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La política
exterior de Brasil
Itamaraty : ¿cambio o continuidad?
por Bernardo Quagliotti de Bellis
El embajador Celso Lafer
miembro titular de la Academia Brasileña de
Ciencias y de la Academia Internacional de Derecho y
Economía, ex embajador de la misión permanente de
Brasil ante la ONU, ex presidente del órgano de
Solución de Controversias de la OMC y Miembro de la
Corte Permanente de Arbitraje Internacional de La
Haya- pronunció una importante conferencia sobre la
política exterior brasileña en el Consejo de
Economía, Sociología y Política de la Federación de
Comercio del Estado de San Pablo, de la cual este
artículo recoge algunos conceptos considerados
básicos para comprender la histórica línea del
sólido pensamiento de Itamaraty.
Un buen tema para ser tomado en cuenta por la
Cancillería uruguaya.
En
un mundo plural y diverso
Vivimos hoy en un
mundo en que la importancia creciente de los flujos
y de las redes, reducen la relevancia que los
territorios y las fronteras tenían anteriormente.
Como consecuencia, la política exterior y la interna
se tornan, sI no indivisibles, porosas, pues el
mundo se internacionaliza en la vida de los países.
La política
exterior como política pública, tiene como objetivo
traducir necesidades internas en posibilidades
externas. El desafío en el proceso de elaboración de
esa política es doble: definir lo que son
necesidades internas y, al mismo tiempo, evaluar las
posibilidades externas. En el tratamiento de estas
últimas, es evidente que merece realizar un examen
de la dinámica del funcionamiento del sistema
internacional, en sus tres campos:
1)
el estratégico-militar
que es siempre la situación límite -de la paz y de
la guerra- 2)
el económico
que es el tema de los mercados, de las inversiones y
3)
el de los valores
que comprende afinidades y discrepancias políticas,
diferencias y convergencias culturales,
entendimientos y disentimientos.
En el análisis de
esos tres campos, la perspectiva organizadora es la
de cómo funciona el mundo en la óptica de un país,
pues el mundo es plural y diverso y son distintas
las visiones de los Estados y de las sociedades
respecto al contexto en que está inserto.
Antes de entrar en el esquema actual, debo hacer
una distinción entre controversias y tensiones, en
la línea del gran internacionalista belga Charles de
Visscher. Dice él:
Las controversias son específicas, tiene un objeto
definido y son pasibles de ser encaminadas por el
razonamiento de la lógica jurídica y diplomática.
Las tensiones son difusas, envuelven conflictos de
concepción, tienen un objeto impreciso y por ello
son menos reductibles al razonamiento de una lógica
diplomática jurídica.
Ante un
sistema internacional heterogéneo
Desde el final
del gobierno de Fernando Enrique Cardoso en 2002, en
el mundo hay una multiplicidad de tensiones. Existe
en primer lugar, una gran tensión de hegemonía,
fruto del unilateralismo de Estados Unidos, de lo
cual la guerra de Irak es el ejemplo más claro.
Existen tensiones provenientes del solipsismo de
raíz terrorista, que generan un problema de
inseguridad colectiva generalizada, no circunscrito
a regiones, dado que es mundial. En el campo de los
valores existe, por así decir, usando una frase de
Octavio Paz, una sublevación de los particularismos.
Existe también el movimiento anti-globalización,
representativo de una crítica al papel de los
mercados y a su fuerza centrípeta.
Celso Lafer, hace
luego de presentar un escenario de actuales
tensiones de carácter étnico en África, de xenofobia
en Europa, de históricos problemas de fronteras en
América del Sur, llegando a la conclusión que el
sistema internacional actual es heterogéneo. El
homogéneo, que fue la expectativa luego de la caída
del Muro de Berlín y del final de la Unión
Soviética no se materializó.
Brasil y
sus necesidades internas
Pero lo que se
debe realzar para realizar el análisis de
posibilidades externas, es que existe la fragilidad
de una voluntad común política de estabilidad en la
vida mundial; y que hay por tanto, una dialéctica de
complementariedad entre persuasión y subversión que
abre espacio no solo para el inconformismo de las
protestas, sino también para la fuerza y la
violencia.
Veamos
las necesidades internas.
Ciertos factores condicionan la conducción de la
política exterior de un país; explican sus
componentes de continuidad y se refieren a ciertas
irregularidades de su inserción internacional.
En el caso de
Brasil, un país continental como India, China,
Estados Unidos, Rusia, su ubicación en América del
Sur es un hecho geográfico muy importante, pues se
ubica en menor proximidad de los focos de tensiones
internacionales .Tiene , por tanto, una diferencia
de escala en relación a otros y ese es un hecho de
mercado también.
