|
Uruguay
1962 - 1992 Procesado el dictador y su guardador de sellos, conviene volver sobre un aspecto histórico, a mi criterio, relevante: el período a ser considerado, estudiado y abordado desde las más variadas disciplinas para poder ir estableciendo lecturas respecto del trauma vivido por nuestra sociedad en democracia. Trauma que, vale decirlo, compete a la complejidad de las vivencias en él comprendido y no a estigmatizar hechos y actores.
Todo parece haber comenzado, entre quienes iniciaban reclamos societarios y quienes comenzaban a reprimirlos desde los institutos concebidos en la Constitución pero aun no articulados en detalles, justamente allá por el año de 1962, un aspecto central, grave y aun no revisto y menos pensado.
A sabiendas de lo grave que resulta reducir las cosas de una comunidad a dos aspectos, igualmente me atrevo a ello en mérito a exponer un asunto, desde mi condición de lego, pero en la asunción de mi rol de ciudadano, que merece, lo reitero, ser puesto a la observancia pública y luego, quienes tienen en su haber y preparación los métodos y las herramientas apropiadas de estudio y análisis, abocarse a ello:
La cuestión económica, sea por un lado los desmanejos de los dineros públicos, tanto por funcionarios cuanto por determinados estamentos sociales que comenzaron a valerse del amiguismo y la posición social para eludir la ley, y dirigir acciones tendientes a su propio enriquecimiento, cuanto quienes comenzaron, desde una posición económicamente desventajosa, a alertar sobre estas cuestiones y, descreyendo del estado de Derecho, iniciaron acciones de hostilidad por fuera de la ley, en modo creciente, en ambos, creo yo, está lo que esta sociedad aun no laudó ni se atreve a mirar: los poderes reales que la clase dominante tiene en su seno y la reacción destemplada, en distintos grados que mereciera desde su lado opuesto.
Asimismo, una aclaración, si bien hecha por un lego: cuando hablo de desmanejo y no de delitos es porque en aquella época no había figuras delictivas previstas (y en gran parte aun no las hay por imperio justamente de un mayor control de la clase dominante de sus privilegios y de sus mecanismos de apropiación mantiene y ostenta como poder) que nos dieran base para hablar lisa y llanamente de criminalidad en base a delitos tipificados y condenables por nuestra propia Justicia.
Igualmente, sí puede decirse lo grueso de los robos y groseros manejos perpetrados por financieras, bancos habría que volver a analizar con ponderación y mayor profundidad, los desfalcos y quiebras que tuvieron en vilo a nuestra sociedad en aquella época, como por ejemplo el del Banco Transatlántico. De este asunto, como de otros, devino el período dictatorial.
Ciertamente que la agresión sistemática que sufrió el Estado de Derecho por la vía armada y clandestina, ejerció su indudable fuerza en el quebrantamiento institucional, así como también el anhelo de llegar a esa fase de la dictadura, como vía de acceder el pueblo a instancias superiores, como postulara en todos los ámbitos, la izquierda nacional en su mayor parte, producto de la ideología que en aquellos momentos, signados por la Guerra Fría, hacía especial mella en los ánimos del sistema político, en sus dos y pronunciados extremos.
Pero los delitos económicos de la clase gobernante continuaron. Curiosamente la dictadura comienza con la prisión de los principales sinvergüenzas que robaron sin contemplaciones al Estado, y a todos los ciudadanos, burlando leyes, normas, confianza y valiéndose, reitero esto porque está pendiente de concreción, de la no existencia de figuras delictivas más precisas.
Esos mismos sinvergüenzas, cuando se cerraban las puertas del Palacio de las Leyes para la luz y el sentido de la Ley y la representatividad ciudadana, salían por las puertas de las cárceles, liberados por los mandamases de la época, en connivencia con ellos.
Y llego al plano de los hechos en donde ciertos civiles, desde la oscuridad pero valiéndose de las influencias que la clase dominante les facilitaba, continuaron sus tropelías y llevaron al país a un grado tal de postración y endeudamiento que hoy continúa y que todos debiéramos advertir de la perentoriedad de detener este despropósito societario.
Esos civiles que medraron y siguen medrando en las sombras, amparados por su posición social y en algunos y pocos casos por una oratoria que simula ser docta, son actores de hechos aun no estudiados pero que indudablemente toda la sociedad uruguaya ha venido padeciendo en estos largos años.
Debemos repensar nuestros modos de analizar el entramado de los hechos que mueven a nuestra sociedad y, al hacerlo, propender a la búsqueda de soluciones en democracia que den mayor aire a nuestras relaciones y privilegien un Estado de Derecho más potente y de una transparencia tal que no permita ya no más- que la clase dominante continúe moviéndose a sus anchas por los pasillos en donde la luz no es tan clara y la rapacidad cobra un grado de realidad que lamentablemente aun hoy pervive.
Hay que proceder a repensar el Uruguay para una mayor dignidad de todos sus hijos e hijas, desde una equidad que no esté apenas en los discursos o en los noticieros por boca de unos y otros sino en la llanura de las acciones cotidiana donde nuestros pasos se cruzan y allí advertimos las hondas iniquidades que nos interpelan, parafraseando a Nietzsche desde su obra Aurora, a ver si nos atrevemos a levantar del suelo esos grandes problemas que hacen olor y que aguardan a quien se atreva a elevarlos a la categoría de estudio y reconocimiento, para mejor conocernos y, ahí sí, crecer, éticamente. LA ONDA® DIGITAL |
|
|
Un portal para y por uruguayos |
© Copyright |