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Claves geopolíticas:
Brasil y Uruguay,
un destino compartido
por Héctor Valle
hectorvalle@adinet.com.uy
Paradigmas
fundamentales
Todo ser humano, al
querer pensar calculadoramente los pasos a dar en el
futuro, tanto inmediato como mediato, debe tener
presente, según creo entender, a los dos paradigmas
que de manera especial signan la vida del hombre: el
espacio y el tiempo.
Espacialidad y
temporalidad que, en lo que a pueblos se refiere,
llevan por nombres los de geografía e historia. Son
las éstas, pues, las coordenadas esenciales para una
correcta diagramación de una situación en la que,
colocando el asunto a tratar entre ambas, podamos
dilucidar y así, arribar a la estrategia como a las
tácticas acordes para ir en pos de los objetivos
deseados al menos con un mínimo de apoyatura lógica.
El encuentro o
vértice de ambas líneas es o resulta ser, ese
elemento que tan rápido suele uno dejar de percibir
por lo obvio que es: la circunstancia de vida de
pueblos, es decir, de las naciones como de cada
persona humana a su escala y modo.
La circunstancia de
una nación es, por ejemplo y además de su gente, su
hidrografía, su flora como su fauna, sus suelos y
todos aquellos otros elementos de la naturaleza que
se encuentra ahí pero que no pertenecen solamente a
ese lugar sino que antes bien están en armonía,
porque están comprendidos en un espacio de vida
mayor, en la región de directa incidencia en cada
una de aquellas manifestaciones de la naturaleza
antes mencionadas.
Asimismo, las gentes
que habitan tal región, son condicionadas de
variadas formas entre sí desde cada uno de los
lugares que con sus singularidades componen ese todo
denominado región y al interrelacionarse tejen una
serie de redes que de por sí van generando sus
propias sinergias.
De ahí que resulte,
para decirlo con misericordia, ilusorio todo aquel
intento que busque que, no ya el hombre sino la
nación, se salga de su circunstancia, es decir del
vórtice de las coordenadas espacial y temporal que
la motivan, para avanzar hacia la
libertad. Esto último en buen romance, más bien
quiere decir, disociar lo indisociable, salir de
donde no puede salirse por la simple razón de que
se es.

No por nada, el
recordado antropólogo argentino Rodolfo Kusch, traía
a colación la diferencia o singularidad del indio
ante el, llamémosle, recién llegado.
Estar y ser
El indio conjuga el
verbo estar y el otro, el ser. Mientras que aquel
tiene en cuenta su circunstancia de vida, su
habitat, su entorno, sus amigos como sus
adversarios y a partir de tal certidumbre, se
explaya y entonces ciertamente es, el otro
pretender ser disociándose del lugar donde habita,
creyendo que la intención de ser tal o cual, puede
más, por ignorarla que su circunstancia de vida.
El Uruguay en la
región
Decía el profesor
uruguayo Alberto Methol Ferré, en su trabajo
intitulado MERCOSUR: una nueva lógica histórica,
que: América Latina, luego del movimiento de
extroversión oceánica del desarrollo hacia fuera
agro o minero exportador, generó un movimiento de
introversión hacia sus espacios interiores, al
redescubrir sus vecindades, ampliar y promover sus
mercados internos. Todo esto sostenido por un
vasto movimiento intelectual latinoamericanista
desde el 900 (...)
Es decir, que este
empuje hacia la toma de conciencia de nuestra
regionalidad, es relativamente reciente y,
obviamente, durante el transcurso de este siglo
pasado, ha habido varios y violentos movimientos en
pro y en contra de tal visión de conjunto o, si
preferimos ser más específicos, terminar por asumir
la geopolítica que a esta zona le cabe.
