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Spencer, siempre Hay quienes creen que Alberto Pedro Spencer se fue para siempre el 3 de noviembre de 2006 en Estados Unidos.
Se cuenta que su corazón no da más y que se murió porque ya no podía seguir viviendo. Pero son pocos los que intentan recordar no los grandes partidos que uno tiene en su mente enseguida, sino lo que fue este ecuatoriano llegado en 1960 a Peñarol y que dejó el fútbol por el 70, y nadie sabe muy bien ni que día ni fecha ni por qué.
Hay que contar muchas veces que en 1958 a 1962 Peñarol logró lo que es muy difícil en el Campeonato uruguayo: ganarlo cinco veces seguidas.
Nacional ya lo había hecho veinte años antes y el aurinegro logró repetirlo en la década del 90, para demostrar que nunca se consigue muy seguido.
Spencer llegó a jugar a Peñarol a comienzos del 60. Y a pesar de la queja de Nacional en ese momento llegó a disputar la final que definía la Campeón Uruguayo de 1959, que se jugó recién en marzo de ese año.
Ganó el aurinegro 2 a 0. Hubo una pelea en la cancha que le costó varios expulsados a cada uno, pero eso es historia vieja y no otra cosa.
Luego llegó a ser primer Campeón de la Libertadores y perder con Real Madrid la final de la Copa Intercontinental en Madrid 5 a 1, y el 1 ser de él a pesar de todo.
Luego será Bicampeón de Libertadores y Campeón Intercontinental por primera vez al año siguiente, logrando el triunfo contra el Benfica 2 a 1, el día que debutó en éste un tal Eusebio, que luego se hizo famoso en la selección portuguesa, a pesar de venir de África, claro. Fue el tercer partido, ya que en Lisboa cayó Peñarol 1 a 0 y dos días antes tomó revancha 5 a 0 en el mismo Estadio Centenario.
Como es posible que un equipo sea campeón a pesar de jugar en su ciudad y no la final en otra es algo que San Lorenzo de Almagro tampoco entendió que le correspondía y convenía en la semifinal de 1960.
El éxito siguiente de Alberto Spencer fueron los dos partidos con el mismo resultado en la Copa Intercontinental del 66 frente a Real Madrid: 2 a 0 y tres goles de él, dos en el Centenario y uno en Santiago Bernabeu.
No estuvo en la final del 70 de la Libertadores que ganó con mucho mérito y prestigio también en Chile frente a River en el 66, puesto que se lesionó en la semifinal con los chilenos de la U.
Esa final en épocas que un plantel era socavado por tener que pasar titulares a la selección que iba al Mundial de México a la larga a ser el cuarto en el mundo-, pero que Argentina no había logrado su clasificación y por tanto era preferible para ellos ni pensar en él porque Perú los dejó fuera, además de buscar la posibilidad que Estudiantes de la Plata fuera Campeón por tercera vez consecutiva.
El empate en el Centenario les otorgó el campeonato que se dio el lujo de jugar a un Peñarol sin Mazurkiewicz, Caetano, Cortés, Losada, Rocha, Forlán y quizás alguno más.
Spencer no tenía derecho a jugar el Mundial porque eligió siempre ser ecuatoriano, y alguna vez fue llevado de todos modos por la celeste y en Wembley marcó un gol por ella contra los ingleses.
También lo hizo contra el Campeón de Europa Celtic de Escocia, Glasgow, que esperaba lo que no pudo: vencer a Racing de Avellaneda. Y hubo guerra en el tercer partido en el Centenario.
Y uno puede seguir contando que es quien más goles hizo en la Libertadores en toda la historia: 45.
Que jugó otras finales y salió muchas campeón uruguayo. Que dedicó luego su vida a representar a Ecuador en Uruguay, y que tiene hijos uruguayos.
Todo eso es cierto. Pero lo principal y para muchos es que fue un crack, un campeón de todo y cuando muchos como revistas deportivas argentinas no querían que ocurriese, pero todo es historia.
Se fue. Cerró su vida fuera del país que había adoptado, y tampoco la muerte lo fue a buscar al suyo, lo que marca que muchas cosas pasan en la vida de cada uno.
Y finalmente fue enterrado acá, en Uruguay, lo que casi nadie esperaba. Suerte Spencer. Su recuerdo lo están marcando muchos. Incluso muchos que nunca lo quisieron como deportista o cónsul.
Olvídese de eso. Cuatro by pass no alcanzaron como salvación para una persona. Pero su historia, nadie la logra modificar.
Son muchos años, muchos record hoy vigentes. Mucha vida, aunque uno diga no muchos años.
Hasta pronto. Siempre será recordado. LA ONDA® DIGITAL |
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