|
Testimonio
de la historia reciente
Diversos líderes latinoamericanos, que se oponían a los regímenes militares, murieron en Buenos Aires asesinados, y entre ellos dos importantes políticos uruguayos, el ex-ministro de estado y ex-senador Zelmar Michelini y el ex-presidente de la Cámara de Diputados, Héctor Gutiérrez Ruiz, cuyos cadáveres fueron encontrados juntos, dentro de un automóvil, el 22 de mayo de 1976ii, así como el general Juan José Torres, que fuera depuesto del gobierno de Bolivia (1971) con el apoyo de Brasiliii. iv. En aquella época, los órganos de represión de Argentina, Brasil, Uruguay, Chile, Bolivia y Paraguay habían concertado un entendimiento y desencadenado, conjuntamente y con la asistencia de la CIA, la Operación Cóndor, con el objetivo de eliminar toda y cualquier resistencia a los regímenes dictatoriales instalados en aquellos seis países del Cono Surv.
Goulart, que había montado una empresa para la exportación de carne y arroz, en Buenos Aires, donde pretendía residir, recibió también amenaza de muerte y, según se informaba, tuvo su oficina invadida, en aquella ciudad, en la Avda. Corrientes, cofre y armarios derribados, por un comando cuyo objetivo aparentemente era secuestrarlo y matarlo. Este hecho es contestado por algunas fuentes, pero algo extraño, de cualquier manera, hubo, dando origen a tales informes. Y a Goulart no le restó alternativa que pasar más tiempo en Mercedes (Argentina), donde poseía una estancia (La Villa) o su estancia en Maldonado, cerca de Punta del Este, en Uruguay. Pero, en Uruguay, donde fuera recibido, en 1964, no como refugiado político y sí como presidente constitucional de Brasil, y obtuviera inclusive pasaportevi, negado por el gobierno brasileñovii, la situación igualmente se modificaba. Después del golpe de estado del 27 de junio de 1973, el gobierno autoritario de Juan María Bordaberry, se sujetó aún más a la influencia del gobierno brasileño, del cual dependía económica y políticamente, y comenzó a crear las mayores dificultades para todos los exiliados, inclusive para Goulart. Su hijo, João Vicente Goulart, de 16 años, fue preso, tuvo su cabeza rapada y permaneció tres días en un cuartel. Su madre, Maria Tereza Goulart, también fue presa, bajo un alegato de transporte irregular de carneviii. El piloto de Goulart, Rubem Rivero, fue también preso bajo la acusación de militancia subversiva. Y el propio Goulart, que tuvo que mandar a sus hijos João Vicente y Denise a Inglaterra, con temor de que fueran secuestradosix, fue compelido por el gobierno uruguayo a desistir del derecho de asilo, dado que no lo podía expulsar, debido a sus grandes inversiones en el paísx.
Goulart estaba deprimido, deseando volver a Brasil, lo que constituía su obsesión, y no tomaba los debidos cuidados con la salud, pues, aunque fuese sabidamente cardíaco, continuaba comiendo siempre la grasa de la carne, fumaba y no se privaba de algunas medidas de whisky. Y, en tales circunstancias, él decidió hacer un viaje a Europa, donde no sólo visitaría a sus hijos en Londres sino que verificaría las condiciones de mudarse a Franciaxi o España, donde estaría cerca de sus hijos que estudiaban en Londres. Brizola, en aquella ocasión, supo a través del servicio secreto de Cuba, con el cual desde 1965 nunca perdiera contacto, de la existencia de un complot para asesinar a Goulart cuando él pasase por Buenos Aires.
