La gira de Bush y las dimensiones de
seguridad de EEUU en Iberoamérica

por el profesor Bernardo Quagliotti de Bellis

Se cumplieron 200 años de las invasiones inglesas (1806-1807) al río de la Plata, resolución del gabinete inglés presidido en aquel entonces por Sir William Pitt “el joven”, quien adoptó  indispensables políticas de libre comercio, ante el crecimiento industrial de Inglaterra y, basado en principios económicos contenidos en el libro “La riqueza de las naciones” que Adam Smith publicara años antes. En   nuestros días, sin culminar en acciones militares, Estados Unidos brega por una política de libre comercio,  dentro del marco de un desfallecido  ALCA, procurando neutralizar el poder de liderazgo que el actual ejecutivo  venezolano está ejerciendo en la región y con  la oferta del ALBA..

Los intereses de seguridad de los Estados Unidos, siempre han estado determinados por los requerimientos de la postura global de ese país; clara situación planteada últimamente en particular a partir del fin de la Guerra Fría, cuando comenzara a ejercer plena  hegemonía en  el campo internacional .

 

La seguridad estadounidense se ha considerado dependiente del mantenimiento de un balance estratégico y político de poder; tanto en el sistema bipolar compartido con la ex Unión Soviética y, desde hace un corto tiempo con la Rusia de Putin. Con relación a lo comercial, ante el fuerte protagonismo comercial  internacional  que  se viene  manifestando por parte de China e  India y, aunque en menor grado, por la Unión Europea.

 

En este contexto, tanto en lo  militar como en lo  burocrático, Iberoamérica ha sido tradicionalmente tan sólo de importancia marginal. Ello se debe  a que los países de la región no han contado ni cuentan con el poder político y económico para participar en las jugadas que se realizan en “el tablero mundial”, como gusta enfocar en sus análisis, el calificado geopolítico y estratega Z, Brzezinski. Además, porque la región ha estado -geopolíticamente- aislada de los grandes conflictos políticos y militares del mundo.

 

Aunque las condiciones mundiales en el tema de política exterior han cambiado sustancialmente en las últimas décadas, el papel de Iberoamérica en el pensamiento estratégico de Washington ha sufrido un cambio apenas menor. La región es considerada como una fuente importante de materias primas, como ha quedado señalado en el “Documento Santa Fe IV”, que analizara en oportunidad. (ver mi artículo en: www.google.com. “Siglo XXI: EE.UU. y su estrategia geopolítica global.”)

 

 Informes de la Secretaría de  Defensa de EE.UU.

Una revisión de los informes anuales de la Secretaría de Defensa  de Estados Unidos, proporcionan algunos indicadores respecto a la prioridad relativa que se otorga a la región sudamericana. Por ejemplo, en 1977 el Secretario de Defensa Donald Rumsfeld en la administración Gerald Ford, dijo ante el Congreso: “En el hemisferio occidental buscamos una relación madura con nuestros vecinos, sobre esfuerzos diplomáticos y militares comunes.  El aspecto de defensa de esta relación consiste en impedir el establecimiento de bases militares  en el hemisferio que sean hostiles a nuestros intereses, e impedir amenazas a las líneas regionales de comunicación”.

 

En tanto, válidos por su actualización, son los argumentos expuestos por el General Brown, que fuera presidente del Estado Mayor Conjunto. Solamente cito algunos de los que el mencionado militar expusiera en su exposición ante el Senado: “Las naciones de América Latina son significativamente importantes para Estados Unidos. Sus materias primas y su potencial industrial, ubicados lejos de las áreas probables de conflicto mundial, podrían transformarse en críticas para la defensa de nuestra nación. La importancia de América Latina como mercado no debe ser subestimada”............ “ Es esencial que se anime y mantenga una orientación pro Estados Unidos con los países de América Latina.”

 

¿Gira estratégica geopolítica o  de integración comercial?

La continuidad del régimen cubano  con vicios del viejo comunismo  sigue representando para la Casa Blanca un  problema de su seguridad continental,   por cuanto  lo considera como una grieta innegable en la solidaridad hemisférica, agravada con la presencia del actual régimen venezolano, que pretende hacer, llegado el  momento,  una jugada de gambito en el juego del poder regional y que, se ve apoyado en un esquema que integra  a las actuales administraciones de Bolivia, Ecuador, Perú y Nicaragua.

 

El ascenso democrático al poder de partidos de izquierda y   progresistas en estos países, ponen en jaque –a criterio de Washington- los intereses de seguridad, particularmente,  en la Cuenca del Caribe. Hay que tener en cuenta en un  análisis objetivo, que el resentimiento de dicha región de la hegemonía política y económica de Estados Unidos -agravada con la continuidad del apoyo a los discutidos Plan Colombia, plan IIRSA Plan Puebla-Panamá; muro de 1.100 kilómetros en la frontera con México; presencia y deplorable actividad  en la base de Guatánamo-  ha llevado inevitablemente a que países del área caribeña vuelquen sus esfuerzos para reducir los nexos y la dependencia tradicionales.

