La libertad, según Octavio Paz (II)
por Héctor Valle
hectorvalle@adinet.com.uy

De la faena del pensar

Para quien tiene por faena el pensar, desde el ángulo y el nivel que a cada quien nos toque en esto, la incomodidad a la hora de comenzar a explicitar nuestro pensamiento, es un estado no digo que natural, pero sí común.

 

Porque no hay conciencia tranquila, al decir del común de la gente, cuando uno sabe, o cree saber, porque quizá lo que sabe o intuye es poco comparado con la realidad de quien lo vive, sobre el dolor y la vasta angustia de seres humanos que, día a día, van quedando atrás en la dura porfía por sobrevivir con dignidad.


Esto tampoco es, ni debe ser así considerado, un lamento de una persona que tanto se victimiza como lo pretende para con determinados sectores sociales, sino la mera constatación de un estado de cosas en el mundo, y especialmente en nuestra circunstancia.

 

Y, por tal, refiero a nuestra América del Sur, a la que pretendemos tanto abordar cuanto llevar a conocimiento de más personas, toda vez que lo que suele informarse tiende a desinformar, tomando por “malo” o “grave”, lo “espectacular” pero sin analizarlo en sus partes y menos que menos, intentar mirar el todo en el cual esa pequeña desgracia se encuentra comprendida.

 

Tenemos, pues, quienes en esta faena estamos, la molesta sensación que hay un dolor que lejos de cesar, aumenta en más personas y que en otras, por decirlo de alguna manera, ya dejó de ser experimentado como tal, pasando a ser parte misma de sus vidas: hablo, claro está, de esa masa creciente de hombres y mujeres que dejan la pobreza para caer en la indigencia y que, entonces, se degradan y con ellos toda su circunstancia.

 

Y, mientras nosotros y otros, ciertamente muchos otros, luchamos, y luchan, por llevar un poco de luz donde hay demasiada oscuridad. Así también, se busca que haya luz en aquellos otros lugares, hablo de espacios en las mentes y espíritus de no pocas personas, donde éstas mismas busca oscurecer la zona de conciencia para que no ingrese la luz, luego el compromiso a saberse parte viva y responsable de esta, nuestra sinfonía humana.

 

El instante que define nuestro ser

Por eso, cuando tomé en mis manos el artículo de Octavio Paz sobre la caída del Presidente Allende, sentí que pese al dolor de aquella hora y al desgarrador padecimiento que tanta gente sufriera a partir de la misma, algo había que volver a decir.

 

Porque, entiéndaseme, algo hay también, y en no poca medida, que está pendiente de ser dicho sobre una experiencia que pese a sus limitaciones, más allá de las trabas que le impusieran los otros, sus contrarios, como las propias ya por mí citadas sea en la primera parte como en el artículo “El legado de Salvador Allende”.

 

Por tanto, algo allí ubicado, en ese cono de sombra aparente en nuestra historia, permanecía lumínico y dinámico en una suerte de vital presencia para que generaciones nuevas fueran tomando cuenta de algo, tanto en lo miserable como en lo elevado, por éticamente acertado como por vías de despliegue en lo socioeconómico que es válido vuelvan a ser visitadas.

 

Hacerlo, sea porque ameritaban este intento, o este nuevo intento, bien como por hacer oír mi voz, en la cámara acústica del espíritu que no perece, el de la gente que recorre nuestros senderos, esos caminos de barro como los otros, los urbanísticamente correctos, en mérito de aquello y en pro de lo que aun no hemos hecho.

 

Todo hombre, toda mujer tiene, a lo largo de su vida, un instante en el cual o se para ante la vida y deja su huella o claudica y deja que el curso de los acontecimientos, en la escala que fuere nos toque en suerte vivir a cada uno de nosotros, lo supere, mimetizándose con el paisaje de la hora.

 

El Presidente Allende, con sus aciertos y con sus errores, al llegar ese instante se paró ante la vida y supo ofrendarla, regalando su aliento vital para que un ejemplo comenzara a nacer e iluminara aquel cono de sombra que en esa hora fatal dio principio pero que, años después y luego de tanto horror, hoy se cierra para dejar paso a la luz que un hombre singular, y tantos hombres y tantas mujeres después, dieron de sí en pro de la defensa de la dignidad y de la equidad para con todos.

 

En ese sentido, recuerdo y valoro, en su escala y en su propia y singular faena, a otro gran hombre que, pudiendo huir, hasta con dignidad porque era del orden de la lógica intentar salvar la vida, optó por aguardar.

 

Y aguardar, no la muerte sino la posibilidad incierta y remotamente posible, de que algo aun pudiera ser hecho.

 

¡Ah! Cuánto dolor siente cualquiera al recordarlo y, sin embargo, cómo alienta y da calor en la fría noche que comienza a extenderse hoy, una vez más, por el mundo, recordar al pensador Walter Benjamin.