Como no quería hablarle directamente, pues sus relaciones continuaban rotas, procuró al escritor Edmundo Moniz, ex-director del Correio da Manhã, asilado en Montevideo y amigo de ambos, y le pidió que le avisase del riesgo que correríaxii. Brizola, preguntado entonces porqué él, personalmente, no lo hacía, inventó la disculpa de que Goulart lo había visto en un puesto de gasolina y no lo había saludado. Frente a esta evasiva, Edmundo Moniz aceptó la incumbencia y transmitió la información a Goulart, que tomó la iniciativa de ir al apartamento de Brizola, con el pretexto de visitar a su hermana Neuza, entonces enferma, y despedirse, dado que estaba con el viaje marcado para Europa. Brizola, al saber de la presencia de Goulart en el edificio, se retiró a uno de los cuartos del apartamento, pero el escritor y periodista Josué Guimarães, que allí se encontraba, así como otros amigos lo presionaron para que apareciese en el living, a lo que él accedió a regañadientes, reconciliándose así con el cuñado, luego de 12 años de alejamientoxiii. Pero los dos no conversaron sobre política. Sólo de asuntos personales, de familia.
Poco tiempo después, en setiembre de 1976, Goulart realizó el viaje a Europaxiv y aprovechó para hacerse exámenes en el instituto cardiológico de Lyon, cuando pasó por Francia, y luego de someterse a varios exámenes, recibió una advertencia de respeto de su estado de salud, y escribió una carta a Cláudio Braga, que cuidaba de sus negocios en Buenos Aires y a quien confiaba asuntos políticos y personales, contando que los resultados fueron bien razonables, considerando que no se sujetaría nunca a las prescripciones médicas y regímenesxv. También comentó la situación en Brasil, donde las cosas se calentaron, con la noticia de su posible regreso, y se estaban sumando muchos detonantes; elecciones, situación económica social muy difícil, muerte de JK, con repercusiones de toda índole y de la mayor magnitud (inesperada completamente para el gobierno), graves denuncias en el campo moral, etc. etc.xvi. Goulart, tenía conciencia de que no podía más permanecer en Uruguay ni en Argentina, debido a la inseguridad que se instalara en estos dos países, donde recrudecieron los asesinatos de los líderes políticos, que se oponían a los regímenes militares. Pero tenía duda sobre qué hacer. Por un lado, evaluaba vivir en París. Por otro, pretendía regresar a Brasil, aún sin amnistía política. Así, inmediatamente después de regresar de Europa a Montevideo, solicitó a Claudio Braga que consultara a Almino Afonso, recién llegado a Buenos Aires de un viaje a Brasil a pesar de que estuviera asilado, sobre un posible retorno suyo, aún sin amnistía. Almino Afonso fue favorable. Pero nada de ir por la frontera, ni de exilio dentro de la patria. Su idea era de que Goulart hiciese otro viaje a Europa, a fin de visitar al papa Pablo VI, y a los Estados Unidos para un encuentro con el senador demócrata Edward Kennedy, hermano del ex-presidente John Kennedy y entonces el principal oponente, de las dictaduras militares instituidas en América Latina, luego de lo que, con amplia divulgación, en Nueva York tomaría un avión directamente para Río de Janeiro, en franco desafío al régimen militar y corriendo el riesgo de ser presoxvii. Esta opinión fue trasmitida por mí a Jango y conversamos varias veces en Uruguay, pero él siempre ordenaba absoluta reserva, hasta su definitiva autorización para lanzar la operación retorno recordó Claudio Braga.xviii
Alrededor del 25 o 26 de noviembre, Goulart telefoneó a Claudio Braga, le pidió que estuviera a las 15 horas en el bar del Hotel Columbia en Montevideo. Luego de hablar sobre sus intereses en Argentina, principalmente sobre un gran remate de ganado que pretendía hacer en Mercedes-Corrientes, y orientarlo sobre todas las providencias a tomar, Goulart dijo a Claudio Braga:
Ahora vamos a lo más importante. Viajas primero a Buenos Aires y marcas un almuerzo con Almino, trasmitiéndole mi decisión de regresar a Brasil; él puede ir pensando en la operación regreso, en la cual, seguramente, estará incorporando a Waldir (Pires)xix
Cuando ambos caminaban para el Hotel Alambra, en la parte vieja de Montevideo, Claudio Braga aún le preguntó varias veces, si ésta era una decisión definitiva. Y él respondió: Si no fuera así, yo no estaría mandándote a que hablaras con Almino. Las conversaciones con Almino son conversaciones serias... Él es un hombre serio. Iré antes a conversar con Edward Kennedy, mientras Almino irá viendo a quien él considera necesario para esta operación
Claudio Braga cumplió la misión. Se encontró con Almino en la confitería Richmond, en la calle Florida en Buenos Aires, y le trasmitió la decisión de Goulart. Recuerdo que Almino Afonso dijo más o menos lo siguiente: él le brindará una vez más un gran servicio al país.xx.
