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Crisis en la enseñanza
superior en San Pablo

 

Crisis en la enseñanza
superior en San Pablo

por Renato Godoy de Toledo
Periodista de “Brasil de Fato”

En apenas un mes de gestión, el gobierno de José Serra en San Pablo- Brasil, ya enfrento la enseñanza pública superior paulista en dos frentes. El primer día de mandato, decretó la creación de la Secretaría de Enseñanza Superior que, en la práctica, debe funcionar como una “super-rectoría”. Inmediatamente después, el tucano anunció que los repasos de importes asignados para las tres universidades públicas – USP, Unesp y Unicamp – serán recortados en un 15%.

 

Ante estos hechos, las entidades representativas de la comunidad académica expresan que el paquete de Serra coloca en jaque la autonomía universitaria, la calidad de la enseñanza y su carácter público.

 

El Foro de las Seis – entidad que comprende a las asociaciones de profesores y sindicatos de trabajadores de las tres universidades – realizó el 1º de febrero una asamblea y redactó un documento que clasifica el paquete de Serra como una de las “más violentas y autoritarias intervenciones del gobierno del Estado en la autonomía didáctico-científica, administrativa y de gestión financiera y patrimonial de las universidades estatales paulistas.”

 

El Foro decidio un calendario de movilizaciones, en conjunto con los estudiantes. En las primeras semanas de clase, las entidades van a realizar actividades para esclarecer a los estudiantes acerca de la nueva coyuntura impuesta por el gobierno. “Vamos a explicar que, cuando ellos hicieron el examen de ingreso, la universidad era una cosa; ahora que están matriculados la situación ya es otra”, comenta Aníbal Ribeiro, director del Sindicato de los Trabajadores de la USP (Sintusp). “El ataque del gobierno fue grande y nuestra reacción va a ser mayor aún”, promete.

 

En el análisis del presidente de la Asociación de los Docentes de la USP (Adusp), César Minto, las medidas de Serra corroboran un proyecto de universidad formulado por el PSDB, sustentado en el discurso de que es “muy onerosa” una enseñanza pública de calidad, basada en el trípode enseñanza, investigación y extensión.

 

Dentro de esta lógica, el Estado daría un aval para una mayor captación de recursos externos, o sea, inversión privada. Este proceso, en la visión de los órganos representativos de la comunidad académica, compromete el carácter público de la universidad.

 

El gobierno del Estado, por su parte, argumenta que el paquete de medidas tiende a romper el “aislamiento” de las instituciones de enseñanza: “las universidades no son islas aisladas, deben estar abiertas a la sociedad, buscar la inclusión y el gobierno es un instrumento importante para esto”, justificó el secretario estatal de la Casa Civil, Aloysio Nunes Ferreira, en una entrevista a la Folha de S. Paulo.

 

En esta línea, para “encuadrar” las universidades, los tucanos actuaron en dos vías: una política, otra financiera. Primero, vincularon a la recién-creada Secretaría de Enseñanza Superior, comandada por José Aristodemo Pinotti (PFL), el Consejo de Rectores de las Universidades Estatales Paulistas (Cruesp), la principal instancia deliberativa acerca de las cuestiones universitarias.

 

En la otro aspecto, el gobierno del Estado disminuyo el presupuesto de la enseñanza superior. Al cerrar su gestión, el ex-gobernador Cláudio Lembo (PFL) no concedió los aumentos de recursos para las universidades negociados con el Palacio dos Bandeirantes y la Asamblea Legislativa de San Pablo.  Lembo afirmó que recuerda que tomó la medida después de conversar con José Serra (A pedido de Serra, Lembo redujo los recursos para la educación).

 

El aumento de las inversiones fue una conquista del Foro de las Seis que, después de una intensa movilización, consiguió que el gobierno paulista aceptase invertir el 10,43% de lo que recaudaba con el ICMS a la enseñanza superior. El porcentaje anterior – y que ahora volverá a prevalecer – es de 9,57% de la recaudación de este impuesto.

 

El corte de recursos no quedó en esto. Serra anunció incluso que va a retener el 15% de lo asignado a la universidad pública. En enero, el tucano no transfirió R$ 21,5 millones del presupuesto de la USP y de la Unesp. Para la tesorera de la Adusp, Lighia Matsushigue, el riesgo es una “terquedad”. “Estábamos pidiendo más recursos, justamente, porque los  9,57% no son suficientes para financiar una educación de calidad”, afirma Lighia.