 

Dijo Benjamin, en respuesta al vano intento de su amigo Theodor W. Adorno, ya instalado en su exilio norteamericano, por hacerle recapacitar y que fuera con él, huyendo de aquella noche: “Todavía hay posiciones que defender en Europa”.

 

De regreso a Octavio Paz

Decía el poeta y escritor mexicano, en aquel recordado artículo de su revista Plural que como destacara, no se trató del editorial sino de una opinión personal: “La tarea más urgente de los movimientos realmente democráticos y socialistas de América Latina es elaborar programas viables y diseñar una nueva estrategia y una nueva táctica. Subrayo la palabra realmente porque estoy convencido de que el socialismo sin democracia no es socialismo. (...) La derrota de Chile expone a la izquierda latinoamericana a graves tentaciones morales y políticas. La primera es pensar que la trágica experiencia de Salvador Allende ha cerrado la vía democrática hacia el socialismo. Es un sofisma simplista pero por su propio simplismo, atractivo.” Hoy, es decir a inicios del año 2007, cuán ciertas son estas palabras a la hora en que diversos gobiernos de izquierda buscan llevar adelante políticas socialmente destacables, cada cual a su modo y en virtud de su propia circunstancia, aunque algunos con menos voluntad que otros, plasmar en acciones coherentes, vertebradas dentro de planes a largo aliento pensados y estructurados.

 

Sin embargo, pocos son quienes se atreven a confrontar con el dogma imperante, a la hora de visualizar y explicitar métodos e instrumentos de teoría crítica y consecuentemente de praxis socialista, para la mejora real en las condiciones de vida de todos los habitantes de sus sociedades, sin exclusión de especie alguna.

 

Las más de las veces, claudican de una u otra forma, en beneficio de agradar a los parias que, representando intereses nunca explicitados pero ciertamente ajenos a los de los pueblos americanos, maquillan por la vía de la mejora en desempeños macroeconómico.

 

O no se atreven, o incluso desconocen cómo hacerlo y carecen también del valor para buscar ayuda, la efectiva atención a una microeconomía que, desesperadamente, requiere métodos y prácticas socializantes en los que el foco de atención sea la gente de a pie y los instrumentos, los modelos de autogestión como así también en el rol que le cabe al Estado en el fomento de la producción socioeconómicamente más estratégica para los respectivos pueblos.

 

Ahora que en la región hay países que sí están determinados a buscar nuevas y mejores vías de atención a la producción y generación de riqueza con una mayor y mejor distribución del ingreso –pensemos en el Presidente Evo Morales, de Bolivia, pensemos en el segundo mandato del Presidente Luiz Inácio “Lula” da Silva, en el Brasil, y lo que prometen los planes recién divulgados y que están comenzando a ser desplegados,  por ejemplo, y sin descontar lo que pueda sorprender, para bien, como así lo espero, el propio Ecuador, bueno es, entonces, recapacitar sobre estas cuestiones.

 

Veamos cómo lo dice Octavio Paz en aquel recordado texto: “La pregunta sobre la pretendida incompatibilidad entre el socialismo y la democracia debería cambiarse por otra: ¿es posible el socialismo en un país subdesarrollado y que, como de males, vive esencialmente de la exportación de un producto único? La respuesta de Marx y Engels habría sido un categórico: No. Ambos concebían al socialismo primordialmente como un instrumento de transformación social y secundariamente de transformación económica; quiero decir, para ellos el socialismo sería la consecuencia de la industria y no un método para la industrialización.”

 

Para añadir, seguidamente: “Engels subrayó muchas veces que una revolución no podía ir más allá de sus estructuras económicas y que era imposible saltar las etapas históricas. Para los fundadores, el socialismo multiplica y hace más racional la producción y la distribución en la sociedad industrial pero no tiene por misión crear a la industria. El proletariado, la clase revolucionaria per se, no es el padre sino el hijo de la era industrial.”

 

Yo, opto por recordar de lo que aun se trata es de cambiar las bases en las que opera este sistema capitalista perverso, sea en la periferia como en el centro del mundo, porque, convengamos, “periferia” somos el grueso de los humanos en contraposición a los desarraigados, esos parias de los que tan bien escribiera el norteamericano Christopher Lasch, por ejemplo en su obra “La rebelión de las élites”.

 

Y para cambiar tales bases se requiere antes que dilucidar citas de teorías varias, el coraje de ser además de pensador, actor; además de intelectual, operario, ciudadano.

 

Paz, un gran hombre que tuvo sus luces deslumbrantes, como sus sombras más desgarradoras, aun estaba elucubrando con el sentido y la propiedad de quien, pese a la distancia y la comodidad de su situación, se digna mirar hacia atrás y hacia abajo en los asuntos del común de los mortales.

