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Reencuentros con un
El día 4 de abril de 1968 sentí profundamente su muerte. King tenía 39 años de edad cuando fue inmolado y entró a la Historia como uno de los mártires de la Tradición Cristiana. En ese mismo año leí El grito de la conciencia, donde encontré totalmente algunos de los más bellos y fuertes textos del Pastor Negro. Entendí porqué las Selecciones del Readers Digest, una revista de circulación internacional originaria de los Estados Unidos, profundamente conservadora, publicaba aún en vida de Luther King un texto en el cual deploraba un profético discurso que el discípulo de Jesús y de Gandhi hiciera contra la guerra de Vietnam.
Martín Luther King creció en el proceso de una lucha libertadora. Inicialmente, a partir de 1955, movilizó a las comunidades negras más concientes y a los sectores más evolucionados de la sociedad de su país en la lucha contra la discriminación racial. Fue preso, sufrió amenazas de muerte, pero construyó en su trabajo pedagógico y colectivo la Ley de los Derechos Civiles, aprobada y sancionada en 1964. En su camino, King fue creciendo en la defensa de la causa de los pobres y excluidos de su patria y de todo el mundo, siempre con una atención especial para los sufridos pueblos de África, donde estaban plantadas sus raíces. Nos cuenta el biógrafo de John Kennedy, Robert Dalleck, que el entonces presidente de los Estados Unidos profesaba por King una fuerte y natural afección, pero temía que él estuviese, con sus crecientes indagaciones sobre las causas y consecuencias de la pobreza, contaminándose con el virus marxista.
El Pastor Evangélico fue más allá de la denuncia de las injusticias en las relaciones internacionales nombrando las nuevas formas de la esclavitud y del colonialismo. Criticó duramente la política externa de su país, en una postura radicalmente cristiana contra el imperialismo y el capitalismo salvaje que sólo aspiran a lucros y ganancias materiales en detrimento de la justicia, del bien común y de la paz. Es este hombre espléndido que reencuentro en su trayectoria de 1955 a 1968.
Uno de sus mejores y más vigorosos pronunciamientos, el sueño que se tornó una pesadilla El grito de la conciencia, no está presente en esta antología ahora publicada. Aún con estos lapsus, la publicación es de gran importancia y se impone como lectura obligatoria para aquellos que no se desesperan o no se descuidan frente a los grandes temas que se le plantean a la aventura humana sobre la faz de la tierra. Sobre todo, aquellos que buscan alternativas y caminos democráticos y pacíficos para la inclusión y emancipación de los pobres.
Una norma para el siglo 21, Luther King comenzaba por el más elemental de los derechos, la alimentación: Dios nos ordenó que nos ocupáramos de los desposeídos y sus hijos que no pueden comer tres comidas por día. Buscaba la raíz de los problemas sociales: Hay 40 millones de pobres en América? Y cuando se hagan esta pregunta, se cuestionarán acerca del sistema económico y sobre una mejor distribución de la riqueza. (...). Estamos llamados a ayudar a los mendigos en baja en el mercado de la vida. Pero un día percibiremos que un edificio que produce mendigos necesita ser reformado. Pero no aceptaba el materialismo y el comunismo: lo que les estoy diciendo es que el comunismo olvida que la vida es individual. El capitalismo olvida que la vida es social. Y el reino de la fraternidad no se encuentra en las tesis del comunismo ni en las antitesis del capitalismo, sino en una síntesis superior.
Reencontré a otro pastor, éste afro-brasileño, vivo gracias a Dios -, formado en la mejor tradición cristiana católica. Sobre este hermano de Martín Luther King y el libro que nos repone su luminosa trayectoria hablaremos en el próximo artículo.
Traducido para LA ONDA digital por Cristina Iriarte LA ONDA® DIGITAL |
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