Presione aqui para ver el pronóstico meteorológico de Montevideo

Uruguay: entre la Historia
y el Instante

por Héctor Valle
hectorvalle@adinet.com.uy

En momentos de honda consternación ante el devenir de los acontecimientos, internos y externos que tienen al Uruguay como protagonista, casi al finalizar el año 2006, uno asiste con no poca perplejidad a las acciones e inacciones de algunos de sus hombres públicos.

 

Cuatro hombres en pugna

 

Es así que vemos o, mejor dicho, oímos a un ex presidente perder el control de sus nervios –una vez más, aunque en este caso fue ante un periodista local- y, en la misma ocasión, denunciar un fascismo creciente o por venir, desde el gobierno nacional., al manifestar que: “(...) el gobierno se encamina hacia formas fascistas de actuar y lo está haciendo en todos los rubros de la actividad y de la administración. Lo que están haciendo en la educación es una actitud fascista.” Habría más para decir de él pero es preferible continuar en el camino a lo que entiendo merece ser signado y comentado.

 

Casi al mismo tiempo, otro ex presidente, que en su tiempo aquel le reclamara haberse quedado con uno de sus brazos, desde la tribuna de un diario extranjero, discurre sobre temas que, en su mayor parte, hacen a la realidad del Uruguay, donde intenta erigirse en sabio consejero, con escaso éxito, porque uno no puede dejar de recordar, a la distancia, aquella famosa caja fuerte que ya no sabe dónde estaba si en el despacho de un oficial o en el de un funcionario civil y que por tal, y la atmósfera que la rodeara, el pueblo fue conducido a una resultante que hoy está siendo jaqueada por una realidad que advierte la mala solución, por precaria y además mal redactada, que en aquella oportunidad se alcanzara.

 

Pero intenta, decía, argumentar desde un supuesto saber que no una sino dos administraciones a su cargo, al poder apreciarlas con una perspectiva mayor de tiempo y circunstancias ahora de uso público, probaron se trataba de un escaso saber como así también de resultados discutibles en diversas y sensibles áreas.

 

Buscaba, entonces, según puede uno colegir entre variadas citas y contextos hallables en la nota que publicó afuera sobre lo que pasa adentro, colocarse como pensador y elucubrar sobre la memoria y la política de modo de poder criticar, desde su peculiar posición, también al gobierno nacional.

 

Así, y hasta con un rasgo literario, alega que: “(...) Por un lado se han abierto grietas a las sabias leyes de amnistía y se está enjuiciando al ex presidente Bordaberry y a su Canciller, Juan Carlos Blanco, así como a seis militares.” Pero alcanza el clímax, a mi modesto entender, en el siguiente pasaje: “La transición democrática, ejemplar y pacífica, construyó una verdadera paz. ¿Basada en el olvido? No, en el perdón. Y en el perdón general; porque las amnistías son para todos –cancelando, una etapa, como hizo España en su tiempo- o no son nada, si perdonamos a unos y condenamos a todos.”

 

Parece mentira sea dable constatar zonas de olvido tan significativas respecto de cada uno de los casos bien como quiénes estaban comprendidos en una ley y quiénes no en la segunda, para ahora pretender tildar de perdón general lo que él, y conviene recordar, el Parlamento de la hora votara, con una redacción  -me refiero ahora a la segunda ley- que ciertamente fue menor, grandemente menor, en claridad y conceptualización, a la primera pero que nunca buscó ni en el texto ni en el espíritu, dejar a todos fuera o a todos dentro, según del lado del que pretendamos ahora mirarla.

 

Sólo bastaría comparar el primer artículo de cada una de las dos leyes supuestamente referidas en tal nota, para constatar tanto lo que cada cual abarca bien como el rigor conceptual y expositivo de cada uno de quienes elaboraron las mismas.

