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Victoria demócrata en EUA
Frenar la alienación humana

por Héctor Valle
hectorvalle@adinet.com.uy

Palabras previas

Importa la detención; se destaca el mover a reflexión lo que de larga data viene sucediendo: la progresiva alienación del hombre.

 

Y en esto, las acciones que el gobierno norteamericano emprenda, ciertamente, por su notoria y específica incidencia en los asuntos del mundo, tiene directa e insoslayable relación.

 

Sea bienvenida, pues, la derrota del oscurantismo más retrógrado, de la mano de una histórica bocanada de aire libertario y liberal, así como apoyada si bien con esto apenas se logra detener, por ahora, acciones que han ido quitando libertad, sentido y proyección a la vida humana en el orbe.

 

¿Que es poco? ¿Que es fragmentario? ¿Que en las filas demócratas lo que menos reina es el consenso a la hora de oponer acciones de otro tipo?

 

Sí, convengo que es cierto pero, así y todo, este paso ha sido elemental, fundamental mejor digo, para que prospere la posibilidad que un nuevo clima se instale, paulatinamente, en las áreas de decisión de la esfera política, tanto estadual como federal y, especialmente, en la ciudadanía preocupada por sus libertades, de forma tal de recrear lo que este gran país una vez tuvo: amplia e irrestricta libertad, de la mano de formidables posibilidades de generación de pensamiento, luego de crítica reflexiva, que permitan abordar, de manera integral y en base al respeto hacia el otro, nuevos estados de acción social, política y, hay que decirlo, política planetaria.

 

I - El triángulo de luz de donde dimana la libertad humana

Es indudable que el hombre en Occidente, tuvo mayor espacio para existir y desarrollarse en humanidad, a partir de las 3 revoluciones que propiciaron un pensamiento que daba aire a tales perspectivas.

 

Es así que, la Revolución Americana es el segundo de los tres vértices que, comenzando por la Inglesa y terminando con la Francesa, constituyen, según creo entender, el triángulo de una de las más bellas, fructíferas y trascendentes acciones que el hombre haya emprendido en pos de la acción generadora de humanidad junto a los otros.

 

Se ha pretendido y, por ahora, continúa pretendiéndose desde el gobierno de aquel país, avanzar sobre el otro, sobre el diferente, demonizándolo, satanizándolo y ahí colocándose desde el supuesto lado del Bien, de lo correcto, de lo gnóstico.

 

Así, toda vez que el dogma y su inmediata secuela: la demonización del otro, se expande, trae consigo oscuridad al centro de esta figura que deja de irradiar con fuerza y calor, la luz de la libertad y de la dignidad; luces que traen consigo la imperiosa presencia de la equidad entre los humanos.

 

La razón por sí sola nunca es suficiente, pero siempre permitirá mayor y mejor libertad, con responsabilidad social, que la mera irracionalidad del dogma.

 

Una razón sensible es, entonces, según creo entrever, indispensable al mundo y, en contraposición toda pretendida teocracia –no importa de donde provenga, si de Occidente u Oriente, en sus diversas manifestaciones- la cuestiona, problematiza y, así, amenaza, con gradualidad creciente, a regresar a la humanidad a estadios de barbarie.

 

Y, en este orden, aclaro que los EUA no son el Capitán Ahab ni lo externo a ellos representan a Moby Dick. Que hay una amplia gama de lecturas sobre lo que los EUA son y representan, no pudiendo, por tanto, reducir tal nación a un concepto que, por tal, sería un mero, y también bárbaro, cliché.

 

Pero, también, la cada vez más agravada y reiterada negación del otro, desde el gobierno de la nación más poderosa del mundo, profundiza y obstruye tanto la brecha con el diferente como la posibilidad de un diálogo fecundo para el mundo entero.

 

Hay, indudablemente, en el tablero mundial otros actores que despliegan sus propias y bárbaras acciones y así,  aquel se va ajedrezando; pero cabe a tal potencia el rol de al menos no promover acciones como si una nueva y perversa cruzada estuviera en ejecución.

 

II - La jornada electoral americana

Ninguna nación puede aducir puridad absoluta ni prescindir de contar entre sus haberes, las miserias de lo humano.

 

¿Quién podría alegar tal locura? Que lo humano presenta lo uno y lo otro pero es del orden de la existencia que dignifique al espíritu, que aliente al desarrollo pleno de cada hombre y cada mujer, el propender a la toma de acciones que den prioridad a aquellos en demérito de la permanencia de acciones perversas y, digámoslo, necrófilas.


Que nadie puede alegar, con racionalidad sensible, que la guerra puede y es una medida económica a la que debemos recurrir para enjugar los errores –que también son sus falencias espirituales- en mejor administrar las cuestiones del hombre, tanto las materiales cuanto las espirituales.


