Trabajadores del mundo...
El caso europeo

por Héctor Valle
hectorvalle@adinet.com.uy

Toda vez que uno escucha a los sacerdotes y sacerdotisas de los telediarios, recitar, desde el púlpito de la sociedad del espectáculo: el informativo televisivo, números, cifras, porcentajes, estadísticas las más variadas, con ese toque mágico que saben darle a una información brevísima y sin jamás adentrarse en los respectivos análisis, en esos casos, uno debiera dar paso a la duda razonable.

 

Así, pausa mediante, damos el segundo paso, que consiste en buscar otras vías de información que las comúnmente recibidas, cotejando en lo posible sus fuentes (me refiero al origen de estadísticas y otros estudios socioeconómicos, por ejemplo). Seguidamente, y con tal cúmulo de información (la “mediática” + la “propia”), proceder a una reflexión con meta, es decir, dar paso a un pensamiento calculador y ahí sí, concluir según nuestro leal saber y entender, sobre el punto inicialmente objeto de nuestra duda.


Y establezco como subtítulo lo referente al caso europeo, puesto que es un ejemplo más de la desinformación, o sea, la parcialización de la información sobre un tópico, lo que ofende el intelecto de quienes tenemos por faena, el pensar.

 

Pensemos en lo político: usualmente se habla de un país europeo (entiéndase por tal, uno occidental, claro está) y si los políticos son macabramente infieles, livianos en su quehacer ético, banales en sus procedimiento, bueno pues se nos dice, cuando se permite que circule tal información y no sólo en títulos y copetes sino también en densos estudios periodísticos, se nos dice, digo, que son excepciones de un liberalismo equis.

 

Pero si ese mismo caso, por ejemplo, sucede en América Latina, ahí ya se nos habla de populismo o ya más “gruesamente” de una democracia formal, por decir lo más suave.

 

Mas hete aquí que la Europa mestiza y bárbara tiene desde ya hace unos años, una llaga que aun no ha podido curar: la falta, por descarte democrático, de una suerte de “Constitución” de la Unión Europea. Y digo “suerte”, puesto que se trataba de un fárrago de disposiciones que poco podían comprenderse con una Carta, si la pensamos con un sentido histórico y superior.

 

Veamos

Recurro, valiéndome de la duda razonable, a otras informaciones y accedo a datos que da, y comenta, el catedrático y profesor catalán Vicenç Navarro; datos estos publicados en el diario El País de Madrid, en su artículo de fecha 24 de enero de 2007 (el cual también puede hallarse en su propia página web: www.vnavarro.org).

 

Este pensador orgánico, de probada idoneidad ética, así como también en la materia aquí tratada, nos recuerda hechos esclarecedores en torno a la pasada disputa por la ratificación de la Carta Europea.

 

Los datos aportados respecto de cómo votó la clase trabajadora, cuando hubo referéndum, y cómo hubiera votado, en aquellos países que no utilizaron este mecanismo pero en los cuales igualmente se encuestó a la misma, pudiendo extraer lo siguiente:

 

En Francia, Holanda y Luxemburgo, donde sí hubo referéndum, la clase trabajadora apoyó el NO en los siguientes y respectivos porcentajes: 72%, 63% y 62% (debiendo recordar que, en este caso, el de Luxemburgo, es aun más significativo este resultado, puesto que en lo general, ganó el SI):

 

Por su parte, otros países como Alemania y Dinamarca, que no facilitaron el pronunciamiento popular, la clase trabajadora marcó la siguiente intención de voto: Alemania, 61% y Dinamarca el 72%.

 

El Profesor Navarro advierte, con justa razón que no sólo esta clase estuvo en contra de tal iniciativa sino otros sectores sociales en cada uno de los países que componían en aquella fecha, la Unión Europea.

 

Los factores que incidieron en el ánimo de los trabajadores, en su amplia mayoría, son los permanentes en el debe de este modelo económico planetario: el desempleo y la fragilidad, creciente en no pocos casos en este continente, de las condiciones sociales para los sectores sociales de menores recursos bien como las gentes que por su condición de origen como de residencia en las ciudades europeas, son cada vez más segregadas de la economía “real”.

 

Pese a ello, debo manifestar que, con el paso del tiempo, hubo no pocas, y nada mejores, conquistas sociales que, si bien básicamente consistieron en parar, más que detener fue “parar”, esto es, contener con fuerza y determinación, directivas que como la llamada directiva “Bolkestein” (de la que, por ejemplo en Uruguay tenemos la “idea local” de la “ventanilla única”, mala o buena copia, según como lo juzgue cada quien, de un apartado de esta mismísima directiva).