 

Y cita verdades de Perogrullo, como por ejemplo: “los pobres siguen siendo pobres, la desocupación persiste, el mundo capitalista vive la expansión mayor de su historia y el Asia se lleva inversiones...”, para lo que sería sano recordar, por ejemplo, que el gobierno anterior al presente fue codirigido por el primer y el segundo de los citados, siendo que éste tuvo para sí,  o sea para su sector político, zonas privilegiadas de dirección de la cosa pública, no pudiendo alegar, con razón, prescindencia y no corresponsabilidad en su conducción, luego, en sus resultados....

 

Pero en cuestiones de la memoria, este ex presidente también es parcial al no recordar que personas, no personalidades, de su propio Partido estuvieron de varios modos, afines a las instancias golpistas del año maldito de 1973, sea desde sendos e históricos, aunque les pese, editoriales, pergeñados años antes, digamos por el año de 1968, como en las ausencias al Parlamento en horas claves y las presencias, aun no divulgadas públicamente, en lugares oscuros, medrando, mientras otros, pocos muy pocos, lejos de rehuir responsabilidades cívicas, las asumían a cara descubierta y desde los lugares donde la ciudadanía, y sus conciencias, los habían ubicado oportunamente.

 

Ciertamente, cómo no recordar que otros y desde la izquierda pretendieron avenirse en febrero de 1973 con los militares a partir de aquellos famosos comunicados, pero, repito: hubo otros, del propio Partido de este ex presidente, que no estuvieron ni antes ni durante ni menos que menos la noche del 27 de junio de 1973, donde pocos legisladores colorados estaban y ninguno acompañó hasta la última hora, y armado, al Senador Amílcar Vasconcellos.

 

Compañeros de Partido y de bancada, por ejemplo, que ni siquiera le acompañaron en sus permanentes denuncias de torturas, desapariciones y vejámenes a militantes de izquierda.

 

Porque Vasconcellos no fue un ser ideológicamente hemipléjico, sino pura y simplemente, un demócrata a carta cabal.

 

Vasconcellos, ese hombre probo que aun espera la reparación de su país y de su Partido –algo que no cesa sino que apenas principia con la colocación de una placa (donada por su propia familia) en la vieja casona del Cordón, sino con acciones de especial relevancia como lo fue la vida y la obra que él sí pasará a la historia del país en sus mejores y centrales páginas y no apenas, en las notas al pie, como cabrá a otros.

 

Y Vasconcellos pasará a la historia porque integró un grupo y una generación con una ética pública y privada de especial destaca, por su probidad, y de acciones en el gobierno de la cosa pública que oficiaron cambios cualitativos en la breve historia de nuestro país.

 

Y será este hombre sujeto de la Historia porque en su momento, seducido con el poder, y con posibilidades reales de acceder al mismo, optó por la dignidad; por la integridad y el respeto integral hacia su maestro político y amigo entrañable, Luis Batlle, y así pudo ver más allá de su propio instante de vida, al no anteponer su pequeño ego, ese muro que todo lo tapa si no lo ajustamos a su real dimensión.

 

Y así, con dignidad, respeto y altura de miras, dejó de lado la vanidad y dio un ejemplo de vida que hoy es un capital inapreciable ya no para su Partido sino para todo el país, pues Vasconcellos hoy es recordado como lo que fue: un hombre de frontera, y de a pie, maestro, pedagogo y, fundamentalmente, un americanista al que nosotros debiéramos mirar cuando tanta pequeñez y mendicidad pretenden dar por tierra con nuestra Historia y hasta con la propia Geografía Política.

 

Sea dicho también que luego de ellos, de Luis Batlle y de Amílcar Vasconcellos, su Partido, se sumió en el marasmo de los personalismos y las pequeñas acciones vectoriales de quienes les sucedieron, llegando a la fecha con una expresividad electoral rayana en lo residual por su escaso guarismo y por la proyección, penosa, a futuro que ofrece una lectura seria y desapasionada de la realidad nacional.

 

Penosa es, entonces, la realidad de esta colectividad política que se dio fin como instancia de cambio real en el país, cuando se instaló el silencio profundo en su último líder creíble, Amílcar Vasconcellos, y la minoridad tomó la centralidad de las acciones ayudando a parir, en gran medida, ya en el último cuarto de siglo, la mediocridad que hoy, el Uruguay todo, hace gala.

