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Los triunfos de la izquierda en
Sigan ustedes sabiendo que, mucho más
temprano que tarde, de nuevo se abrirán las grandes alamedas por
donde pase el hombre libre, para construir una sociedad mejor
En verdad, un ejercicio lógico de construcción de un concepto y de una identidad, en un determinado momento milenario del conocimiento biológico chino. Lo extraño, casi divertido es percibir la semejanza que existe entre esta lista milenaria de animales y las clasificaciones recientes de la izquierda latinoamericana hechas por los conservadores. Durante la Guerra Fría, la izquierda fue considerada una fuerza política unida, y una amenaza homogénea.
Pero ahora, según los conservadores, sus divisiones y clasificaciones internas son tantas y tan confusas que recuerdan la clasificación de los animales chinos. Al comienzo, sólo se distinguían los normales y equilibrados, de los nacionalistas y populistas, pero ahora, la escena se complicó, y ya se habla normalmente de izquierdistas a) moderados, b) radicales, c) del bien, d) del mal, e) demagógicos, f) refundacionalistas, g) etno-sociales, h) modernos, i) extravagantes, g) anacrónicos, h) nacional-desarrollistas, i) rabiosos, j) narcisistas, l) histriónicos, m) pre-históricos, y hasta, m) nazi-fascistas.
En el caso de la Enciclopedia China, la confusión puede ser atribuida a la Biología de la época. Pero en el caso de la izquierda latinoamericana, y de su victoria electoral, en este año 2006, no es probable que la culpa sea sólo de la Ciencia Política.
Es perfectamente comprensible que a algunos no les guste lo que está sucediendo. Pero cualquier observador más atento y objetivo percibe que está en curso un cambio importante en América Latina, un cambio con relación a la historia de la propia izquierda y de todos los sistemas políticos del Continente. Basta recordar que en este comienzo de siglo XXI, todas las victorias de la izquierda fueron democráticas y masivas, por mayorías contundentes y con el apoyo activo de poblaciones que estuvieron hasta hoy aisladas y recluidas, en las montañas indígenas, en el submundo urbano, y en los terratenientes del atraso y de la dominación coronelista. Todo esto, después de 20 años de dictaduras militares de derecha, en casi todo el Continente, y más de 10 años de gobiernos neoliberales. Frente a esto, lo que se destaca como denominador común de esta nueva ola de izquierda, en América Latina, es sin duda alguna, la voluntad masiva de cambiar, la voluntad de no volver más para atrás, aún cuando todavía no estén claras las ideas y los caminos inmediatos del futuro.
La izquierda latinoamericana gobernó muy poco, durante el siglo XX, y en el momento de su victoria, a comienzos del siglo XXI, los socialistas y la socialdemocracia europea está viviendo una profunda crisis de identidad. Por esto, lo que sorprende en este momento, no es la imprecisión de las ideas y de los proyectos inmediatos de los gobiernos electos, sino su unidad en torno a un gran objetivo central: cambiar definitivamente el rumbo elitista, racista y subalterno de la historia latinoamericana. Esta novedad histórica exige un renovado esfuerzo teórico, porque ya no entra en los conceptos clásicos de la sociología latinoamericana, que se transformaron en jergones, como en el caso, por ejemplo, del populismo, que quiere decir todo y no significa más nada.
En 1944, el historiador y economista austriaco, Kart Polanyi, publicó en los Estados Unidos, una obra clásica sobre la formación y expansión de la civilización liberal, en el siglo XIX, y sobre sus crisis y guerras, en el siglo XXii. Según Polanyi, las economías y sociedades liberales son movidas por dos fuerzas simultáneas y contradictorias, materiales y sociales. La primera sería de naturaleza liberal-internacionalizante y empujaría las economías nacionales, en la dirección de la globalización y de la universalización de los mercados autorregulados. Y la segunda actuaría en una dirección opuesta, de auto-protección social y nacional, funcionando como una reacción defensiva de las sociedades al efecto destructivo de los mercados autorregulados, que él llamó molinos satánicos.
En el caso de los países europeos, sobre todo en el siglo XX, estos dos movimientos de autoprotección nacional y social convergieron bajo la presión externa de las dos Grandes Guerras Mundiales, de la crisis económica de la década de 1930, y después, de la propia Guerra Fría. Polanyi considera que esta fue una convergencia que viabilizó, después de 1945, el éxito de las políticas de crecimiento económico, pleno empleo y bienestar social, consideradas herejes durante la era de oro de la civilización liberal, entre 1840 y 1914. Pero fuera de Europa y de los Estados Unidos, en particular en América Latina, este doble movimiento nunca se dio de forma convergente, por lo menos hasta el final del siglo XX.
Kart Polanyi no previó la posibilidad de una restauración liberal-conservadora de los mercados autorregulados, como la que se dio luego de 1980. Entretanto, a comienzos del siglo XXI, se multiplican por todos lados las señales de una nueva reversión o gran transformación nacional y social provocada por las desregulaciones masivas de los mercados, en las últimas décadas del siglo XX, y por su impacto destructivo sobre el mundo del trabajo y sobre la distribución de la riqueza entre las clases y las naciones. La gran novedad, entretanto, y que esta vez, la reacción social y nacional está comenzando por América Latina, quien sabe gracias a la globalización. Y aún más, esta vez al contrario de Europa y de los Estados Unidos la convergencia de las dos fuerzas de que habla Polanyi, no está siendo provocada por una guerra y el movimiento de auto-protección está viniendo de lo social a lo nacional, y de abajo para arriba. En la forma de un gigantesco movimiento democrático, a favor de más justicia en la distribución nacional e internacional de los derechos, del poder y de la riqueza. Traducido para LA ONDA digital por Cristina Iriarte. LA ONDA® DIGITAL |
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