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El Partido Colorado después
Los dos reos siguieron vinculados al Partido Colorado, aunque nadie lo quiera reconocer. Muchas veces en la sociedad hay sectores que se preguntan hasta dónde los pueblos pueden incidir en el rumbo de los países, más cuando se ven obligados a enfrentarse a fuertes grupos de poder.
El procesamiento de estos dos exponentes de la dictadura --Bordaberry y Blanco-- no se puede entender sin la participación del pueblo uruguayo que fue capaz de superar su propio trauma generado por la Ley de Caducidad, nacida bajo el miedo y las amenazas.
Mucho menos se puede entender si no se tiene en cuenta que ese pueblo unido expresado políticamente en el Frente Amplio ganó las elecciones nacionales y llevó a la presidencia de la República al doctor Tabaré Vázquez, un hombre de severo carácter, con claras convicciones democráticas y republicanas.
El arte del Presidente de la República se ha basado en todo este tiempo en la sabia combinación de cumplir a fondo con la Ley de Caducidad, que dejó espacios para el juzgamiento de civiles, cosa que no quisieron hacer los presidentes colorados y blancos que lo antecedieron, con la firmeza en los principios de su fuerza política y de los suyos propios.
En su primer día de gobierno, ante una multitud que lo acompañó y lo aclamó, Vázquez anunció lo que nunca antes nadie se había atrevido a decir y hacer con la banda presidencial cruzada al pecho: "Nuestro gobierno cumplirá el mandato establecido en el Artículo 4º de la Ley número 15.848, procurando agotar la investigación sobre lo sucedido con los detenidos desaparecidos e investigando al efecto en los establecimientos militares correspondientes", agregando más adelante que para el nuevo Poder Ejecutivo "no entra dentro de la Ley de Caducidad (...) ni el caso de la nuera del poeta Gelman, ni las muertes de Zelmar Michelini ni de Gutiérrez Ruiz".
Si hoy la historia es otra, no se puede dejar de decir que la nueva realidad fue posible porque llegó el Frente Amplio al gobierno, lo que no cuestiona la independencia del Poder Judicial, que pudo actuar con libertad e independencia debido a que desde el Poder Ejecutivo se interpretó a cabalidad, por primera vez, la Ley de Caducidad.
No fue menor, por cierto, el aporte de la lucha incansable de las familias de los asesinados, de los grupos defensores de los derechos humanos, del PIT-CNT, de la academia, de algunos destacados periodistas y medios de prensa, de la izquierda y del Frente Amplio, del mundo democrático y progresista.
Junto a la recuperación de la verdad, de la justicia y de la dignidad, este fenómeno social y político ha cuestionado en sus entrañas a los partidos tradicionales, particularmente al Partido Colorado por haber cobijado en su seno por momentos protegido - a quien fuera su candidato a presidente y posteriormente a primer mandatario, Bordaberry primero Presidente después dictador- , y a la vez a su senador de la Unión Colorada y Batllista y canciller, Blanco.
No se conoce ningún tipo de acto disciplinario, ni enjuiciamiento ético, por parte de la colectividad política llamada Partido Colorado, quizás por aquello de que lo dictadores no tienen partido. En cambio se conocen de sobra fotografías de Juan Carlos Blanco (ver la revista Galería y sociales de El País) en fiestas chic o recepciones de embajadas, donde dirigentes colorados departen alegremente con el canciller encarcelado. Se le recuerda también compartiendo con otros colorados muchos de ellos democráticos- en actos recordatorios y de homenaje de Jorge Pacheco Areco, dentro o fuera de la sede partidaria.
Blanco y Bordaberry son parte de la familia de la actual dirigencia colorada, por más que el joven diputado Washington Abdala le haya dicho a Compacto 1410, servicio informativo de AM LIBRE: "No recuerdo bien, pero creo que no eran afiliados al Partido Colorado". Similar respuesta dio el doctor Ope Pasquet, en tanto otros enmudecieron para no abrir opinión, pero dejaron solo a Pedro Bordaberry porque el momento quema.
Bordaberry, el dictador, puede ser que nunca haya pertenecido al Partido Colorado por su desprecio filosófico a cualquier partido político, a pesar de que acordó con esa colectividad histórica para posibilitar su llegada al gobierno y después disolver el Parlamento y establecer el terror del Estado.
A pesar de ser blanco y ruralista en su origen, además de ministro de Pacheco, supo educar a su hijo Pedro, quien se integró con comodidad a las filas coloradas, asumiendo cargos de destaque en ese partido. Fue el candidato, en las últimas elecciones departamentales, a la Intendencia de Montevideo.
Con la caída de Bordaberry y Blanco ha quedado también en claro que la dictadura no solo fue un problema militar, sino que sustancialmente algunos civiles y muchos militares planificaron al detalle el exterminio masivo de la oposición de izquierda, y el bloqueo de las corrientes democráticas de los viejos partidos, para implantar un modelo económico que concentró la riqueza en pocas manos, mientras se destruía a mansalva la escuela vareliana y se castraba ideológicamente a las generaciones más jóvenes. Oportunidad que muchos familiares de dirigentes colorados, aprovecharon para ocupar las aulas como docentes, logrando lo que no habían alcanzado por la vía del concurso.
Desde ayer y en adelante, el Partido Colorado ha entrado en una espiral descendente, no solo porque el dictador fue su presidente de la República y la Ley de Caducidad se escribió con tinta colorada, mientras la pluma era blanca, sino también porque da la sensación de que se le acabó el tiempo para tomar distancia de tan oscuros personajes.
De alguna manera el Partido Colorado está en el umbral de una crisis terminal, con síntomas muy similares por encima de los contenidos- a los que sufrieron los comunistas soviéticos poco antes de su definitiva agonía, cuando el pasado trágico terminó aplastando los intentos de renovación.
Por más que ahora quiera aggionarse, por más que encontrara a algún nuevo dirigente ajeno al pasado reciente, le será muy difícil salir adelante en la medida en que el peso de su historia queda identificado con los momentos más crueles que tuvo que soportar nuestra sociedad. Situación que se agrava porque no hay ningún dirigente político colorado que por lo menos no esté identificado con la aprobación de la Ley de Caducidad y su no aplicación del Art. 4º y el derecho a procesar civiles, más la expulsión de José Germán Araújo del Parlamento, y con la aceptación dócil y complaciente de que los dos reos hayan seguido vinculados a esa colectividad política hasta el día de hoy. El Partido Colorado vive la sovietización de su futuro. LA ONDA® DIGITAL |
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