Clint Eastwood y el pasado histórico
Dos por uno, contra la guerra

por Oribe Irigoyen

Clint Eastwood, además de veterano actor de recia personalidad, es uno de los grandes realizadores y uno de los mayores narradores del Hollywood actual. Más de una veintena de títulos dirigidos por él desde 1971 – “Play Misty for Me”, su debut detrás de la cámara – subrayan a lo largo de más de tres décadas la evolución y maduración de una sabiduría narrativa ahora legendaria y neoclásica, cuyas cimas artísticas pueden ser “Honkitonk Man” ( 1982 ), “Bird” ( 1988 ), “Cazador blanco, corazón negro” ( 1990 ), “Los imperdonables” ( Oscars 1992 a mejor director y mejor película, entre otros ), “Los puentes de Madison” (1995 ), “Medianoche en el jardín del bien y del mal” ( 1997 ),”Río Místico” ( 2003 ), “Million Dollar Baby” ( Oscars 2004 a mejor director y mejor película, entre otros ). Hombre de ideas de derecha, conservador probado, alcalde por el Partido Republicano en la localidad en que habita, opositor a la guerra contra Irak, aunque admirador del presidente George Bush por “su tenacidad”, según reciente declaración, Clint Eastwood como realizador evoca a la figura del maestro John Ford en diferentes aspectos, pero sobre todo por ser el continuador de un cine clásico de gran inquietud temática, de profundo humanismo en las imágenes y de un estilo tradicional.

 

En el año 2006, Eastwood concibió y concretó dos películas relacionadas con un mismo hecho histórico: la batalla de la isla de Iwo Jima, librada en el Pacífico hacia finales de la 2a. Guerra Mundial entre el ejército japonés y las tropas de desembarco estadounidenses. La lucha por el control de esa isla fue una de las más cruentas del frente asiático en dicha guerra, porque Iwo Jima era considerada “tierra santa” por el Imperio del Sol, en tanto que antesala del camino hacia Tokio, y porque su control tenía un enorme valor estratégico. Evacuada por la población civil antes de la batalla, Iwo Jima se convierte en una base militar nipona inexpugnable y su batalla motiva en la recreación histórica de Eastwood el rodaje de dos películas interrelacionadas.”La conquista del honor”, que se exhibe en la cartelera montevideana, en la cual ofrece la versión norteamericana de los hechos y sus consecuencias en Estados Unidos.

 

Ella es el relato de una victoria. El otro film, “Cartas de Iwo Jima”, ya preestrenada en Montevideo y candidata a los Oscars 2006 que se entregarán el próximo 25 de febrero, es la narración de la misma batalla desde el punto de vista japonés, rodada con actores nipones que hablan en su propio idioma. Es el relato de una derrota. El resultado de ambos títulos posee un fuerte y complementario contenido anti bélico, expuesto con un singular y ponderable equilibrio político y ético en la confrontación de dos puntos de vista enemigos u opositores, aparte del buen cine desplegado.

 

Banderas estadounidenses

 “La conquista del honor”, mejor titulada en idioma original como “Flags of Our Fathers” ( Banderas de nuestros padres ), luego del vasto despliegue de grandes recursos y secuencias militares en acciones briosas y crudas, para ilustrar la batalla de Iwo Jima, la trama parte del izamiento de dos banderas de las barras y las estrellas. Conquistada la isla, soldados norteamericanos elevan una bandera de EEUU, sin fotógrafo a la vista, luego se ordena levantar otra, esta vez con un fotógrafo que registra la acción. Publicada por la prensa, esa fotografía provoca el enorme impacto emotivo y patriótico en la opinión pública estadounidense, cansada de la guerra y recorre la prensa mundial como símbolo del triunfo de los Aliados.

 

Esa repercusión lleva al gobierno de EEUU a dar el título de héroes a los 5 soldados que izaron ese pabellón, a eximirlos del servicio en el frente, repatriar a los 3 sobrevivientes que quedan y embarcarlos en una gira triunfal por todo el país promoviendo una gigantesca campaña de venta de bonos de guerra para solventar el final de la contienda. El film sigue esa gira de los 3 héroes a lo largo y lo ancho de la sociedad, anotando la reacción popular, las muestras de real admiración, simpatía y alegría, los momentos de unción y homenaje, pero también el triunfalismo oportunista o el despliegue de frivolidad patriótica de la población.