 

España, la memoria y una voz autorizada

Pero, además, este hombre se adentra en espesuras al hablar sobre España, el franquismo y las acciones que hoy y en tal país, se llevan a cabo buscando reparaciones varias.

 

Ya que tanto le place, y parece muy bien, escribir en diarios extranjeros, sería del caso visitara la excelente columna intitulada “La memoria oculta” que el sociólogo español Enrique Gil Calvo publica, el pasado 22 de diciembre de 2006, en el diario El País, de Madrid,  donde también suele escribe el uruguayo en cuestión

 

El prestigioso sociólogo español dice algo que yo, desde estas tierras, como ciudadano uruguayo quisiera para mi país y para el que fuera mi Partido: “A partir de 1945, la política de la memoria ejercida por el franquismo dio un giro hacia el encriptamiento, pasando a ocultar sus crímenes anteriores, de los
que antes alardeaba con arrogancia, para encubrirlos en la clandestinidad.
En privado, todo el mundo sabía quiénes eran los fusiladores y quiénes los beneficiarios del saqueo, que se habían lucrado con el botín de guerra en forma de bienes y cargos. (...) Así fue como durante treinta años se mantuvo en pie una comunidad incivil asentada sobre el crimen encubierto, el soborno cómplice y el cinismo político, que fingía no saber, pero lo sabía demasiado bien porque se beneficiaba de ello, que la paz de Franco era la paz del expolio, de los presidios y de los cementerios. Ésa es la memoria oculta que habría que sacar a luz, si queremos reconstruir nuestra memoria para
alcanzar la reconciliación civil. No tanto la memoria de las víctimas, ya bien conocida por las investigaciones históricas, como sobre todo la memoria de los verdugos y de sus cómplices encubridores, las clases medias y las derechas religiosas e institucionales que se lucraron colaborando con un régimen criminal.”  

 

Esto, mi señor, es decencia en acción y en palabra. Y hacia esa decencia y hacia esa palabra, el Uruguay va y seguirá yendo. Debemos saber quiénes fueron los civiles que estuvieron en la segunda fila medrando, azuzando, promoviendo iniquidades en ese período nefasto de la dictadura pero que calza, que tiene sentido en un devenir brutal que hoy parece aproximarse a su culminación y que, espero, el tiempo por venir resulte ser de signo opuesto, por positivo.

 

Demás está decir sobre la especial recomendación a leer íntegramente este importante artículo.

 

Un funcionario inarmónico e inexperiente

A su vez, el gobierno nacional, por inacción, delegación, estrategia o incluso, en el terreno hipotético, hasta mera prescindencia, permite que su ministro de Economía y Finanzas, en un momento de gran tensión en la relación del Uruguay con la Argentina, visite la capital del Brasil y ahí, en tal ámbito, so pretexto del no otorgamiento de libertades para comerciar extrazona, manteniéndose en el bloque mercosuriano, agreda en mal tono y pésima oportunidad, al país vecino ante la aparente falta de eco a tales reclamos.

 

Asimismo, y en cuanto a la tan manida libertad para comerciar con la extrazona, eufemismo que refiere a firmar rápida y alegremente un acuerdo con los EUA, este funcionario nunca ha dicho a título expreso sobre qué rubros específicos podremos, concretamente, comerciar por considerar que eso es tema “para después”, palabras más, palabras menos. Y no lo dice por imposible, porque lo que nosotros, el Uruguay, tenemos para ofrecer es lo que aquella nación reserva para sus propios y sensibles sectores.

 

Esto es como una jugada de ajedrez en donde no sólo no tengo el uso de “las blancas” sino que el primer y el segundo movimiento que se “me permite” realizar, hasta el final, es apenas el mover unos pocos peones. Es decir, simular una jugada cuando la principal va por otra vía y en otro tablero, ya geopolíticamente hablando, superior y que jamás nos comprenderá; menos aun desde aquel lado.

 

Pero el funcionario en cuestión parece tener a la gran prensa consigo o ésta tenerlo a él, quizá.

