Estrategia de Desarrollo
Inserción Internacional
En
realidad esta variable puede ser
genéricamente denominada política económica
nacional. Desde la máxima que todos los
países latinoamericanos forman parte del
mundo en desarrollo, el elemento se hace
equivalente a las estrategias de desarrollo
diseñadas y adoptadas.[i]
Como variable explicativa de la política
exterior incluye: 1. rol en la
difusión externa del país, proyectando la
imagen de su economía interna y promoviendo
su comercio exterior; 2. adopción de
modelos económicos orientados, en mayor o
menor medida, hacia el mercado mundial, la
promoción del libre comercio y la atracción
de inversiones extranjeras; 3.
posicionamiento de los países ante procesos
de integración suberegional y regional;
4. posicionamiento de los países ante
instancias económicas de corte más universal
como la OMC o foros especializados a nivel
de la Organización de las Naciones Unidas.
La política exterior
puede llegar a ser vista como un elemento de
contribución a una determinada estrategia
interna de desarrollo. Así, la adopción de
una nueva estrategia de desarrollo en un
país puede llevar a la revisión de ciertas
bases y herramientas de su política
exterior, con consolidaciones e innovaciones
no solamente radicadas en el terreno
económico. La alerta es que una visión
extremadamente economicista de la política
exterior reduciría el margen de maniobra
estatal en los países del mundo en
desarrollo. El destino primario de la propia
estrategia de desarrollo sería un
consentimiento, al estilo contrato de
adhesión, frente a las economías centrales y
sus patrones macroeconómicos. En lo interno,
las cancillerías pasarían a ser actores de
segunda jerarquía frente a los equipos
económicos nacionales.
Cabe, por último,
vincular esta variable con el concepto de
autonomía, muy arraigado en estudios de
política exterior latinoamericana. Si el
desarrollo es un objetivo a promover, la
autonomía significaría la búsqueda hacia el
ideal de la no-dependencia, una maximización
en términos nacionales. Una dependencia
consolidada, de origen histórico, hace que
los ciclos económicos internos no puedan ser
completados sin la participación de un
centro económico nacional externo más
dinámico. De esta afirmación surge Estados
Unidos, potencia hegemónica hemisférica,
como tema recurrente en los análisis, a
pesar de la gran heterogeneidad que se
advierte entre sus autores.
El
internacionalista chileno Heraldo Muñoz
señala que la característica esencial de las
relaciones exteriores de América Latina y el
Caribe ha sido una constante preocupación
por el desarrollo y la autonomía nacional y
regional. Si pudiésemos utilizar la noción
de paradigma, según la definición de Khun,
se podría sostener que un posible paradigma
de los estudios internacionales en los
países avanzados se basaría en conceptos
tales como conflicto y seguridad, en tanto
que un posible paradigma latinoamericano,
tendría que fundarse en conceptos como
desarrollo e independencia.[ii]
MERCOSUR: el concierto
subregional
En consonancia con la
propuesta electoral 2004, el gobierno del
Frente Amplio concibe como herramienta
prioritaria de inserción internacional al
MERCOSUR. El mencionado proceso de
integración es abordado, tal y como se
propusiera, desde dos áreas de trabajo
compatibles entre sí: esquema a profundizar
material e institucionalmente y primer
plataforma de salida al Sistema
Internacional.
En el primer semestre del
año, el gobierno aborda la profundización
institucional del bloque, posicionando al
país en un tema de disenso en su sistema
político. El Ministro de Relaciones
Exteriores Reynaldo Gargano defendió la idea
de un Parlamento del MERCOSUR, por ajustarse
a la visión de la integración de toda la
administración. Explicó que el objetivo de
este nuevo órgano radicará en que el
ciudadano conozca por fuentes
institucionales la labor cotidiana del Grupo
Mercado Común y la conexión de los
documentos emanados de ese órgano con los
respectivos parlamentos nacionales.
En
el segundo semestre del año, el gobierno
se encuentra ante el desafío de la
presidencia Pro Témpore del MERCOSUR. En la
Cumbre de Jefes de Estado del MERCOSUR y
Estados Asociados, de Asunción del Paraguay,
el Presidente de la República Tabaré Vázquez
asume la representación del bloque. En su
discurso, deja claro la posición nacional:
Uruguay quiere más y mejor MERCOSUR, en
tanto plataforma para la integración de la
región en el mundo, agregando que los
uruguayos no queremos seguir solos, ni como
país ni como MERCOSUR.[iii]
Vázquez enuncia doce puntos de
profundización del MERCOSUR,
institucionales, económico-comerciales y
referentes a distintos sectores del espacio
común.[iv]
Pero el mayor logro que
Uruguay exhibirá en el ejercicio de la
Presidencia Pro Témpore no radicará en la
profundización del MERCOSUR, sino en la
ampliación, a partir del ingreso de
Venezuela. En la XV Cumbre Iberoamericana de
Salamanca, el 19 de octubre, Gargano
comunicó el pasaje de Venezuela de Estado
asociado a miembro pleno, para el mes de
diciembre. Vázquez en el correr del semestre
dará un argumento al impulso uruguayo hacia
esta incorporación: la necesidad de
equilibrar las asimetrías en el bloque ante
los déficit en los liderazgos de Argentina y
Brasil. Al
momento de abandonar la Presidencia Pro
Témpore, en la Cumbre de Presidentes del
MERCOSUR del 9 de diciembre, los cuatro
miembros plenos del bloque aceptaron la
incorporación de Venezuela, con voz y sin
voto, categoría diferente a la de miembros
asociados (Bolivia, Chile, Colombia,
Ecuador, Perú y la propia Venezuela).
Venezuela resultó
también en el terreno bilateral un
importante socio para Uruguay. Entre una
multiplicidad de acuerdos se destacan los
negociados entre la Asociación Nacional de
Combustible Alcohol y Pórtland (ANCAP) y
Petróleos de Venezuela Sociedad Anónima (PDVSA)
que permiten a Uruguay: importar petróleo
con precios y formas de pago muy
convenientes; solucionar el problema de la
empresa Sol Petróleo a través de la cual
ANCAP invertía en Argentina, y adquirir el
derecho de explotación de una parte de un
pozo petrolífero en la Cuenca del Orinoco.
Otros acuerdos de similar importancia tienen
que ver con la compra del banco cooperativo
uruguayo COFAC por el venezolano Banco de
Desarrollo Económico y Social (BANDES),
inversiones en infraestructura, y asistencia
en educación.
No obstante, el
compromiso nacional con el proyecto de
Chávez tuvo una suspensión durante el 2005
con relación a la señal televisiva regional
Telesur, impulsada por Venezuela. El
gobierno uruguayo solicitó que se quitara
toda mención del Estado, hasta tanto el
proyecto no obtuviera aprobación
parlamentaria, respondiendo a demandas de
los partidos políticos de la oposición.
Finalmente, cabe mencionar el intento de
Gargano por asociar a Cuba en el esquema
MERCOSUR. Este punto será tratado en el
apartado Concepción Ideológica, ya que el
gobierno uruguayo atribuyó un fuerte peso
político y simbólico a las relaciones con
Cuba. Sin embargo, en los hechos, hubo un
fortalecimiento material de las relaciones
bilaterales con: aumento de comercio,
contribuyendo a una mejora en la balanza
comercial bilateral; intercambio técnico y
educativo, y la participación en la llamada
Operación Milagro, en el marco de la
Alternativa Bolivariana para las Américas
(ALBA), impulsada por Venezuela, Bolivia y
la propia Cuba.[v]
MERCOSUR: el desconcierto
subregional
En su primer año de
gobierno, la administración Vázquez tuvo un
inesperado frente de conflictos en su
círculo prioritario de inserción. Sin duda,
Brasil y, muy especialmente, Argentina
jugaron en contra de los intereses
nacionales, constituyendo un factor externo
de difícil e impredecible manejo.
