A propósito
de Nicoloni

por Raúl Legnani

Ha quedado la sensación de que ante la situación que vivió Leonardo Nicolini, primó la idea de que el partido y el gobierno debían dar una señal de que el hoy ex senador del MPP había roto los códigos de conducta de la izquierda, que están muy identificados con los sectores más humildes del país. En segundo plano, se ubicó la verdad y el individuo.

 

Dudas quedan sobre el proceder de la fuerza política, porque existe la obligación de preguntarse: ¿vale más el gobierno, el partido o el individuo? Por la premura con que se actuó se puede afirmar que se priorizó el mensaje político y salvar la ética (¿imagen?) de la organización política, posponiendo el conocimiento de la verdad para unos meses después, una vez que se expidan los tribunales de ética.

 

El fracaso del socialismo real fue, entre otros factores, porque en muchos casos ­demasiados­ se priorizó la "pureza" del partido y del Estado, sin importar la suerte del individuo. Eso llevó a verdaderas tragedias en materia de derechos humanos, que hirieron fuerte a los partidos de izquierda en todo el mundo y pusieron en cuestión la idea de la posibilidad de una sociedad nueva.

 

Hoy no se sabe si Nicolini es culpable o inocente, lo que sí se sabe es que se merecía, por el solo hecho de ser un ciudadano, a que se le hiciera una acusación fundamentada y que él tuviera todas las posibilidades para defenderse.

 

Eso no se hizo y por eso estuvo mal, aunque lo aplaudan las multitudes y los medios de comunicación que salieron a la caza de cualquier gesto "corrupto" de la izquierda.

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