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Indefiniciones y expectativas
en Sudamérica y el Mercosur
por Antonia Yánez
La
gran región Sudamericana vive simultáneamente el
doble fenómeno de las indefiniciones y las
expectativas. Cuba es el fenómeno más emergente
de esta situación, la enfermedad de Fidel Castro ha
instalado esta realidad, no solo en su pueblo,
también en gobiernos, sectores y grupos ideológicos
de distinto signo en toda la región. Lógicamente
EE.UU. monitorea minuto a minuto este tema, solo lo
comparte en importancia con sus extremas
preocupaciones por las guerras en medio oriente y la
irreversible crisis energética.
Las escasas señales
de los dirigentes cubanos ante la situación de la
que son protagonistas, no está exenta de
inteligencia, pero la realidad cubana por expresa
decisión de sus gobernantes siempre fue además
consecuencia de coordenadas internacionales. Esto
quizás es lo que por estos días los lleva a extremar
sus habilidades y sigilo diplomático. Pero puede no
ser suficiente y escapárseles de las manos.
En un plano
vinculante de esta doble realidad que vive el
continente está el fenómeno Chávez, que ha dejado
de ser Venezuela para centrarse en el accionar de
Chávez. La operación de estigmatización con las
clásicas posturas de la izquierda sesentista es
evidente, vulgar y proviene de los de siempre. El
presidente Venezolano ha caído en la trampa, se
exilia ideológica y políticamente con la velocidad
de un equilibrista sin red.
En realidad la red
existe, la componen varios factores políticos y
económicos, si serán suficientes para contener sus
movimientos suicidas nadie lo sabe. Chávez no supo
leer en su justa dimensión la reelección de Lula en
Brasil. El que Brasil permanezca en la orbita de los
llamados gobiernos progresistas o de izquierda,
y que se sumen Bolivia y Ecuador, no configuran una
realidad consolidada en ningún plano económico o
político que habilite la implantación por decreto
del socialismo del siglo XXI en Venezuela. Para no
desconocer todos los matices, importa retener lo que
dice muy bien en un reciente reportaje a La ONDA el
embajador brasileño en EE.UU.: es preciso mirar el
capitalismo del siglo XX de Venezuela y ver que
tampoco tenía nada para ser aplaudido.
El Mercosur tiene
problemas endógenos, de los que aún no ha sabido
salir, provenientes en gran medida de coordenadas
surgidas en los modelos económicos que pautaban los
gobiernos que le dieron origen. Las ciudadanías
nacionales han rechazado estos modelos, pero la
institucionalidad mercosuriana no ha sabido
resolverlos a nivel del bloque regional. A esto se
suma el tener en su seno como problema el
accionar práctico del venezolano. El no abordaje
abierto y realista de este fenómeno no lo resolverá
por el solo hecho del pasaje del tiempo. La reciente
reunión de Río lo demostró. Uruguay fue un claro
exponente de ese reiterado ausentismo en abordar
contextualizadamente la vida mercosuriana, que lo
incluye por estos días, hasta grotescamente en su
realidad.
Ahora llega Lula a
Uruguay, es difícil imaginar una estrategia
donde la existencia de una profunda discusión de
política internacional y estrategias comunes sobre
temas vitales entre los dos Estados no ocupe
lo principal y aleje para siempre los pronósticos
catastrofísticos sobre nuestra existencia como país.
El facilitador
español no ha logrado mantener en secreto la no
concreción de un acuerdo de nuevo tipo entre el
gobierno argentino y uruguayo. No obstante ha
ofrecido una reunión de dialogo en España junto al
Rey que nadie se animaría a desechar. Esto puede
llevar aquí y en el Mercosur a renovar las
indefiniciones y expectativas sobre una salida
al tema de las papeleras.
El Rey que se caracteriza por su
practicidad y espíritu concreto les reiterará que
los dos Estados tienen que negociar una salida
al conflicto, se lo había anunciado en junio del
2006 cuando les comunico que ENSE no se instalaría
como estaba previsto en Uruguay. Lo ha reiterado
el embajador
Juan
Antonio Yáñez
en su
nombre una y otra vez. Negociar implica en
relaciones internacionales un profundo concepto de
introspección política donde el síndrome de perder
o ganar están desterrados. Uruguay tendrá por
primera vez la oportunidad de ejercer este tipo de
negociación. También más temprano que tarde deberá
darle una señal a Botnia sobre los límites en un
Estado de derecho y las prioridades que le son
irrenunciables cuando de relaciones entre Estados se
trata. La reiteración de posturas en una dirección
contraria agrega un componente peligroso, ni
siquiera explicable por las inflexibles normas
bursátiles.
Esta negociación con
impronta europea tiene otras implicancias, tanto si
es finalmente exitosa o perdedora. Se ha dicho
bien, hay un problema en el que Washington no se
mete: el embrollo argentino-uruguayo por las
papeleras. Es un conflicto que comprende a
empresas europeas y hay un líder europeo, el rey
de España. (Que es una figura intocable para
Washington)
Si deviene en fracaso
seguramente EE.UU. cambiara esta postura y la
enmarcará en la nueva estrategia de política
internacional que se diagrama por estos días desde
el Congreso con impronta Demócrata y los probables
candidatos presidenciables de ambos partidos. Allí
se incuba una nueva situación política con matices
muy variados, si algunos logran convertirse en
realidad seguramente asombraran a la Sudamérica
progresista, como otros grandes acontecimientos de
ese país se gestan con el telón de fondo de una
guerra que puede multiplicarse.
Seguramente las
izquierdas Sudamericanas se sacudirán hasta las
raíces cuando llegue la ausencia de Fidel, no es
visible que estén preparadas para el hecho más
significativo conceptualmente hablando de sus
historias. Lo muestra la pérdida casi absoluta de
voz de la intelectualidad y la academia sudamericana
ante la eminencia de una profunda nueva realidad que
la comprenderá.
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