El gobierno brasileño,
quizás ocupado por una crisis interna, a
partir de una red de corrupción que operaba
para asegurar mayorías parlamentarias en el
entorno del presidente Luis Inácio Lula Da
Silva, no hizo operativo su natural
liderazgo del bloque. Tampoco impidió, por
ejemplo, que los productores de arroz
uruguayo sufrieran la histórica
obstaculización promovida por sus pares de
Río Grande del Sur, tendiente a dificultar
el ingreso del cereal uruguayo en el
territorio brasileño. Con Argentina, a
partir de que su Ministro de Relaciones
Exteriores, Comercio Internacional y Culto
Rafael Bielsa se alineara con el gobierno de
la provincia de Entre Ríos para impedir la
instalación de dos plantas de pasta de
celulosa, en el departamento de Río Negro
sobre el Río Uruguay, la relación bilateral
llegó a puntos de tensión inéditos.
El primer episodio de desentendimiento con
Brasil surge con
las candidaturas a la Dirección General de
la OMC y a la Presidencia del BID. El apoyo
tardío de Brasil al candidato uruguayo en la
OMC, Carlos Pérez del Castillo, recibe una
respuesta en la votación de Uruguay al
colombiano Luis Alberto Moreno en el BID,
descartando al candidato brasileño Joao
Sayad. En el desentendimiento OMC, Brasil
llegó a presentar su propio candidato,
Luiz Felipe de Seixas
Correa, rompiendo un consenso trabajado en
la región. Trascendió que el gobierno
brasileño no se sentía representando por
Pérez del Castillo, alegando su alineación
con los países industrializados, en su
calidad de Presidente del Consejo General de
la OMC, cuando dirigía el proceso de la
fracasada conferencia ministerial de Cancún.
Seixas retiró su candidatura cuando las
posiblidades del uruguayo estaban muy
debilitadas.[vi]
En una definición hecha
pública en las instancias finales de
votación en el BID, a fines de julio, el
gobierno uruguayo optó por Moreno, causando
un explícito malestar en el gobierno
brasileño. Sin embargo, en este análisis no
puede omitirse que, Tabaré Vázquez, al optar
por Moreno, se hallaba en la disyuntiva de
complacer al socio regional, Brasil, o al
mayor importador, Estados Unidos, con quien
además se estaba negociando el tratado de
inversiones. El Ministro de Economía y
Finanzas Danilo Astori fue la pieza decisiva
para que el gobierno votara al colombiano.
Astori basó su argumentación en las
condiciones del candidato -ex ministro de
Economía de Colombia- y en que el Banco
tiene que estar volcado al desarrollo de
toda Latinoamérica y no de una subregión. De
todas formas, la división de votos al
interior del MERCOSUR terminó sumando a la
estrategia de Estados Unidos. A Moreno lo
votaron los países de la Comunidad Andina de
Naciones, del NAFTA, centroamericanos,
Paraguay y Uruguay.
Sin embargo, el
episodio más decepcionante para el espacio
MERCOSUR, lo constituyó el conflicto con
Argentina por la instalación de las plantas
de celulosa, en la ciudad de Fray Bentos,
por parte de las firmas finlandesa Botnia y
española ENCE. Los proyectos se expusieron
como una inversión extranjera sin
precedentes. El gobierno se encontró
desconcertado ante su contraparte. En una
primera instancia porque el 2 de marzo de
2004, los cancilleres uruguayo y argentino,
Didier Opertti y Rafael Bielsa, habían
llegado a un acuerdo, reconociendo el
carácter nacional y legal de las obras.
Pero, el desconcierto mayor derivó de tener
que negociar con un país que se manifestó
mediante múltiples actores, todos
legitimados en mayor o menor medida por el
presidente argentino Néstor Kirchner, y con
objetivos tan distintos como el control
conjunto a una posible contaminación del Río
Uruguay o la directa relocalización de las
plantas.
Si bien en el mes de mayo los presidentes de
ambos países instituyen un Grupo Técnico de
Alto Nivel para complementar estudios sobre
las plantas de celulosa, si bien el Grupo se
reúne once veces, a partir de agosto,
colectivizando información y llegando a
varios acuerdos, el conflicto en diciembre
adquiere una magnitud inusitada cuando
movimientos no gubernamentales cortan los
puentes binacionales Fray BentosPuerto
Unzué, principalmente, y PaysandúColón, dos
de los tres que unen Uruguay con Argentina
por vía terrestre. La medida afectó la
temporada turística uruguaya y el comercio
bilateral. Desde mayo a diciembre se habían
alternado hechos que fueron agravando la
situación.[vii]
En el año 2006, el
conflicto adquirió características
peculiares, a partir de heterodoxos métodos
de encarar un diferendo de política
exterior. En primer lugar, las negociaciones
medulares son derivadas a funcionarios
directamente vinculados a los presidentes de
Uruguay y Argentina, en concreto el
Secretario de la Presidencia Gonzalo
Fernández y el Jefe de Gabinete Alberto
Fernández, respectivamente. En segundo
lugar, la activación de instancias
multilaterales por parte de ambos países.
Uruguay apeló a la estructura orgánica del
MERCOSUR, recibiendo un apoyo explícito de
Paraguay y una actitud prescindente de
Brasil; la Subsecretaria de Relaciones
Exteriores, Belela Herrera, solicitó la
mediación de la OEA por los cortes de ruta,
recibiendo como respuesta que la
intervención sólo se daría a pedido de las
partes. Argentina, finalmente, llevó el
diferendo a la Corte Internacional de
Justicia, buscando una solución de fondo al
diferendo, pero solicitando como medida
cautelar la interrupción de las obras.
Finalmente, cabe resaltar una última
manifestación en torno al descontento
uruguayo por la ausencia de liderazgos
responsables por parte de Argentina y
Brasil, así como por su marcada conducta
tendiente a la bilateralidad en el proceso.[viii]
En la Cumbre de Presidentes del MERCOSUR, al
entregar la Presidencia Pro Témpore, Vázquez
advirtió: El MERCOSUR somos todos
la
consolidación y desarrollo del bloque están
estrechamente vinculados a los acuerdos y
desacuerdos... pero no a la falta de
diálogo o (al) diálogo de sordos. No puede
haber indefiniciones o definiciones a
medias
o definiciones por debajo de la mesa
o definiciones lejos de esta mesa. También
denunció que los socios parecen estar
divididos por categorías, sentenciando ser
chico no es excusa para pedir privilegios ni
suplicar lástima, pero no es grande quien
subvalora al más chico, ni progresa quien
quiere avanzar solo.[ix]
Estados Unidos ¿El
convidado de piedra?
La relación con Estados
Unidos fue, sin duda, el tema más debatido
en cuanto a la inserción internacional. Para
analizarlo, se debe partir de la situación
heredada por el gobierno. En primer lugar,
Estados Unidos se había convertido en el
principal importador de bienes uruguayos,
situación derivada de la crisis regional y
del fuerte impulso que el expresidente Jorge
Batlle diera a la relación comercial con ese
país. En segundo lugar, el gobierno anterior
había dejado firmado el tratado de
inversiones recíprocas, y en este período y
con esta legislatura se debía proceder a su
ratificación.
Al segundo mes de
iniciado el gobierno, el Vicepresidente de
la República Rodolfo Nin Novoa viajó a
Washington para asegurar a las autoridades
estadounidenses que el tratado contaría con
las mayorías parlamentarias necesarias para
su aprobación. Sin embargo dejó claro que
cualquier avance en el proceso del ALCA, el
país lo procesaría a nivel MERCOSUR. De la
misma manera, un eventual TLC bilateral
sería, por lo menos, consultado en el
espacio subregional. En una misma dirección,
en el mes de junio, comienza la labor
directa de quien sería
el principal
instrumento de negociación del país con
Estados Unidos: el Ministro de Industria,
Energía y Minería Jorge Lepra, ex gerente
general para Uruguay de la empresa
multinacional de origen norteamericano
Texaco. En entrevista con autoridades, Lepra
también trasmitió, a modo de percepción
personal, que el tratado sería ratificado.
El papel de Lepra
comenzó a ser decisivo sobre fines de ese
mismo mes de junio, cuando los cultivadores
de arroz de Uruguay decidieron demandar a
Estados Unidos por subsidiar a sus
productores, respaldados por Gargano. Lepra
y el Ministro de Ganadería, Agricultura y
Pesca José Mujica lograron instalar una
instancia negociadora intergubernamental.
