy importante en nuestras historias que es la dictadura militar de los años 70 y 80, que también nos unió en aquel momento, lamentablemente en padecimiento pero también en lucha y el planteo de la utilización de la historia como herramienta política. Del lado de esos jóvenes que se reúnen para responderle con una obra de teatro, con un elemento cultural y ahí hay una señal muy interesante en torno a las sospechas de la historia. Sospechar de la historia y de la construcción de la historia al punto de que cuando estos jóvenes quieren saber quién fue Lucas Obes, no recurren a un historiador sino a un detective. Es una herramienta muy original y nos identifica, porque todos sospechamos de la historia, afortunadamente, y por eso estamos acá. Hay que sospechar de la historia. La historia es sospechosa.
La historia ha sido contada muy mal durante mucho tiempo. Particularmente a nuestros pueblos les han contado historias para dividirnos, para que cada uno alimente ese chauvinismo. Acá se nos ha enseñado que Artigas era bandido, que era contrabandista, que nos odiaba. El genio maléfico de Artigas se ha escrito y algunas pelotudeces por el estilo, dicho esto científicamente. Y creo que es importante ver cómo la historia nos ha unido, en general, a lo largo de todos estos años, independientemente de los poderes de turno. Yo siempre digo que el padre del federalismo en el Río de la Plata, y no uso el término rioplatense para apropiarme de una figura nacida en la otra orilla, sino porque la considero alguien tan nuestro como de los uruguayos, es Artigas. Efectivamente, cuando él plantea las Instrucciones del año trece, que pueden ser leídas de muchas maneras, pero inequívocamente son revolucionarias, son republicanas y son modernas, se está planteando un proyecto de país que, lamentablemente, perdió aquel proyecto de país en los dos lados y eso también nos unió: la derrota de las ideas de progreso, las idas de la distribución de la tierra, la hermandad, las ideas de verdad y justicia que eran, de buena manera, las ideas de don José Gervasio.
Volviendo a la construcción de la novela, me encantó la forma en que está construida, la puesta en duda de la historia y poner a este personaje a lo Philip Marlowe. Este detective tan particular que es Peña, Julio Peña, que es contratado para indagar en la historia. Insisto, el recurso me parece sumamente interesante y muy típico de aquella gente que ha sido engañada y que no va a confiar en un profesional de la historia sino que prefiere que investigue una persona de afuera y que haga una indagación porque evidentemente hay una sospecha ahí. Por eso el autor construye e incluye al detective, según me parece a mí. No sé si era la idea pero me pareció que era un lindísimo recurso.
Lo que trasunta la novela me parece que es una discusión muy interesante y muy válida en torno a estas conversaciones que por ahí no nos animamos a hacer entre nosotros.
Si el Uruguay debió existir o no debió existir. Si tuvo razón de ser o no tuvo razón. La novela se lo plantea de una manera llana y muy punzante. En ese diálogo, justamente, de la novela en que se plantea que existen dos países donde hay una sola nación, porque tenemos un patrimonio común. A pesar de tener la discusión de dónde nació Gardel que es una discusión que vamos a tener hasta el fin de los tiempos, afortunadamente. Creo que hay un patrimonio común entre nosotros que consideramos que el que nació allá puede ser nuestro y al revés y no para apropiárnoslo, sino porque hay toda una tradición cultural e histórica en común. Me parece que estamos en un buen momento para volver a la unión en vez de hacerle caso a esas divisiones.
Empezar a revisar la historia y ver la cantidad de elementos comunes que puede haber en nuestras historias. Y, efectivamente creo que es un buen momento, un momento de reflexión donde no hay que caer en esta cuestión de las divisiones y el patrioterismo falso y creo que si hay dos pueblos en el mundo que son hermanos, sin duda, son el pueblo uruguayo y el pueblo argentino.
