|
La argentina crispada
En esa circunstancia, en el segundo día del paro agropecuario, enojada y en un tono muy severo, la ministra de Economía les respondió con dureza a los productores y los acusó de querer "aumentar los precios de la carne, la harina y el pan" a la vez que arremetió con la supuesta ideologización de la protesta rural. En tanto, con su refinado estilo el ministro del Interior, Aníbal Fernández, calificó de "pavo" al presidente de Confederaciones Rurales Argentinas (CRA), Mario Llambias, y llamó "ganso" al líder de la Federación Agraria Argentina (FAA), Eduardo Buzzi, a la vez que enfatizó que no permitirá cortes de rutas (1)
Además de sus reclamos sectoriales específicos, para las entidades organizadoras de la acción, las declaraciones de los funcionarios oficiales agregaron todavía más crispación: evaluaban un reclamo insistente de sus bases para extender la medida de fuerza por tiempo indeterminado y rechazaban de plano la afirmación de la ministra Miceli acerca de que la protesta rural es un paro "ideológico-político". "Están unidas todas las expresiones del arco filosófico del sector, desde Federación Agraria hasta la Rural, con muchas diferencias pero con un común denominador: queremos previsibilidad y seguridad jurídica. No obstante, es lógico que el Gobierno quiera demonizar" (1).
Campo y Gobierno coincidieron en que este paro agropecuario, el segundo en menos de un año, es uno de los más importantes de los últimos veinte años.
En otro de los numerosos frentes de conflicto abiertos por, o a pesar del Gobierno según sea el caso, recrudece la protesta callejera. Los grupos piqueteros, otrora aliados y funcionales al Poder Ejecutivo en cuanta maniobra de agitación y/o apriete era necesario concretar (recuérdese el caso de las estaciones de servicio ante aumentos de las naftas, casillas de peajes, depósitos de supermercados, etc.) confirmaron un boicot contra los actos del Presidente.
Una vez más se puede constatar la actitud bivalente por parte de las autoridades: el mismo ministro del Interior que señaló que no se tolerarían cortes de rutas de los productores rurales, anticipó que no se habría de reprimir- nunca lo hicieron- a los manifestantes piqueteros.
Surge, obligadamente, una pregunta: ¿Cuál es la diferencia, para el Gobierno, entre el corte de rutas de los ruralistas, respecto a los perpetrados por los sindicatos de camioneros, por estudiantes enfervorizados, por piqueteros o por los fanatizados ambientalistas de Gualeguaychú en los puentes internacionales? ¿Qué ley sustenta la inacción en algunos casos y en otros no? (2)
El Gobierno tendrá un diciembre crispado. Como presagio de un año electoral, la calle volverá a ser el lugar en el que las organizaciones piqueteras llevarán su descontento, después de una tregua de siete meses, al tiempo que ratificaron su decisión de boicotear los actos que encabece el presidente Kirchner.
Ya hay programadas once manifestaciones en todo el país, a las que se sumarán escraches al ministro de Planificación, Julio De Vido, y al secretario de Derechos Humanos, Eduardo Luis Duhalde.
También los desocupados prometen volver a los cortes en tres de los neurálgicos puentes que unen la zona sur con la Capital: el Nicolás Avellaneda, el Pueyrredón y el De la Plaza. El 15 de diciembre habrá otra protesta frente a la Casa Rosada. En este caso, estará encabezada por la Coordinadora contra la Represión Policial e Institucional (Correpi).
El 18 volverán a concentrarse organismos de derechos humanos para pedir por la aparición del testigo Jorge Julio López, con motivo de cumplirse tres meses de su desaparición. Para ese acto comprometió su presencia la mayoría de las agrupaciones piqueteras. Una escena similar se verá el 20, en el quinto aniversario de la caída del gobierno de Fernando de la Rúa.
Una reaparecida crispación, no agradable por cierto, ocurrió cuando poco más de 200 militantes piqueteros del Movimiento Teresa Rodríguez se apostaron en la puerta del Alto Palermo Shopping, sobre la avenida Santa Fe, e impidieron el ingreso y egreso de personas, en demanda "de alimentos y de la generación de una conciencia de la situación" de los sectores más postergados, según dijeron los participantes de la protesta a la prensa. Algún observador calificó está acción como privación ilegítima de la libertad de personas, por supuesto que no recogida por las autoridades ni por los organismos judiciales o de seguridad.
También, una vez más los crispados estudiantes de la Universidad de Buenos Aires frustraron otro intento del Consejo Superior, el quinto, para convocar a la Asamblea que debe elegir nuevo rector, al bloquear por la fuerza la entrada al rectorado donde se debía sesionar.
Como se puede observar, la Argentina, en especial Buenos Aires y el conurbano bonaerense, es un conglomerado sitiado, bloqueado, imposible de ser transitado, en buena parte de las jornadas. Donde quienes deben acudir a sus ocupaciones no podrán hacerlo, donde las ambulancias con enfermos o heridos tendrán enormes dificultades para transitar, etc. Pero parece que esto no es motivo de preocupación para las autoridades. Solamente presentan un rostro crispado frente al paro rural.
En este escenario de violencia, tienen su rol activo las asociaciones de vecinos (con el bloqueo en Gualeguaychú a la cabeza), las quejas estudiantiles, las manifestaciones de diversos sindicatos, y cuanto reclamo, relevante o nimio, pueda existir, que mueva a la movilización y al bloqueo de alguna ruta, calle o acceso. Es el mecanismo utilizado por la reivindicación, ante la pasividad de las autoridades y el silente padecimiento de la mayoría pacífica que ve coartados sus derechos básicos, por ejemplo, el del libre tránsito.