Al protagonismo de
Lepra debe adicionarse el del embajador
uruguayo ante Washington Carlos Gianelli,
diplomático de carrera que, a comienzos de
su gestión, sugirió al canciller y al
Presidente de la República renegociar el
tratado de inversiones, mediante la
interpretación de algunas de sus cláusulas,
como estrategia para ampliar los consensos
parlamentarios internos. Esa es, finalmente,
la estrategia uruguaya. En oportunidad de la
visita presidencial a la Asamblea General de
la ONU en Nueva York, Tabaré Vázquez propuso
al gobierno de Estados Unidos la
renegociación. El acuerdo, con las
enmiendas, se firmó en la IV Cumbre de las
Américas en Mar del Plata, los primeros días
de noviembre, con la participación de Lepra
y el embajador local Francisco Bustillo.
La instrumentación para
el relacionamiento entre los dos países se
centró, una vez ratificado el tratado de
inversiones, en la llamada Comisión Conjunta
Uruguay Estados Unidos sobre Comercio e
Inversión. En ese ámbito, los negociadores
alteran propuestas en un marco definido en
cuanto al Tratado
entre la República Oriental del Uruguay y
los Estados Unidos de América Relativo a la
Promoción y Protección Recíproca de
Inversiones, y
con una meta indefinida en cuanto a posibles
tratados de comercio bilateral.
Sistema político y de
toma de decisiones
Una generalización válida, a la hora de
encarar el contenido de esta variable, hace
a la afirmación que en los países
latinoamericanos, antes de alcanzar sus
actuales niveles de modernización y
democratización, los procesos de toma de
decisiones en política exterior se
restringían a círculos integrados por pocas
personas bien informadas y en posiciones de
autoridad.
La transformación del
proceso de toma de decisiones llevó, en una
primera instancia, a que un creciente número
de ministerios, agencias, comisiones con
carácter permanente, comisiones "ad hoc" y
otras entidades pasaran a incursionar en el
terreno internacional, en coexistencia con
los ministerios de Relaciones Exteriores.
Desde esa realidad, ministerios de Economía
y bancos centrales han adquirido un rol de
tal trascendencia en la negociación que
algunos autores mencionan la existencia de
diplomacias paralelas en el plano
económico
[x], lo que
ha generado no pocas fricciones al interior
de los procesos decisorios. Por su parte,
los Poderes Legislativos retienen sus
facultades de decisión, fiscalización y
supervisión en política exterior, en buena
medida amparados por normas
constitucionales. Fuera de los Poderes
clásicos, que en su interacción viabilizan
un sistema político, se destaca como actor
de las relaciones exteriores las Fuerzas
Armadas, sobre todo en tareas esenciales de
defensa y seguridad nacional.
La fuerte impronta presidencialista y
unipersonalista que afectaría a países
latinoamericanos no ha sido óbice para
conflictos decisionales en el entramado de
burocracias muy institucionalizadas y redes
complejas. En ellos, el presidente de la
República, autoridad mayor en materia de
representación y negociación -en cualquier
caso y más en altos niveles de
centralización y concentración del poder-
dirime en procesos controversiales entre
centros de decisión. Pero, si
se advirtiera una centralidad presidencial
abrumadora, será preferible enfocar los
análisis desde las perspectivas de liderazgo
por sobre las burocráticas que tiendan a
considerar la política exterior como
resultado de la interacción y/o negociación
entre agencias
gubernamentales, cada una con su
especialidad, su estilo y hasta su carga
axiológica.
El presidente no sólo toma las decisiones
trascendentales, también desarrolla un
estilo personal en el ámbito externo,
relacionándose con otros actores del Sistema
Internacional, y en el ámbito interno,
descentralizando, desconcentrando y laudando.
En este esquema, el ministro de Relaciones
Exteriores desempeñará un papel crucial en
la etapa de implementación y ejecución de la
política exterior, y, dependiendo de la
porción de decisión que comisione el
presidente, influirá en la etapa de análisis
y diseño. El éxito en su función pública
dependerá del grado de profesionalización
tanto de la estructura central del
ministerio como del servicio exterior o
cuerpo diplomático y consular.
Por otra parte, los actores no estatales
también están aumentando su influencia y
participación en la toma de decisiones
exteriores de los Estados latinoamericanos:
partidos políticos, asociaciones
empresariales y sindicales, medios de
prensa, y, más recientemente, las ONG. Esto
es verificable ya no sólo en temas sensibles
como reivindicaciones territoriales,
alineamientos ideológicos o en coyunturas de
fuertes conflictos internacionales, sino en
temas que atañen a sus intereses
particulares, en espacios subregionales,
regionales o universales.
En las investigaciones realizadas sobre la
política exterior uruguaya del primer año de
gobierno del Frente Amplio,
ha
resultado de enorme utilidad la
confrontación de los acontecimientos a dos
marcos conceptuales explicados por el
internacionalista argentino Roberto Russell.[xi]
El primero diferencia entre estructura y
proceso decisorio, pero los contenidos que
se le asignaron a cada uno, en las
investigaciones y en este trabajo, son de
responsabilidad de quien suscribe este
artículo. La estructura decisoria se
considera conformada por los actores
domésticos con potestad de comprometer al
Estado internacionalmente -concepto
restringido con relación al propuesto por
Russell- y cuyas decisiones no son
fácilmente revertibles, ni aún mediante
voluntad de los mismos actores. El proceso
decisorio, en tanto, hace a la dinámica de
la decisión, y allí intervienen actores
nacionales y extranjeros, gubernamentales y
no gubernamentales, aunque en el
sobreentendido que la decisión final siempre
es retenida por la estructura decisoria. El
resto de los actores se coloca en posiciones
más o menos cercana a ella, según su
especialidad, estatus, capacidad,
oportunidad histórica, temática y
problemática en juego.
El segundo marco conceptual compone una
distinción entre el continuo
centralización-descentralización y el
continuo unidad-fragmentación. El continuo
centralización-descentralización tiene que
ver con el número de los actores
individuales o institucionales que
participan en el proceso decisorio. El
continuo unidad-fragmentación hace
referencia al grado de coherencia, cohesión
y acuerdo en el proceso decisorio.
Instalación del Gobierno
El sistema político nacional presenta para
el período de gobierno 2005-2010 no sólo el
hecho inédito del acceso del Frente Amplio,
sino además haberlo logrado con mayorías
parlamentarias.[xii]
Esto hizo que, en la agenda de instalación,
no adquiriera prioridad, por primera vez
desde 1985, la negociación en la búsqueda de
estabilidad, gobernabilidad, consensos o
coaliciones con la oposición, en este caso
conformada por el Partido Nacional, Partido
Colorado y Partido Independiente.
Este mapa político, sin
embargo, no fue óbice para que el Frente
Amplio intentara ampliar la base de consenso
en política exterior, fiel a sus bases
programáticas donde abogaba por una política
exterior de Estado. Así, durante el mes de
febrero de 2005, la coalición de izquierda
llegó a un acuerdo con las restantes fuerzas
políticas con representación parlamentaria
en tres áreas: política exterior, economía y
educación. El documento obtenido del
consenso en política exterior, se tituló
Definiciones, Principios y Lineamientos de
la Política Internacional. Los acuerdos en
las tres áreas fueron dejados a un lado, a
raíz del desentendimiento en la
coparticipación de los partidos de oposición
en los órganos directrices de los Entes
Autónomos y Servicios Descentralizados.
Tabaré Vázquez, en el período de transición
hacia su asunción, designó un gabinete de
ministros respondiendo a una estrategia
simple, con relación a su futura
gobernabilidad. Los líderes sectoriales o
cabeza de lista[xiii],
con la sola excepción del titular de Nuevo
Espacio Rafael Michelini, fueron designados
ministros. Su nueva adscripción tiene la
intención de asegurar
la disciplina, en un partido de gobierno con
mayoría parlamentaria, a la vez que
dificulta el cómodo recurso de los sistemas
políticos de sustituir ministros como forma
de descomprimir conflictos. La destitución
de un ministro, en este esquema de
funcionamiento, puede devenir en una crisis
del gabinete ministerial, sencilla y hasta
automáticamente trasladable al Poder
Legislativo.
