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Claves geopolíticas La América del Sur atraviesa uno de sus momentos de mayor relevancia histórica. Es así que fuerzas totalitarias, con distintos ropajes pero igual intencionalidad, presionan al centro y periferia de nuestra región en donde se halla instalada una democracia de lo posible que pugna por mantenerse y, a la vez, irradiarse al resto de los países sudamericanos. Caballos y alfiles de un ajedrez que va a tablas Venezuela y Argentina, cuyos gobiernos buscan administrar justicia sobre el pasado en tanto del presente se ocupan sus propios funcionarios y quienes junto a ellos, operan los destinos de estas naciones, parecen operar en tal sentido.
En el caso argentino, donde todo polo crítico opositor es o busca ser, directa o indirectamente, rodeado, atacado con los métodos, estilos y modos que la Italia del primer tercio del siglo XX mostrara tan particularmente, mereciendo la especialísima atención de un agregado militar argentino presente en aquellos tiempos en la bota europea.
Asimismo, una y otra nación intentan avanzar hacia el resto de la región, sea presionando con los petrodólares, en el caso venezolano, sea como en el caso argentino, donde por ejemplo, sin ingresar en lo que a Bolivia se refiere, pero dando curso a su histórica porfía, la de Buenos Aires, convengamos, al no permitir que Montevideo, es decir el Uruguay, tenga en sí mismo, como Nación, un mejor destino lo que, en la lectura de unos pocos bonaerenses, significa un desbalance intolerable.
En el norte de la región, Venezuela, en una paquidérmica ofensiva retórica, busca y parece conseguirlo, que la brutalidad de su fuerza, temporaria y precaria aunque ciertamente de indudable capacidad destructiva y coercitiva en el instante que la misma logre permanecer, avasalle cuanto foro de naciones se ponga a su paso lo que en su dialéctica operativa implica destruirlo en lugar de convenir modos de coexistencia.
Mesianismos ambos que a su paso dejan sin vida aparente a las fuerzas opositoras en sus respectivas naciones sin que tampoco comience en esas naciones, fuerzas políticas alternativas y democráticas.
Esto último, claro está, no puede ni debe achacársele, al menos no enteramente, a las dos personas que detentan el poder en tales lugares, puesto que son las propias sociedades las que deben, o debieran, pensarse críticamente a sí mismas y buscar, en sus propios y respectivos ámbitos, los modos y mecanismos para el surgimiento de tales instancias de renovación en democracias que lo necesitan casi en forma desesperada.
El Uruguay, Nación entre naciones En lo que atañe al Uruguay, anteriores gobiernos, especialmente el último, hicieron todo lo posible, políticamente, por lo menos, porque las cosas tuvieran un desenlace, digamos, de alta desprolijidad operativa.
En este estado de situación, el actual gobierno uruguayo busca, merced al Derecho Internacional, bien como a los diversos tratados en que estas naciones están comprendidas, prime la sensatez y no siga contraponiéndose a la razón, el abucheo de una turba dirigida y que ahora parece estar fuera de control, a escasos metros de nuestras costas.
Es del caso destacar, porque hace y cómo a la contingencia que hoy se vive en mi país, cuán disparatados, siniestros y contraproducentes son los famosos tratados bilaterales de salvaguardia de inversiones.
La mezquindad de unos pocos, el silencio y la genuflexión de otros más, han llevado a la concreción tratados que racionalmente nunca debieron siquiera ser discutidos; el firmado con Finlandia, por ejemplo.
Estamos ahora los uruguayos, embretados y comprendidos en un gran negocio, en apariencia para unos pocos, con grandilocuentes cifras que parecen ser panaceas cuando en los hechos y en el largo plazo serán, para el grueso de la gente uruguaya, maná que nunca llegará a las manos de todos.
En este especial aspecto, América del Sur prueba su minoridad histórica, salvo honrosas excepciones, al servir de corralón a las tropelías de grupos trasnacionales ayudados, faltaba más, por los pequeños de todos los tiempos: los hombres prácticos, los que anteponen el interés personal, cosificador, al interés general y más elevado: el del Bien Público.
Quizá este gobierno uruguayo logre aminorar tales iniquidades si es que aun tiene espacio, tiempo y voluntad para maniobrar en un rumbo que, en lo previo a su acceso al poder, ya le habían impuesto, casi irremediablemente.