Afirma Methol Ferré
más adelante que: Uruguay, junto con Paraguay y
Bolivia, forman la frontera entre Argentina y
Brasil. Están en el eje de la Cuenca del Plata, la
mayor Cuenca Sudamericana de zona templada y
tropical, la de más alta importancia como nexo entre
Argentina y Brasil y para la solidez del desarrollo
del MERCOSUR como conjunto. Agregando casi de
inmediato que La Cuenca del Plata es el centro del
Bien Común del MERCOSUR, que requiere la política
conjugada de todos sus miembros en todas sus
dimensiones económicas, sociales y culturales. Es
donde se aúnan nuestros países. Sólo el MERCOSUR
como conjunto tendrá el poder de realizar allí la
mayor revolución estructural y estructurante de la
alianza Argentina-Brasil, como centro de
aglutinación del Cono Sur.
Y aquí, luego de
atender lo dicho por el profesor Methol Ferré,
hombre versado como pocos en materia de integración
americana o americanista, para ser más específico,
creo del caso hacer algunas puntualizaciones.
El Uruguay durante
decenios tuvo una política pendular con sus vecinos.
Política que hoy, habida cuenta de la situación que
la Argentina ha planteado de hecho, y por la fuerza,
en parte de su frontera con el Uruguay, al no
avenirse a negociar civilizadamente sus diferencias
de forma y de fondo con nuestro país, ha dado al
traste con tal opción, quedándole a nuestro país
sólo una y doble política externa, en un primer
círculo: el multilateralismo, primero en lo regional
y luego en lo internacional, a la vez que el
explorar, desde una negociación tan franca como
cercana a la realidad, nuevas y mejores formas de
desarrollar relaciones comerciales y culturales con
el Brasil.
El Uruguay y la
Argentina
Sin dejar de
considerar la espantosa política aplicada por el
gobierno del doctor Jorge Batlle en la materia
motivo del actual diferendo limítrofe, política que
fue consensuada con sus socios, tanto en su propio
partido como con el otro partido coaligado en el
poder, el Uruguay tiene ante sí y con la Argentina
un presente gris y un futuro, en lo inmediato que
sólo tiende a ingresar en la escala de los grises
más fuertes.
La Argentina, que de
ser una potencia industrial de gran pujanza en el
primer tercio del siglo XX ha venido decayendo hasta
ser el país de hoy, una nación donde la realidad es
maquillada y los industriales no tienen certidumbre
sobre la real vigencia de las políticas en materia
tanto de producción cuanto de comercio exterior.
Es doloroso pero
cierto que este país vecino, ayer país hermano, va
degradándose en sus instituciones y en sus
manifestaciones sociales y así, poco a poco, los
riesgos de distorsiones serias en las relaciones
bilaterales aumentan o amagan a seguir haciéndolo en
el futuro cercano.
Así, entonces,
construir una integración regional es tarea de
titanes antes que de humanos pero igualmente,
debemos intentarlo porque es LA opción que existe,
por viable y a ella nos abocaremos.
En este sentido, creo
entrever que quizá la mejor forma de comenzar a
solucionar el diferendo bilateral sea construyendo
el ámbito multilateral de la región y no intentando
empeorarlo.

El Uruguay consigo
mismo
Los cambios
importantes y benéficos que viene teniendo el
Uruguay en diversas áreas, aun no han podido
desplegarse, para bien de todos sus habitantes, en
lo que a su economía se refiere.
Por más que los
números de la macroeconomía digan una cosa, la ida
de nuestra gente, que vuelve a ser noticia, y penosa
noticia, dice otra.
Pese a no dudar de su
buena intención, el actual Ministro de Economía y
Finanzas del Uruguay ha errado en la política a
emplear en materia de comercio exterior, por no
intentar lo natural y geohistórico: el acercamiento
con el principal país no ya de la región, sino de
toda la América del Sur: el Brasil. Y su error,
convengamos, aunque ahora y merced a una salida del
gobierno uruguayo con mayor inteligencia y
pragmatismo, ha sido de entidad.