Goulart, frente a la perspectiva, estaba bajo tensión. En función de que sufría de cardiopatía grave y de haberse ampliado su afección coronaria, él había parado de beber y comenzó a hacer un violento régimen, a fin de adelgazar, sin embargo mal controlado, y continuó fumando mucho, no obstante la prohibición del médico, y a comer huevos y carnes con grasa, según las propias declaraciones de su esposa, Maria Tereza Goulartxxi. Por lo tanto, el peligro de que tuviera otro infarto era grande, como ya lo sufriera en Uruguay, en 1969.
De cualquier forma, Goulart, conciente o no de este problema, prosiguió normalmente sus actividades. Fue a encontrarse con Maria Tereza, en Maldonado, a fin de ir juntos a la estancia en Tacuarembó y de allá partieron para Argentina, por el interior, cruzando el río Uruguay, pues no pretendía transitar por Buenos Aires, en virtud del clima de amenazas que existía allá. Y en la mañana del 5 de diciembre, con la perspectiva de retornar en breve a Brasil aún sin amnistíaxxii, viajó con Maria Tereza para La Villa, la estancia que poseía en la provincia de Mercedes, Argentina. Lo hizo con mucho cuidado. Pero el viaje fue, ciertamente, exhaustivo, pues Goulart y Maria Tereza continuaron en avión sólo hasta Bella Unión, frontera de Uruguay, atravesaron en lancha el río Uruguay para Monte Caseros, prosiguieron en auto hasta Paso de los Libres, donde almorzaron con un comerciante de ganado en el Hotel Alejandro I, luego de lo que partieron para La Villa, distante cerca de 120 km de Uruguayana, en Brasil.
Ellos llegaron en la tarde del domingo, del día 5 de diciembre, recibidos por el administrador de la estancia, Julio Passos. En la noche, mientras conversaba con Julio Passos detalles sobre el arreo del ganado para la vacunación, Goulart comió un asado de oveja y, después de beber una taza de té, se retiró alrededor de la 1 hs. a su cuarto para dormir. A las 02:40 hs., sin embargo, Julio Passos oyó los gritos de Maria Tereza la angustia de los gritos era tal que él pensó que alguien había invadido la casa y corrió hasta el cuarto, donde vio a Goulart, acostado, con la mano en el corazón, y a ella intentando abrirle los brazos para hacerlo respirar. Cinco minutos después, a las 02:45 hs., Goulart estaba muerto. El médico, Ricardo Rafael Ferrari, que el chofer Roberto Ulrich, el peruano, había corrido a buscar, ya no podía hacer más nada. Y, luego de examinar el cuerpo, diagnosticó en acta de defunción, como causa de muerte: infarto de miocardio.
Goulart pasó incólume por una decena de investigaciones, según destacó Elio Gaspari,xxiii purgó doce años de exilio, pero la dictadura, el régimen autoritario, instituido por el golpe de estado de 1964, mostró su cara cruel, deshumana y mezquina. El gobierno del general Ernesto Geisel, aunque se propusiera promover, gradualmente, la apertura política, no decretó luto oficial, lo que obligó a José Magalhães Pinto, presidente del Senado, a mandar bajar la bandera a media asta, en señal de luto, en el predio del Congreso, y el Departamento de Censura prohibió la trasmisión de comentarios sobre la carrera política de Goulart, a través de la radio y la televisión, sólo permitiendo una simple nota de defunción, siempre que no fuese repetida sucesivamentexxiv. Aún la autorización para que su cuerpo fuese sepultado en Brasil, generó serias controversias, porque el general Silvio Frota, ministro de Guerra, intentó anular la autorización dada por el vice-presidente de la República general Adalberto Pereira dos Santos, para que el féretro atravesase el puente Presidente Justo que unía la ciudad de Paso de los Libres, en Argentina, a Uruguayana, en Brasilxxv. No lo consiguió. Sólo así, doce años, ocho meses y cuatro días después de asilarse en Uruguay, el presidente constitucional de la República, ya sin vida, tuvo permiso de regresar a Brasil para ser enterrado en San Borja, donde había nacido. La ONDA digital Traducido para LA ONDA digital por Cristina Iriarte * Luiz Alberto Moniz Bandeira, cientista político e professor de história da política exterior do Brasil, vencedor do Troféu Juca Pato, eleito o Intelectual do Ano 2005, é Autor do livro O Governo João Goulart - As lutas sociais no Brasil (1961-1964), que foi best-sellker, quando lançado em 1977. Ele era amigo de Goulart e esteve exilado no Uruguai após o golpe militar de 1964.