Los niveles de disidencia
quedaron así acotados. El gabinete
ministerial constituyó la primera instancia
de negociación y subsiguiente emanación de
voluntad del Poder Ejecutivo.
Vázquez no apostó a un
diálogo con grupos extraparlamentarios del
Frente Amplio, la llamada izquierda radical,
sectores que separada o conjuntamente más
cuestionamientos materializan al primer año
de gobierno frenteamplista.
El Ministro de
Relaciones Exteriores designado, Reynaldo
Gargano, proviene del mismo Partido
Socialista del propio Vázquez. Su
investidura fue de las últimas en conocerse,
a pesar que su nombre para el cargo se
manejó desde la campaña electoral, por los
antecedentes de Gargano: integrante
histórico e incluso expresidente de la
Comisión de Asuntos Internacionales de la
Cámara de Senadores.
La gran contradicción
con las bases programáticas y el discurso
histórico del partido de gobierno lo
constituyen sin duda alguna las
designaciones en el Ministerio de Relaciones
Exteriores, donde se altera el postulado de
respetar la profesionalización y la carrera
funcional. Los nombramientos en las
respectivas direcciones de Cancillería, las
modificaciones en la normativa y la
designación misma de funcionarios en
misiones diplomáticas causaron serias
resistencias.
En la estructura interna del Ministerio de
Relaciones Exteriores operó la voluntad de
designar funcionarios de confianza política,
pero provenientes de los cuadros de la
propia Cancillería. No obstante hubo dos
ratificaciones Carlos Amorín, en la
Dirección de General de Asuntos de
Integración y MERCOSUR, en ese momento
subdirector de la misma[xiv],
y Diego Zorrilla continuando como Director
General de Cooperación. La gran innovación
fue la creación de la Dirección General para
Asuntos Consulares y Vinculación con los
Uruguayos en el Exterior, como nexo
institucional con emigrantes. Gargano
definió este Departamento 20[xv]
como un espacio para que el residente en el
extranjero acuda en forma directa y el
encargado de la sede diplomática haga
funcionar los mecanismos de protección.[xvi]
Ya sobre mediados de
marzo, la Asociación de Funcionarios de
Carrera del Servicio Exterior del Uruguay (AFUSEU)
cuestionaba las designaciones de José Luis
Cancela, en la Dirección General de
Secretaría (tercer cargo en la jerarquía del
Ministerio, precedido por los de ministro y
subsecretario), y Bruno Faraone en la
Dirección General de Asuntos Políticos, por
no contar con la trayectoria acorde,
argumentando que los nombramientos deberían
forman parte de la cuota política, lo que
obligaría a dejar congelada la carrera de
esos jerarcas.
Sin embargo, la
situación conflictiva entre las nuevas
autoridades y el personal de la cartera se
agravó el 11 de abril, cuando la
subsecretaria Belela Herrera confirma el
propósito del nuevo gobierno de duplicar los
cargos de confianza en el Servicio Exterior.
Hasta el momento, si bien se habían
concretado siete designaciones de confianza
como Jefes de Misión, el nombramiento al
frente de tres direcciones del Ministerio de
Relaciones Exteriores de funcionarios de
confianza, llevaba a 11 las designaciones
que se debían extraer de la cuota política.
El 2 de mayo de 2005, se materializa el
decreto del Poder Ejecutivo firmado por
Vázquez y Gargano. El propio texto argumenta
que los decretos del gobierno anterior
atendieron a razones que se consideraron en
su momento de oportunidad o conveniencia de
acuerdo a las circunstancias existentes
entonces. A su vez, la nueva norma se basa
en el artículo 168 numeral 12 de la
Constitución que expresa: Los
cargos de Embajadores y Ministros del
Servicio Exterior serán considerados de
particular confianza del Poder Ejecutivo,
salvo que la ley dictada con el voto
conforme de la mayoría absoluta del total de
componentes de cada Cámara disponga lo
contrario.[xvii]
Profundizando esta
situación, el Poder Ejecutivo, en la ley de
presupuesto, habilitó a las autoridades del
Ministerio de Relaciones Exteriores a sumar
diez jefaturas de misiones diplomáticas a
las veinte iniciales reservadas para cargos
políticos. Hasta el momento sólo podían ser
Jefes de Misión embajadores, ministros y
ministros consejeros. La norma amplía a diez
consejeros (cuartos en nivel jerárquico por
encima de secretarios de primera, de segunda
y de tercera) esa posibilidad. A su vez, las
nuevas disposiciones fijan en 15 años el
tope para permanecer en la categoría de
embajador.
Estas situaciones dieron lugar a
declaraciones de rechazo de la AFUSEU,
calificando las medidas de contrarias a la
carrera diplomática, la profesionalización
del Servicio Exterior y las legítimas
expectativas de los funcionarios
diplomáticos, especialmente los más jóvenes,
así como a las tendencias históricas que se
venían generando a nivel nacional y que se
vienen generando en las cancillerías a nivel
mundial.[xviii]
Asimismo, se produjeron
cuestionamientos parlamentarios de la
oposición que terminaron con la
comparecencia del canciller Gargano en la
Comisión de Asuntos Internacionales de la
Cámara de Representantes por el decreto del
Poder Ejecutivo y con un duro debate en las
instancias de aprobación de la ley de
presupuesto.
Cabe resaltar que el propio gobierno, a
siete días de su asunción, resolvió el
retorno al país de tres embajadores
designados por razones políticas: Marcelo
Graniero de Portugal -quien fuera secretario
privado del expresidente Batlle-, Nicolás
Moreno de Sudáfrica y Felipe Paolillo
representante permanente en Naciones Unidas.
Gargano en la oportunidad aclaró que
Paolillo pasaría a cumplir alguna función
dentro de la Cancillería, resaltando su
profesionalidad y justificando su remoción
en la necesidad que el gobierno contara con
un referente en Naciones Unidas. Paolillo no
sería llamado a colaborar con el nuevo
gobierno.
[xix]
Finalmente, cabe
agregar que en el área estrictamente
económica, los primeros días de mayo, el
gobierno, a través de Danilo Astori,
confirmó en sus cargos a Carlos Steneri al
frente de la Representación Financiera del
Uruguay en Estados Unidos, Juan Notaro como
Director Ejecutivo Alterno por Uruguay,
Paraguay y Bolivia en el BID, y David Vogel
como director ante el FMI. El anuncio causó
sorpresa en filas del partido de gobierno y
satisfacción en las del Partido Colorado.
La avería del canal Presidente-Canciller
A partir de la idea
básica, en materia de sistema político y de
toma de decisiones, sobre la concurrencia de
voluntades al interior del Poder Ejecutivo
entre presidente de la República y ministro
de Relaciones Exteriores, como expresión
principal y máxima de la política exterior
de un Estado, cualquiera sea el régimen de
gobierno adoptado, se puede concluir que el
primer año de la actual administración
exhibió una fragmentación, producto de las
desavenencias entre las figuras nombradas.
Tabaré Vázquez, utilizando el mecanismo de
la delegación a otros funcionarios del
gobierno, especialmente del equipo
económico, consolidó una auténtica
diplomacia económica paralela y ocasionó
interferencias en el canal natural
presidente-canciller. Las discordancias
entre ambos comenzaron a vislumbrarse desde
el nombramiento tardío de Reynaldo Gargano,
así como en las primeras designaciones a las
Jefaturas de Misión en las embajadas de
Argentina y Francia, según transcendió, sin
consulta a quien sería el futuro jefe de la
diplomacia.