Y lo hecho por parte
del señor Danilo Astori, no fue porque tenga nada
contra el Brasil, que desde ya presumo no lo tiene
sino porque, antes y quizá algo dogmáticamente, si
se me permite el uso de este término, prefirió,
desoyendo la geohistoria y, en su especificidad, la
geoeconomía, intentar un salto al más allá: un TLC
con los EUA.
Esto en lo cual
creyeron él y sus allegados más íntimos, sea en el
gobierno como fuera de él, nunca tuvo viso alguno de
ser cierto. Fue ni más ni menos que una quimera que,
a corto o mediano plazo tendrá o podrá tener visos
de realidad cuando, como se sabía de larga data,
negocie el MERCOSUR con los EUA.
Y digo que fue una
quimera, por carecer de base lógica y creíble. Es
decir, era inviable un TLC como tal por la
sencillísima razón de que el Uruguay produce
aquellos productos que los EUA más protegen
fronteras adentro.
Además, el supuesto
acuerdo iba a llevar por base de negociación el
último de los acuerdos de este tipo que va o fue
generando los EUA. En nuestro caso hubiera sido con
base en el peruano (que aun dista bastante no ya de
ser ratificado por el Senado norteamericano sino
siquiera constar en la agenda de tal rama
legislativa para su tratamiento en el presente año
2007).
Y porque supongo,
obviamente, que siempre estuvo en consideración no
el exportar productos primarios, como en la época de
la colonia que por otra parte siguen siendo los
principales rubros de exportación de nuestro país-
sino productos con valor agregado.
Y en este tren de
negociar ilusiones, el Uruguay, el país todo y
nuestra gente, perdió y perdimos casi dos años de no
haber hecho lo que sensatamente debe hacerse:
negociar, pero negociar con ganas y con método,
queriendo llegar a buen término en las
negociaciones, es decir, con talante tan pragmático
como positivo con sus vecinos.
Con el primero, el
Brasil, políticas de localización de industrias, de
radicación de polos productivos regionales,
etcétera, y con la Argentina, ya se ha dicho,
negociar el disenso, buscar atemperar ánimos y
allegarnos a posiciones donde todos, es decir Buenos
Aires y Montevideo, participen del negocio. Como sin
duda habrá de ocurrir en un futuro. Aunque aun
debamos recorrer caminos sinuosos y no del todo
asfaltados.
Aun estamos a tiempo,
si es que ahora, y finalmente, realmente existe
voluntad en arribar a acuerdos, se entiende.
Uruguay y Brasil, un
destino compartido
Por eso hoy, apenas
me he permitido esbozar estos apuntes sobre algo tan
natural pero que, por obvio, como dijera al
principio, tantos y tan importantes actores
políticos desoyeron.
Porque hoy decir
MERCOSUR es decir América del Sur y decir esto es
decir tener presente que el Brasil es, y cada vez lo
será en mayor grado, el articulador por excelencia
de la región y para con los otros bloques.
Y esto no es desoir
la especificidad de nuestra condición de país sino y
antes bien, cuidar que el Estado Nación llamado
Uruguay continúe tan libre como soberano.
He vuelto a leer, lo
que implica reconocer tanto la importancia del autor
como la precariedad de mi intelecto en captar toda
la esencia y vastedad de su pensamiento, las obras
del historiador brasileño Luiz Alberto Moniz
Bandeira.
Y es que el maestro
Moniz Bandeira, como ante todo es un pensador y
además un historiador riguroso, es decir, que
despliega su saber con una profusión de información
con fuentes donde constatar e incluso si uno
quiere, ampliar las mismas- de gran significación,
permite luego que uno tenga aquellas coordenadas
bien delineadas y a partir de tal apoyatura,
abocarse a reflexionar sobre las diferentes
vicisitudes que a cada una de nuestras naciones le
cupo en suerte tener.
