La codicia y el poder:
un canciller en jaque

por Héctor Valle
hectorvalle@adinet.com.uy

Te tengo preparado un acreedor, aquel acreedor

Catoniano: ¡Toma prestado de ti mismo! Por poco

1ue fuere será suficiente si aquello que nos falta

nos lo pedimos a nosotros mismos. Ninguna diferencia

hay, mi querido Lucilo, entre no desear y tener.

El resultado final en ambos casos es el mismo: no acuciar.

Lucio Anneo Séneca, Carta CXIX.[i]

 

Es rico quien señorea la codicia. Así intitula Séneca la citada carta a Lucilio que vale de introito al tema y que, además, es el resultado de una primera decisión personal: darse tiempo.

 

Cuando nos acucian los problemas o diversas tribulaciones, no poca cosa es darnos tiempo para buscar, con una mesurada distancia, visitar de otra manera el asunto que nos ocupa y hasta nos agrede, sea por sensible sea por estratégicamente grave en la vida de una persona como en la de una nación.

 

El tema del poder es, a la vez que estratégico, grave si no lo sabemos colocar en su justa dimensión.

 

Pero vayamos por partes: tenemos, según creo entender, tres aspectos a analizar en el tema que hoy por hoy ocupa la atención de los medios de comunicación y del sistema político, incluso de su subsistema, los llamados politólogos, aunque no me atrevería a decir que también del pueblo (prefiero llamarle así, en vez de “opinión pública”, pues esta denominación me “sabe”, ustedes sabrán disculparme, a factor del cálculo, con las gradaciones que cada quien le otorga- de los anteriores actores sociales citados).

 

Entonces, según venía diciendo, son estos los tres aspectos que aquí trataré: la gira del presidente de los EUA, el señor George W. Bush a algunos países de América Latina, la situación de otros tantos países de la región y, finalmente, de regreso a la codicia y el poder, el asunto específico que tiene o parece tener como epicentro al actual Canciller uruguayo, el señor Reinaldo Gargano y con él, al gobierno nacional más algunos sectores de la oposición que han tomado como asunto primero, el intento de remover a dicho Secretario de Estado.

 

El señor George W. Bush y su gira por la región

 

A partir del día 8 de marzo del 2007, y hasta el 14 del mismo mes, el Presidente de los EUA, visitará el Brasil, el Uruguay, Colombia, Guatemala y antes de retornar a su país, estará en México.

 

Como es natural en estos casos, distintas misiones –o, escalones avanzados- partieron desde la Nueva Roma a preparar la visita de este mandatario.

La agenda es por demás diversa e intensa y cada caso buscará el beneficio que grupos estratégicos norteamericanos, ciertamente, han puesto sobre la mesa de su Presidente a la hora de validar esta excepcional gira, dado lo avanzado de su segundo mandato y la suerte que el mismo, como es de pública notoriedad, les va deparando.

 

Nuestra región, que es nuestra Patria, en un sentido geohistórico y por lo tanto, geoestratégico, tiene en curso un año singularmente activo por no calificarlo de difícil:

 

Países como Venezuela, Ecuador, Bolivia y la siempre conflictiva Colombia, marcan, guste o no, movimientos en las estrategias o por lo menos en las tácticas de las chancillerías de nuestros gobiernos, con miras a acompasar los tiempos a determinadas dinámicas, en unos casos, bien como a desalentar o alentar, según el lado del mostrador en que cada quien esté, políticas de estos mismos países que, repito, presentan en común un elemento removedor: la sorpresa que no sólo suelen dar sino que es, y esto es lo delicado, el condimento con que algunas de aquellas capitales, sazonan el día a día de las decisiones de sus respectivos gobernantes.

 

Venezuela

Las nacionalizaciones comenzadas por su Gobierno han recibido rápida aceptación, en puntuales acuerdos económicos, de empresas norteamericanas lo que, en buen romance es una prolongación de un relación bilateral que se da en dos planos: el comercial, donde no se escucha la menor inarmonía y el político, donde la pirotecnia suele acompañar las acciones de ambas partes con desigual uso de modos y léxicos.

