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Celso Amorim
repasa
la política exterior brasileña a
pocos días de la llegada de
Lula a Montevideo |
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Gasoducto del
Sur: no; red
sudamericana de gasoductos, sí |
El canciller Celso Amorim repasa la política
exterior Brasileña a pocos días de
la llegada de Lula a Montevideo
El
presidente de Brasil, Luis Inacio Lula da Silva, llegará
a Montevideo el 18 ó 19 de diciembre en visita oficial. Esta
se realizara cuando el MERCOSUR, de quien Brasil ejerce su
presidencia pro tempore, pasa por momentos críticos, a la vez
que la controversia entre Argentina y Uruguay por la ubicación
de la papelera Botnia alcanza sus niveles más altos de
conflictividad.
Su visita a Montevideo también se realizará luego de la Cumbre
de Presidentes de la Confederación Sudamericana "el 8 y el 9 de
diciembre en Cochabamba, Bolivia y de la elección de Rafael
Correa como mandatario del Ecuador, y la reelección en
Venezuela del presidente Hugo Chávez.
En este contesto sudamericano los periodista
Cláudio Camargo y Hugo Studart
le realizaron una entrevista al canciller Celso Amorim
para la revista brasileña ISTOÉ, lo que sigue es la traducción
al español de La ONDA digital de ese diálogo.
¿Brasil continuará con una política
externa controvertida en el próximo mandato?
Es controvertida solamente para algunos
sectores empresariales, pero es una política externa que tiene
un gran apoyo popular. Prueba de esto es que hoy yo soy
reconocido por el pueblo en varios lugares por donde ando. Y no
es sólo en el Congreso, sino en las calles. No es esa historia
de pensar que soy un artista de la Globo, son personas del
pueblo que saben lo que yo hago. Ya fui abordado en la puerta
de una fábrica o en un shopping center por policías u
operarios que quieren saber cómo vamos a tratar a Bolivia y a
los Estados Unidos. El pueblo está acompañando los asuntos de
política externa, y esto es una cosa nueva en Brasil.
¿Pero la polémica no se da porque esta
política coleccionó fracasos, como la reforma del Consejo de
Seguridad de la ONU?
Todo bien, vamos a comenzar discutiendo los
supuestos fracasos.
¿Cuáles? Que Brasil no haya conseguido un
lugar permanente en el Consejo de Seguridad de la ONU? Esto no
fue una derrota. Primero porque esta pretensión no es una
invención del gobierno Lula. Es una posición de la diplomacia
brasileña desde 1945, cuyo debate retornó con el presidente
Sarney y se intensificó con Itamar Franco. Lo que sucedió en el
gobierno Lula es que Brasil obtuvo mayor proyección
internacional y se unió a Alemania, a Japón y a la India para
impulsar la reforma de la ONU. No estamos en mala compañía y es
una cuestión de tiempo conseguir un lugar. Me gustaría que el
proceso de negociación estuviese concluido. Pero nosotros
sabemos que es un debate largo.
Y cómo explica usted el fracaso de las
negociaciones del ALCA?
No fue un fracaso, al contrario,
conseguimos desmontar un esquema que sería malo para nosotros.
El ALCA, de la forma que estaba diseñado, sería perjudicial a
los intereses de los empresarios y de los trabajadores
brasileños. No podríamos desarrollar la industria naval como lo
estamos haciendo porque esto depende del dinero del gobierno y
los norteamericanos no querían permitir tal financiamiento
público. No podríamos mantener una política de remedios baratos
para el pueblo porque esto significa tener normas sobre patentes
más flexibles, que los Estados Unidos no aceptaban. También en
el tema de los subsidios agrícolas, que nosotros combatimos, no
habría sido posible avanzar. Por esto, paralizar las
negociaciones del ALCA, de la manera que estaba planteada, no
fue una derrota, sino una victoria para Brasil.
¿Cuáles son los sectores en los que
Brasil tiene chances de establecer acuerdos comerciales con los
Estados Unidos?