[1] Perón convidara Goulart a residir na em Buenos Aires e solicitou-lhe que se encarregasse da elaboração do plano trienal para exportação de carnes da Argentina. Goulart chegou a comprar um apartamento em construção na Avenida del Libertador, em frente do Hipódromo de Palermo, mas não conseguiu elaborar o plano para exportação de carnes, porque José López Rega, homem ligado à Triple A (Aliança Anticomunista Argentina), da extrema-direita , se opôs à sua designação e impediu que ele tivesse outra audiência com Perón que já estava bastante enfermo e do qual era secretário particular. Perón faleceu pouco tempo depois, em 1° de julho de 1974.
[1] Estavam asilados na Argentina, desde 1973, e foram seqüestrados no dia 18 de maio de 1976. Foram barbaramente torturados e assassinados, sendo seus corpos dilacerados.Sobre esses assassinatos vide Fialho, A. Veiga Uruguai: um campo de concentração, Rio de Janeiro, Civilização Brasileira, 1979, pp. 1^36-149. [1] A Casa Militar do presidente Emílio Garrastazu Médici, sob a chefia do general João Batista Figueiredo, ofereceu aos adversários do governo do general Juan José Torres, através do ex-coronel Juan Ayoroa, dinheiro, armas, aviões e até mercenários, bem como permissão para instalar áreas de treinamento perto de Campo Grande (Mato Grosso) e em outros locais próximos da fronteira. E o golpe de estado, deflagrado pelo general Hugo Banzer, contou com aberto apoio logístico do Brasil, cujos aviões militares, sem ocultar as insígnias nacionais, descarregaram fuzís, metralhadoras e munições em Santa Cruz de la Sierra, enquanto tropas do II Exército, comandado pelo general Humberto Melo, estacionavam em Mato Grosso, prontas para intervir na Bolívia, onde alguns destacamentos chegaram a penetrar. Vide Moniz Bandeira, L. A. Estado Nacional e Política Internacional na América Latina O continente nas relações Argentina Brasil (1930-1992), São Paulo-Brasília, Editora Ensaio/Editora da Universidade de Brasília, 2a. edição, 1995, pp. 244-245. [1] Estavam asilados na Argentina, desde 1973, e foram seqüestrados no dia 18 de maio de 1976 Sobre esses assassinatos vide Fialho, A. Veiga Uruguai: um campo de concentração, Rio de Janeiro, Civilização Brasileira, 1979, pp. 1^36-149. [1] Segundo o brigadeiro Márcio Calafange, que foi adido militar em Santiago durante a ditadura do general Augusto Pinochet, a cooperação através da Operação Condor envolvia até informações sobre economistas brasileiros da Comissão Econômica para a América Latina (Cepal) que eram investigados pela Dina (polícia secreta chilena). Na lista de brasileiros que a Dina deveria acompanhar estavam Fernando Henrique Cardoso, classificado como agitador com elevado poder de persuasão, Florestan Fernandes, Caio Prado Jr. e outros intelectuais e políticos. Mas àquela altura, Fernando Henrique Cardoso, que viveu no Chile nos anos 60, já se exilara em Paris. Hollanda, Eduardo Contreiras, Hélio O Condor Passa, in IstoÉ On-line 1596.