Otro factor es el
imperativo de cultivar las relaciones con los países
vecinos en América del Sur. Ese imperativo no es
invención del gobierno actual o del anterior. El
Vizconde de Uruguay, que fue canciller en 1850,
delineó con mucha claridad en el siglo 19, la
importancia de la relación con los países del Plata
y con las repúblicas del Pacífico, en procura de
lograr propuestas de comercio y navegación, ésta
última comprendida en lo que hoy se denomina
infraestructura (corredores bioceánicos).
La
necesidad interna no es algo unívoca
Esos factores no
explican su interés por resolver las necesidades
internas. Unas de las características de las
relaciones internacionales en general, como explica
Raymond Aron, es la pluralidad dinámica de los
objetivos concretos de la política exterior. Sólo
ellos pueden dar, dependiendo de las circunstancias,
mayor o menor énfasis a la seguridad, al desarrollo,
al bienestar, al prestigio, a la afirmación de las
ideas.
Un gobierno debe
definir acertadamente las necesidades internas y
evaluar correctamente las posibilidades externas.
Brasil es un país que tiene peso en el plano
mundial, que puede tener actuación, pero
difícilmente podrá cambiar la geografía económica
comercial. Eso es un buen ejemplo del voluntarismo
que superestima el potencial de actuación del país.
Lo mismo se puede decir de los acuerdos con China y
con India, que están circunscritas porque ni China
ni India son hoy países tercer mundistas; es decir,
no tienen del mundo la visión de las polaridades
Este-Oeste y Norte-Sur, como era antes de la guerra
fría.
Ante el
Mercosur actual
En cuanto al
Mercosur, recuerdo que en sus orígenes y
presupuestos, se basó primero en la idea de
vecindad; segundo en la interrelación económica y,
tercero, en la valorización de la lógica de
integración en contraposición a una lógica de
fragmentación entre países vecinos. Luego vino la
idea de la promoción de la inserción competitiva de
las economías en un mundo que al mismo tiempo se
globalizaba y se regionalizaba.
El Mercosur no
está actualmente en su mejor momento. La
incorporación de Venezuela no tiene la lógica de
vecindad para los demás países, pues es vecina
nuestra pero no de ellos (Paraguay.Argentina,Uruguay).
En una reunión
reciente en Buenos Aires, el canciller español
Miguel Ángel Moratyinos, habló de la importancia de
las negociaciones Unión Europea-Mercosur.
Naturalmente, dio la visión europea del mundo, y una
de las situaciones que mencionó fue la preocupación
por la nuclearización de Irán. El embajador de
Venezuela se retiró por no estar de acuerdo, dado
que su país tenía con Irán una relación de alianza
fraternal. Esa manifestación colocó también el tema
de la credibilidad y consistencia externa del
Mercosur.
La negociación
Unión Europea-Mercosur está en compás de espera.
Primero por causa de los problemas de Europa, que no
son pequeños, y también porque los europeos no
tienen este momento el acicate competitivo
negociador,, a raíz de la paralización de la
negociación del ALCA. La preocupación de los
europeos era: si los estadounidenses podrán tener
acceso al mercado privilegiado del Mercosur,
precisamos tener ese mismo tipo de acceso. En el
momento actual, cuando esa amenaza no es real, se
reduce el interés de La Unión Europea.
Como profesor voy
a recurrir un poco a la teoría. Raymond Aron
presenta una discusión de lo que llama praxiología.
¨Él dice: quien dirige la política externa ,
enfrenta dos tipos de problema: el maquiavélico y el
kantiano. El maquiavélico se basa en el realismo,
pues un operador diplomático debe tener en cuenta
las realidades del poder. El kantiano, trata de
actuar promoviendo condiciones para una humanidad
más pacífica y más cooperativa. Hay momentos en la
conducción de la política externa en que el ambiente
internacional favorece una presencia mayor de los
principios kantianos y, hay momentos en que se tiene
que mirar las realidades maquiavélicas. No existe
una respuesta a priori.
Durante
prácticamente todo el siglo 20, el mundo era para
Brasil un teatro externo y no comprendía
preocupación en nuestro día a día. La nueva
situación ocurrió luego de la caída del muro de
Berlín, época en que se viabilizó políticamente la
realidad de la innovación tecnológica y se diluyó la
importancia de las fronteras por las técnicas de la
comunicación y por la industria de la información.
¿Itamaraty,
cambio o continuidad? Siempre hay cambios y
continuidad. Un país cambia radicalmente cuando hay
una alteración profunda en el plano interno o en el
sistema político internacional.
LA
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