Entrando a las
instancias mismas del ejercicio del gobierno
cabe esgrimir, como icono para la
aseveración de la fragmentación decisional,
el desplazamiento de Gargano en las
tratativas con Estados Unidos, a favor de
figuras alternativas como el ministro Jorge
Lepra y el propio embajador uruguayo en
Estados Unidos Carlos Gianelli. La
delegación más decisiva, en este terreno, es
abiertamente asignada a Danilo Astori, en
cuanto a las modificaciones al tratado
recíproco de inversiones. Sin embargo, es
menester atemperar esta crítica a la
fragmentación decisional con una
aseveración: el ministro de Economía es, por
definición, el responsable de las
inversiones en un país.
De la misma manera, en
instancias decisivas de negociación con
Argentina en el conflicto por las plantas de
celulosa, Vázquez activó otros canales
ajenos a la figura del canciller, en forma
permanente, al punto de delegar a comienzos
de 2006 la negociación al Secretario de la
Presidencia Gonzalo Fernández. Tabaré
Vázquez mostró una particular confianza en
el terreno político-diplomático hacia el
embajador Bustillo. Si bien no queda claro
si la natural mediación de un canciller en
la relación Presidente de la RepúblicaJefe
de Misión operó con total fluidez, tampoco
puede afirmarse que Gargano haya sido
ignorado al momento de impartir las
instrucciones correspondientes al
diplomático.
En este clima, el 27 de
junio, Vázquez concede una audiencia al
embajador de España en Uruguay Fernando
Valderrama, sin la presencia del canciller
uruguayo, según trascendió, a pedido de las
autoridades españolas. En la misma, el
presidente recibe un mensaje del presidente
del gobierno español, José Luis Rodríguez
Zapatero, sobre la ofensiva diplomática
contra la política de inmigración aplicada
en España. Las inquietudes trasmitidas
hacían especial referencia a declaraciones
de Gargano y a un pronunciamiento unánime de
la Cámara de Representantes.
Cabe también recordar,
en este apartado, las instancias de votación
para la Presidencia del BID. El apoyo al
candidato colombiano, Luis Alberto Moreno,
respaldado por Estados Unidos, fue un
laudo del presidente Vázquez en una pugna
interna. Gargano era partidario de alinear
al país a la pretensión brasileña, con su
candidato, José Sayad. Sin embargo, el
presidente habilitó a Danilo Astori, quien,
desde Washington, vio colmada su aspiración
de apoyo a Moreno.
El desentendimiento tendría el 1º de
diciembre una intensidad inusitada, a tal
extremo que el canciller llegó a presentar
la renuncia a su cargo y el presidente a
aceptarla. La molestia de Gargano surgió por
la decisión de Vázquez de adherir a la
propuesta de Néstor Kirchner para designar
como Presidente del Comité de Representantes
Permanentes del MERCOSUR al ex
vicepresidente argentino Carlos Chacho
Alvarez.[xx]
Kirchner y Lula habían acordado, en Puerto
Iguazú, la designación de Alvarez. Gargano
fue inmediatamente consultado por su colega
argentino Rafael Bielsa, pero contestó que
debía realizar las consultas pertinentes.
Finalmente, Kirchner consiguió la
conformidad uruguaya, directamente, a través
de Vázquez, vía telefónica. La molestia de
Gargano no refrió a la aceptación de Alvarez,
sino a la desautorización sufrida.
La renuncia de Gargano, a menos de una
semana de la Cumbre de Presidentes del
MERCOSUR, fue evitada mediante gestiones de
varios actores políticos como José Mujica,
el Comité Ejecutivo Nacional del Partido
Socialista -encabezado por su Secretario
General Eduardo Fernández- y Gonzalo
Fernández (también afiliado al Partido
Socialista). La razón de esta mediación
intentó evitar un debilitamiento del
socialismo en la interna del gobierno. No
debe olvidarse la conformación del gabinete,
atendiendo a la casi totalidad de las
fuerzas frenteamplistas representadas en el
Parlamento. Este pacto de gobernabilidad que
opera a la interna de la coalición no debía
ser tan bruscamente alterado.[xxi]
Al aplicar los
parámetros analíticos descritos por Roberto
Russell y someter estos desencuentros a los
continuos
centralización-descentralización y
unidad-fragmentación, se aprecia como la
descentralización sistemática de Vázquez
termina caracterizando a la política
exterior uruguaya en 2005 como fragmentada.
La fragmentación llega de la mano tanto de
problemas de forma, las delegaciones
directas e inconsultas, como de fondo, las
posturas contrapuestas dentro del gobierno,
en las que se ahondará en el apartado sobre
concepción ideológica. El veredicto en las
fricciones sobre posturas contrapuestas fue
siempre producto de decisiones del propio
presidente.
En cuanto a los
desperfectos de forma, Vázquez avanzó con
estrategias propias en relaciones exteriores
no recurriendo a la Cancillería como
secretaría de Estado especializada, sin
embargo apeló a interlocutores y figuras de
confianza de su estructura interna y del
Servicio Exterior. En la misma dirección, en
temas que básicamente tienen que ver con la
inserción internacional, el presidente optó
por funcionarios de otras reparticiones del
Estado. Con relación a los desperfectos por
posturas contrapuestas, Gargano realizó
manifestaciones substancialmente
contradictorias con las de otros integrantes
del gobierno, en especial Danilo Astori y el
propio Tabaré Vázquez. Estas tres figuras,
integrantes del
Consejo de Ministros, hicieron correr el
peligro de un traslado al escenario
parlamentario de confrontaciones
protagonizadas por líderes sectoriales.
Si bien
la relación Poder Ejecutivo-Poder
Legislativo no es materia de este artículo
cabe concluir que las mayorías
parlamentarias no siempre aseguraron, por
sí, que primara la voluntad del Ejecutivo.
Vázquez desarrolló una estrategia basada en
consensuar, convencer y llegado el caso
exigir a la bancada parlamentaria del Frente
Amplio, la alineación con sus posturas,
apelando al trato directo con los
ministroslíderes sectoriales.
Concepción ideológica
Desde la perspectiva
excluyente de definir marcos teóricos para
estudios de política exterior, la concepción
ideológica que encaren los actores del
relacionamiento externo de los Estados es
concebida como proyecto interno dominante.
Esto significa, el esquema sociopolítico y
económico que se impone entre los actores
mencionados. Supone tanto una condicionante
en los posicionamientos internacionales que
adopte o pretenda adoptar un país como una
pauta para marcar la coherencia entre las
manifestaciones internas y externas de la
política gubernamental.
La utilidad de precisar
la concepción ideológica radica en
distinguir los rasgos de un Estado en cuanto
actor en el Sistema Internacional. Esto
incluye, su identidad nacional; su visón
frente a los acontecimientos pasados y
presentes como determinante de oportunidades
y limitaciones, y sus intereses. Estos
últimos condicionarán tanto las estrategias
de relacionamiento externo como los temas
que integrarán la agenda nacional respectiva
y la jerarquía entre los mismos.
Lateralmente, de esta enumeración puede
desprenderse la actividad o pasividad de la
política exterior entendidas como el peso
que un gobierno determinado le asigna en el
conjunto de sus políticas públicas.
Tratándose de países en desarrollo, y por lo
explicado en la introducción de este
artículo, significaría también la
importancia de la política exterior en la
estrategia de desarrollo
La concepción
ideológica tiene ineludible raíz histórica,
en tanto estructura social, tendencia
política y régimen de gobierno heredados.
Utilizando marcos de análisis adecuados, la
raíz histórica
facilita orientaciones en la formulación,
implementación y ejecución de la política
exterior actual y futura. Los
comportamientos de un país determinado en el
pasado, comprendidos globalmente, permiten
advertir las tendencias profundas que
impulsan a los actores con responsabilidad
en el relacionamiento externo del país.
En América Latina, se
comprueba el auge adquirido y superado del
enfoque de la dependencia de la CEPAL,
enfoques políticos como respuestas al paso
de un Sistema Internacional bipolar a uno
multipolar, las respuestas a las continuas
transformaciones en la distribución de
recursos a nivel mundial, los grados de
autonomía nacional para definir acciones
internas y externas en las diferentes
políticas públicas.