A modo de ejemplo,
cito estas expresiones de Moniz Bandeira, vertidas
en su obra La Formación de los Estados en la Cuenca
del Plata Argentina, Brasil, Uruguay, Paraguay, a
propósito del Brasil y su lugar en este ámbito de
naciones: Antonio Gramsci señaló en uno de sus
cuadernos que la posibilidad de imprimirle a la
acción estatal una dirección autónoma, con
influencia y repercusión sobre otros Estados,
determina el modo por el cual se expresa la
condición de gran potencia. Y esto, que vale, y
cómo, evidentemente para el Brasil, como potencia
más que regional, vale también para todo Estado y,
por qué no, para el Uruguay también.
Es decir, que es de
sabios el saber sobrevolar lo anecdótico, por
hiriente que fuere, para poder ver más y mejor.
Y esta lente de gran
angular que un Estado debe siempre tener, es la base
de su pensamiento estratégico, en el conocimiento
geohistórico que, al asumir su circunstancia.
Circunstancia que, en
lo que al Uruguay se refiere, habla de nuestra
precariedad que también es parte de nuestra
significación como nación en el concierto de
naciones del mundo y estoy refiriéndome al Uruguay
como miembro de las Naciones Unidas, por ejemplo. Y
así podrá desplegar acciones, como inacciones,
inteligentes en bien de su gente y en armonía con el
común de los pueblos con los que mantenga lazos
firmes en la región.
Pero veamos cómo
continúa el Maestro Moniz Bandeira, aquellas
palabras: Y remarcó, continúa refiriéndose a
Antonio Gramsci- que la gran potencia, cuya fuerza
militar sintetiza el valor de la extensión
territorial (con población adecuada, naturalmente) y
del potencial económico, es hegemónica, jefe y guía
de un sistema de alianzas y de acuerdos con mayor o
menor extensión.
Alega Moniz Bandeira
que: Según Gramsci, contar con todos los elementos
que en los límites de lo previsible dan seguridad de
victoria, significa disponer de un potencial de
presión diplomática de gran potencia, esto es,
significa obtener una parte de los resultados de una
guerra victoriosa sin necesidad de combatir. La
tranquilidad interna, entendida como el grado y la
intensidad de la función hegemónica del grupo social
dirigente, constituye también un requisito
indispensable para que un Estado pueda proyectar
sobre otros la voluntad social de sus clases
dominantes.
Y como toda lectura
es o conlleva su escala, esto puede ser leído para
el Brasil potencia, como para el Uruguay en su
condición de nación soberana.
Más aun: el Uruguay
en estos precisos momentos atraviesa el momento en
que su clase dominante ve trastabillar el poder que
de larga data nadie pusiera en peligro y así, busca
aliados dentro y fuera de las voces rectoras del
país, encontrando cada vez más que su voz no es
tenida en cuenta.
Razón de más para que
el gobierno nacional del Uruguay busque acordar con
la nación de mayor poderío en la región, que a la
vez es la nación con la democracia más vigorosa de
este espacio de vida, dígase lo que se diga.
Es
momento también en que, como nunca, debemos ser
sinceros y decir las cosas por su nombre: Uruguay,
quizá como hace muchos años, vive una situación
delicada en su fase de convivencia regional. Por
tanto, lo primero a considerar no es la negociación
puntual de bienes y servicios
sino y por sobre todo la salvaguardia
del respeto que como nación tiene, merece pero debe
cuidar, estratégica como tácticamente.
E inmediatamente, ciertamente, negociar sobre lo
comercial.
Y al hablar de lo
comercial, visitemos los dichos respecto de
desbalances y pérdidas con unos en tanto que con
otros de extrazona, se pregona lo cual es cierto
pero queda en eso, las cifras fenomenales de los
productos primarios colocados, a muy buenos precios
internacionales, a los EUA como a otros mercados,
ganados por el Uruguay al haber la Argentina
resignado aquellos por atender un esquema
socioeconómico determinado que es afín a un estilo
peculiar de gerenciar una nación.
