|
Los tres períodos de la experiencia
1º) Entre 1917 y 1945, durante la era de la catástrofe (Eric Hobsbawm), entre las dos Guerras Mundiales, cuando los socialdemócratas participaron en situaciones de emergencia de varios gobiernos de unión nacional creados para enfrentar los problemas de la guerra y de la crisis económica de la década del 30. Sus prioridades eran el colapso del crecimiento y del comercio internacional, el desempleo y la inflación, una agenda que no estaba prevista por las discusiones doctrinarias de los socialdemócratas de comienzos del siglo XX. Por esto, en la práctica, en general, ellos apoyaron las políticas de sus aliados conservadores, con la excepción de la social-democracia sueca que formó un gobierno en el auge de la crisis, bajo su liderazgo y con un programa inédito y exitoso de promoción de crecimiento y de pleno empleo, a contramano de la ortodoxia económica de la época.
2º) Entre 1946 y 1976, durante la era de oro del capitalismo, y en el auge de la Guerra Fría, cuando los socialdemócratas consiguen, finalmente, formar gobiernos con mayoría parlamentaria, como en Inglaterra, Austria, Bélgica, Holanda y en los países nórdicos. En este inicio, estos gobiernos socialdemócratas reprodujeron, con mayor o menor éxito, las experiencias de pacto social y de planeamiento que habían acumulado durante la guerra. Pero la gran marca de este período fue la combinación virtuosa de políticas macro-económicas keynesianas con la creación del estado de bienestar social, que se transformó en la conquista más importante de la social-democracia europea.
3º) Entre 1980 y 2000, durante la restauración liberal-conservadora de los años 80 y después del fin de la URSS y de la Guerra Fría, cuando los nuevos gobiernos socialdemócratas europeos abandonaron el keynesianismo, y en algunos casos, la propia defensa del estado del bienestar social, adoptando sin reservas, las nuevas tesis, reformas y políticas neoliberales, iniciadas por los gobiernos conservadores anglo-americanos de la década del 80. En esta virada neoliberal de la social-democracia, el caso español fue ejemplar y paradigmático. Felipe González fue electo con un programa de gobierno de tipo keynesiano, junto con un plan negociado de estabilización y crecimiento económico. Pero enseguida del inicio de su gobierno, González cambió a Keynes y su propuesta de concertación social, por el rigor fiscal y el desempleo, como instrumentos de control de los precios y salarios, manteniendo esta política ortodoxa durante sus 14 años de gobierno.
Es interesante observar que a cada uno de estos períodos correspondió una gran revisión doctrinaria, por parte de los social-demócratas europeos. La primera, ya comenzó a fines del siglo XIX, cuando algunos partidos social-demócratas aceptaron y optaron por la vía electoral, con todas sus consecuencias en el plano de la competencia electoral, del punto de vista de la organización partidaria y de las alianzas parlamentarias y de gobierno.
La segunda y gran revisión doctrinaria de los social-demócratas europeos ocurrió en la década de 1950. En un primer momento parecía ser apenas un cambio programático de cuño electoral, pero luego quedó claro que se trataba de una verdadera ruptura revolucionaria, con relación a la tradición socialista. Resumiendo esta cuestión muy compleja, se podría decir que en el origen y en la base del pensamiento socialista moderno, siempre existió una tesis o una especie de ecuación fundamental: libertad política = igualdad económica = crecimiento económico. Fue el momento en que los socialdemócratas dejaron de apostar en una crisis final del capitalismo, y pasaron a luchar por un desarrollo acelerado del propio sistema, para obtener más empleos y más recursos para financiar políticas distributivas. Tal vez, éste haya sido un cambio doctrinario pero radical, en toda la historia del pensamiento socialista. De tal manera, que la tercera revisión doctrinaria neoliberal de los socialdemócratas de los años 80/90, no cayó del cielo y fue apenas una adecuación lógica de la nueva ecuación socialdemócrata de los años 50, a los tiempos de la globalización financiera.
De revisión en revisión, los socialdemócratas europeos se resignaron, primero, a la idea de la revolución socialista y después del propio socialismo. Más adelante abdicaron del proyecto de estatización de la propiedad privada, y a fines del siglo XX, algunos desistieron, inclusive, de las políticas de pleno empleo y protección social universal que fue su principal contribución al siglo XX. Además de esto, la desconstrucción social-demócrata de la teoría marxista del Capital y de la Historia no dio lugar a ninguna otra teoría alternativa con la misma capacidad de definir actores, intereses y estrategias a partir del análisis crítico del capitalismo.
El resultado fue un aumento constante de la confusión teórica y de la división interna de los socialistas involucrados en un debate interminable y circular sobre su propia identidad, y sobre la especificidad de sus propias políticas. Pero en el final de esta historia, permanece una gran paradoja: a pesar de las revisiones, de las divisiones y de las divergencias permanentes entre intelectuales, tecnócratas, partidos políticos socialistas, en una perspectiva de larga duración, no hay duda que los gobiernos social-demócratas del siglo XX contribuyeron de forma decisiva en el avance de la democracia y de la igualdad, en las sociedades europeas. Tal vez por esto, hace tiempo, en una conversación informal sobre la izquierda europea, el entonces diputado comunista italiano, Giovanni Berlingüer, se habría referido con humor a los infinitos caminos de la Divina Providencia. -La ONDA digital - Traducido para La ONDA digital por Cristina Iriarte LA ONDA® DIGITAL |
|
|
Un portal para y por uruguayos |
© Copyright |