Según el analista y excanciller brasileño
Celso Lafer, en relaciones internacionales,
el paradigma mudó sustantivamente, al perder
como elemento estructurador las polaridades
definidas Este-Oeste y Norte-Sur, pasando a
caracterizarse por polaridades indefinidas
sujetas a las fuerzas profundas de dos
lógicas que operan en dialéctica
contradictoria de complementariedad mutua:
la lógica de la globalización (de las
finanzas, de la economía, de la información,
de los valores, etc.) y la lógica de la
fragmentación (de las identidades, de la
secesión de los Estados, de los
fundamentalismos, de la exclusión social,
etc.).[xxii]
Finalmente entender el
sistema político y de toma de decisiones a
la luz de la variable concepción ideológica
redunda en determinar el llamado
estilo de diplomacia en
una país determinado, en un momento
histórico determinado. Desde esta
perspectiva, el estilo de diplomacia queda
definido como un modo específico en que
factores territorio, ubicación geográfica,
población, dotación de recursos naturales,
capacidad industrial, desarrollo
científico-tecnológico- y elementos
subjetivos valores y perspectivas
ideológicas de decisores y funcionarios,
tradición diplomática del país y normas no
escritas del comportamiento internacional-
se entrelazan y son impulsados por los
responsables de la política exterior.
El Arco Virtuoso y
el convidado de piedra
La penetración
ideológica en el ámbito de la política
exterior tuvo una materia elegida en la
estrategia de inserción internacional del
país y un protagonista preponderante en el
canciller Reynaldo Gargano. En la víspera
del 1° de marzo, Gargano dejaba claro que no
pensaba separar la clave del MERCOSUR como
plataforma de salida de su concepción
ideológica, ansiando un atributo que
marcáramos en los párrafos anteriores de
aproximación teórica:
coherencia entre las
manifestaciones internas y externas de la
política estatal.
Gargano decía: Hay un arco virtuoso con
Lagos en Chile, que pasa por Kirchner en
Argentina, por Da Silva en Brasil, por
Vázquez en Uruguay, por Venezuela con la
política social de Chávez
ese arco virtuoso
se da porque hay un modelo neoconservador
que ha hecho polvo la realidad
sudamericana
En un continente de 400
millones de habitantes hay 200 millones de
pobres, lo que es un insulto a la
inteligencia, es casi un delito de lesa
humanidad, especialmente en un continente
que es el más rico del planeta. Por lo
mismo Uruguay buscará impulsar la Comunidad
Sudamericana de Naciones, que si bien aún no
es un hecho concreto y no tenemos
organicidad, es de todas formas una
coyuntura nueva en América Latina, que creo
no se da desde tiempos de la independencia.[xxiii]
El 2 de marzo, en esta dirección, los
presidentes Tabaré Vázquez y Néstor Kirchner
firmaban un documento para la coordinación
en temas de derechos humanos, simbolizando
un giro en las tensas relaciones bilaterales
de los últimos años con el gobierno de Jorge
Batlle. La declaración conjunta ratifica que
para ambos gobiernos cobra vigencia la
promoción y protección de los derechos
humanos, fortaleciendo los mismos en el
sistema internacional. El documento
establece un mecanismo de consulta en la
materia con el compromiso de llevar a cabo
todos los esfuerzos necesarios para
esclarecer el destino de las víctimas del
terrorismo de Estado en ambos países.[xxiv]
El mismo 1º de marzo, a
horas de su asunción, el gobierno uruguayo
reanudó relaciones diplomáticas con Cuba,
rotas desde 2002 cuando el gobierno de
Batlle protagonizó un incidente diplomático,
a partir de entredichos por la valoración de
la situación de los derechos humanos en la
isla, y firmó convenios con Venezuela, con
la presencia de su presidente Hugo Chávez.
En los meses siguientes, los convenios
alcanzarían a Argentina y Brasil,
completando así el arco con los gobiernos
progresistas de la región.
Bajo estos impulsos,
Gargano manifestó su voluntad de consensuar,
en el MERCOSUR, algún tipo de asociación con
Cuba. Sin embargo, el 31 de marzo tuvo que
comparecer en la Comisión de Asuntos
Internacionales de la Cámara de
Representantes y aceptar que Cuba no podía
ser miembro del bloque, debido a la cláusula
democrática del Protocolo de Ushuaia, ni
Estado asociado por una resolución posterior
del Grupo Mercado Común. De todas formas
subrayó que la situación no impedía un
tratado comercial y que era parte de una
resolución que, como tal, estaba sujeta a
revisión. Adelantó que la embajada no
invitará a recepciones y eventos a los
disidentes al régimen de Fidel Castro,
puesto que uno de los principios de la
política exterior será la no intervención en
asuntos internos de otros países. El
gobierno salvaba una instancia
parlamentaria, lograba un consenso, a pesar
de entredichos, con la oposición política,
pero recibía fuertes cuestionamientos de
sectores radicales de la izquierda, en
especial del Movimiento 26 de Marzo.
A
mediados de marzo, Gargano comenzaba a
desplegar sus ideas apuntando a Estados
Unidos y criticando la relación estrecha del
gobierno anterior con la potencia del norte.
Así, en el diario brasileño Valor Económico
aseguraba el fin de un alineamiento
automático con Estados Unidos y que el
MERCOSUR pasaría a ser una prioridad para el
país. En forma concreta cuestionó el
tratado bilateral de inversiones, al que
consideró innecesario porque el país cuenta
con una ley que protege a los inversores.
Puntualmente discrepó con la potestad que
consagraba al inversor de elegir el tribunal
de disputas o controversias, incluyendo
tribunales estadounidenses, y la posibilidad
de que Estados Unidos retire los beneficios
del tratado para empresas constituidas por
capitales que tengan origen en un país con
quien no tenga relaciones o tenga malas
relaciones.[xxv]
En la relación con
Estados Unidos, como se mostrara, la
pulseada Gargano-Astori es laudada por
Vázquez, en general a favor del equipo
económico. Sin embargo, la IV Cumbre de las
Américas en Mar del Plata muestra un hecho
paradojal que resalta la característica
pragmática de la política exterior uruguaya
en 2005. En esa instancia, mientras el
presidente uruguayo se soldó al bloque
MERCOSUR-Venezuela, negándose a reanudar las
negociaciones del ALCA, acordó y firmó con
Estados Unidos las modificaciones al tratado
de inversiones, mediando una breve reunión
con su colega George W. Bush. A pesar de las
demostraciones violentas y simultáneas de
sectores de la sociedad civil nacional y
regional en Mar del Plata y en Montevideo,
respectivamente, contra cualquier forma de
integración con Estados Unidos, a pesar de
las resistencias de Reynaldo Gargano, el
propio canciller terminó firmando el texto
del nuevo acuerdo.
En un gesto que se lo
ha interpretado, sin demasiado fundamento,
como simbólico, Vázquez, de regreso a
Montevideo, visitó en Colombia a su
presidente Álvaro Uribe, de estrecha
vinculación política con la administración
Bush, a partir de sus planes de combate a la
guerrilla y el narcotráfico. Por otra parte,
días después de la Cumbre, un incidente
entre los presidentes de México y Venezuela,
Vicente Fox y Hugo Chávez, respectivamente,
por la negociación del ALCA, mostraba las
dos visiones antagónicas que convivían sobre
el papel de Estados Unidos en Latinoamérica.
Vázquez adoptó una postura tan activa como
equidistante, insistiendo en el patrocinio
del ingreso de Venezuela al MERCOSUR en
calidad de miembro pleno, pero
comprometiéndose a auspiciar el ingreso de
México al bloque como miembro asociado.
En síntesis, el término
que debe predefinir la relación con Estados
Unidos es bilateral. Aquí el significado de
la palabra adquiere una importante
dimensión, ya que en materia de integración
continental, Uruguay quedó inserto en el
arco virtuoso por las negativas de avanzar
en el ALCA. Por otra parte, la
profundización de las relaciones sólo
comprendió el ámbito económico, tanto en
inversiones con la ratificación del tratado
respectivo, como en el incesante empeño de
ampliar las exportaciones nacionales. El
acercamiento responde a una priorización de
acceso a mercados externos y nuevas fuentes
de inversión, y, en esta dirección, se actuó
con similares propósitos y mecanismos con
países como México, India, China y de la
Unión Europea.