 

A nadie le cabe estar o alegar prescindencia en el asunto de lo humano pues a todos nos comprende; a todos.

 

Se trata, entonces, de animar o reanimar una Teoría Crítica Latinoamericana que en la praxis se expanda y profundice.

 

Necesitamos creer y para creer hay que aceptar la propia circunstancia de vida y no subir voluntariamente al torreón para, desde allí, dar miradas hacia el horizonte y dictaminar uno u otro paso a dar; pero a ser dado por otros. No. Somos nosotros, los que por faena tenemos la del pensar como los otros, esos que en relación con uno nos revelan nuestra propia condición de seres humanos, los que debemos llevar adelante una praxis regeneradora del hombre social.

 

Recurrir a Walter Benjamin

En la magnífica obra del pensador español Reyes Mate, “Medianoche en la historia” (editorial Trotta, Madrid, 2006), encontramos comentarios a las tesis “sobre el concepto de Historia”, del querido y recordado filósofo judío alemán Walter Benjamin.

 

Ahora y aquí, me valgo de la cuarta tesis pues en la misma Benjamin, ese hombre que pudiendo vivir, permaneció en su circunstancia y así trascendió, dice justamente que: “la lucha de clases, que no puede perder de vista el historiador formado en la escuela de Marx, es una lucha por las cosas rudas y materiales sin las que no se dan las finas y espirituales.”

 

Y lo dice, no colocando en un orden de obtención a lo material y, supuestamente luego a lo espiritual, sino en el entendido que en la porfía por lo primero se da a su vez, lo segundo.

 

Es en la lucha diaria por la obtención de mejoras reales y dignas para todos, que el hombre trasciende, que logra una espiritualidad que tanto lo aleja de la cosificación como lo emparenta con lo trascendente.


Es ese hombre, como aquella mujer, que lucha y vive este instante de vida, con la fuerza, el arrojo y la profundidad de da la conciencia del presente, aquella conciencia crítica que, recordando a Marx y a Engels –aunque en una lectura diferente a la que entonces hiciera el célebre mexicano-, son quienes merecen sea repensado el modo y los métodos de generación de producción y de afianzamiento de una democracia que, al profundizarse, es decir, al desparramarse en más y más gentes y no meramente en una clase dominante que simula vestir sus trajes pero mantiene sus prerrogativas,  sea donde hallemos un resurgimiento de los americanos del sur, tan necesario como impostergable.

 

Una vez más, Hegel

No por nada, el propio Benjamin, como bien nos lo recuerda Reyes Mate, coloca un exergo antes de esta su cuarta tesis.

 

Exergo que extrae palabras que hace ya doscientos años, escribiera Hegel: “Buscad primero la comida y el vestido, que el reino de Dios se os dará por añadidura.”  Dando así, Hegel, una versión diferenciada a la que diera Mateo en su Evangelio (6,33: “Buscad primero el Reino de Dios  y todo lo demás se os dará por añadidura”).

 

Con tal cita, Benjamin, lejos de querer significar que ambas búsquedas tienen modos y tiempos diferentes, intenta decirnos que lo uno condiciona lo otro –lo material y lo espiritual. Es decir, y lo hago junto con Reyes Mate, que en la búsqueda y obtención de lo material, anida y prospera lo espiritual: la confianza, el coraje, el humor, etcétera.

 

Pero veamos qué más tiene para nosotros el escrito de Octavio Paz que aun hoy, a inicios del año 2007, merece y requiere ser leído y releído porque mucho en él falta por ser pensado y realizado.

 

Pues, en el acuerdo como en la diferencia, en esta relación, no exenta de dialéctica confrontación con el gran poeta mexicano y latinoamericano, vale presentarlo a quienes aun no lo han disfrutado.

 

El “prócer”, la “madre-patria”, el “caudillo”....

Por último, en cuanto a lo que aquí entiendo debe extractarse del final de tal artículo, dice Paz: “Escribí “la causa inmediata” porque las mediatas son más profundas y se remontan al gran fracaso de nuestras guerras de independencia, gran semillero de caudillos. El militarismo latinoamericano nació con la independencia, aunque sus raíces son más antiguas y se hunden en el pasado hispano-árabe.”

 

¿Cómo no recordar aquí lo atinente a la “bravura”, que en el sur lleva por nombre “machismo” o sino a, la “madre-patria”, esa torpe cadena que aun pende de tantos pies?.
 

¿Cómo, asimismo, no pensar en esa intención sostenida por nuestras familias “patricias” y que se pretende, como se ha pretendido a lo largo de toda nuestra historia, que en vez de reconocernos como americanos, pensemos que antes, y mejor, somos “europeos trasplantados”?