Pese a todos los pesares, el Uruguay avanza en democracia, profundizada en la relación armoniosa entre las gentes que lo integran, salvo en algunos notorios espacios donde aun hay instalados, con fuerza inusitada, bolsones del poder permanente, el de la clase dominante, con presencias dentro y fuera de la cosa pública, con portavoces serios y huecos.
Son estos mismos portavoces quienes buscan y reciben el apoyo de una oposición que, en general, aunque aun no puedo identificar con precisión dónde estarían las excepciones a esta triste regla, pareciera defender derechos de clase (dominante) o de grupos de interés, antes que el general. Portavoces, oficiosos y algunos connotados oficiales, que cuidan con especial esmero, a la macroeconomía es decir, al dinero de sus amos ideológicos y contables.
Pese a todos ellos, los cambios en distribución de ingresos y en equidad, que es hablar de la dignidad de la persona en sociedad, a la larga igualmente habrán de sobrevenir para bien de todos los habitantes de este país y de la democracia participativa en general, en armonía con la región.
La región como solución y como problema Respecto de la región, es preciso, en el contexto de este momento de aparente gravedad, tener en cuenta tanto a la historia cuanto a los tiempos sociales, medibles en decenios, algunos lo hacen de a 50 años, por ejemplo, y no tan sólo, respecto de los tiempos cronológicos en que otros, y muy cercanos, parecen querer comprender a toda la historia para así poder ubicarse y lograr con ello una estatura que la realidad misma les niega por absurda.
Creo, pues, en este aquí y ahora, que está cuestionada la democracia real como forma de convivencia y medio para el gobierno de los pueblos.
Los dos polos citados son una muestra variada convengo por ser diferentes pero coincidir en su meta: el control total del poder. Lo cual en sí es una quimera pues para que halla tal despliegue de poder debe coexistir la libertad, de lo contrario sería la permanencia de un absolutismo que, racionalmente, es harto difícil se dé. Pero existe la posibilidad y por ello, es que debemos estar alertas.
La Nación de Río Branco En el centro de la región y del destino de sus cuencas y en el mismo ordenamiento geopolítico y geoestratégico, está el Brasil.
Un Brasil al que su pueblo acaba de darle el mejor de los presentes: permanecer en democracia con una representatividad renovada en la persona de su Presidente y que dice de la firme voluntad de este pueblo en transitar, profundizándola, la vía democrática. Y esto es lo de mayor significación en el espacio sudamericano de naciones que uno pueda detectar en los últimos tiempos.
El pueblo brasileño ha determinado que la democracia tiene sentido y lo ha hecho no a mano levantada y aupando a un mesías sino dando su apoyo crítico, masivo pero altamente crítico es decir, reflexivo, a una figura, y con ella y junto a ella a un modo de hacer y pensar la política, aquí ya estamos en un espacio de pensamiento crítico claramente ocupado la amplia y variada izquierda brasileña, como así también la centroizquierda real, no la de ocasión, que debe ser analizado y contextualizado en lo que a la región se refiere.
Convengo que hablamos de una democracia de lo posible, esto es, altamente perfectible, con sus problemas operativos reales pero que mantiene la forma y la esencia de un modo de ser democrático que, a partir de la restauración de la democracia en la nación de Río Branco, permanece y mejora con el paso de los años.
Es el Brasil el que está siendo jaqueado y con él la propia democracia.
Luego, y desde lo geopolítico, el Brasil es la nación jaqueada, por su posición geoestratégica de siempre pero y en especial por su notorio avance, tanto en democracia cuanto en su mayor y más sensible logro a mediano y largo plazo: su diplomacia democrática y abarcativa (la diplomacia de la inteligencia que es al mismo tiempo la clave de bóveda de esta Nación)
Y está siendo atacada, tanto aquella Nación como el sistema democrático ya explicitado, con vigor aunque con pequeñez y burdas estratagemas.
No por burdas y pequeñas, son menos graves y dignas de consideración y significación a estas estratagemas que, circunstancialmente, convergen desde los extremos de la región hacia el centro y su periferia.
Se busca dañar y destruir tanto a la CAN, cuanto al MERCOSUR y, de paso, al IIRSA.
Y, ¿cuál es el común denominador en todos estos ámbitos sino el propio Brasil y con él a la propia América del Sur como espacio democrático ampliado y autónomo?