 

Así, el diario El País de Montevideo, al que en los últimos tiempos este funcionario ha apelado, sea en páginas interiores, sea en su tapa, expresa, en estos días la negativa de aquel a convalidar el hecho de que el Uruguay en el presente año ha tenido como especial destino comercial precisamente al Brasil, bien como a dejar asentada su firme discrepancia con el MERCOSUR en su actual versión pero sin ofrecer ni buscar, fehaciente y probadamente, vías de acercamiento, de negociación directa, bilateral como multilateral, para sobrellevar tal situación.

 

Pero no es sólo este periódico el que lo defiende sino los medios de comunicación afines a la clase dominante.

 

Defienden un funcionario alineado, consciente o inconscientemente, a sus fines, los de la clase dominante.

 

Porque aunque este funcionario esté animado de las mejores intenciones –extremo que no corresponde yo ponga en duda y que, por tanto, no lo hago- resulta ser funcional directa y principalmente a la clase dominante, por imperio de su obrar.

 

Por eso se explica que la supuesta “oposición” defienda al encargado de la Economía de un gobierno de signo y pensamiento opuesto a aquella, porque el funcionario es afín a la primera y, concomitantemente, inarmónico tanto a su gobierno cuanto más a la plataforma que llevó a que este asumiera tal carácter un histórico y ahora parece que lejano, 1º de marzo.

 

Asimismo, y ya en áreas mercosurianas, confieso, también, mi ignorancia al desconocer qué comisión específica este hombre integró para viajar al Brasil, a Brasilia su capital, en los casi dos años que lleva en el cargo, a fin de negociar directamente, mano a mano, cara a cara, como históricamente se ha hecho, cuando se quiso comerciar de verdad, la colocación de productos uruguayos en el Brasil bien como la venida de inversiones específicas de capitales brasileños en áreas sensibles de la actividad nacional.

 

Este mismo funcionario al estar en Brasilia, en los encuentros que se llevaran a cabo en este mes de diciembre de 2006, en vez de asistir a la reunión que junto a sus pares y a los presidentes bancocentralistas del MERCOSUR, tenían agendada –según consta en el propio diario El País de Montevideo-, optó por faltar a la misma –y junto con él, faltó también el presidente del Banco Central del Uruguay- para asistir, ambos, a la reunión de cancilleres y ahí, en un lugar que estaba reservado al señor Reinaldo Gargano, Canciller de la República, y realizar una fortísima exposición ante el resto de los cancilleres.

 

O sea que en lugar de atender su específica responsabilidad, asumió otra que, al menos públicamente, no le fue conferida. Y el desatino cundió y la gravedad aumenta para el país pero también y en especial, para el gobierno nacional.

 

En cuanto a la especificidad de sus tareas como de sus logros al frente de la Cartera de Economía y Finanzas, debo manifestar que, hasta ahora, y en honor a la verdad, desvelando mi ignorancia, sólo he sabido de diferimientos en lo que respecta a la deuda externa del Uruguay, a “logros” en la macroeconomía, y a nada o muy poco de sustantivo en políticas de reactivación productiva, pero de producción con valor agregado y no meramente de alza, aprovechando factores coyunturales favorables, como ser en carne, que en realidad benefician a muy pocos por más que es cierto que en los últimos tiempos vienen ocupando a mayor cantidad de gente.

 

Esto es grave y este hombre ha asumido que su idea es un dogma y por consiguiente su verdad es verdad revelada, luego, no hay por qué cambiar y lo que corresponde es seguir... al despeñadero, supongo yo, por mejor intención que lo anime.

 

Que este funcionario, como su vice y su tercero, los tres juntos, olviden o no consideren como suficientemente relevantes a los valores históricos, racionales y hasta pedestres, si se me permite calificar así a los datos puros del intercambio del Uruguay con otras naciones, donde el Brasil y por supuesto también la Argentina, ocupan lugar destacadísimo, resulta no sólo de una liviandad llamativa sino harto riesgosa para los destinos de nuestro país.

