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Brasil
Hidroeléctricas del Madeira entre la
agenda social y la ambiental

Profesor Francisco Carlos Teixeira da Silva

En la última semana se realizaron en Jaci-Paraná y Porto Velho las audiencias públicas para debatir la viabilidad de las hidroeléctricas del Madeira, dos usinas con capacidad de 6500 MW.  Citado por los principales candidatos en la campaña presidencial, el proyecto es indispensable para evitar el estrangulamiento energético del país y para incrementar las condiciones de vida en la Amazonia.  En adición, no hay alternativa para atender la demanda proyectada por energía, sobre todo porque la termoelectricidad es más cara, más poluyente, causa dependencia tecnológica y, paradójicamente, de combustible para generar energía.  Y, para el crecimiento económico, las inversiones deben ser hechas ahora.

 

El proyecto tendrá impactos ambientales, aunque su concepción innove en la reducción de tales efectos, con turbinas del tipo bulbo, ya utilizadas en Europa y en Japón, que permiten reservorios con pequeños caudales de agua, poco superiores al calado del río cuando hay creciente, además de un sistema de transposición de peces que simula las condiciones naturales existentes hoy en día.

 

Se destaca, por esto, la discusión democrática con la sociedad y la tecnología nacional que permite que los impactos socio-ambientales del proyecto se restrinjan a Brasil, al contrario de lo que han propagado ONGs financiadas y con sede en el exterior, que intentan transferir las decisiones del proyecto al ámbito del Derecho Internacional, donde pueden encubrir formas de coerción ejercidas a través de redes comunicacionales transfronterizas, tendiendo a influenciar a los “formadores de opinión” de los espacios nacional e internacional.

 

Las audiencias públicas giraron en torno a los errores e injusticias del pasado.  El MAB – Movimiento de los Alcanzados por los Barrenados, entidad actuante de protesta contra la arrogancia burocrática – es el producto político del pasivo existente.  Y así, en Jaci-Paraná o en Porto Velho, lo que se vio fue una victoria de los movimientos sociales: la acción del Estado se tornó presente y cuidadosa, obligándolo a oírlos.  La cuestión no es diferente para los empresarios.  Por esto, el debate debe focalizar el futuro.  En el caso de que quieran ser socios del desarrollo nacional y de la valorización de la Amazonia, deberán tener en cuenta sus especificidades.  Para estos, la cuestión es transformar el Proyecto Madeira en un paradigma del desarrollo auto-sustentado.

 

Algunas tendencias surgieron del debate:

 

  • No es posible repetir el pasado:  no hay espacio político y social para más errores que no serán tolerados en un país democrático y donde el movimiento social es organizado y vigilante.  Así, los esfuerzos técnicos del proyecto deberán dar cuenta del conjunto de las demandas socio-ambientales, en una sociedad con las diferentes esferas del poder público.

 

  • No es posible la imposición de papeles o identidades culturales al “otro”: el proyecto de futuro de cada uno será decidido por la población local, con tanto derecho al uso de los recurso naturales del país como lo posee un paulista, pues no es aceptable la imposición de ciudadanías diferenciadas a los brasileños en nombre de la preservación ambiental: todos poseen los mismos derechos, incluyéndose ahí el derecho a empleos dignos y bien remunerados;

 

 

  • No es posible transferir la esfera decisoria del proyecto al ámbito del Derecho Internacional, en el cual actores exógenos al interés nacional puedan “intervenir en nombre del bien común”, sustrayendo tales decisiones al ámbito del derecho del Estado brasileño, responsable por el bienestar del pueblo de Rondonia y por la seguridad energética de Brasil.

 

  • No es posible aceptar la mal intencionada tentativa de hacer del proyecto una especie de “nuevo contencioso” de la relación bilateral Brasil-Bolivia, dado que no hay impactos en aquel país.  En estas condiciones es de esperar que, así como Brasil respectó la decisión soberana de Bolivia cuando la nacionalización de sus reservas de hidrocarbonatos, Bolivia también respete la soberanía brasileña cuando se desarrolle el Proyecto Madeira, no cediendo a un juego de ingerencias veladas que tiende solamente a generar vulnerabilidades en la región.

 

 

  • No es posible ceder al discurso que pregona la lógica de la “redención de la Amazonia”, cuyo objetivo es controlar los stocks de naturaleza pertenecientes al espacio nacional – encarados como reservas internacionales de recursos energéticos y relacionados a la biodiversidad, salvaguarda para el uso futuro de la “humanidad” – pero cuya consecuencia real es la perpetuación de una dinámica de degradación hace mucho tiempo implantada en la región.

 

Derrotados en la intención de impedir las audiencias, entidades no comprometidas con la población y con el desarrollo de Brasil insisten en imponer aquí una vieja y falsa oposición – típica de países de alto IDH, cuyas poblaciones viven de la depredación de los recursos naturales del planeta – entre la agenda social y la agenda ambiental.  No podemos caer en la trampa de ceder el bienestar de millones de ciudadanos brasileños en nombre de un consumo inconmensurable de las elites ricas del planeta.  El desafío posible – para el Estado, para los empresarios y para el movimiento social autónomo – es alinear el tema social y el tema ambiental, en el ámbito de la agenda del Estado-Nación.
Traducido para
LA ONDA digital por Cristina Iriarte

 

Francisco Carlos Teixeira da Silva

Profesor Titular de Historia Contemporánea/UFRJ

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