Las márgenes de un río, el margen de la Historia y un a tener en cuenta Respecto del diferendo bilateral rioplatense, reitero lo dicho casi en los comienzos de esta seria: Buenos Aires jamás habrá de permitir que Montevideo, despegue económicamente, desbalanceando la comarca y quitándole sentido a lo que ya ha dejado de tenerlo hace mucho tiempo: la propia centralidad bonaerense.
Centralidad que, visitemos lo obvio, pagan muchas otras provincias argentinas. Y esto es de una lógica que nadie puede dejar de ver y tener en cuenta a la hora de analizar, con criterio y voluntad de acuerdo, alternativas racionales posibles.
Ciertamente Montevideo debe buscar armonizar posiciones, racional y geoestratégicamente, sin que por ello admita, como no admitirá jamás, renunciar a la posibilidad de permanecer libre algo que históricamente ofende las ensoñaciones de poder de unos pocos bonaerenses- ni tampoco de crecer, pero realmente crecer y no tan sólo engordar a algunos cipayos locales en mérito de huestes trasnacionales.
No; el Uruguay hará lo que el tiempo social dictará en el orden del tiempo cronológico: avanzar ampliando su base de irradiación, esto es, lograr acuerdos que faciliten, mejoren y dinamicen las posibilidades que su gente tiene y merece.
Y lo hará, reitero, en el respeto al Derecho Internacional, con la salvaguardia de un ser democrático de probada capacidad operativa que hasta ahora no se ha dejado llevar, como espero no lo haga, por las burdas acciones de facciones neofascistas estén dentro como fuera de sus fronteras.
El Brasil y los círculos que a su paso crea Es por todo esto, entonces, que es digno de mención y atención el momento histórico que vive el Brasil en lo regional, y en lo particular para un pueblo que ha sabido construirse y reconstruirse a sí mismo, en democracia.
Un país donde nadie es mandado callar por contradecir al número uno ni se procede a realizar las tan atractivas acciones de orden psicológico para acallar críticas y dejar que un solo, y triste, ego, prospere; no, enfáticamente no.
Y de esto los que nos creíamos sabios en democracia debemos aprender: la crítica allí existe, como existe también, digámoslo, un control mediático que, aunque lo intentara, que lo intentó, no pudo con la fuerza del ser democrático que anida en este pueblo acrisolado.
La Nación de Río Branco, entonces, jaqueada por embates diversos, hace frente a su hora apostando al porvenir: creando espacios democráticos (creación que se da desde la sociedad misma y no a partir de decretos o medidas iluminadas de gobiernos estaduales, por ejemplo).
Espacios, cabe agregar, que son también instancias y lugares desde donde avanzan, y cómo al crearse los mecanismos operativos para su concreción, las conquistas internacionales.
Conquistas que, es obvio decirlo, se dibujan desde centros de pensamiento crítico que tienen en la diplomacia de la inteligencia, su cocina natural y permanente, pero que se nutren, y en gran medida, de la atmósfera democrática de su pueblo, sabiéndolo escuchar, respetándolo, en los foros más diversos.
Conquistas que podemos percibir con facilidad, aunque algunos se niegan a reconocer, en acuerdos comerciales serios y con perspectivas de mayor y mejor crecimiento a mediano y largo plazo.
Acuerdos éstos que van formando círculos internacionales desde lo cercano a lo supuestamente lejano, abriendo caminos al mundo entero.
Caminos que, a no dudarlo, podemos todas las naciones sudamericanas transitar, en tanto lo formulemos con real interés verificable en la búsqueda de consensos serios para sumarnos a los mismos.
Nuestra América del Sur A la postre, y ya en el plano de lo sudamericano, si sabemos ver y actuar desde nuestras propias realidades, convergiendo en una mejor y más participativa democracia, con su dialéctica, con un espíritu crítico que lejos de ofenderla la llene de fermento y posibilidades.
Así, con tal talante expresado en una voluntad manifiesta y permanente, avanzaremos todos sin que nuestras respectivas soberanías reciban mella alguna, encontrando mejores destinos desde una construcción común, aunque variopinta en sus modos que son los de cada nación, hacia un porvenir venturoso para los hasta ahora siempre olvidados: la mujer y el hombre de a pie.
La clave de bóveda para tal construcción, que comienza hoy mismo, que continúa hoy mismo, sigue siendo la democracia real.
Y a ella debemos dar todo nuestro esfuerzo, dentro y fuera de fronteras pero en un mismo espacio de vida: la América del Sur. LA ONDA® DIGITAL |
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