 

A esta hermana Nación se le presenta un problema nada menor: la escasez de alimentos. Mire como se lo mire, lo real es la falta de alimentos que ha llevado a su Gobierno afirmar que enfrentará el desabastecimiento de alimentos en el país, que aun se niega a declarar como tal, con masivas importaciones y hasta con “mano dura” para con los “especuladores” que a su juicio, según informa el diario La República de Lima, Perú, en su edición del 9 de febrero de 2007, han generado la escasez de alimentos básicos con precios regulados como la carne roja, el azúcar y los frijoles en los mercados locales de Venezuela.

 

Asimismo, el cómo se distribuya y con qué grado de profundidad como de alcance se extienda el otorgamiento por parte del Congreso venezolano a su Presidente para proceder, durante 18 meses, con los “poderes especiales”, podrá estar marcando la real dirección que, más allá del discurso, le imprima a un país que históricamente, esto debe ser dicho, a desplazado a su pueblo en beneficio de las camarillas del poder y una clase dominante groseramente antidemocrática.

 

Igualmente, se sabrá si con el tiempo lo que prime en materia de gobierno sea el individuo con su genialidad y con su miseria, o el seguimiento de un plan estratégico de acción nacional consensuado y coordinado por diversos estamentos del propio poder central como de los actores sociales en su más amplia diversidad.

 

Ahí, creo yo, estará dándose con meridiana claridad si lo que está en curso es realmente una vía al socialismo, entendiendo este por el despliegue de la autogestión de los más vastos sectores sociales de la Nación, con un principio de equidad y libertad, crecientemente democrático o, simplemente, la reedición desde otra plataforma mediática del mito bolivariano (no puedo dejar de recordar, con igual respeto para cada parte, del profundo e informado ensayo que Karl Marx escribiera sobre Simón Bolívar, bien como el grueso de la literatura de autores nuestros sobre militar americano), tomando por tal, el pretexto para la entronización de un hombre y su grupo más cercano, en el manejo de la cosa pública y a espaldas de su pueblo.

 

Solamente el tiempo y las acciones tomadas en el mismo y en aquel espacio, serán quienes den testimonio al respecto.

 

Bolivia

 

Pese a los notorios traspiés que dio el Presidente Evo Morales, desde que asumiera el mando en su Nación, es dable convenir que su desempeño, mal que pese a algunos, tanto en su países como en otros de la región, ha sido crecientemente mejorado y ahora se encuentra en una situación que, aunque crítica por grave y hasta inestable si se quiere, da cuenta del accionar de un equipo de gobierno que viene llevando a cabo, y sin duda que estableciendo críticas y reacomodos, un plan de acción que no sólo demuestra tener en sus actores principales un gran valor sino y especialmente que desvela la presencia interna, o sea, en la sombra, de un grupo pensante, con pensamiento crítico y abierto, es decir, no dogmático, que lleva a que Bolivia tenga un comportamiento como país indudablemente serio.

 

Esto no le resta la cuota de gravedad a su despliegue, pero por cierto que marca con nitidez, la acción de un modelo que se va construyendo sobre la marcha y en el que, vuelvo a decir: guste o no a otros actores americanos, naciones como el Ecuador, verán con especial interés.

 

Que Bolivia tenga o deje de tener el o los padrinos que a diario se fotografían con su Presidente, no nos impide percibir que, en el núcleo de sus decisiones, Bolivia es crecientemente autónoma.

 

Quise destacar estas dos naciones, pues son, junto con la dividida nación colombiana, de dos gobiernos y un visitante, más el cerco geoestratégico que parece tenderse, de manera creciente, en torno al Brasil y a propósito o con el pretexto de la región amazónica, los ejes que este año, y por espacio de unos cuantos años, impactarán en nuestros pueblos.

 

De cómo y en qué tiempos y modos esto se procese, estará dándose la suerte de nuestros pueblos en mayor como en menor, espero que este extremo no sea alcanzado, despliegue democrático real, de nuestros hombres y mujeres de a pie y de las potencialidades que puedan tener para llevar una existencia digna que hoy, seamos sinceros, se les niega en la mayoría de los casos. Y se lo hace, incluso, de la manera más grosera: ignorándolos.