 

Fue ciertamente la clase trabajadora, sus sindicatos como los gremios estudiantiles y demás organizaciones sociales, las que dijeron un NO, tan claro como positivo, y esta sí que es una contradicción, pero dialéctica, a un intento más de rapacidad de la clase dominante sobre los sectores sociales más desprotegidos.

 

Así, pues, la directiva Bolkestein no pasó, pero la amenaza sigue en este como otros intentos por ampliar las regalías de las trasnacionales europeas, lo que redunda en una merma de lo social inversamente proporcional a aquel pretendido aumento de utilidades.

 

Digo también, y muy a vuelo de pájaro que el NO a la Carta, no fue una negación de “avance” social sino la defensa de la condición de ciudadanía. Era luchar por el ciudadano y la ciudadana o dejar que en su lugar sobreviniera el usuario y la usuaria...

 

Hechos generales que coadyuvaron al rechazo de la Constitución europea

Dice Vicenç Navarro, en este sentido, que “La generalización del proceso de rechazo por parte de sectores importantes de las clases trabajadoras en muchos países de la Unión Europea permite la conclusión de que tal rechazo no se debía exclusivamente a situaciones locales (como podían ser la impopularidad en Francia del presidente Chirac, por ejemplo) sino a hechos generales que están ocurriendo a nivel europeo.

 

Entre ellos existen algunos que están afectando, muy especialmente, al bienestar y a la calidad de vida de amplios sectores de las clases trabajadoras y otros componentes de las clases populares, y que no han tenido la visibilidad mediática o atención pública que debieran, excepto retóricamente.” , alega, con razón, Navarro, aclarando que el subrayado final es de mi responsabilidad.

 

Pero, digo, sintetizando lo que Navarro bien detalla, que los hechos a destacaron fueron y son los siguientes:

 

1) desempleo, el que además de haber crecido, y aquí cito nuevamente a Navarro, y lo subrayo: “se ha convertido en Europa en una lacra social que afecta particularmente a algunos sectores y grupos etarios, alcanzando sus máximas cuotas entre los jóvenes, las mujeres, y los trabajadores no cualificados.”;

 

2) una redistribución de la renta basada en un gran crecimiento de las rentas de capital y un estancamiento de las rentas del trabajo. Y, para dar un ejemplo de los varios que Navarro aporta, extraigo este: “el beneficio neto de las empresas no financieras españolas aumentó un 25% en el año 2005, y el de los grandes que cotizan en bolsa y que se incluyen en el IBEX-35 fue de un 44%”. En cuanto a la banca, que la menciona, obtuvo en igual período un beneficio del 58%. Mientras tanto, en el otro extremo de la cuerda: “(...) El salario promedio en el año 2005”, refiriéndose a España, “tenía prácticamente la misma capacidad adquisitiva que en 1997, habiendo crecido sólo un 0,4% durante tal período.” Y sigue Navarro, dando detalles sobre este ítem;

 

3) la ralentización del crecimiento del gasto público social por habitante: “Crecimiento que en la década de los años noventa y principios de los años 2000 fue menor en la mayoría de los países de la UE que en la década de los años ochenta, dato documentado, según informa Navarro, por especialistas Walter Korpi y Joachim Palme, en la obra “New Politics and Class Politics in the context of Austerity and Globalization: Welfare State Regress in 18 countries”;

 

 

Pensemos, entonces, qué suerte tiene esta misma clase trabajadora de este lado del Atlántico donde las trasnacionales con sede en capitales europeas, como las de los EUA, buscan y sus gobiernos, en general, apoyan, aumentar aquellos beneficios ya groseros y desproporcionados.

 

Porque esto no se trata de, o tan sólo “de los de allá”, de “los” europeos, sino que es de todos los trabajadores del mundo, de todos los obreros de una causa universal, superior y que siempre mantiene su llama encendida, iluminando la noche de la moral y de la ética.

 

Ha llegado la hora de pensar por nosotros mismos y actuar.

Es hora que despertemos de nuestro letargo intelectual y social y dirijamos la mirada vuelta hacia Indo América para con los pies descalzos para percibir humedades y sequedades de nuestros suelos, es decir, tomarle el pulso a nuestra tierra.

