|
Cartelera: mirada crítica y satírica
Puede sospecharse que tales comedias no son las típicas producciones industriales de Beverly Hill, que forman parte de ese cine independiente o marginal que esporádicamente acceden a la distribución mundial a través de las grandes productoras. Las tres comedias coinciden en sus propuestas de arrojar una mirada crítica, satírica o caricaturesca sobre los males de la sociedad estadounidense. Lo hacen con distintos grados de talento, capacidad crítica y entereza para llegar hasta el fondo de su tema, con debilidades sea en la búsqueda final de lo políticamente correcto, el traspié sentimental o el dislate en la búsqueda del humor. Pero, las tres de un modo u otro sacuden al espectador y lo incitan a reflexionar sobre lo que ha visto.
La corrosión y la ironía Es la reducción al absurdo por el humor, a menudo negro, y la práctica del cinismo crítico lo que valoriza al tema y a la realización de Gracias por fumar. Sigue los pasos y las argumentaciones de un hombre de relaciones públicas ( Aaron Eckart ), de labia muy florida y encargado de promover y defender la venta de cigarrillos por cuenta de las tabacaleras estadounidenses. Debe enfrentarse en programas de televisión con la campaña anti-tabaco que emprende un senador oportunista ( William H. Macy ), que quiere poner dos tibias y una calavera en los cajas de cigarrillos.
El protagonista emprende una campaña agresiva para desmentir los peligros del cigarro, contrata al mejor representante de Hollywood ( Rob Lowe ) para promocionar el tabaco en las películas combinándolo con el sexo, recibe las felicitaciones del gran jefe de las tabacaleras ( Robert Duvall ), soborna y silencia a la estrella de los avisos publicitarios de los cigarrillos, con cáncer terminal de pulmón ( Sam Elliott ), conoce a una investigadora de un influyente periódico de Washington ( Katie Holmes ) que le saca secretos en la cama y los publica, es atacado hasta el borde de la muerte por un grupo enviado para amedrentarlo. En fin, se reúne para intercambiar experiencias con dos colegas, una promotora de bebidas alcohólicas ( Maria Bello ) y otro vendedor de armas ( Adam Brody ) y soporta la mirada escrutadora de su hijo menor de edad (Cameron Bright ) que lo acompaña en sus andanzas y lo considera su ídolo.
La argumentación que repite a menudo para hacer lo que hace y promover lo indefendible es que debe pagar la hipoteca.
Esta minuciosa descripción del argumento no es ociosa, ella ilustra los centros de ataque crítico que el film posee. Desde la coartada de pagar la hipoteca para olvidar la ética que involucra a todo ciudadano en la sociedad estadounidense hasta el oportunismo político en una campaña ecologista, desde el todo vale, el sexo y los secretos de alcoba, del periodismo influyente o los medios masivos de comunicación, Hollywood, las lacras del alcoholismo, la venta de armas y el propio doble o triple discurso para manipular la opinión pública de la elocuencia del protagonista, todos esos rincones más o menos oscuros de una sociedad, son tratados con causticidad, ironía y sátira.
El gran valor del film es que todos esos núcleos temáticos están tejidos con inteligencia e imaginación por el realizador Jason Reitman, también libretista apoyado en una novela de Christopher Buckley. Se apoya de modo sustancial en la notable y absorbente labor interpretativa de Aaron Eckhart, que encabeza un respetable y amplio elenco.
Dos en la carretera Transamerica y Pequeña Miss Sunshine tienen bastante en común, pertenecen ambas al llamado road movie, cine de carretera, apuntan a la familia media estadounidense con mirada agridulce. Transamérica, escrita y dirigida por Duncan Tucker refiere a un transexual ( Felicity Huffman ) a punto de operarse para convertirse en mujer, que se ve sorprendido por la noticia que tiene un hijo, desliz de la juventud, el cual está preso por drogadicción y prostitución callejera. Debe hacerse cargo de él simulando ser una misionera religiosa, ocultándole su carácter de padre y llevándolo consigo en auto hasta Los Angeles, donde se habrá de operar y el adolescente intentará hacer cine pornográfico.
Larga marcha, paisajes hermosos de Estados Unidos, personajes que cruzan, algún accidente en la ruta, el nacimiento dificultoso de la relación entre los dos viajeros, obligarán al transexual a volver a la familia que no ve desde hace mucho tiempo e ignora su condición. Con esos elementos Tucker construye una comedia dramática, de crudeza en el tratamiento de los temas del sexo, pero más incisiva aún en el registro de la realidad de prejuicio, puritanismo e insensibilidad de la familia media acomodada de Estados Unidos, alguna caída final en la sentimentalina, que atempera pero no diluye el potencial crítico de ese mundo mayoritario de ciudades pequeñas de una nación.
También es una familia típica, pero que no funciona, la que protagoniza las imágenes de Pequeña Miss Sunshine, con un jefe obsesionado por el éxito ( Gregg Kinnear ) que no es capaz de vender su librolibro de cómo lograrlo, una madre capaz de decir sí a la tontería mayor ( Toni Collette ), un hermano de ella homosexual, fracasado suicida por desengaño amoroso, experto en Marcel Proust ( Steve Corell ), un hijo adolescente que quiere ser aviador, lee a Nietzsche y hace voto de silencio, se comunica a través de papelitos ( Paul Dano ), un abuelo paterno, veterano de la guerra de ideas primitivas, adicto a las revistas pornográficas y la droga ( Alan Arkin ) que entrena el baile a la hija menor de 8 años ( Abigail Blesin ) para presentarse a un concurso de belleza y de habilidades infantiles. Hacia ese concurso marcha toda la familia en una camioneta, experimenta diversos incidentes de ruta y llegan al concurso, donde las manías y desinteligencias familiares congenian.
Los responsables de esta comedia son el matrimonio de Jonathan Dayton y Valerie Faris, una pareja ganadora de diversos premios en cortos documentales y videos clips musicales, que eligen para su comedia el descaro, la ruptura de estilos, el desparpajo o el dislate para mostrar los mitos que movilizan a los ciudadanos estadounidenses. Consiguen la abundante risa, diálogos filosos y situaciones ridículas acerca, por ejemplo, del éxito, del sexo, de la armonía familiar. Pero reservan la artillería gruesa del dislate o la astracanada dirigidas contra otro de los mitos norteamericanos, los concursos, esta vez de belleza y habilidad infantiles. Ese final alcanza el humor desopilante, grueso pero eficaz en su dislate caricatural, que se suma al humor anterior, aunque a la vez diluye en algo la inteligencia crítica que el film mostrara en las secuencias anteriores. Sin embargo, el público agradecido por el humor llevado a los máximos grados de desparpajo y absurdo.
LA ONDA® DIGITAL |
|
|
Un portal para y por uruguayos |
© Copyright |