 

La Nueva Roma

 

En un reciente artículo, Lord Anthony Giddens manifiesta que la idea de una nueva Roma fue siempre una exageración, si bien destaca que la influencia de los Estados Unidos de América la han minado en virtud de las políticas de sus últimos gobiernos.

 

Dice el señor Giddens que los EUA han dilapidado gran parte de la influencia y el poder cultural de los que en su momento dispuso en casi todo el mundo y aunque su sociedad, establece, sigue siendo dinámica y capaz de adaptarse al cambio, piensa que podría haber grandes problemas en el horizonte.

 

De todos modos, y desde nuestra América del Sur, las acciones de la Nueva Roma son tan reales como impactantes.

Muy reales, aunque ciertamente menos sutiles son los movimientos de algunos funcionarios de los gobiernos de nuestros respectivos países que parecen haber confundido lo que es o debiera ser su deber primero, la defensa de los intereses de sus respectivos pueblos, por la defensa, en aquiescencia y entrega, para con los intereses y afinidades de y para la Nueva Roma.

 

Crisis de valores

 

Si oportuno es siempre el leer, o releer, a Séneca, sensato es, a mi modesto entender, estar atentos a lo que argumentan nuestros pensadores, como es el caso del historiador brasileño Boris Fausto quien, en un artículo que publicara en el diario brasileño Folha de São Paulo, el día 7 de febrero de 2007, así intitula una reflexión a todas luces procedente: la crisis de valores.

 

Fausto comienza afirmando que en el duro terreno de los hechos, los valores básicos de nuestro tiempo corren permanente riesgo, al tiempo que advierte la presencia de muchos enemigos de los valores democráticos.

 

Este historiador, más adelante, advierte que, en la dimensión histórica, los valores individuales o colectivos, permanecen, se transfiguran o bien, desaparecen.

 

Mejor dejar que él lo diga con su propia voz: “La honra pasó para un segundo plano, al punto de no tomarse demasiado en serio a quien insista en resguardarla. Los tiempos son de “flexibilidad”, de falta de respeto a lo que, en el pasado, se le llamaba de “palabra de honor”. La viveza en la obtención de ventajas pasó a ser la moneda común, siempre justificada por el éxito.

 

A pesar de lo cual, el historiador brasileño y pensador americano, al finalizar su bienvenida reflexión, aduce que: “en el terreno de los hechos, los valores básicos de nuestro tiempo –y, a los ya anunciados, podríamos agregar otros, como la preservación de la naturaleza que corren riesgo permanentemente, sea por razones ideológicas, por la carencia material de la población de algunos países o por el deseo goloso de los gobernantes de permanecer en el poder. Infelizmente, los enemigos de los valores democráticos son muchos, y su retórica, muchas veces, es eficaz.”

 

Para agregar, en definitiva que: “Los enemigos no están ausentes de los países de régimen democrático consolidado que cuentan, sin embargo, con instituciones sólidas para enfrentar los riesgos. El canto de sirena autoritaria encuentra mayor espacio en países marcados por la pobreza, en los cuales los salvadores de la patria y sus acólitos –intelectuales, burócratas y hasta profesionales liberales- tratan de reducir los valores democráticos a una “farsa de las elites”.

 

Pese a todo, como bien lo sabe Boris Fausto como todo aquel intelectual comprometido con su tiempo y con su gente, que es su pueblo, la ética es posible y la lucha por lo ético es tan ineludible como irrenunciable.

 

 

Conclusión

 

El diferendo que simula ser hoy el principal tema que tiene el Uruguay, si su canciller permanece o sale, no es más que la constatación de antiguas falencias que padece esta Nación a la hora de pararse ante sí y frente al mundo.

 

La codicia y el poder, lleva por título esta reflexión pues es lo que en definitiva, y a mi leal saber y entender, es lo que hoy está en ciernes: por un lado actores varios, tanto en el gobierno como en una parte de la oposición, buscan desplazar a este hombre no por su hacer, que más allá de la pirotecnia y ruidos que los arcabuces y petardos contra él disparados, no encuentran real asidero y sustanciación, en realidad lo que buscan, una y otra vez, es la apetencia de más parcelas de poder.