 

Así y todo, sea aquel ministro desde la acción, bien como el Presidente desde la supuesta inacción – o “silencio activo”-, hacen, o parecen hacer, disyuntiva aun no desvelada, caso omiso a consideraciones geopolíticas y geoestratégicas.

 

Momento de decisión

Es la hora de saber qué es lo que el Presidente de la República piensa; si convalida todo esto y si lo hace, lo asuma y se responsabilice por todas sus consecuencias; que a nadie quepa duda les cabrá y a él en primerísimo lugar.

 

En definitiva, si la visión del Presidente es histórica o episódica; si opta entre la Historia o prefiere asignarle al Instante un carácter trascendente y ahistórico.

 

Pues sea quien fuere que pretenda considerarse un sujeto ahistórico, es decir que, a partir de él la historia comienza o es factible de cambio abrupto, singular y removedor, sin más, así, cometería el craso error de considerarse factor histórico, como se considera aquel binomio citado al inicio: factores permanentes de poder y no como lo que son o, mejor dicho ya fueron –y aun no terminan de asumir-, inquilinos precarios en el tránsito por las sendas del poder.

 

Y uno cree colapsar ante tanto despliegue de minoridades que opto por no calificar más que de tales.

 

La gravedad de nuestra hora, la del Uruguay

Es hora que despejemos todo eufemismo al considerar la gravedad y trascendencia del momento que nos toca en suerte vivir en el Uruguay.

 

Esto ya lleva por lo menos 50 años y se ha agravado notoria y brutalmente desde la dictadura hasta el presente. Por esto es necesario ver más allá de la contienda de vanidades e incluso singularidades que el presente coloca, para entender este “tiempo social” uruguayo que parece estar por fenecer y evaluar, entre todos, qué pasó y qué queremos que pase de aquí en más.

 

La mediocridad como signo del Uruguay de los últimos 50 años

Ahora bien y ya en una mirada tanto histórica como sociológica ¿Qué es lo que podemos percibir? La mediocridad; que es general y que, a la vez, avanza sin solución de corte.

 

El Uruguay vive una profunda mediocridad intelectual, funcional y operativa fácilmente verificable en el lapso de tiempo mencionado.

 

Y si prestamos atención, estos 50 años son, aproximadamente, los que se consideran dura “un” tiempo social y, por consiguiente, estaríamos en el interregno que media entre uno que fenecería y otro que estaría por nacer, por dar inicio.

 

Es una tesis histórica que aliento y expresaré en la forma debida próximamente, en la que sostengo que el Uruguay lleva ya varios saltos de otros tantos tiempos sociales, junto con algunos otros “momentos” como el que ahora nos tocaría en suerte vivir y que resultan ser los interregnos entre uno y otro “tiempo social”.

 

Nuestras propias y personales vidas integran, en o dentro de estas categorías, brevísimos y aleatorios instantes que sólo el devenir de acciones grupalmente concebidas y su prosecución mediante planes inteligentes que la sociedad elabore y ponga en marcha, podrán erosionar interregnos y tiempos sociales y así pasar a ser factores históricos de cambios que sea dable registrar a futuro en el país y, quizá, en la región.

 

Que el Uruguay despierte de tan destructivo sopor y se piense como nación y avance, dentro de su propio e INEVITABLE contexto histórico y geográfico, hacia el amanecer donde halle medios y modos para progresar en lo humano y, así, en dignidad y equidad para todos y cada uno de sus habitantes.

 

Una vez más, Quijano

Si mencioné a Don Amílcar Vasconcellos, ¿cómo no recordar a otro gran maestro del Uruguay, como lo fue Don Carlos Quijano?

 

Hombres ellos, como mujeres las hubo también y en qué gran y bella medida, que ayudan a que hoy podamos ver más allá de las trivialidades, sinuosidades y rapacidades de pequeños seres, y así tener guías éticamente inteligentes, para poder desbrozar esta maleza que hoy simula tapar nuestra visual.