[1] O Paraguai, governado pelo general Alfredo Stroessner, concedeu a Goulart passaporte diplomático, com data de 16 de outubro de 1973. O incrível acontecia: um presidente derrubado por militares no Brasil ganha de uma ditadura militar um passaporte de presente. A vocação latino-americana para o surrealismo se confirmava numa noite de lua em Assunção. Em que outro lugar do planeta uma ditadura militar de direita iria dar de mão beijada um passaporte de presente a um político de esquerda escorraçado pelo militares ?. Moraes Neto, G., op. cit., p.116. Somente em 8 de junho de 1976, já havendo o governo Geisel iniciado a abertura gradual, foi que o Consulado Geral do Brasil em Montevidéu concedeu um passaporte a Goulart, sob o número CA001858, assinado pelo diplomata Raymundo Nonato Loyola de Castro, chefe do posto. Goulart, porém, jamais usou este documento de viagem. Id., ibid., p. 120 [1] O governo brasileiro negou-lhe até a 2a. via da carteira de identidade. [1] Para exportar mais carne, o governo do Uruguai proibira a comercialização de carne durante certas semanas e ela levava alguns quilos, do frigorífico de Goulart, para sua residência. [1] Pouco antes do golpe que derrubou Isabel Perón, o Exército argentino desbaratou na cidade de La Plata um grupo vinculado à extrema direita peronista e integrado por marginais que, entre outros planos, confessou o de seqüestrar o filho de Goulart para exigir alto resgate em dinheiro. Tavares, Flávio Ameaças terroristas não o perturbaram, in O Estado de São Paulo, São Paulo, 7.12.1977, p. 7. [1] Goulart possuia duas fazendas, uma Tacuarembó (El Rincón), e outra em Maldonaldo (El Milagro), além de uma casa de praia em Punta del Este. El Rincón, em Tacuarembó, destinava-se à engorda de gado e ao plantio de arroz. A fazenda em Maldonaldo, El Milagro, tornou-se centro de beneficiamento de arroz e de abate-distribuição de gado, o que fez de Goulart um dos grandes fornecedores de arroz e carne para o mercado consumidor de Maldonaldo, Punta del Este e San Carlos. [1] Eu sei viver é por lá, na minha região, no Sul. Se me fecham todas as portas, só me resta comprar um apartamento por aqui. Pelo menos ficarei perto de meus filhos, que estão estudando em Londres Goulart declarou ao jornalista Carlos Castello Branco, que o visitou , em Paris, no Hotel Claridge ( Champs Elysées), onde habitualmente se hospedava. Seu ar era de indefinível tristeza, embora aparentasse a paciência e a serenidade que mantinha mesmo nos momentos de maior tensão o jornalista comentou. Castello Branco, Carlos Coluna do Castelo Como um peão ronda o seu galpão, in Jornal do Brasil, Rio de Janeiro, 7.12.1976, p. 2. [1] Depoimento de Edmundo Moniz ao Autor. [1] Este relato, entre outras fontes, baseia-se em depoimentos de Edmundo Moniz e Josué Guimarães, ouvidos pelo Autor em distintas ocasiões. [1] Consta que Goulart fora incógnito a Portugal, cujo primeiro-ministro, o socialista Mário Soares já antes o convidara a residir em Lisboa. Mario Soares, porém, não se recorda de haver feito qualquer convite a Goulart, com quem, pessoalmente, nunca esteve, nem tem notícia de sua passagem por Portugal. Entrevista de Mario Soares ao Autor, por telefone, Strasbourg, abril de 2001. O jornalista Hermano Alves, que era àquela época correspondente de O Estado de São Paulo, em Lisboa, e amigo pessoal de Mário Soares, também não se recorda de haver transmitido qualquer convite, nem sabe da passagem de Goulart por Portugal. Entrevista de Hermano Alves ao Autor, por telefone, Lisboa, abril de 2001. [1] Carta de Goulart