 

El señor Reinaldo Gargano tendrá o no tendrá las luces de un Metternich, como de un Río Branco o incluso de un Alberto Guani, para citar un ejemplo uruguayo, pero es un hombre que ha sabido, como sabe, ser protagonista de su tiempo. El canciller uruguayo es un hombre probo que en esta precisa etapa de su vida, la tercera, y cuando comenzó a desenvolverse como Ministro de Relaciones Exteriores, sabe llevar adelante la real visión, que es el sentir como asimismo el espíritu y la letra del plan de gobierno que la ciudadanía votara favorablemente y con el mismo, aupara como Primer Mandatario, al doctor Tabaré R. Vázquez Rosas.

 

Lo que no se dice, porque a la clase dominante ni le interesa ni tampoco lo tiene en su agenda, es que la defensa de los intereses de la Nación pasan y están, en este preciso momento, personificados en el señor Gargano, como ejecutor de la  política que el Presidente ha establecido como apropiada.

 

Lo que no se busca, remarco, es ver, críticamente, que el Uruguay tiene desde la misma dictadura y hasta el presente una política externa que se lee por su negación y no por su afirmación. Es decir, que no existe como tal, vertebrada, seguida.

 

En esto, y sin quizá,  cabe destacar la labor horrenda de gobiernos anteriores, llevando a amigos y perdedores a ocupar cargos en las más variadas misiones diplomáticas, violentando la carrera de los funcionarios diplomáticos preparados para tales ocupaciones, y así haciendo del Palacio Santos, la sede de gente con modales marcadamente finos pero con políticas netamente privadas.

 

Hay como hubo, y las hubo, excepciones. Pero fueron y son eso: meras excepciones.

 

Aquí, en el Uruguay, la política externa se manejaba desde Presidencia y en consulta con uno o hasta dos líderes de la oposición.

 

Faltó y sigue faltando, una política de Estado en la materia bien como repensar, que comienza por RESPETAR, la carrera diplomática y la formación de cuadros preparados para el despliegue, cada vez mayor, de las relaciones internacionales.

 

Poco hace al país, y menos a su persona, que algunos pretendan, o bien volver a ese sillón ( y a sus “portafolios”) bien como algún que otro funcionario aliente sumar más poder para estar más tranquilo y controlar mejor, con algún amigo el devenir de su existencia que, no necesariamente, podrá coincidir con la del pueblo uruguayo.

 

Sabiduría, esa rara mezcla de mesura, oportunidad y saber hablar desde el silencio activo, precisará el Presidente del Uruguay para sobrellevar esta riña entre pequeños por un cargo que está ocupado no por un individuo sino por una colectividad representada por una persona socialmente activa, responsable y digna, el señor Reinaldo Gargano.

 

No es momento para establecer aquí discrepancias y matices, que los tengo y vaya que sí con este ciudadano sino y antes bien, dar cuenta de lo primordial en el accionar de gente digna: no vituperar a un hombre que está llevando a cabo su tarea con altura y ateniéndose a las pautas que su fuerza política, el pleno de la misma y no apenas la de su propio Partido, el Socialista, dictara y, reitero, avalara la ciudadanía.

 

Si el asunto consiste en arrinconar al canciller, hoy todos de algún modo, debiéramos llamarnos Gargano.

 

En otro orden, que entiendo es el de lo permanente, debiera ser un tema estudiado por los sociólogos e historiadores de nuestro país, ese querer solucionar, o dirimir, todo asunto capital, por vía de la remoción de una persona o, si lo prefieren por más “claro”, como si todo en la vida fuera un resultado de un juego: perdió fulano, ganamos todos.

 

Las “verdades” mediáticas

 

Perdió la URSS, murió el marxismo y ganó EUA.

 

Perdió el socialismo, ganó el capitalismo.

 

Perdió Gargano, ganó..... ¿quién gana si pierde Gargano?

 

Meditemos, por favor.

[1] Séneca, Lucio Anneo, Obras Completas, Cartas a Lucilio, Libro XX, Carta CXIX, Aguilar, Madrid, año 1949, Págs. 749 y 750.

LA ONDA® DIGITAL

© Copyright 
Revista
LA ONDA digital