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Bush cuestionado en el
Congreso por déficit comercial
y mal uso del "fast track"
A pocas semanas de que llegue a
Uruguay el presidente estadounidense George W. Bush
invitado por el presidente Dr. Tabaré Vázquez, como
parte de una gira que lo llevara por Brasil,
Colombia, Guatemala y México, este enfrenta un duro
cuestionamiento del Congreso de su país por el
abultado déficit comercial y por un mal uso de los
TPA, o "fast track", según los
principales lideres demócratas.
Al inicio de febrero la emergente
líder del Congreso, la demócrata Nancy Pelosi,
interpeló al presidente Bush con la pregunta ¿Qué
piensa hacer para reducir el creciente déficit
comercial? El tema recorre con fuerza los pasillos
del Parlamento estadounidense tras la difusión de
los últimos datos sobre la brecha que separa las
importaciones de las exportaciones. Por quinto año
consecutivo, los estadounidenses consumieron más
productos provenientes del resto del mundo de lo que
vendieron fronteras a fuera.
Los congresistas demócratas ante esta
realidad fueron mas lejos conminando a que el
Ejecutivo presentara en 90 días un plan que reduzca
esta alarmante brecha del déficit comercial. El
Departamento de Comercio confirmó que el déficit
comercial alcanzó los 763.600 millones de dólares el
año pasado, un incremento del 6,5% en relación al
récord anterior de US$ 716.700 millones en 2005. Y
detalló que en diciembre el déficit repuntó un 5,3%
más, a 61.200 millones de dólares.
Estos datos tienen mucho que ver con
el alza de los precios del petróleo y el récord de
importaciones de bienes de consumo, autos y auto-
partes. Algunos señalan, además, que el pesado
déficit refleja una mala política comercial
que ha logrado proteger a los trabajadores
estadounidenses de la competencia internacional,
convirtiéndola en mano de obra extremadamente
cara.
Nancy Pelosi instó a la
administración republicana a poner un freno a las
exportaciones de bienes chinos subsidiados. La
legisladora sugirió implementar impuestos para
balancear el intercambio entre los dos países.
Este tema se ha mezclado con una
acelerada carrera por la presidencia y otros
aspectos del comercio internacional y el papel de
los EE.UU. en el intercambio de las relaciones
comerciales mundiales. Los nuevos líderes del
Congreso no confían en el presidente estadounidense
George W. Bush para negociar acuerdos comerciales,
Estas reacciones surgen especialmente luego de un
llamado de Bush para seguir bajando las barreras al
comercio global. De inmediato se escucharon
voces que advirtieron que Bush no merece una
renovación de la Autoridad de Promoción Comercial o
"fast-track",
Se
recuerda que la TPA, o "fast track" del presidente
Bush expirará a fines de junio.
Advirtiendo que este
lo ha utilizado para impulsar acuerdos comerciales
sin estándares laborales adecuados, o protecciones
para los intereses económicos y de seguridad de
Estados Unidos, advirtieron siete senadores en una
carta dirigida a Bush la semana pasada. "Tenemos
mucha experiencia con el fast-track, y ninguna ha
sido buena", dijo el senador Byron Dorgan de Dakota
del Norte, autor de la misiva. Entre las
observaciones criticas a los TLC de Bush, están las
de haber concretado acuerdos de este tipo con países
que representan menos del 5% del comercio de
Estados Unidos, pronunciándose por el contrario
por promover oportunidades a nivel multilateral.
Dorgan dijo que otros senadores
comparten sus objeciones sobre el tema, agregando
que se opondrán a la renovación de la autoridad del
primer mandatario para este tema. El presidente Bush
se defendió diciendo: La tentación es afirmar
'bien, puede que el comercio no valga la pena.