El alcohol, por ejemplo. Hay un gran
interés en desarrollar proyectos en común. Nuestro problema
actualmente es conseguir tratar el etanol como fuente de
energía, como base energética, y no como un simple producto
agrícola sujeto a subsidio, como es hoy. Nos interesa
desarrollar cosas de este tipo. Pero hay chances de acuerdo en
todos los sectores. ¿Queremos negociar? Queremos, pero en
términos adecuados, como estamos conversando con la Unión
Europea. Pero esto exige paciencia. Porque es necesario ubicar
el acuerdo en términos adecuados, para que no perjudique a
nuestra política industrial, a nuestra política de medicamentos.
En el caso de Bolivia, que nacionalizó el
sector de hidrocarburos y amenazó los intereses brasileños, ¿no
faltó realpolitik?
¿Realpolitik en el siglo XXI? El único
camino es el diálogo. Un diálogo con firmeza, pero no cantando
de gallo, nunca. Las entrevistas del presidente Lula, y las
mías también, son todas en este tono diálogo, pero con
firmeza. Las críticas vienen de una vieja psicología existente
en Brasil, la de que debemos ser sumisos con los fuertes y
arrogantes con los débiles. La nueva política externa es la de
que queremos ser tratados de igual a igual por los otros,
sentarse en la misma mesa con las superpotencias. Y viceversa.
¿Respetando a los más débiles?
Sí, las personas no están acostumbradas a
tratar a los más débiles con respeto. Estamos acostumbrados a
sujetarnos a los más fuertes. Pero esto no quiere decir que
nosotros vamos a aceptar todo lo que ellos quieren, y ellos
saben esto. En estas conversaciones con Bolivia, por ejemplo,
Brasil no retrocedió. Si el gobierno boliviano nos amenaza,
habrá una reacción de Brasil. No tenga dudas.
¿Cuáles son los cambios en la política
externa que tendremos en el próximo gobierno?
Aún no se quien será el canciller.
Entonces, ¿cuáles recomendaciones dejaría
para el próximo canciller, aunque éste sea Celso Amorim?
La integración de América del Sur y la
prioridad principal. Y no es la prioridad de este gobierno ni
la mía, sino de Itamaraty como un todo, con base en la realidad
global. Tenemos que priorizar América del Sur, porque el mundo
está uniéndose en bloques, y las Américas no forman un bloque.
Hay una superpotencia, otros países en desarrollo y aún naciones
muy pequeñas y pobres. Pero América del Sur puede ser un
bloque, que no es homogéneo, que tiene sus turbulencias, pero
que tiene la condición de formar una gran unidad con capacidad
de negociar. Por esto la entrada de Venezuela en el MERCOSUR
fue tan importante. El MERCOSUR no está formado apenas por el
Cono Sur y puede ser un bloque de países del Caribe hasta la
Patagonia.
¿Y las nuevas prioridades?
No son nuevas, ellas son las mismas, con
la integración de América del Sur en primer lugar. Pero tenemos
una nueva meta a alcanzar, una aproximación comercial y
estratégica con los tigres asiáticos. La gente tiene que
trabajar más ahí. No se trata de cambiar prioridades, sino de
avanzar en aquello que aún no hicimos, tener más espacio y más
tiempo para otros países. En este gobierno ya trabajamos mucho
en la aproximación con la China, con el bloque de India y África
del Sur, con los países árabes. Llegó el momento de trabajar
con los tigres asiáticos y con Europa Oriental. Con Rusia
nosotros ya trabajamos y vamos a continuar trabajando, pero
existen otros países en la región, como Polonia, con los cuales
podemos estrechar lazos.
¿Cómo ve Ud. las críticas de que
Itamaraty le da poca atención a los Estados Unidos y a la Unión
Europea?
Americanos y europeos siempre fueron y
siempre serán nuestros socios estratégicos. Y recuerdo que el
comercio con ambos creció mucho en este gobierno. Sólo no fue
mayor por causa del proteccionismo de ellos, por culpa de
ellos. Pero el comercio creció aún más con América del Sur.