 

 Según esta visión la autonomía universitaria se torna ficticia cuando no hay autonomía de gerenciamiento financiero. “En función de la escasez de recursos, la USP de la Zona Este, por ejemplo, no tiene laboratorios de investigación, ni sala para los profesores. Sin un soporte financiero del estado, la universidad queda a merced de los intereses del mercado. Sólo habrá estudios relacionados a lo que da retorno financiero, como ya sucede en algunas unidades de la USP”, dice la tesorera, que preve dificultades para que las instituciones cierren sus cuentas, inclusive para costear los gastos de personal.

 

Para Aníbal Ribeiro, del Sintusp, la función del gobierno es realizar más “ajustes”. “Sabemos que habrá una reducción en el cuadro de funcionarios y una precarización de la enseñanza. Cuestiones materiales, como, por ejemplo, los equipamientos de los Hospitales Universitarios, también serán afectadas”, reitera.

 

En el mismo decreto en el que creó la Secretaria de Enseñanza Superior, el gobierno Serra realizó un desmembramiento institucional en el sector de la Educación. El Centro Paula Souza, responsable por las Facultades de Tecnología (FATECs) y por las Escuelas Técnicas Estatales (ETEs), que estaba vinculado a la Unesp, pasó a estar subordinado a la Secretaria de Desarrollo Económico.

 

Con esta “reestructuración”, la educación pasa a ser pensada de manera fragmentada, ya que las tres universidades públicas quedan subordinadas a la Secretaría de Enseñanza Superior y la enseñanza básica, fundamental y media continúan a cargo de la cartera de Educación. Para César Minto, presidente de la Adusp, dividir la educación en tres carteras distintas, demuestra una intención de  “no construir un sistema público de educación”.

 

El hecho de que la enseñanza técnica quede disociada de las carteras de Educación y Enseñanza Superior, representa, para el presidente, una tentativa de construir dos tipos de enseñanza. “Desde nuestro punto de vista, el gobierno realizó esta maniobra, para poder quedar sin ataduras, para hacer lo que quiera con las Fatecs (antes subordinadas al Cruesp). Así, puede efectuar una ampliación de vacantes, con costos menores, ofreciendo una calidad de enseñanza, como mínimo, cuestionable”, afirma César.

 

En la visión de César, este tipo de enseñanza sería ofrecida a los sectores  más pobres de la población, mientras los cursos de las universidades administradas por la Secretaría de Enseñanza Superior serían destinados a una pequeña, y rica, parcela de la población. El docente teme que cursos de mayor “agilidad”, con estructura precaria y volcada a las demandas técnicas del mercado, se diseminen y alcancen una parcela mayor de enseñanza superior, tal como la USP de la Zona Este.

 

Medidas abren espacio para las fundaciones privadas

Un efecto del corte de recursos para la enseñanza superior paulista es el fortalecimiento de las fundaciones de derecho privado en las universidades, sobre todo en la USP.  Estas fundaciones, tales como la Fipe, Fipecaf y la Fundación Zerbini, han actuado en la mayor universidad del país de forma irregular. Administran cursos pagos de post-grado y financian investigaciones volcadas hacia empresas privadas y el mercado, dentro de la estructura de la universidad pública. “Las fundaciones se valen del espacio físico, de los equipos y del cuadro de funcionarios, más allá del nombre de la universidad para fines privados. Nadie tira el dinero por la ventana, quieren obtener lucro”, afirma César Minto, presidente de la Adusp.

 

Sin embargo, con el gobierno reduciendo la inversión pública, las sociedades con las fundaciones ganarán más demanda. En 2001, el Consejo Universitario de la USP, en el cual las fundaciones poseen asientos e influencia, intentó aprobar la reglamentación de las fundaciones. Los estudiantes ocuparon el local donde se realizaba la reunión y el proceso fue suspendido.

 

El Ministerio Público (MP) acompaña la cuestión, y por medio de Ajustes de Conducta (TACs), obligó a las fundaciones a no usar más la estructura universitaria. Algunas ya retiraron sus sedes de la Ciudad Universitaria, Zona Oeste de la capital paulista, y se instalaron en los alrededores. Pero, según la Adusp, los TACs son un arma de doble filo: por un lado obligan a las fundaciones a no utilizar más el espacio público, pero de cierta forma las 'legalizan'”, evalúa César. 

Fuente: Brasil de Fato

Traducido para LA ONDA digital por Cristina Iriarte

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