Y ése es el marco donde el Estado de Derecho, el reinado imprescindible de las leyes para preservar el contrato social, aquél que debe reglar la convivencia ciudadana, ha naufragado por acción de los violentos y la inacción del Estado organizado, dejando paso a la crispación de la mayoría y a una anomia de pronóstico imprevisible.
Y la economía El Instituto Nacional de Estadística y Censos (Indec), difundió el informe sobre el estado de la desocupación en la Argentina, según el cual al tercer trimestre de 2006, la desocupación se redujo al 10,2% (sobre la población económicamente activa PEA-) respecto del 11,1% de 2005.
Hay aún 1,64 millones de desocupados, que de incluírse en esta categorización a los beneficiarios de planes sociales que no se computan oficialmente como desocupados, la cifra ascendería a alrededor de 1,94 millones de personas.
Por otra parte, se registra una subocupación del 11,1%: son 1,78 millones de personas que trabajan menos de 35 horas a la semana. Si se suman ambas categorías, desocupados y subocupados, 3,7 millones de personas (aproximadamente un 25% de la PEA) tienen aún problemas por falta o insuficiencia de trabajo. Si bien el INDEC ha señalado, que el empleo creció en un año un 2,5%, en el tercer trimestre cayó un -0,2% en comparación con el segundo trimestre, por lo cual se estaría observando que el mercado de trabajo no genera la cantidad de puestos de trabajo que cabría esperar de una economía que se viene recuperando durante varios años a tasas del 9% anual. (3)
La otra realidad Algunas encuestas empresarias difundidas recientemente, presentan guarismos correspondientes al 2006 y pronósticos del año (electoral) 2007 altamente positivos.
No obstante, cabe cuestionarse ¿este clima empresario optimista es equivalente para el país en su conjunto, y/o para sus mayorías? ¿su continuidad está exenta de riesgos hacia adelante? ¿no rememora el ambiente de euforia de los años de la convertibilidad, previos a la reelección del entonces presidente, donde las empresas ganaban dinero a raudales, y los particulares volvían a hacer uso del fatídico deme dos en el exterior? (4)
La sustentabilidad del crecimiento Para convertir el largo proceso de reactivación económica experimentado en la Argentina desde el año 2002, en un camino de desarrollo sustentable y duradero, es necesario concretar un proceso inversor muy enérgico, que, es sabido tiene como condicionantes fundamentales, el clima de seguridad jurídica, perspectivas ciertas de rentabilidad, y estabilidad en los institutos jurídicos y legislativos que normen la actividad empresaria a desarrollar en el mediano plazo.
Sin embargo, la inversión extranjera directa aún no se ha hecho presente con fuerza en el país: en 2005, la Argentina captó 4700 millones de dólares, frente a 10.200 millones de Colombia y 15.200 millones de Brasil.
Si los inversores son reticentes podría ser porque perciban riesgos y escollos de distinto tipo. No por casualidad la Argentina se ubicó en el puesto 101 en el último ranking del Banco Mundial que mide el clima internacional para hacer negocios.
Ecos de la convertibilidad Se rememoraba en párrafos anteriores los tiempos del plan de convertibilidad, donde a mérito de mantener el tipo de cambio, se pagaron ingentes costos.
En aquellos años, señalábamos que el objetivo del plan consistía en durar, aguantar hasta la culminación de los procesos electorales, no importando las consecuencias, no importando el después (4). En la actualidad, el objetivo oficial parece ser idéntico.
No obstante, la sustentabilidad, la continuidad en el tiempo del actual proceso de reactivación económica, se encuentra frente a un trípode de luces de alerta, conformado por el clima de escasa seguridad jurídica -que desalienta la inversión- , inflación reprimida y cuellos de botella en la infraestructura productiva, especialmente en el área energética.
Y están apareciendo, anticipándose a lo previsible, los rasgos de una Argentina crispada, en sectores totalmente diferenciados, empresarios, sindicatos, estudiantes, ambientalistas, mancomunados en el rasgo de la protesta airada, violenta en algunos casos, que inevitablemente contagian la crispación a los argentinos que sufren sus consecuencias, deterioran la calidad de vida institucional, generan inevitablemente frentes de conflicto, en general internos, y otros internacionales como el impúdico cierre de los puentes con el Uruguay o la suspensión pese a los compromisos contraídos, de las exportaciones de gas a países vecinos, y fundamentalmente comprometen el futuro de todos. * Economista argentino. Su último libro Dos años en la era K. Editorial Planeta. Buenos Aires. 2005. (1) Diario LA NACION de Buenos Aires. 5-12-2006. (2) Los lectores de La Onda Digital pudieron constatar con anterioridad, la reiterada opinión del autor respecto a la ilegitimidad de todo corte o veda a la libre circulación, sea cual fuere el grupo que lo ejecutare. (3) Boletín de IDESA : Instituto para el desarrollo social argentino. 26-11-2006. Córdoba (4) Al respecto puede consultarse: Broder P. La convertibilidad en crisis. Ediciones Macchi. Buenos Aires. 1995
LA ONDA® DIGITAL |
|
|
Un portal para y por uruguayos |
© Copyright |