El continente europeo ya es nuestro socio principal, sobrepasó a
los Estados Unidos. Lo que los críticos deben entender es
que los americanos y europeos pueden hasta ser nuestros mayores
socios, pero no son los únicos. Tenemos que buscar otras
alternativas, como los tigres. Pero creo que hasta este tipo de
crítica está cambiando. Los artículos en la prensa ya están
diciendo que precisamos hacer más por los grandes mercados, pero
hacen la reserva: sin abandonar lo que ya conseguimos en los
emergentes.
- Rice elogió la alianza Brasil, India y
África del Sur, diciendo que une tres grandes democracias
multirraciales. ¿ Cuáles fueron los resultados de esta alianza
con los países emergentes?
La unión de Brasil, India y África del
Sur, por ejemplo, está generando excelentes resultados, no sólo
comerciales, sino también políticos, tecnológicos y
estratégicos. El otro día Condoleezza Rice (secretaria de Estado
de los EE.UU.) elogió públicamente esta alianza. Dijo que es
una iniciativa política muy interesante, entre tres países de
tres continentes diferentes, de culturas diversas, pero al mismo
tiempo son tres naciones democráticas, multirraciales y
multiculturales, cuya alianza podrá servir de ejemplo para otros
países. Además de esto, ya tenemos un acuerdo con la India
dentro del ámbito del MERCOSUR. Ahora queremos un acuerdo
trilateral entre el MERCOSUR, África del Sur y la India, la
mayor área de libre comercio que conseguiremos entre los países
del sur.
La Ronda de Doha, de la OMC (para la
reducción de los subsidios agrícolas), en la cual Brasil apostó
mucho, está paralizada. ¿Hay señales de que el impasse pueda
ser deshecho?
Los lobbies agrícolas del mercado europeo
son muy fuertes y son ellos, principalmente, que están creando
más dificultades para nosotros. Sería realmente una pena no
concluir la Ronda Doha. Continuamos luchando. Recientemente,
hablamos con el G-20, que manifestó interés en retomar las
negociaciones. Creo que todos están interesados y aún
esperanzados con el acuerdo, porque la imposibilidad de llegarse
a un consenso fue una derrota para todos.
Usted rebate con vigor las críticas de
que el MERCOSUR (está en crisis). Pero si está todo tan bien,
entonces ¿porqué Uruguay quiere hacer un acuerdo de libre
comercio con los EE.UU.?
Creo que Uruguay tiene muchas razones de
quejas contra el MERCOSUR. Por ejemplo, el acceso al mercado
brasileño ha sido muy restringido. Brasil debe liberar más,
porque es mucho mayor. El comercio internacional no debe sólo
ser competitivo, debe tener ventajas comparativas. Entonces,
algunas cosas debemos comprarles a ellos. Y nuestra estructura
burocrática está volcada sólo para Brasil; no hay una visión
integrada. Brasil es mucho mayor que Uruguay y Paraguay y esto
causa más problemas para ellos. Tenemos que trabajar para que
estos dos vecinos tengan una inserción, tenemos que desistir de
producir todo y proporcionar condiciones de financiamiento para
ellos.
Pero además de esto, hay muchos
obstáculos burocráticos
Es verdad. El presidente Lula citó un
ejemplo de un avión que Brasil donaría a Senegal para combatir
la plaga de langostas. Pero cuando se consiguió liberar el
avión, más de un año después, la plaga ya había desvastado las
plantaciones. Hay un problema similar con el Uruguay. Y estoy
negociando para importar agua mineral de allá, que ellos
exportan para el mundo entero, menos para Brasil, por causa
de una norma técnica. Hasta salir de la portería que cambie la
norma es un sufrimiento.
Y nosotros tenemos un gran superávit con
ellos
Brasil no puede exportar U$S 1 billón
para Uruguay e importar sólo U$S 500 millones; precisamos
exportar U$S 1,5 billones e importar U$S 2 billones. Cómo? Con
la industria automovilística, por ejemplo. Partes de autos que
podrían ser producidas en Uruguay o en Paraguay. El asiento, o
los faroles, cualquier cosa. Es esto lo que hizo Europa, es ésta
cultura de integración que aún no existe totalmente. - La ONDA
digital
Traducido para
La ONDA digital por Cristina Iriarte
LA
ONDA®
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