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Los niños de la calle
La Luna como techo
por Carlos González*
La
sociedad se acuerda de los niños de la calle cuando
molestan. El Estado y otras organizaciones trabajan,
pero revertir esas situaciones lleva mucho tiempo.
Un gurí flaco y
mugriento duerme tirado en la vereda. Está descalzo.
Las moscas vuelan a su alrededor, indiferentes como
las personas que pasan y casi lo pisan. No tiene más
de 10 años. Esa mañana cualquiera de un día
cualquiera de verano vi diez niños durmiendo en las
mismas condiciones.
0800-5050. -
¿Línea Azul buenas tardes? - Buenas tardes señora,
llamo para informar sobre unos niños que están
durmiendo en la calle en la zona de 8 de Octubre. -
Ya tenemos la denuncia, generalmente son los mismos
chicos.
- ¿Y el INAU qué
hace al respecto?. - Muchos chicos se han podido
ubicar, pero si ellos no quieren la ley no nos
permite obligarlos. Hay una Organización no
Gubernamental (ONG) que se encarga del seguimiento
de estos niños. Se llama Colibrí y el teléfono es
5069159.
El programa Calle
de INAU trabaja directamente en tres proyectos en
Montevideo: en Ciudad Vieja; en la zona del Parque
Rodó y Tres cruces; y un programa que se llama El
Farol que se encarga de los niños que están en
situación de calle. Además, la institución tiene
convenios con ONG`s que trabajan en zonas
específicas. Una de ellas es Colibrí que trabaja
concretamente en 8 de Octubre.
En el entorno de
la Unión viven en la calle unos 30 niños de entre 8
y 15 años, la mayoría están con salida no autorizada
de INAU. El estado aporta 10 UR por cada niño y el
cupo máximo de 45 chicos está completo en este
momento. Con este dinero Colibrí debe pagar el
alquiler de la casa, las cuentas de luz y agua, los
salarios de los funcionarios así como la comida y la
ropa que le dan a los menores.
Nosotros tenemos
un proyecto educativo con los niños que están en el
padrón, durante el año curricular damos apoyo
escolar, informática, piscina, taller de plástica,
hacemos que se higienicen y los alimentamos. El
programa trabaja entre las 18 y las 23 horas, el
resto del día los niños están en la calle, explicó
la asistente social Liliana Gómez, coordinadora de
Colibrí.
Natalia, una de
las educadoras de la ONG explicó que el trabajo
empieza con el vínculo en la calle, recreándose, en
actividades de mendicidad o consumo. Los educadores
utilizan el juego para ganar la confianza de los
chicos e ir creando lugares de pertenencia. En el
plano personal tratan de reconstruir la realidad del
niño y llegar a la familia para conocer el entorno.
Leo es uno de los
educadores de Colibrí y cuenta que en la mayoría de
los casos estos gurises reproducen lo que les pasó a
sus padres y abuelos, que sobreviven en condiciones
de miseria humana. Considera que estos niños tienen
buenos valores pero hay que sacarle los vicios que
los terminan jodiendo. Cuenta que la idea es
revalorizar a estos muchachos apostando a lo lúdico,
aunque es un proceso que lleva mucho tiempo.
La postura de la
sociedad es hipócrita frente a esta realidad que nos
pasa todos los días, dice Leo. Para la mayoría
estos son Demonios de Tasmania , una preocupación
desde el punto de vista de la seguridad. Por eso las
autoridades tratan de desplazarlos, alejarlos de las
zonas comerciales donde pueden ganarse la vida y así
terminan robándose entre ellos. Es la pelea del
pobre contra el pobre.
El
consumo de pasta base
es el común denominador,
la delincuencia también. La seccional 15, que tiene
jurisdicción en la zona, detuvo entre mayo y
diciembre de 2006 a 297 menores.. La policía
registró a 33 chicos que tienen entre 4 y 5 procesos
por participación comprobada en delitos. Según el
sub comisario López Echeverría, responsable de la
delegación, más del 50% de los delitos denunciados
se dan en la zona de 8 de octubre y son cometidos
por menores.
La
relación entre los
policías y los educadores en la calle no es buena.
Para los funcionarios de la ONG los uniformados
están entrenados para reprimir y no tienen en cuenta
que están tratando con niños que muchas veces
tienen menos de 12 años. La policía explica que
ellos tratan de hablar con los chicos, pero que
muchas veces están drogados y tienen que reducirlos.
Los
demonios tienen tácticas de defensa. Son
nómades permanentes
para evitar la persecución de que son víctimas. Han
pasado cosas muy embromadas, explica Leo algunos de
estos chicos han sido víctima de delitos sexuales,
violencia, represión. Inclusive están expuestos a la
maldad insana de personas que pasan y les pegan
porque están tirados.
El programa Calle
tiene una metodología de abordaje similar al de la
ONG, salen a la búsqueda de los niños en el lugar
donde viven. La directora subrogante del programa,
Susana Tierno, explicó que muchas veces aunque los
niños estén durmiendo en la calle las instituciones
están trabajando e intentando la salida de esa
situación.
Sobre el consumo
de pasta base, Tierno dice que este es un agregado a
la situación de calle, aunque no todos los niños
consumen. En ese sentido hay coordinación entre INAU
y el portal amarillo, pero reconoce que el problema
va adelantado a la respuesta, generalmente se piensa
la estrategia una vez que está instalada la
problemática.
La
ministra de desarrollo social, Marina Arismendi dice
que estos niños que están en situación de calle son
el casco duro, las situaciones más críticas
que no se han podido resolver
con el plan de emergencia.
Para solucionar esa situación el ministerio creó la
dirección de asistencia crítica e inclusión social
(en la rendición de cuentas 2007) porque tienen la
certeza de que el plan de emergencia no resolvió
totalmente el problema social. Creer eso sería una
gran deshonestidad intelectual, dijo la ministra.
Estas tribus
nómades que tienen códigos, organización, formas de
vestirse y de hablar propios no son una
particularidad de la zona comercial de 8 de octubre.
Todos los técnicos consultados confirmaron que
existen niños que viven en la calle en el centro, en
las proximidades de la avenida General Flores, en el
Paso Molino, en otras zonas de Montevideo y tal vez
de todo el país. Es así que podrían existir miles de
niños que duermen cada noche con la luna como techo.
Aún después de
todas las entrevistas, las explicaciones, los
proyectos y el dinero invertido hay cosas que no
entiendo. Como dicen que los borrachos y los niños
siempre dicen la verdad consulté a un borracho y
comenzó a explicarme que el padre era alcohólico, el
abuelo también. Su historia era como un árbol
genealógico de vicio hereditario. Entendí un poco
más.
La niña, Lorena de
8 años también fue muy clara y concisa: lo que pasa
es que no tienen plata para comprarse una moña y una
túnica para ir a la escuela.
* Periodista
Uruguayo
LA
ONDA®
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