 

Ciertamente es fácil advertir la contradicción, cotidiana y menor de dirigentes públicos y privados, contradicción remarcable entre el discurso y la acción.

 

Por ello, creo yo, es tiempo de que hombres y mujeres de nuestra circunstancia, inhalen grandes bocanadas de aire y miren, más allá de las inmundicias que nos presentan algunos de nuestros principales hombres públicos, junto con la cohorte de hombres prácticos que, desde lo privado, hacen lobby y aportan ideas para enjugar ganancias desde y en lo ilícito siendo, como son la gran mayoría en no pocas de nuestros países, dueños de empresas antes que empresarios.

 

Porque cuando más arrecia la estupidez moral, ahora llamada de “corrupción”, más necesitamos darnos esa mirada hacia un horizonte mejor por más abarcador y equitativo para el pleno de nuestras gentes. Y esto no es huir, no; esto es vivir en esperanza. Pero dije esperanza, no dije ilusión.

 

Dejemos, pues, que las hienas y las alimañas se babeen al intentar comer la carroña en el triste festín de las concesiones morales, materiales, espirituales y de los otros, que van pasándose, entre hueso y hueso a roer, con ojos desorbitados, al intentar saciar un hambre de por sí insaciable, pues es hambre de espíritu, en un cuerpo vacío de trascendencia.

 

Esto del mirar hacia el porvenir tampoco es, lo remarco, una renuncia a asumir nuestro presente, sino y por el contrario, desde la propia asunción de un perverso presente en donde las traiciones y las renuncias a ideales y compromisos van creciendo a nuestro alrededor, nosotros, el común de los ciudadanos y ciudadanas, lejos de aceptarlas, callada y acríticamente, las enfrentamos laborando por un porvenir donde un pensamiento nuevo, pero que hunda sus raíces en esta inmunda realidad, cobre vuelo y vida para las nuevas generaciones, desde nuestra prédica y desde nuestra práctica, en la acción, con coherencia y respeto por el conjunto de la sociedad que integramos.

 

Más que nombrar y tratar sobre nuestros peores perros cimarrones, esos ligeros cipayos a sueldo de los parias del mundo, entendámonos con lo que debe alentar el mañana de nuestras mujeres y nuestros hombres desde un hoy, repito, miserable sí, pero que habrá de parir, si nos determinamos a ello, a realizar la mayéutica que nuestra América, reclama que extraigamos desde lo profundo de su historia, como del devenir de lo presente y cercano, un proyecto societario más equilibrado y con sentido propio; más equitativo, pero elaborado en vertientes bien nítidas, cosa que no vuelva a suceder lo que hoy ocurre: que quienes prometieron mucho hace decenios, como otros lo hicieron hace algunos lustros, hoy sólo demuestran haber tenido la cabeza hueca en ideas y el corazón seco.

 

Habemos de laborar por una Teoría Crítica Latinoamericana.

A fin de cuentas, quienes pregonaron, luego de la caída del muro de Berlín, oprobio de capas de poderes esclerosados, que una visión y lectura del mundo había fracasado, en realidad dieron una lectura deportiva de un match que nunca se disputó.

 

Cayó sí una manera salvaje y tosca de dominar al hombre, pero la otra, la que permaneció, el capitalismo, afiló sus garras y continúa lacerando los cuerpos de los humildes.


Y nosotros estamos en y junto a estos, a los desposeídos del mundo.

 

Y no hay otro lado donde estar que en donde uno debe estar, viviendo este instante de vida, con plenitud y sin ambages, sin dobleces. No se tiene ni se busca un dogma o un sistema cerrado de pensamiento. Tenemos con nosotros a grandes filósofos y filósofas, pensadores y pensadoras que, a lo largo de sus vidas, tuvieron evoluciones e involuciones, grandezas y pequeñeces pero que, en lo ético y en lo moral, como en lo intelectual y específico de cada saber, dieron el mayor y más fecundo aporte para que los trabajadores del mundo se unieran.

 

Y este pleito, mis amigos y amigas, está lejos de haber culminado; por el contrario, buscamos reavivarlo como a aquella llama que comentara casi al inicio. Llama que nunca desaparece pero que el hombre sí puede alejarse de ella. Por ello busco nos acerquemos, pensando, con la duda razonable a nuestra derecha y la sensibilidad mayor a nuestra izquierda.

 

¡Animémonos!

 

Construyamos nuestro porvenir; nosotros podemos; nuestra América lo reclama.

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