Vemos el intercambio
comercial con el Brasil: El tan pregonado déficit
comercial con el Brasil, al que se le da una
rimbombancia trágica, tiene en sí mismo el germen
del sendero y la semilla que el Uruguay debe
aumentar lejos de abandonar.
La salida de
productos manufacturados se da para el lado del
Brasil y, por qué no decirlo, también para el lado
argentino.
En suma, el Brasil es
tanto una potencia democrática, a cuya proa está el
Presidente Luiz Inácio Lula da Silva, como una
nación que hace gala de una diplomacia a todas luces
también democrática y con una visión de conjunto que
permite sobrellevar, como lo ha hecho recientemente,
las situaciones de mayor rispidez con la menor
sensación térmica, objetivando un futuro que no se
agota con el diario del día siguiente sino que
entrevé, desde lo profundo de la geohistoria de
nuestros pueblos y apunta a construir un mejor
porvenir para todos.
Y veamos por qué: En
lo que hace a su Presidente, éste al iniciar su
segundo mandato ha comenzado a desplegar una
política desarrollista de cuyo éxito se sabrá tanto
en su pueblo como en los nuestros. Política ésta de
gran relevancia, osada y que todos debemos poner
algo en pro de su efectiva concreción pues en ella
va la suerte misma de los hombres y las mujeres de a
pie que habitan estas vastas tierras.
Asimismo, y en que en
lo que a su diplomacia refiere, en consonancia con
el talante democrático del Presidente Lula, ésta
supo llevar adelante, y de la mejor forma su
relación con la hermana República de Bolivia, al
hacer gala, repito, de un andar democrático y
mesurado. Andar conteste con los atributos que,
desde el recuerdo a Gramsci, refería a su propio y
elevado modo el Maestro Moniz Bandeira.

En conclusión
Sabiduría, pues,
tendrá el Uruguay deberá tenerla, ciertamente-, es
decir su Presidente, a la hora de hablar como de
escuchar a su colega brasileño en esta visita que
comenzará en unas horas y a la que le asignamos
especial trascendencia.
El Uruguay se ha
forjado como nación con gran esfuerzo, desde la
adversidad como en la más absoluta precariedad
inicial, pero antes y por sobre todo, como pueblo ha
sabido permanecer y crecer en libertad.
También sea dicho que
este pueblo, antes que prócer tuvo un Conductor.
Hombre que en su
derrota tuvo la gloria, al saber mirar más allá y
más alto que los guijarros que eran puestos a su
paso y al paso de su gente: el pueblo que, desde la
adversidad, nacía y que a la postre hoy constituye
una nación pero que en definitiva sigue teniendo ese
espíritu cimarrón y hasta ácrata pero con sentido de
querencia.
Hoy, como ayer, el
pueblo uruguayo mira hacia el horizonte y al hacerlo
ve, una vez más, que sólo en la acción mancomunada
de los pueblos sudamericanos que tienen real
vocación democrática, sustentada en hechos
cotidianos y permanentes, su futuro tiene sentido y
trascendencia.
Y es en este
contexto, entonces, que su suerte como nación tiene
cabida.
Así, desde la América
del Sur y en acuerdo con su articulador, el Brasil,
nuestro país atravesará esta hora aciaga y se
aproximará, a su modo, cansino y quejoso, pero
esperanzado y tesonero, a un mañana más digno, más
equitativo y, por sobre todo, de mayores aires
libertarios para nuestras gentes.
Siempre de pie y de
cara al viento. Sin otra arma que la sana razón y
con el ropaje que la historia le ha dado, porque
supo ganárselo.
Y así seguirá libre,
mal que le pese a algunos que ya habrán de pasar al
olvido, pero hermanado con los americanos del Sur,
en un hermanamiento que no cesa ni siquiera ante el
embate de la chusma.
LA
ONDA®
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