 

Entre tanto, retrata la personalidad de los 3 soldados, que no se sienten héroes, mostrando su verdadera conducta en el combate, mostrando sus falencias y limitaciones en un acertado juego de alternancia de secuencias bélicas evocadas por los tres y de escenas de homenajes, multitudes que los victorean, etc. Acaso uno, enfermero, sea un real héroe, otro es un simple mensajero entre los distintos frentes de la isla y el tercero, un soldado de ascendencia india es un ser traumado por el horror de la guerra y el alcoholismo. Esa alternancia entre retaguardia triunfal y vanguardia de crudo horror y muerte, confiere una enorme veracidad y un trasfondo de crítica a las figuras de los tres soldados y al contexto social que los acoge y festeja.

 

Basada en un libro de Ron Powers y James Bradley, hijo de uno de los soldados héroes, con guión de William Broyles jr. Y Paul Haggis, “La conquista del honor” es un film que amplia sus ambiciones. Completa esa mirada madura, lúcida y crítica sobre la guerra, los valores relativos del heroísmo y la admiración despertada por este último, con otras escenas posteriores para ilustrar lo efímero de la gloria de los héroes, el posterior destino mediocre y oscuro de los 3 héroes luego de su  momento de fama.

 

En conjunto a las trepidantes secuencias de acción bélica o a la intensidad emotiva colectiva o personal que sugieren las imágenes, a la general bondad dramática y narrativa, a su propuesta de una ética solvente para hablar de la guerra, el film agrega cierto estiramiento temático, caídas de tensión dramática acaso provocadas por el exceso de ambición temática o de metraje. De todos modos, se trata de un poderoso discurso pacifista para recrear el pasado victorioso sin triunfalismo, con amplitud de mira e indudable integridad moral.

 

Militarismo japones

“Cartas de Iwo Jima”, por su parte, posee una menor ambición temática y resulta más compacta, más unitaria y lograda como película. Se centra en la tozuda defensa japonesa de la isla en disputa. Al igual que en “La conquista del honor”, el enemigo, esta vez estadounidense, sólo aparece fugazmente en las imágenes. Esa ausencia de nipones en la versión norteamericana y de norteamericanos en “Cartas de Iwo Jima”, vuelve más sugerente y sutil el contenido antibélico de ambos films, por una cierta abstracción de terrible veracidad en los combates y sobre todo las muertes, en las cuales la lucha y el posible heroísmo, se reducen a crudas secuencias de destrucción, bombardeos, explosiones, llamaradas de Napalm, tableteos de ametralladoras, hombres que caen, que acentúan el sentido de matanza indiscriminada y horror humano.

 

Con guión del mismo Paul Haggis de la otra versión y del libretista japonés Iris Isakawa, “Cartas de Iwo Jima” tiene su centro temático como lo dice el título en la correspondencia de los soldados japoneses con sus familiares, que puntúan de modo sugerente la línea argumental de la película: los preparativos de la defensa de la isla, los cambios de planes defensivos del comandante en jefe recién llegado a la isla, la evacuación de los civiles, la llegada de malas noticias que ilustran la inferioridad de los defensores ante la inminente invasión, el desarrollo de ésta, la tenaz resistencia casi suicida de los japoneses, la permanente vida en las cuevas y casamatas de la isla, el progresivo caos en las filas niponas hasta la derrota final. Es el relato de una derrota claustrofóbica, progresiva e inexorable, recreada a través de numerosos combatientes secundarios bien perfilados y de tres personajes más o menos principales.

 

En ellos y con ellos, el film alcanza sus mayores valores denunciatorios de la guerra, pero sobre todo de crítica de los elevados grados de rigidez vesánica y desvarío del militarismo nipón y su conducta disciplinaria y represiva, que controlaba no sólo la vida militar, sino que también la vida civil en la retaguardia – notable en su laconismo emotivo es la muerte de un perro aullador, por ejemplo.

 

Frente a ese mundo de represión y locura generalizada en las filas de los defensores isleños, se opone el humanismo que pervive aún en las condiciones más extremas del odio y de la crueldad bélicos, surge el retrato de tres personajes que de algún modo conducen la narración: el soldado que fuera panadero antes de marchar al frente, que no ama la guerra, no siente convicción por la constantes apelaciones al honor y la patria, y que consigue sobrevivir; la figura atrayente y heroica del comandante en jefe, con vinculaciones amistosas con sus pares norteamericanos antes de la guerra, obligado a una lucha suicida que sabe perdida; el aristócrata campeón olímpico de hipismo en Los Angeles, amigo de Douglas Fairbanks y Mary Pickford, que cumple su destino heroico y suicida pese a su descreimiento militar. Con ellos, con su oposición al fanatismo imperial, Clint Eastwood completa un excelente film antibélico por sí mismo y da mayor riqueza a su propuesta de dos películas contra la guerra.

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