En conclusión, Vázquez y
Astori optaron por una política exterior con
un sostén más pragmático: la inserción
nacional requiere la exploración de todos
los mercados y espacios geográficos
posibles. Esto se transcribe en estrechas
relaciones con sus socios regionales, pero
también en cimentación de puentes para
colocar productos y conseguir inversores en
otros escenarios, inclusive el
estadounidense. Gargano se mostró más
alineado a una política exterior brasileña
y, consecuentemente, concibió al MERCOSUR
como plataforma casi ineludible de
lanzamiento, liderado por su socio mayor.
Funcionarios de confianza
Como se reseñara en el
apartado sobre la Instalación del
Gobierno, la administración Vázquez
incurre, desde la cúpula de Cancillería, en
una clara contradicción con los postulados
históricos y las bases programáticas de las
elecciones 2004 del Frente Amplio, con
relación al respeto por la
profesionalización y la carrera funcional,
en la administración pública, en general, y
en el Servicio Exterior, en particular. En
el período de instalación del nuevo
gobierno, las direcciones en la estructura
interna del Ministerio de Relaciones
Exteriores fueron provistas de funcionarios
de confianza política de la coalición de
izquierda, pero en general provenientes de
los cuadros de la propia Cancillería. No fue
ese el espíritu con relación a las jefaturas
de misiones en el exterior, con las
designaciones de personas ajenas al cuerpo
de diplomáticos de carrera.
El 11 de abril, cuando Belela Herrera
confirmó la duplicación de cargos de
confianza en el Servicio Exterior, por
futuro decreto del Poder Ejecutivo, decía:
nosotros en el Ministerio no tenemos
muchas personas de confianza
tenemos todo el
derecho de tener(la) en departamentos que
hacen absolutamente a la confianza de
nuestra fuerza política.[xxvi]
El razonamiento del oficialismo hace a que
si bien ingresos y ascensos se logran por
concurso, los actuales integrantes del
Servicio Exterior obtuvieron sus cargos en
el gobierno de facto o en las
administraciones de gobierno de los partidos
tradicionales. La mayoría de los
diplomáticos no estaría, de acuerdo a esta
lógica, en sintonía con la nueva política
exterior que el gobierno diseñaba e
implementaba en su primer año de gobierno.
No se objetaba la calidad profesional del
Servicio Exterior y se expresaba
reconocimiento a la carrera funcional. Cabe
recordar, para apuntalar esta idea de
contradicción, los ceses de Graniero, Moreno
y Paolillo por haber sido designados
mediando afinidades políticas.
La Defensa Nacional
Finalmente, cabe traer
un tema que por razones ideológicas disparó
el más fuerte disenso en el gobierno y el
partido de gobierno en materia de política
exterior: la cooperación militar. El
gobierno continuó con la participación de
efectivos militares uruguayos en las
Operaciones para el Mantenimiento de la Paz
de Naciones Unidas como forma de respeto a
obligaciones internacionales contraídas por
gobiernos anteriores. Sin embargo, en el
último trimestre de 2005, el tema comenzó a
desatar polémicas. En octubre, se aprobó la
participación militar en la Operación
Unitas XLVII con la participación de
Estados Unidos, Argentina, Brasil y España,
históricamente rechazada por la izquierda,
al considerarla un ejercicio de influencia
estadounidense en el continente, comenzando
una polémica con el Partido Comunista del
Uruguay y con sectores radicales del Frente
Amplio extraparlamentarios.
Pero el principal
incidente se daría en diciembre, cuando se
aprobó el incremento, en 243 efectivos, del
contingente militar en las Operaciones de
Paz en Haití. Una dura oposición tuvo que
soportar Tabaré Vázquez por parte del
Partido Comunista del Uruguay. Su principal
referente, la Ministra de Desarrollo Social
Marina Arismendi, anunció que no aprobaría
la iniciativa desde el Poder Ejecutivo.
Vázquez aceptó debatir el tema en un Consejo
de Ministros, órgano que el 21 de noviembre,
modificando la redacción de considerandos
llegó un consenso. Sin embargo, el Comité
Central del Partido Comunista resolvió
oponerse a la iniciativa y la Mesa Política
del Frente Amplio no consiguió una posición
uniforme. El mensaje llegó al Poder
Legislativo. El legislador comunista Eduardo
Lorier manifestó la oposición en Cámara de
Senadores y el diputado del Partido
Socialista, Guillermo Chifflet, tras votarlo
mandatado en la Cámara de Representantes,
renunció a su banca.
El sector más votado del
Frente Amplio, el Movimiento de
Participación Popular, se exhibió totalmente
disciplinado a la voluntad del gobierno,
asumiendo la defensa de la Operación Unitas
y los dos envíos de efectivos militares a
Haití. Argumentó y planteó la necesidad de
no exhibir grietas en el gobierno, entrando
en un duro debate con el Partido Comunista
cuando el segundo envío a Haití.
En una reunión con la
bancada de legisladores del Frente Amplio,
el 20 de diciembre, Vázquez anunció que las
tropas militares uruguayas no volverán a
participar de la Operación Unitas, hasta
tanto el Frente Amplio y el gobierno definan
la política de Defensa Nacional que se
desarrollará en el futuro. Informó que ya
había trasmitido a los gobiernos de la
región la decisión. Vázquez defendió la
propuesta del Poder Ejecutivo por la cual se
reforzó el envío de tropas militares en
Haití, justificándolo en el objetivo de
defender ciudadanos haitianos. La reunión
fue convocada para realizar un balance sobre
la actuación de los Poderes Ejecutivos y
Legislativos en la primera legislatura.
En conclusión
La penetración ideológica
en consensos y disensos a nivel del partido
de gobierno nada tuvieron que ver con los
enfrentamientos entre supuestos sectores
moderados con supuestos sectores radicales.
En definitiva, la ecuación es más complicada
con siete grupos políticos representados en
la Legislatura y seis en el Consejo de
Ministros, sin la seguridad de posturas
uniformes aún dentro de esos grupos. En el
tratado de inversiones aparecieron alineados
Astori, Lepra y Nin Novoa, frente a Gargano
y Mujica, sin embargo fue su Movimiento de
Participación Popular quien abrió la
discusión y parte de las modificaciones que
viabilizaron su aprobación parlamentaria
tienen que ver con su aporte. En el tema del
subsidio norteamericano al arroz,
aparecieron alineados Lepra y Mujica, frente
Gargano. No se trata de arbitrar entre
bloques, sino de correctos diagnósticos y
exploración de disensos para llegar a
entendimientos.
* Wilson Fernández
Luzuriaga
es licenciado en
Relaciones Internacionales de la
Facultad de Derecho de la Universidad de
la República (1985/1988) y egresado de
los Diplomas de Posgrado en Estudios
Internacionales de la Facultad de
Ciencias Sociales, (1995/1996) y en
Estudios de la Integración Europea de El
Colegio de México, (1996). Trabaja como
docente/investigador en el Programa de
Política Internacional y Relaciones
Internacionales desde 1993,
especializándose en temas de Política
Exterior Uruguaya y Sociedad Civil en el
MERCOSUR. Actualmente es el Coordinador
Académico del Diploma de Posgrado en
Estudios Internacionales que dicta la
Facultad de Ciencias Sociales. Es,
además, docente de Derecho Internacional
Público en la Facultad de Derecho desde
1990, habiendo obtenido el título de
Profesor Adscripto a la Cátedra en
febrero del 2000.
Mas trabajos del autor:
Política Exterior del
Uruguay en las elecciones internas 2004
[1]
En diferentes instancias en órganos de
conducción partidaria, procesadas en los
años 2005 y 2006, se produjo la
incorporación al Frente Amplio de los
otros sectores que conformaban el
Encuentro Progresista y la Nueva
Mayoría. Actualmente, se denomina Frente
Amplio a toda la coalición de izquierda.