Creo que esto uno lo ha aprendido de chico. Cuando nosotros aprendimos a cantar las canciones de Viglietti, cuando escuchábamos a Zitarrosa. No importaba dónde había nacido y supongo que allá pasaba lo mismo con nuestros cantantes y pensábamos lo mismo y teníamos los mismos iconos y me parece que hay que volver un poco a esa unidad. Lo bien que uno se siente cuando va al Uruguay, se siente como en casa. Creo que eso vale mucho y ojalá que podamos seguir manteniendo eso y, a la vez, consolidándolo cada vez más. No haciendo caso a las estupideces que circulan por muy sucios intereses que seguramente no tienen que ver con los intereses de los pueblos. Ojalá que mantengamos la coherencia. Creo que todos nos pusimos muy contentos, bah, no todos, pero muchos sí, cuando ganó el Frente en Uruguay. Hemos peleado mucho para que eso ocurra y ojalá que el Frente no se desvíe de los principios básicos que ha sostenido, que mantenga los principios de unidad latinoamericana, que no se corte solo, que no firme acuerdos con el enemigo y que mantengamos la ilusión de un pensamiento de izquierda en América latina y en todos lados y en ese sentido Uruguay ha sido un ejemplo y debe seguir siéndolo. Ojalá que esto siga siendo así. Muchísimas gracias.
Ferrer: Buenas noches. Me siento muy emocionado y agradecido al verme rodeado por tantos amigos. Habitualmente, las presentaciones de libros suelen ser muy aburridas para quienes no están directamente involucrados en la obra objeto del evento. Este aspecto me preocupaba sobremanera hasta que reflexioné en que un acto con la actuación de Dekerusa Tango Trío, la participación de mi amigo, escritor, crítico literario y dramaturgo Joselo González Olascuaga y la invalorable participación del prestigioso historiador Felipe Pigna, no podía sino hacer de esta reunión un evento más que ameno. Esta reunión de uruguayos, argentinos, urutinos y argenguayos me causa una enorme satisfacción.
Quizás el momento de mi vida en que esta novela se procesó haya determinado que la misma no fuera políticamente correcta. La crisis de 2001 y una sucesión de pérdidas personales me llevaron a escribir descarnadamente lo que sentía, de manera honesta y con el corazón abierto. Me sorprende el grado de polémica y la complejidad de la crítica que ha generado esta novela, a tal punto, que me impresionan algunas observaciones sobre intencionalidades que en ningún momento me propuse.
La novela, cuando era mía, cuando no estaba editada, era un mamotreto de hojas anilladas, que era mía no porque yo la hubiera escrito, sino, fundamentalmente, porque era yo quien elegía a los lectores. Se la daba a leer a Vera, mi esposa, a Joselo, a Pedro y a otros muchos amigos. Desde que se editó, tomé conciencia de que la novela dejó de ser mía, y de que cada lector hace su interpretación, la hace suya, toma partido y le atribuye valores, intenciones y significados, muchos de los cuales ni siquiera me propuse al escribirla. Sucede, por ejemplo, que mi madre hace cuatro meses que esta leyendo la novela y cuando me llama desde Uruguay me recrimina: Pero nene ¿Qué pusiste acá? Decís cada disparate...Sos un mulero bárbaro. Además, me podrías haber dejado mejor parada.
Yo le respondo: Pero no te preocupes, no sos vos. Es ficción. Ella responde: Qué ficción ni ficción; yo te descubrí.
Esto me demostró que las opiniones tan distintas, tan complejas, son, en definitiva, una suerte de apropiación de la obra de uno por parte del otro. Y creo que eso está muy bien y no soy quien para debatir ni para compulsar con mis lectores. Era muy distinto a cuando llevaba el borrador o mamotreto y luego me sentaba a tomar un café y a discutir con ese amigo lector elegido.
Joselo, además de amigo, es el personaje de El Vasco en esta novela, y a propósito de ello, creo que no existe la novela que no sea en algún sentido autorreferencial o, al menos, que no describa escenarios y situaciones conocidos y familiares para el autor, por más que uno lo ficcione o lo dibuje o, como dice mi madre, le meta la mula. La prerrogativa fantástica del escritor es el poder para escoger a quien incluye y, cuando además lo quiere, como en este caso, se esfuerza por tratarlo bien.
Para terminar, quiero expresar mi enorme agradecimiento a todos los que han hecho posible este encuentro y a quienes me han acompañado tan cálidamente. Agradecimientos.
Artículo. LA ONDA® DIGITAL |
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