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¿Quién afrenta a quién?
La apuesta por el desarrollo de una zona del Uruguay, que ganó una importante inversión en el sector de la pasta de celulosa, donde Argentina tiene grandes intereses, ha exacerbado los sentimientos anti uruguayos del lado argentino, alentado por el inocultable estímulo del gobierno provincial de Entre Ríos y del gobierno nacional del Presidente Néstor Kirchner.
No importan las razones que esgriman técnicos, especialistas o gobernantes del vecino país, el asunto ha llegado a tal grado de irracionalidad por parte de las autoridades argentinas que nada les sirve. Y puntualicemos algo que ha dicho y reconocido el propio Kirchner, el problema radica en la contaminación visual que produce la planta de celulosa que se construye en la zona de Fray Bentos.
Así, ese simple discurso del primer mandatario argentino, echa por tierra con todos los argumentos científicos que existen, también se dejan de lado todos los aspectos jurídicos, que Uruguay cumplió a rajatabla, y se enardece a un sector de la masas, intentando hacerles creer que la fábrica de la empresa Botnia, es poco menos que el lugar por donde dará comienzo el Apocalipsis.
Como ya no le quedan argumentos serios, que son los que debería utilizar para argumentar el Presidente de una gran nación como es Argentina, ahora apeló a unos supuestos sentimientos antimilitares, demostrando su absoluto desconocimiento de cómo funcionan estos temas en Uruguay y, además, tratando de inmiscuirse en decisiones soberanas que adoptan los Estados y por las que no hay por qué dar explicaciones a nadie.
Tampoco su embajador en Uruguay le informó que en este país el Ejército patrulla el perímetro de algunas cárceles, cumple tareas de apoyo para la sociedad civil en numerosos puntos del territorio, participa del Plan Invierno, siendo el responsable de darle de comer a cientos de personas con el fin de asistir y sacar de las calles de Montevideo a los más desprotegidos, solo por mencionar algunos de los trabajos.
Por lo tanto, es una decisión soberana del Presidente, encomendarle la tarea que crea necesaria a cualquiera de las partes que integran las Fuerzas Armadas.
Ya se había hecho con el patrullaje y la atención sobre la navegación en el Río Uruguay, donde es responsable la Armada Nacional, y ahora con la vigilancia del entorno de una parte del territorio nacional, en el entorno de la planta de Botnia, asunto que ocupará al Ejército. La prevención es también parte de las funciones del Estado, especialmente cuando se está echando a correr cualquier tipo de rumor sobre un posible sabotaje a la planta industrial. Entre todas las verdes, puede haber una fruta madura.
Está tan ocupado el Presidente Kirchner, que se le olvidó leer la Carta de la OEA, donde se hace referencia a qué cosas puede hacer un país y qué cosas no. Dice entonces Kirchner que ha tomado la última decisión uruguaya como una afrenta.
Pero ¿quién afrenta a quién?. ¿No es acaso una afrenta para los uruguayos, lo que hace el Presidente Kirchner, que actúa como si nuestro país fuera una provincia argentina, que tiene que responder a las órdenes que provienen de Buenos Aires?. ¿No fue una afrenta hacia los uruguayos, la acusación ante la Corte Internacional de Justicia a Uruguay por ser un Estado delincuente ambiental, solo por haber aceptado que se instalara una empresa, que cumple todos los requisitos internacionales, en una parte de su territorio?.
El gobierno uruguayo ha optado por no responder ninguna cosa que digan los integrantes del Poder Ejecutivo argentino, quizá para evitar decir que el único afrentoso en este asunto, es el Presidente Kirchner. LA ONDA® DIGITAL |
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