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Crisis de la teoría
económica nativa
 Ing. Gonzalo Pereira
Leer artículo Documentos: Tendencias y
perspectivas de la economía uruguaya

Crisis de la teoría
económica nativa

por el Ing. Gonzalo Pereira

Creo tener pocas coincidencias con el Ex Ministro de Economía Cr. Bensión pero una de ellas es su caracterización de la crisis económico financiera que culminó en 2002:“ … quizás el (momento) más complicado de la historia económica moderna del país o tal vez de la historia del Uruguay desde que existe como nación independiente”.

 

Así lo sostuvo durante su interpelación en el Senado, cuando se caía todo, particularmente las cuestiones sobre las que su Cartera debía velar: la producción, el sistema financiero y el mundo del crédito. Y esa misma noche en el Senado quedó definido su desplazamiento del Ministerio. En lo que sigue intentaré demostrar que no solamente sufrimos una megacrisis sino que también estamos ante la crisis de la teoría económica vernácula.

 

Comencemos por una primera constatación: luego de soportar el “momento más complicado de la historia del Uruguay” sorprende la insuficiencia de esfuerzos de los economistas para comprender lo que nos sucedió. Han pasado cuatro años y conozco muy pocos intentos dirigidos a tal objetivo.

 

De manera que no puedo dejar de congratular la información de prensa del 22 de diciembre sobre la ponencia “El manejo de las crisis en economías dolarizadas. El caso de Uruguay” (Los mitos del contagio y la salida de la crisis, La República, p 46).

 

Sin leer todavía la ponencia voy a adelantar algunos puntos de vista en base al artículo citado. Sus autores, Julio de Brum (Presidente de la Asociación de Bancos y docente de la Universidad ORT) y Gerardo Licandro (Responsable del Departamento de Investigaciones Económicas del Banco Central del Uruguay) sostienen: “… la medida concreta de libre flotación de la moneda no fue acertada, principalmente porque había que resolver otro tipo de situaciones como la deuda y la estabilidad fiscal” (La República, cit.)

 

Podría centrar ésta nota en deducir que ambos economistas creen que la libre flotación era una cuestión de voluntad, y que como tal podía posponerse… Y profundizar sobre sus alcances. Pero no lo haré porque ahora veo necesario tomar otro aspecto.

 

Tampoco voy a introducirme en el tema central de la ponencia, es decir, el “manejo de las crisis”. Cada uno investiga los temas que le atraen pero me convoca poco pensar si el salvataje de un naufragio es más adecuado con salvavidas de corcho o con salvavidas inflables, con botes o con aviones. Es más atractivo e importante reflexionar sobre la propia crisis económico financiera, su gestación, sus raíces. Creo que la misión principal de la economía consiste en identificar las tendencias, que entre otras cosas sirven para evitar los naufragios, es decir, intentar reducir la magnitud de las crisis.

 

Adelanto mis disculpas si la nota periodística no refleja acertadamente la ponencia referida pero es difícil que exista error en la siguiente cita atribuida a los autores:

 

“Los economistas reconocieron que, si bien antes de la crisis los números de las cuentas fiscales, niveles de deuda y otros, tomados individualmente, eran buenos, inclusive con calificaciones internacionales de “país con grado de inversión” cinco meses antes del desencadenamiento de la misma, los diferentes shocks que recibió la economía uruguaya fueron claves y demostraron que el país no tenía la estabilidad suficiente para superarlos” (ibídem).

           

En esta afirmación sí es imprescindible detenerse.

Es innecesario sostener que la crisis no fue un relámpago en cielo sereno. Tampoco desarrollaré una demostración que la tremenda magnitud de la crisis que culminó en el año 2002 se explica en gran medida porque se gestó y acumuló fuerza desde 1992. No pido al lector que crea que las raíces tienen 10 años pero seguramente admitirá que existió un plazo más que suficiente para que los especialistas cuya función era el seguimiento de la economía se expidieran sobre las tendencias alarmantes que ocurrían. Por eso quiero centrar la nota en el punto: los dos economistas nos dicen que veían sana a la economía uruguaya y admiten no haber percibido la inminencia de la crisis hasta 5 meses antes de su desencadenamiento. Y era, al menos por el cargo de uno de ellos, su función en el BCU.

 

¿Cómo medir el nivel científico de cualquier disciplina?. Por el grado de conocimiento que tengamos del comportamiento del objeto de estudio. En última instancia, los avances científicos tienen casi siempre la motivación de conocer, entender y aumentar las posibilidades de intervención y mejorar – directa o indirectamente - las condiciones de vida. Creo que hay pocas dudas al respecto: el conocimiento desarrollado sobre una determinada materia se demuestra en la capacidad de predecir su comportamiento. Ciertamente que las ciencias “duras” lo hacen en términos de LEYES que deben ser descubiertas y establecen comportamientos del objeto de la disciplina.

 

La economía no es una ciencia dura como la matemáticas en cuyo mundo nadie puede afirmar que “dos por dos igual cinco”. Pero sin ser una ciencia dura, no puede admitirse que en economía “vale todo”. Si el ciclón de agosto del 2005 cuestionó en Uruguay la ciencia de la meteorología y sus pronósticos, la crisis del 2002 cuestiona la “ciencia económica” por su incapacidad de pronosticarla y mitigarla.

 

Si la crisis tuvo la magnitud que nadie discute, los investigadores de la economía nacional deberían declararse voluntarios para pasar por las horcas caudinas de exponer su pensamiento PREVIO a la crisis. Su pensamiento escrito.

 

No he realizado una revisión bibliográfica del pensamiento económico de la década previa a la crisis de 2002 (buen tema de tesis para economistas que se reciben). Pero mi memoria me indica que prácticamente ninguno (de los recibidos…) IDENTIFICO la crisis que se venía ni propuso una FORMA CONCRETA de evitarla o mitigarla.

 

Cualquier disciplina tendría, ante un panorama similar, los indicios de una crisis de sus bases. Y ocurrirían vientos de fronda cuestionadores de lo que aparentaba firme y establecido. Hay elementos más que suficientes como para que ocurra eso en la economía vernácula.

 

Es imprescindible el debate; sólo de él surge el desarrollo de una ciencia en crisis. Para lo cual debemos superar la frecuente actitud académica local: “no pises callos ajenos para que no pisen los tuyos”. Con tal conducta cada quien permanece adorando su punto de vista y jamás lo confronta con otro. En vez del avance del pensamiento colectivo, la realidad se ríe del pensamiento.

 

Creo que la Sociedad de Economistas de Uruguay, organizadora de la presentación de la ponencia comentada, tiene ante sí un atractivo desafío.

 

*Ingeniero Agrónomo, Orientación Agrícola – Ganadera. 1970. Facultad de Agronomía, Universidad de la República Oriental del Uruguay.

Maestro en Economía con Mención Honorífica. 1984. Universidad Nacional Autónoma de México, División de Estudios Superiores de la Facultad de Economía.

Ex -decano de la Facultad de Agronomía.

Investigador del Instituto de Economía Agraria de la Facultad de Agronomía, Universidad de la República Oriental del Uruguay

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