[2]
Programa de Política Internacional y
Relaciones Internacionales de la
Facultad de Ciencias Sociales
Universidad de la República:
·
FERRO CLÉRICO, Lilia, Wilson FERNÁNDEZ
LUZURIAGA y Diego HERNÁNDEZ NILSON
La Estrategia de
Inserción Internacional de Uruguay en el
Gobierno del Frente Amplio.
En
Revista Uruguaya de Ciencia Política.
Montevideo. Instituto de Ciencia
Política. Año 2006. (En prensa).
·
FERNÁNDEZ LUZURIAGA, Wilson
La
Inserción Internacional en 2006:
Decisores Gubernamentales en Pugna.
Montevideo. Unidad Multidisciplinaria de
la Facultad de Ciencias Sociales. Serie
Documentos de Trabajo Nº 45. (En
prensa).
[3]
En este artículo el espacio MERCOSUR
comprenderá análisis referidos
específicamente al proceso de
integración regional y análisis sobre
las relaciones bilaterales entre Uruguay
y sus socios en ese proceso.
[4]
VAN KLAVEREN, Alberto. Entendiendo las
Políticas Exteriores Latinoamericanas:
Modelo para Armar. Revista de
Estudios Internacionales N° 98 .
Santiago. Instituto de Estudios
Internacionales de la Universidad de
Chile. Abril-Junio 1992. p. 169-216.
[5]
Autor analizado por Raúl Bernal-Meza.
Enfoques Teórico-Metodológicos para el
Estudio de la Política Exterior
Latinoamericana. En América Latina y
el Mundo. Buenos Aires. Nuevohacer
Grupo Editor Latinoamericano. 2005.
[6]
Palabras del Presidente de la República
Tabaré Vázquez durante la Cumbre de
Jefes de Estado del MERCOSUR en
Asunción. Junio, 2005.
http://www.presidencia.gub.uy/_Web/noticias/2005/06/2005062007.htm.
[7]
Transformación
en unión aduanera lo que
hoy no es ni unión aduanera imperfecta;
accesibilidad a los mercados regionales;
apertura de otros mercados; instrumentos
financieros comunes; complementación
física y de comunicaciones; integración
energética; articulación en materia de
defensa; preservación de recursos
naturales y respeto al medio ambiente;
complementación científica y
tecnológica; integración cultural;
complementación en derechos laborales y
seguridad social.
[8]
En la Operación
Milagro, Uruguay se beneficia de un
programa que permite a nacionales de
bajos recursos someterse a cirugías
oftalmológicas sin costo en el país
caribeño.
[9]
Finalmente, el 26 de
mayo, fue electo el francés Pascal Lamy.
[10]
Entre varios acontecimientos, incidentes
y declaraciones cruzadas se destacan:
Pedido argentino de
reclocalización de las plantas y
respuesta negativa del gobierno uruguayo
(mayo).
Autorización del
gobierno uruguayo a Botnia para la
construcción y explotación de una
terminal portuaria en
Fray Bentos
(julio).
·
Incidente por carta
argentina al Banco Mundial expresando
oposición al financiamiento de la planta
de Botnia (julio).
Reclamos y
alocuciones públicas de Kirchner y
Bielsa pidiendo detención de las obras
(agosto).
Denuncia a Botnia,
ENCE y el gobierno uruguayo del
gobernador de Entre Ríos Jorge Busti
ante la OEA (setiembre).
Retiro de confianza
del gobierno uruguayo al representante
para Argentina, Bolivia, Chile,
Paraguay, Perú y Uruguay ante el Banco
Mundial, el argentino Alieto Guadagni, a
raíz de los reclamos de su país
(octubre).
Llamados a consulta
a los embajadores uruguayo y argentino
ante Buenos Aires y Montevideo,
Francisco Bustillo y Hernán Patiño Mayer,
a raíz de declaraciones de Busti sobre
incentivos recibidos por autoridades
uruguayas para la instalación de las
plantas (octubre).
Advertencia de
Busti sobre derivar el conflicto a la
Corte Internacional de Justicia de la
Haya, como instancia jurisdiccional
prevista en el Tratado del Río Uruguay
(noviembre).
Trabas de la Aduana
argentina a la exportación a Uruguay de
estructuras de hormigón destinadas a la
construcción de la planta de Botnia
(noviembre).
Solicitud de ambos
gobiernos al Programa de Naciones Unidas
para el Medio Ambiente (PNUMA) para
controlar el impacto de las plantas en
el Río Uruguay (noviembre).
[1]1
Argentina y Brasil habían firmado 22
protocolos, el 30 de noviembre, en
Puerto Iguazú. La reunión presidencial
se realizó para conmemorar el 20º
aniversario de la firma de la
Declaración de Amistad, que dio inicios
al proceso de integración subregional.
[12]
Discurso Inaugural de la Cumbres de
Presidentes del MERCOSUR. Diciembre,
2005.
http://www.presidencia.gub.uy/_Web/noticias/2005/12/2005122090.htm.
[13]
Expresión utilizada por
Alberto van Klaveren en: "Entendiendo
las Políticas Exteriores
Latinoamericanas: Modelo para Armar".
[14]
"Política Exterior y Toma
de Decisiones en América Latina:
Aspectos Comparativos y Consideraciones
Teóricas". En Política Exterior y
Toma de Decisiones en América Latina.
Roberto Russell y otros. Buenos Aires.
Programa RIAL. 1990.
[15]
La cantidad de bancas obtenidas por el
Encuentro ProgresistaFrente
Amplio-Nueva Mayoría fue de 17 en 30
Senadores más el Vicepresidente de la
República con voz y voto en esa Cámara,
como su presidente y presidente de la
Asamblea General, y 52 en 99
Representantes Nacionales.
[16]
Expresión que responde a
que ocuparon la primera titularidad de
las respectivas listas a la Cámara de
Senadores en la elección 2004.
[17]
Amorín, en el correr del año, sería
designado también como Director de
Asuntos Económicos Internacionales,
consolidando su posición como pieza
fundamental de la estructura.
[18]
La República Oriental del Uruguay está
dividida administrativamente en 19
Departamentos.
[19]
Sobre el tema, acotó que
el país tiene acuerdos de migración con
España (de 1892 y 1992) que igualan la
situación de los uruguayos con el
tratamiento brindado a los españoles
residentes en el Uruguay. El problema de
los residentes uruguayos en España fue
trabajado intensamente por el propio
jerarca. La República, 8 de marzo de
2005.
[20]
Así se derogó un decreto
del 17 de diciembre de
2002 firmado por el presidente Jorge
Batlle y el canciller Didier Opertti.
Allí se establecía que el Poder
Ejecutivo estaba facultado para designar
hasta cinco embajadores y cinco
ministros consejeros (que podían quedar
como encargados de embajadas) ajenos a
los cuadros de los diplomáticos de
carrera. La ley Nº 14206 de 1974 facultó
al Poder Ejecutivo a ampliar o reducir
el número de cargos de confianza.
[21]
Un comunicado de la AFUSEU, como
consecuencia del decreto del 2 de mayo,
hace especial énfasis en el régimen de
ingreso y ascenso vigente mediante
concurso de oposición y méritos hasta la
categoría de ministro consejero,
evaluado por un tribunal integrado por
docentes universitarios.
[22]
El País, 8 de marzo de 2005.
[23]
En sustitución del expresidente
argentino Eduardo Duhalde.
[24]
Los días 29 y 30 de octubre, el Partido
Socialista sobrellevó una reñida
elección interna para su secretaría
general, en lo que significó una nueva
arena de disputa entre Vázquez y Gargano.
Eduardo Fernández resultó electo por 35
a 34 votos del Comité Central, apoyado
por el entorno más cercano a Vázquez
como la Ministra de Defensa Nacional
Azucena Berrutti, Gonzalo Fernández y el
asesor presidencial Aldo Guerrini. La
otra candidata, senadora Mónica Xavier,
fue respaldada por Gargano.
[25]
Autor analizado por Raúl Bernal-Meza.
Enfoques Teórico-Metodológicos para el
Estudio de la Política Exterior
Latinoamericana.
[26]
La República, 1º de marzo de 2005.
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