|
La hermana de Las argumentaciones feministas sobre los condicionamientos histórico-culturales han sido resistidos y se ha sospechado o se ha manifestado abiertamente, que la mujer padece carencias mentales en razón de su sexo. Deficiencias que, por lo tanto serían congénitas y esenciales, o sea permanentes y básicamente invariables.
Nunca se han podido verificar tales hipotizadas insuficiencias, tales taras respecto de los varones. Más aún: los lóbulos frontales son considerados sedes de la inteligencia, pero resulta que esa zona frontal del cerebro se encuentra más desarrollada en las mujeres. A su vez el proceso de la expresión oral se nota científicamente antes en las niñas y el progreso del habla es más veloz que en los niños.
Las pruebas respecto de las capacidades cognitivas no verbales -el razonamiento matemático, el razonamiento abstracto, la habilidades manuales, mecánicas y científicas- no prueban diferencias importantes; sólo una ligera preeminencia de las mujeres, claro que bien podría deberse a motivos vinculados a su culturización, al hecho de pasar más tiempo con personas mayores, incluso una inclinación, obviamente no natural, a mayor obediencia y obligada credulidad.
Cabe recordar una propuesta imaginativa de Virginia Woolf (1882-1941): la hermana de Shakespeare. Dentro de su famosa Una habitación propia (A room of one own) la Woolf, desenvuelve el pensamiento de la Sra. Cristina Pizán ( 1365-1430) aunque no creo que la haya leído, en la materia de la variada y comunicativa existencia de los hombres frente a las restricciones que sufren las mujeres. La Pizán había sostenido en La ciudad de las Damas que era la vida restringida a la que se sometía a la mujer, enclaustrada con su hilar y ocupada en el cuidado hogareño, la que establecía las diferencias entre las mentalidades a favor de los varones generalmente intercambiando opiniones entre sí en sus diversas actividades, con estudios apropiados y provistos de oportunidades de desplegar sus personalidades, factores todos negados al género femenino.
A partir de una vida -que habría sido una realidad- de una hermana del autor de Hamlet, la supone interesada en los temas de las letras, muy capaz mentalmente y preocupada en su realización personal, confrontando sus posibilidades con aquellas que tuvo el dramaturgo.
Éste habría acudido a una escuela secundaria en la que Ovidio, Virgilio y Horacio le debieron proporcionar sus luces literarias iniciales, al tiempo que estudiaba gramática y lógica. Tuvo que casarse con una mujer del vecindario con la que habría tenido un hijo antes de los debido. Marchó a Londres a buscar fortuna. Cuidó caballos de los artistas de teatro y así tuvo un acceso a las tablas, con buen suceso por sus condiciones actorales. Y vivió en el centro del universo, haciendo amistades con todo el mundo. ¿Y su hermana, imaginada dotadísima, que tenía las mismas ansias y potencial capacidad que él? Se quedó en casa, no la mandaron a la escuela, no estudió gramática ni lógica, y por supuesto que desconoció a los clásicos.
Tal vez recogía a hurtadillas un libro en su hogar pero entonces irrumpían sus padres y le decían que zurciera o vigilara la preparación de la comida y no perdiera tiempo con papeles. Le armaron una boda que objetó, por lo que con todo el derecho otorgado por las normas el padre, éste la golpeó con severidad. Ella desesperada se habría escapado del hogar descolgándose por una ventana a la edad de 16 años. Tomaría el camino de Londres. Se dirigió -fantasea de manera didáctica V. Woolf- hacia la entrada de los artistas, pidió actuar, a la manera que lo había hecho su hermano Williams. Los hombres se le rieron en la cara. Ninguna mujer podía ser actriz; un caballero, actor-director, le tuvo piedad y se embrolló en amores con la joven que quedó embarazada.
Ella se suicidó: no había salida ni perspectivas, en la época de Shakespeare para una mujer de talento, ni de genio similar al de aquél que además tuviera un hijo fuera de las reglas consagradas. Como él, ella amaba al teatro, de manera semejante poseían calidades superiores aunque sin cultivar, se había escapado como el hermano hacia Londres y allí esperó su oportunidad; quedó embarazada como resultado de amores; también había quedado envuelto en situaciones similares Williams con la diferencia que sobre la mujer padecía la acusación de la sociedad que le dejaba sólo un alivio, la muerte.
Me parece una espléndido ejemplo ideado para replicar la ausencia de mujeres en la primera línea del mundo intelectual. No se trata sólo de las mujeres, como bien lo señala la citada escritora: Porque genios como el Shakespeare no florecen entre los trabajadores, los incultos, los sirvientes. No florecen hoy -dijo Woolf en 1928- en las clases obreras ¿Cómo hubiera podido florecer en tiempos anteriores, en el siglo XVI o en el XVII, y mucho menos en edades aún más lejanas? En casos excepcionales, las mujeres talentosa y con vocación de estudiar o escribir, debía hacer concesiones, refugiarse en la propia cultura para avanzar, cautelosamente, reflexiones o creaciones propias de una reprimida condición femenina. LA ONDA® DIGITAL |
|
|
Un portal para y por uruguayos |
© Copyright |