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7-8 diciembre – 2006
Cochabamba: otra reunión
cumbre presidencial ¿y?

por Prof. Bernardo Quagliotti de Bellis

Hace 199 años, Simón Rodríguez  -maestro de Simón Bolívar-  le escribía al Libertador de la Gran Colombia: “¿Dónde iremos a buscar modelos? La América Latina es original. Originales han de ser sus instituciones y su gobierno; y originales los medios de fundar unas y otro. Inventamos o erramos”.

 

Si en 1805, Simón Rodríguez tenía una honda preocupación, en este comienzo del siglo XXI, los iberoamericanos, continuamos viviendo un gran desafío que no ha podido ser superado por más organismo (siglas y siglas) que se han creado. Se trata del pasaje de la utopía  a la realidad, situación muy acuciante en la actualidad ante las realidades que nos impone el mundo internacional, inmerso en el proceso de globalización.

 

Marcos Kaplan, en una ponencia que tituló “Crisis de la integracion; integración de la crisis”,  señaló que hasta bien avanzado el siglo XX, la perspectiva integradora continuaba  trabajando como “un topo histórico”, pues lo hacia en el refugio de conciencias aisladas y de grupos minoritarios y poco influyentes. En estos momentos, nada a cambiado.

 

 Venezuela, cuenta nuevamente con su reelecto presidente venezolano Chávez  -quien comenzó a recorrer como “misionero político” América del Sur con el “evangelio” de su revolución bolivariana.  Brasil,  procura  planificar , en este segundo mandato de Luiz Ignacio Lula,  revitalizar  armónicamente el Mercosur ampliado.  Argentina, con el presidente Kirchner totalmente desorientado en el manejo interno como en el internacional no puede gobernar, ante   los duros  intereses que le imponen  el grupo económico  CLARÍN , la Asociación Rural, el sindicalismo y, en cuanto al tema celulosa que cuestiona a Uruguay,  con una política internacional desorientada, fracasada, no respetuosa de las decisiones de los organismos internacionales que ella misma  consultó  (Corte de La Haya, Banco Mundial, Mercosur) y, sin poder dominar    las decisiones acaloradas  de las asambleas de Gualeguaychú. 

 

En Bolivia,  Evo Morales padeciendo graves incidentes en las diversas regiones bolivianas, (sede de esta nueva Cumbre que significó un nuevo fracaso). Colombia con su permanente desequilibrio interno sin remota solución.  Los países menores (Paraguay, Ecuador, Uruguay) sin claros presupuestos estratégicos regionales. Perú, acomodándose con la reaparición  de Alam García  y, finalmente  Chile practicando su clásica  política individualista, presentándose -por ahora- como el país más equilibrado del continente sudamericano.

 

Vuelvo al maestro Simón Rodríguez: ¿no será que hemos errado, consecutivamente el camino?¿Qué las orientaciones teóricas que se utilizaron, no fueron las más adecuadas?. ¿Qué de las innumerables y continuas Cumbres Presidenciales  sólo quedan actas sin cumplir y fotos con  personajes que van cambiando cada tanto?. En resumen: un vacío que los pueblos sudamericanos perciben y sufren.

 

Algunas reflexiones sobre la integración sudamericana

Hay un hecho contundente: Sudamérica, desde fines del siglo XX, entró en una nueva fase: las ideologías sin concepción de espacio han sido enterradas para siempre. Los pueblos de estas latitudes, como de otras, han comprendido que la auténtica y positiva viabilidad  -individual y regional-  no la podrán alcanzar en caso de no efectivizar la articulación de los esquemas particulares de cada Estado.

 

A juicio de Alberto Methol Ferré: “Iberoamérica ha dejado de ser un bulto retórico y, por un proceso de reflexión interna y el empuje de políticas exógenas, va adquiriendo una estructura interna, dinámica, tensionada”.

