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La muerte de Saddan y El terrorismo, por el sufijo que la palabra contiene, no debería constar en los diccionarios. No hay doctrina, ni teoría, ni ningún tipo de pensamiento mínimamente sistematizado que defina el terrorismo más allá de su objeto, o sea, el terror. Lo que existe es, por lo tanto, el terror, no el terrorismo. Y el terror constituye una modalidad de acción, de la acción violenta, militar o civil, vieja como el mundo pero que, en épocas más recientes, es utilizada por el contendor más débil, constituyendo, también, la manera más barata de hacer una guerra.
Después del 11 de Setiembre (2001) la palabra se generalizó, más aún de lo que ya venía aconteciendo, para clasificar acciones terroristas y, para algunos, un modo tipificado de lucha política, inaceptable, además. Lo que me parece que ya representa implicaciones más serias es cuando se deduce una estrategia que identifica el terrorismo con el enemigo. Significa confundir el (los) enemigo (s) con aquellos que practican aquella modalidad de acción (terrorista), condenada por nuestros valores civilizacionales, actuales.
Esta estrategia no sólo realza la literatura de los Estudios Estratégicos de Seguridad de los EE.UU. (de libre consulta en el sitio de la Casa Blanca) como de las reacciones políticas de Bush y Blair frente al ahorcamiento de Saddam Hussein. Las diversas posiciones de principio de uno y de otro con relación a la pena de muerto se unen en la condena del terrorista y enemigo Saddam con el argumento, entre otros, de que la democracia está más cerca de la condena del ex-dictador. Pero, aprueban la forma bárbara como la condena fue ejecutada, validando un modo terrorista que sólo difiere de lo que dicen combatir en la medida en que fue selectivo...
Pues bien, sucede que Saddam nunca hizo terrorismo del tipo que los EE.UU. dicen combatir. Él asesinó a millares de chiitas y kurdos para hacer aquella dictadura, preguntándose, seguramente, hasta el fin de su vida, cuántos más sunnitas y chiitas no habrían de matarse unos a otros para hacer la democracia que Bush quiere en Irak. Parece un razonamiento bizarro, éste, pero que surge de la más poderosa razón invocada, por fin!, por la estrategia de los EE.UU. con relación a la invasión de Irak: la democracia (...).
Con esta estrategia de pies de barro, en dos días se planteó la necesidad de distanciarse del espectáculo de la ejecución, diciendo que quien condenó a Saddam fue Irak... ¿Será que pasa por la cabeza de G. W. Bush que el mundo cree en esto?
Volviendo al texto del Estudio Estratégico de Seguridad de 2002 incluso se percibe la pérdida del norte de la política externa de Bush. La caracterización de dicho Enemigo no puede ser más genérica. Es el mal el terrorismo. Cincuenta páginas de un razonamiento que lateraliza los temas centrales, los objetivos políticos, económicos, sociales, internos y externos, nacionales y regionales, así como áreas de interés y de conflicto (de quien, con quien, dónde?). Ninguna tentativa de encontrar algún encuadre para los absurdos que, para el caso, puede ser la adopción del terrorismo, ni esfuerzos para separar, relacionar o conjugar la actuación terrorista de la y con la política.
¿Cómo es esto posible? Cualquier índice, resumen o process chart de estudio estratégico explica que ese texto sirve como un guide lines de uso en el nivel político presidencial pero, jamás, como ayuda a la decisión en el campo político-militar. Se puede decir que no se podría poner a disposición del público la estrategia militar de los EE.UU. Pero pensar así es cometer un enorme error técnico del cual el Pentágono está, evidentemente, protegido. Él sabe que su estrategia militar debe ser conocida por todos porque sólo así se torna ejecutable. Es así para los países como para las empresas (que llegan a tener el concepto estratégico gravado en una lápida en la entrada principal, como la Johnson & Johnson, la Caterpiler y otras). El secreto estratégico tampoco existe, porque el enemigo lo ha disminuido, transformándolo en una cuestión de tiempo. Se gana más con el apoyo generalizado a las opciones estratégicas públicamente anunciadas (de verdad!) que mantenerlas en secreto de payaso. Tal vez por esta razón y/u otras, un sondeo reciente reveló que un porcentaje considerable de soldados americanos estaba convencido de que andaba en Irak combatiendo a los autores de los atentados a las torres del World Trade Center y en la búsqueda de Armas de Destrucción Masiva.
Hay un salto cualitativo del Estudio de 2002 para el de 2006. Este último es mejor trabajado en términos del abordaje de los temas que se refieren a la actualidad y a los signos de cambio, como la globalización y otros. En la presentación de cada tópico se hace un análisis de la respectiva evolución a partir de 2002. Lo que se dice en esta evaluación con relación a lo que sucedió y sucede en Irak es espantoso! Lleva a considerar a los autores del estudio como... bebés de pecho, dado el desfazaje entre la ingenuidad de los deseos y la realidad, trágica, a la vista de todos, inclusive del informe Baker-Hamilton.
Nos resta tener esperanza en la gran democracia americana. Que retome la visión estratégica enunciada por las siguientes palabras, proferidas por John F. Kennedy, el 16 de Noviembre de 1961, en la Universidad de Washington: tenemos que enfrentar problemas que no son pasibles de soluciones fáciles o rápidas o permanentes. Y debemos enfrentar el hecho de que los Estados Unidos no son ni omnipotentes ni omnipresentes de que somos apenas el 6% de la población mundial de que no podemos imponer nuestra voluntad al restante 94% de la humanidad de que no podemos enderezar todos los males o poner fin a todas las adversidades y de que, por lo tanto, no puede haber una solución americana para cada problema del mundo.
*Periodista y escritor Portugués. Traducido para LA ONDA DIGITAL por Cristina Iriarte LA ONDA® DIGITAL |
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