Aislémonos, protejámonos', hablando en la sede de
la empresa Caterpillar en Peoria (Illinois). (
) Es
un error grave para el país perder nuestra confianza
y no competir, añadió el Presidente ante varios
centenares de trabajadores de la multinacional, que
es el mayor fabricante de equipos de minería y
turbinas industriales del mundo.
Al referirse a las observaciones
criticas que se le hacen a su administración sobre
este tema agrego; Entiendo que se considera que el
comercio con China es controvertido, reconoció
Bush, y se defendió argumentando que Caterpillar,
por ejemplo, ha vendido 40% más en ese mercado desde
la apertura de la economía china. Sus críticos dicen
que el ejemplo confirma que la orientación actual
solo beneficia a los grandes grupos industriales.
Con o sin apoyo del Congreso, Bush
parece decidido. Seguiremos negociando acuerdos de
libre comercio, afirmó. Por su parte, el Presidente
del Subcomité de Comercio de la Cámara Baja, el
demócrata Sander Levin, acusó a Bush de ser muy
pasivo a la hora de hacer que los socios
comerciales cumplan los pactos firmados con Estados
Unidos y reduzcan las barreras injustas a sus
exportaciones.
La Administración debe demostrar
rápidamente que usará bien la Autoridad de Promoción
Comercial, en los acuerdos pendientes con Perú,
Panamá y Colombia, en las negociaciones con Corea
del Sur y en nuestra relación comercial bilateral
con China, Japón y otras naciones, dijo Levin.
En los pactos con los tres países
latinoamericanos, Levin pidió la incorporación de
una cláusula que obligue a respetar - so pena de
sanción- protecciones a los trabajadores como la
prohibición del trabajo infantil, del trabajo
esclavo y de la discriminación. Además, solicitó que
en el texto se reconozca el derecho a formar
sindicatos y a negociar de forma colectiva.
Muchos economistas y observadores
dentro y fuera de USA consideran que es un riesgo
para la estabilidad global esta realidad, ya que
creen que en algún momento EEUU dejará de consumir
al ritmo al cual lo ha venido haciendo hasta ahora,
algo que tendrá un lógico impacto en el resto del
planeta. La velocidad del ajuste marcará si se
produce lo que los especialistas llaman un
"aterrizaje suave" o uno más brusco, que no es
otra que una recesión. Indicando como dato
significativo que desde que George W. Bush asumiera
su cargo el país ha perdido 3 millones de puestos
en manufactura y agregan que las empresas están
desplazando sus centros de producción a otros
países donde hay una fuerza laboral más barata y
donde las regulaciones medioambientales son menos
rígidas.
Con este telón de fondo las ultimas
posiciones norteamericanas entorno a buscar una
salida a las estancadas negociaciones de La Ronda de
Doha parecen complicarse aun más para quienes buscan
una flesivilizasacion especialmente subsidios
agrícolas.
La Ronda de Doha, de la Organización
Mundial del Comercio, lanzada en 2001, fue
suspendida en julio por las diferencias sobre
subsidios agrícolas entre EE.UU., Europa y las
naciones en desarrollo.
El subsecretario de Tesoro para
Asuntos Internacionales, Tim Adams, declaró que
India, China y Brasil deberán intensificar sus
esfuerzos para permitir un avance en las
conversaciones hacia un acuerdo que liberalice el
comercio, ya que según el funcionario vienen
beneficiados con los mayores flujos comerciales.
"Los países en desarrollo más grandes como India,
Brasil y China cargan con una responsabilidad
especial, en su condición de grandes jugadores de la
economía mundial. Necesitan contribuir recortando
sustancialmente los aranceles que aplican a los
bienes agrícolas y manufacturados", agregando; "Gran
parte del éxito de la economía global se debe a los
efectos positivos de la globalización"
Los tres países citados por Adams son
destacados representantes del Grupo de los Veinte
(G-20) quienes se han opuesto duramente a las
posiciones norteamericanas y europeas sobre las
relaciones comerciales emanadas de la Ronda de Doha
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