 

No cabe duda que desde hace décadas,  los gobiernos democráticos  de Iberoamérica  procuran reanudar con mayor ímpetu , las utopías integradores que esbozaran los Libertadores en el  siglo XIX. Simón Bolívar con su visión regional de la “Gran Colombia”; José Artigas con el consenso de la “La Liga Federal”. Cualquiera de ellas en procura de establecer un  una acción comunitaria para defender sus valores ante  las “apetencias” foráneas, llámense ayer inglesas, francesas, holandesas, y actualmente, estadounidenses; quizás no muy lejos en el tiempo: chinas.

 

La integración globalista sigue siendo  -en mi concepto-  un modelo para armar con carácter equilibrado.

Es cierto que el universo político iberoamericano, con relación a las vinculaciones internas de los países que lo componen geopolíticamente,      señala que las tres Américas han estado mediatizado por relaciones de subordinación a centros dominantes externos. 

 

Es verdad , a su vez, que este universo se ha victo limitado por las circunstancias que ha impedido que los Estados hayan podido desarrollarse en plenitud, teniendo en cuenta sus posibilidades reales y diversas circunstancias.

Es real que la región mantiene incomunicada entre sí, deformada en su proceso histórico. El universo geopolítico iberoamericano, analizado con perspectiva desde su exterior, no puede, ni debe presentarse tan sólo con la simple apariencia en cuanto a mantener relaciones simplemente protocolares o diplomáticas entre los países que la componen.  Como la define  Joaquín M. Sosa: “En su estructura esencial, se trata del ingreso de Iberoamérica a la organización socio-económica del mundo, con un papel inicialmente de comunidad periférica, subordinada y explotada”.

 

¿Cómo remediar el fracaso o las secuelas que aun quedan, provocadas por el antiguo estancamiento? ¿Cómo recomponen la contextura geopolítica global del aún fragmentado “cuerpo” socio-político, económico y cultural de Iberoamérica? ¿Cómo concretar en realidad, con hechos contundentes e incuestionables, los seculares principios de integración continental y global? ¿Cómo trascender la auténtica y plena libertad del hombre iberoamericano y la voluntad de ser  -siempre expresada-  de nuestros pueblos?

He en dichas interrogantes  -y otras más, sin duda-  el gran desafío que debe ser encarado seriamente en las Cumbres Presidenciales o Ministeriales.

 

La hora de la síntesis

El futuro se construye con los aportes del pasado y del presente. El control y la orientación de estos dos factores, permite aflorar la síntesis. En otras palabras  -y para el caso iberoamericano-  se trata de definir con certeza estrategias a seguir con responsabilidad, para poder construir nuestra auténtica historia contemporánea. Todo ello está relacionado con la toma de la conciencia del alcance de la libertad, que no basta con tenerla, sino que importa realizarla como tal; y en  realización está implícita la permanente construcción de la cultura, que el único instrumento para alcanzar la autenticidad de la tan citada integración iberoamericana.

 

Althusser  sostiene que la filosofía es el fundamento de la política. Si todos los sistemas filosóficos han logrado justificar su presencia en la medida en que han cumplido sus objetivos, la filosofía iberoamericana de nuestro tiempo no tiene otro camino que aquél que lleva a justificar  -al menos-  tres grandes temas:

 

- ¿Qué va a pensar, qué elementos de la realidad iberoamericana

- complejo y a la vez dinámica-  va a asumir como su objeto de sistematización?

- ¿Cómo va pensar esa realidad? Cuáles son los criterios epistemológicos y metodológicos que va a manejar?

- ¿Para qué y con que fin se va a realizar ese tipo de reflexión?

- Pues, evidentemente, como razona Nelson Reacsos: “no se trata de una filosofía sin mas”.

 

Lo expuesto debe llevarnos a una honda reflexión: la filosofía iberoamericana (y cuando hablo de filosofía, en ella integro el pensamiento y la acción política) no podrá renovarse sin volver a formularse y, por consecuencia, no podrá formularse sin renovarse. Acción que nos obliga a practicar un ejercicio dialéctico que podría enmarcarse o definirse en la antinomia posible-imposible, pero que tal ejercicio debe abandonar el sendero de la ficción para encauzarse por el camino de la realidad.

 

[1] Secretario Gral. Asociación Sudamericana de Geopolítica

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