En este sentido, la victoria demócrata en las parlamentarias de la nación de Lincoln y de Roosevelt, de Withman como de Steinbeck, permite al mundo alentar, una vez más, la esperanza que al menos puedan ser morigeradas las peores perversiones que venían siendo desplegadas en todo el orbe. Desplegadas por unos y por otros; porque los otros, esos advenedizos que figuran en las nóminas de todos los países, son los de la peor calaña.

 

Seres larvarios que a sueldo del mandamás de turno, cosifican su vida y la de los otros por unos mendrugos. Que así les dieran pan y del bueno, tampoco sabrían saborearlo pues carecen de las pupilas gustativas necesarias para captar tal sensibilidad.

 

Entran en cuestionamiento, así, muchos proyectos que el gobierno del actual presidente norteamericano pretendía lograr y para ello había contado –como aun cuenta- con el apoyo de los advenedizos ya citados –funcionarios parias que hablan lenguas distintas pero que sacian su sed en las mismas aguas estancadas- como de otros, esos idiotas morales que, por ejemplo, pretendiendo ser periodistas, van por ahí destilando supuestas verdades, siempre cargadas de insultos y demonizaciones, mientras reciben la paga en metálico que el patrón del momento les acreditaba por discretas vías.

 

Los Estados Unidos de América del Norte son mucho más, e indiscutiblemente mejor, incluso en lo trascendente, que la paranoia de algunos de sus hijos e hijas.

 

La nación que ocupara el segundo y maravilloso vértice del triángulo de la regeneración del hombre moderno; la nación que, a impulsos de sus Padres Fundadores diera a sus gentes y al mundo, ejemplos nobles sea de loables emprendimientos intelectuales como maravillosas conquistas científicas, es una nación llamada a dejar en el olvido este penoso interregno que ahora, luego de la jornada electoral aquí recordada, parece ir quedando en el pasado.

 

III - La tarea del ciudadano del mundo

Pero aun falta un largo y difícil camino por recorrer y, recordémoslo: ahora también les (nos) cabe –como siempre les (nos) cupo pero quizá con una responsabilidad hoy superior- al resto de las naciones -por ejemplo las sudamericanas- erguirse, propender desde acciones socialmente creíbles, a un resurgimiento económico y espiritual que, a su vez y a su tiempo, permitan, en la globalidad de las acciones internacionales, luchar por el logro de mejores estadios de diálogo que faciliten el acceso a instancias que anuncien pasos concretos hacia la tarea que es la principal y más trascendente para el hombre en sociedad: la dignificación del ser humano.

 

Y no hay otra manera de acceder a ello sino desde una equidad que permita al hombre y a la mujer de a pie, a todos sin distinciones de ningún tipo, alentar ese principio que jamás debe abandonar al hombre: el Principio Esperanza.

 

Bienvenida sea esta hora que, me apresuro a decir, deseo sea inaugural para la libertad del hombre y la mujer común, que habrá de encontrarnos –así lo pienso y aliento- en la “plaza pública” de nuestra condición ciudadana.

 

Es decir, en el entramado de las acciones que atañen a mi nuestras respectivas circunstancia de vida, erguidos y resueltos a dejar que el aire golpee nuestros rostros, mientras vamos en pos del otro y, con él -juntos en escucha, diálogo y acción societaria- damos pasos concretos y responsables en pos de los postulados que el tercer vértice de aquel triángulo, marcara  como ejes de un acontecer mejor para lo humano y que aun dista mucho de haberse alcanzado.

 

Vayamos, pues, con resolución, que nace desde una razón sensible que se apoya en la duda razonable, en busca de una libertad interior que nos permita erradicar la alienación y cosificación del hombre; vayamos también, hoy como ayer, pero hoy algo más alentados, aunque despiertos siempre, en procura de una igualdad que entendemos se asienta en la concreción de la equidad entre hombres y mujeres de todas las procedencias y, así, paulatinamente, lograr una solidaridad entre gentes y naciones que permitan augurar mejores tiempos a la vez para aquellos seres humanos (cada vez en mayor número) que vienen siendo olvidados, estigmatizados, espoleados y dejados a la vera del festín de los mandamases de turno.

 

Respetemos al ser humano. Intentemos, por tanto, serlo.

 

Los EUA han comenzado a repensarse a sí mismos. Entonces, que el resto siga el ejemplo, dándose cuenta que algo en lo profundo de la sociedad norteamericana, ha comenzado a suceder.

 

Nadie sabe como esto terminará por lo que tanto la esperanza  como lo oscuro, están presentes en el horizonte de lo posible. Lo reitero: debemos ejercer la opción de la esperanza.

 

Aunque duela –porque conlleva sacrificio, lucha y entrega-, siempre es preferible el descampado y la no subordinación a intereses espurios, alentando, desde la asunción de la realidad, el principio Esperanza.

 

El hombre también puede sorprender, y para bien, como en los EUA. Que prosiga así.

 

Trabajemos por ello.

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