 

Vuelvo una y otra vez sobre lo que considero hoy motiva grandemente las inarmonías que nuestra sociedad vive: los cambios que tienen lugar, que comienzan a tener lugar, en su clase dominante, la constituida por representantes de las corporaciones y familias que han venido, sin variante alguna, dirigiendo las cuestiones esenciales del país, en lo económico y en la propia distribución del poder en los últimos 50 años, aproximadamente.

 

Y leo y releo al Maestro Quijano cuando, por ejemplo, dice lo siguiente: “(...) Las clases realmente actuantes en el país, lo son la de los propietarios territoriales vinculados al “alto” comercio, a la banca, etc., y la que podría denominarse clase media, empleados de comercio, empleados públicos, profesionales, obreros que se han convertido en “pequeños burgueses” o que esperan llegar a serlo. (...) ¿Qué eficacia revolucionaria tiene esa clase
media? ¿No la habrán convertido las seguridades económicas que se le han otorgado en una fuerza de orden, para el cual el orden es siempre la autoridad? ¿No podrá decirse de ella, lo que Siegfried según creemos decía del “pequeño burgués” francés: que tiene el corazón a la izquierda y el bolsillo a la derecha.” Don Carlos, permítanme acotar, escribió este artículo, intitulado “Un país que se busca a sí mismo”, allá por febrero de 1934 en Acción.

 

Y si bien las formas pueden haber cambiado, el espíritu que hallamos en estas frases permanece: una estructura esclerosada que sabe de sus intereses y que toma a éstos por los nacionales: la ya citada, clase dominante.

 

Pero quiero acercar un pensamiento más, por oportuno y relevante, de Don Carlos Quijano; ese maestro de periodismo pero también pensador lúcido, ciudadano probo, responsable y culto.

 

Decía Don Carlos lo siguiente, y pido tomemos estas palabras como lo que son: lección ciudadana de primer nivel que debe someternos a todos, absolutamente a todos, a un baño de humildad, tolerancia y así poder mejorar nuestra visión de la hora que debe, imprescindiblemente, ver más allá que el mero instante de nuestras propias vidas:

 

“Por la religión, el hombre se acerca a Dios y se refugia en la eternidad. Por la política, el hombre se acerca a su pueblo y se instala en su tiempo. Se enrola y compromete en una milicia. Pero “hacer política”, no significa en
todos los casos o no significa sólo –volvemos sobre lo dicho- acción partidaria o minúscula agitación electoral. Darle preeminencia a estos tipos de actividad, es tomar uno de los medios y no el más esclarecido, por el fin. Así, como se sabe, ocurre entre nosotros. Se confunde política, con fichero y maniobra.”

 

Vale una pausa antes de proseguir en la cita de estas expresiones que pueden encontrarse en su artículo intitulado “Rebeldes con causa”, y publicado en Marcha, del 13 de enero de 1961.

 

Prosigue Don Carlos Quijano, instruyéndonos de esta manera: “Toda obra auténtica y permanente tiene un contenido político. (...) ¿Qué hacer? Sí, nuestro quehacer debe ser, hoy y aquí, político. Pero sin condenar toda acción que otros puedan acometer, porque también de pan vive el hombre, hay que comenzar por el comienzo, por repensar el país. Nada se hará si inicialmente no sabemos qué es lo que queremos hacer, qué es lo que debemos hacer, qué será posible hacer. Cualquier tipo posible de acción que prescinda de este análisis previo y riguroso, está, nos parece, destinado al fracaso. Una estéril y vana agitación más. En los gastados ritos, oficios y misterios de nuestra liturgia política, de otros siempre será la mejor parte. Hay que dejarlos a esos oficiantes dedicados a sus trucos y ceremonias y lanzar el ataque por otro lado.