a Cláudio Braga, Lyon 13.9.1976. Arquivo particular de Cláudio Braga. [1] Ibid. Íntegra da carta: Lyon, 13/9/76. M/ caro Cláudio: C/ m abraço amigo desejo a você e a seus familiares, Marcela e nossos amigos, paz e felicidade. Por aqui tudo andando mais ou menos bem. Estou concluindo m/exames médicos c/resultados bem razoáveis, considerando que não me sujeitei nunca a prescrições e regimes. Alguns reparos 2° os Mestres de Lyon e tudo evoluirá satisfatoriamente. Soube aqui que no Brasil as coisas se esquentaram c/a noticia de meu possível regresso. Creio que se estão somando muitos detonantes: eleições, situação econômica-social muito difícil morte de JK c/repercussões de toda a ordem e da maior magnitude (inesperada completamente para o governo) (Graves denúncias no campo moral... etc. etc). Sem ter tomado nenhuma iniciativa estranho a reação inesperada também para mim e para outros que lá estão e se sentia bem informados (militarmente). Bem, de qualquer forma vamos aguardar... /hora no silencio e expctativa. As coisas p/aí, como correm? Caso Mário não tenha dado nenhuma solução, o que seria bastante surpreendente convém veres c/ Bijuja a possibilidade de de conseguir algo ao menos pra desapertar até, eu aí, vender lães e novilhos. A solução é tentar algum empréstimo a curto prazo... mas não parar!. Eu participo também do pensamento de que se trata de um bom negócio. E Marcos Paz ? E de Mercedes que noticias? Ainda no inverno ou o tempo e pastagens já estão melhorando? Como fostes de Brasil? Tudo bem?E o nosso Orpheu? E por Montevidéu tudo em ordem? Vicente e Denise optimos (sic). Aguardo o neto,pra a quinzena de outubro. Minha dúvida até omoment: ir e votar ou aguardar. Em breve tomarei uma decisão t aviando. Até breve e outro abraço, Jango, Lyon, 13/9/76 E a nossa Argentina, como está? [1] Com Cláudio Braga. Projeto confirmado pelo deputado Almino Afonso, em discurso na Câmara dos Deputados, em 5 de dezembro de 1996. Jornal do Commercio, Recife, 2 desetembro de 2001., 12. [1] Entrevista de Cláudio Bra ao Autor. [1] Waldir Pires fora Consultor-Geral da República no governo de João Goulart e também estava asilado. [1] Entrevista de Cláudio Braga ao Autor. [1] Apud Moraes Neto, G., op. cit., p. 125. Vide declaração de Maria Tereza Goulart a Lourenço Flores e Rudolfo Lago, in Jango sem vontade de viver, não se consegue viver , Zero Hora, Porto Alegre, 2.12.1996. O Autor esteve com Goulart, em começo de 1976, um mês antes de seu falecimento. Ele continuava realmente a fumar e ainda estava gordo, apesar de que, segundo vários depoimentos, houvesse perdido muitos quilos em dois meses. [1] De acordo com Manoel Leães, àquela época, um agente do SNI procurou-o no seu apartamento, como intermediário de um coronel do Exército, a fim de transmitir-lhe que Goulart poderia voltar ao Brasil, sem ser importunado. Desembarcaria em Brasília e apenas seria ouvido rapidamente pela Polícia Federal. Ele comunicou o fato a Goulart que lhe pediu fosse ao Rio de Janeiro consultar os companheiros sobre aquela proposta, mas quando estava a embarcar, no dia 6 de dezembro de 1976, recebeu um telefonema no aeroporto, informando-o de que Goulart sofrera um enfarte. Entrevista de Manuel Leães a Geneton Moraes Neto. Moraes Neto, G., op. cit., pp. 121-122. [1] Gaspari, Elio. A Ditadura Ecurralada. São Paulo:Compahia das Letras, 2006, p. 315-318 [1] Jornal do Brasil, Rio de Janeiro, 7.12.1976, 1° caderno, p. 18. [1] Id., 6.12.1986, 1° caderno, 2° clichê, p. 4.. LA ONDA® DIGITAL |
|
|
Un portal para y por uruguayos |
© Copyright |