 

El clima político requiere de una diplomacia hábil, pero la amenaza    se encuentra generalmente  asociada ante  la inestabilidad política en la región  y la retórica antinorteamericana que son probablemente  sobreestimadas.

 

Importancia del Cono Sur

Una lectura superficial de la literatura reciente sobre las consideraciones de política de integración continental, subraya el interés por medio del cual los que elaboran la política en Estados Unidos (policy-makers), observan la rápida expansión de los acuerdos bilaterales y regionales en el Cono Sur sudamericano. Recuerdo la frase de la ex Secretario de Estado Sra. Allbraigth  , cuando expresó que “la firma del MERCOSUR se debió a una distracción de Estados Unidos”.

 

Hay que sumarle a todo ello la presencia en algunos países de Iberoamérica , como el caso de India en la explotación del hierro de Urucum y el Mutún; de China en varios emprendimientos en Brasil e intereses en la Argentina;  la influencia del gobierno de Pekín en importantes  países africanos y en la actualización del canal de Panamá.

 

En referencia al Atlántico Sur, tanto Brasil como Argentina lo  integran en su esfera de influencia. Los intereses de ambos gobiernos  están estrechamente ligados a los de Sudáfrica y la región antártica . Itamaraty  juega, además,  con su ventaja de posición  en el continente  y posición  estratégica para poder dominar el canal Natal-Dakar, el punto más estrecho entre los continentes sudamericano y africano (1.400 millas náuticas).

 

La suma de la Venezuela bolivariana al MERCOSUR como socio pleno, preocupa a la administración Bush. Es evidente que los cambios presentados en el terreno político como de integración económica, provocan diferencias ideológicas entre Washington y la región sudamericana considerada en un todo. 

 

El futuro en las relaciones hemisféricas

A medida que Iberoamérica logre un desarrollo económico, las relaciones con otros países desarrollados y en vías de desarrollo del mundo se incrementen, la influencia de Estados Unidos en la región disminuirá.

 

Esa posible y deseada capacidad de movimiento tanto político como económico de Iberoamérica, no van a conducir a que los países que la integran  se presenten abiertamente hostiles o enemigos declarados de los Estados Unidos, aunque en algunos aspectos las relaciones se podrán caracterizar  en algunos momentos por la frialdad y la indiferencia.

 

La brecha existente entre los actuales poderes dominantes en la región  -México, Venezuela, Brasil, Argentina- podrán ensancharse pero, ninguna política hemisférica simple será apropiada para zanjar las asimetrías existentes. Es evidente que Estados Unidos tiene claros intereses en mantener y promover relaciones armoniosas y de cooperación con gobiernos de la región, pues a medida que las economías de éstos se desarrollen dan paso a la creciente importancia que Iberoamérica tiene para las economías europeas y asiáticas.

 

Uno de los mitos más generalizados y persistentes que los iberoamericanos tienen a propósito de la política estadounidense, es el de imaginar que las indefiniciones que presenta y su ambigüedad en los planteos, perjudican las posibilidades de un acercamiento claro, sin doble discurso, entre los integrantes del concierto iberoamericano y la potencia rectora.

 

A juicio del sociólogo argentino Jorge Graciarena: “En realidad, parece haber fundamentos para pensar que, precisamente, de esas incoherencias derivan mayores posibilidades de mejorar nuestra posición en la mesa de negociaciones, por la facilidad de maniobra que ofrece la existencia de fisuras y contradicciones, así como la falta de unidad de las políticas puestas en práctica por la potencia hegemónica”.

 

La elaboración de la política exterior debe ser concebida como un proceso social en el cual se inserta un proceso intelectual.  En los momentos actuales, al realizar un estudio de la política exterior estadounidense, frente a las decisiones tomadas en Cercano Oriente (guerra en Afganistán; sin un anunciado final en Irak, declarando  graves desacuerdos con Irán), caben dos preguntas. Primera: ¿qué piensa el público y algunos grupos de pensamiento estadounidenses respecto a la actual política exterior de Estados Unidos?. Segunda: ¿qué tan importante es lo que piensan?.

 

Con relación a Iberoamérica: dentro de la región, hay naciones que trabajan activamente en pro de políticas exteriores particulares, ya que muchos gobiernos  tienen ventajas o desventajas por cada decisión de política exterior. Y tal situación conlleva una ausencia de objetivos  articulados y graduales, claramente manifestado en el largo proceso de integración regional y continental.

 

Consideraba John F. Kennedy: “Siempre habrá situaciones confusas y no muy claras en el proceso de toma de decisiones; incluso aspectos misteriosos para aquéllos que pueden estar más íntimamente involucrados en el mismo”.          

[1] Secretario Gral. de la Asociación Sudamericana de Geopolítica y Estrategia

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