 

Al tiempo que define la acción política, desgrana lo que es la vanidad de lo que es sustancia, es decir, acción por y para el pueblo. Forma y fondo que los grandes tienen sea para enseñar, como este recordado ciudadano y referente social uruguayo, sea para ambientar una lección aun más directa, rica y comprometida, como es la que da a continuación, tomando por centro del cambio a los jóvenes esos hombres y mujeres de hoy, y no como tantas veces pretenden definirlos (o, excluirlos) diciendo que lo son pero y “a futuro”. Escuchamos al Maestro:

 

El país debe buscarse a sí mismo, reconcentrarse y reencontrarse, hacer penitencia y cura de alma, y puesto que tan dura faena no puede ser obra
de todos, ella corresponde, en primer término, a los jóvenes, rebeldes con causa, que, como prenda de su entrega total deben, al cruzar el umbral de su noviciado, hacer votos de vivir peligrosamente, de escapar a la facilidad y de salir al encuentro todos los días, todas las horas, con sacrificio y disciplina,
de la dificultad.”

 

Y agrega esta frase magistral: “Todo lo fácil, es sospechoso y en definitiva endeble. Así lo atestiguan los árboles.” Atreverse, el Maestro nos invita a conjugar el verbo libertario y comprometedor de ATREVERSE A SER PERSONA.

 

Carta al Presidente

 

Presidente:

 

Está usted en el momento de decisión mayor, no ya de su vida, sino de la
vida de nuestro país en los últimos 50 años y lo que aun es más significativo, de la vida que se dará esta Nación en los próximos 50 años.

 

Tiene usted ante sí, lo admito, una responsabilidad enorme que pesa y
mueve a reflexión cuando las innumerables alternativas que ofrece su agenda cotidiana casi nunca permite acallar los ruidos que a su alrededor son tan audibles como limitadores de espacios y momentos proclives a la meditación;

 

Está usted, señor, entre dos aguas, entre dos modos de ver al Uruguay;: uno que dice, pero no condice ni puede probarlo, de la eficiencia, de la eficacia y de la supuesta “osadía”- tomando por tal a la improvisación en la asunción de acciones peligrosas y que la contraparte, esa que tanto anima a quien hasta
el presente sigue permaneciendo en un lugar inapropiado para el país. Y otro que lo impele al cambio, a la osadía, a estar al descampado y allí, como nuestro Padre Artigas, soñar despiertos, pisando tierra negra, pero ideando un nuevo, por mejor, tiempo para todos.

 

Señor Presidente:

 

Esta hora puede ser tanto trágica como trascendente y en usted, y sólo en usted, está el determinarla.

 

Así, y ya que, como es bien sabido, usted es cultor de la naturaleza,  o sea que tiene la santa y laica paciencia de gustar de la pesca, siendo, por tanto, más que probable se encuentre no pocas veces a la intemperie, aguardando
el amanecer, como puede ocurrir en estos mismos días.

 

Que cuando ello ocurra, señor Presidente, pueda usted mirar, como suele hacerlo, hacia el este, aguardando levante su rostro vivificador, el astro rey y con él y a partir de él pueda ver, como sé que ve, y volverá a ver, rostros de seres que lejos de morir, permanecen en usted como en mí y en tantos otros ciudadanos y ciudadanas, habitantes todos de este suelo patrio.

 

Vea, pues, señor Presidente, los rostros de quienes, traspasadas las puertas de la eternidad, sabrán acompañarle en esa soledad tan brutal pero a la vez tan dadora de sentido, para quien en verdad busca ser, junto a su pueblo, sujeto histórico, como creo, y creeré hasta tanto la realidad y los hechos lo desmientan, lo es usted, señor.

 

Ya lo sabe: debe optar, ya sin poder diferirlo más, entre la Historia y el Instante.

 

Buena pesca, entonces, pero mejor regreso “a casa”, si de regreso a las fuentes y a la voz de la Historia se refiere, señor Presidente.

Que a mediodía en punto, luego de un amanecer trascendente y un retorno a
la interioridad donde están presentes, en nuestra conciencia moral, referentes y principios insustituibles, haya podido realizar su mejor y más trascendente decisión de Gobierno. Sé que lo hará.

 

Buena pesca; pero mejor retorno. Y felicidades para usted, luego para su Pueblo.

LA ONDA® DIGITAL


Contáctenos

Archivo

Números anteriores

Reportajes

Documentos

Recetas de Cocina

Marquesinas


Un portal para y por uruguayos
URUGUAY2030.COM

© Copyright 
Revista
LA ONDA digital