 

Y, cuando Paz habla de los caudillos y del pasado hispano-árabe, ¿cómo no ver ahí el tan manido asunto del intento, aun hoy vigente, en emular a próceres que se dice lucharon por la democracia, cuando en verdad lucharon por perpetuarse en el poder durantes sus propias y realmente pequeñas vidas?

 

Todos estos vitales elementos que Paz coloca frente a nuestros ojos, me permiten argüir, que estamos ante quienes así sienten y dicen pensar, ante identidades fisuradas, es decir,  pendientes de asumir su circunstancia vital e histórica.

 

La Geohistoria parece serles ajena y con tal actitud, su futuro, que muchas veces fue y es el nuestro, porque han formado parte o comienzan a hacerlo, de nuestras clases dominantes, puede ser verdaderamente nefasto.

 

Es por ello que ha llegado, una vez más, la hora de empezar, la hora en que todos quienes estamos en faenas que de un modo u otro se aproximan, desde el llano y lo social, al común sentido de la vida de nuestras gentes, en lo material y en lo espiritual, somos meros aprendices.

 

Pero ser un aprendiz, a la vez que no trae consigo la gloria del mando, lleva en su núcleo activo, la trascendente pulsión de vida, algunos le llaman de amor fraterno, en cuanto a la tarea de buscar aprender para aprehender mejor y con más sentido social, nuestra circunstancia de vida en la hora vital que nuestra conciencia del presente nos indica a comenzado a circular.

 

Nuestro presente activo

Ahora sí, para finalizar, Paz nos dice que: “El examen del pasado inmediato y del presente nos cura de la peor intoxicación: la ideológica. Hay que acercarse a la realidad con humildad. Necesitamos elaborar programas que correspondan a nuestra historia y a nuestro presente. A la luz de la terrible experiencia del siglo XX, esos programas tendrán que ser democráticos –aunque no tienen por qué ser copias de las democracias burguesas occidentales. También deberán contener los gérmenes de un futuro socialismo y, ante todo, deberán proponer modelos de desarrollo económico y de organización social que sean menos inhumanos e injustos que los de los regímenes capitalistas y de los del “socialismo burocrático. (...) No se trata de fundar paraísos sino de dar respuestas reales a la realidad de nuestros problemas. Nos hace falta, en dosis iguales, la imaginación política y la sobriedad intelectual. América Latina es un continente de retóricos y de violentos –dos formas de la soberbia y dos maneras de ignorar la realidad. Debemos oponer a la originalidad monstruosa pero real de Tirano Banderas la originalidad humana de una política a un tiempo realista y racional, Tenemos una literatura y un arte, ¿cuándo tendremos un pensamiento político?

 

Es cierto pero discrepo, dijera un amigo.

 

Es decir, sí estoy de acuerdo si en lugar del término “ideológica” coloco “dogmática”. Puestos que ideologías que en sí mismas encuentren ámbito y resonancia para que la duda navegue, son indispensables al hombre.

 

Lo que es negación para el hombre, es el dogma donde este se halle: en la religión, como en la política y ni qué hablar en la economía.

 

Nada que angoste, que limite y por tanto impida el despliegue de la libertad responsable, socialmente responsable, del ser humano, tiene posibilidad de ser considerado como ideología y sí, indefectiblemente, como dogma.

 

Por tanto, no tomo por válido que el siglo XX diera por tierra con determinadas ideologías sino que, antes bien, el siglo XX, entre tantas cosas, nos mostró las heces, las miserias tanto de una razón limitada, luego patológica, con sus fascismo, nazismo y estalinismo, cuanto de un sistema capitalista que en un proceso lógico, ha degenerado y devenido en un dogma religioso que hoy impera e impone un modo económico de ver y creer que debe ser vivida nuestra existencia, so pretexto de permitir el despliegue irrefrenable e inhumano de diversas corporaciones de parias, ubicables a lo largo y ancho de este mundo. Pues no sólo en la Nueva Roma anidan sino que encuentran cobijo y despliegue en toda la faz de nuestro planeta. Para que prosperen, entonces, no es necesario procedan de un lugar sino que hayan renegado de un atributo: la conciencia crítica.

 

Es hora, entonces, que repensemos nuestra circunstancia o mejor dicho, desde nuestra circunstancia, es decir volvamos sobre nuestra historia como comprender, asumir y rever nuestro presente en el que también está, generándose, nuestro porvenir y actuemos en consecuencia, generando instancias de pensamiento crítico en las que desplegar planes precisos porque una vía a la libertad con dignidad, está pendiente de ser buscada y hallada. Y debemos coincidir en que es posible y hasta imprescindible lograrlo.

 

Y el mejor y más comprometido de todo porvenir: el del otro. Y de tal porvenir, como del otro, los responsables somos, a no dudarlo, nosotros. Usted y yo. Y aquel otro, también.

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