Discurso del Presidente,
un baño de realidad:
“Falta mucho todavía”

por Jorge García Alberti

El Presidente de la República, Tabaré Vázquez, en el extenso discurso que realizó en la Plaza Independencia de Montevideo el pasado viernes, dejó traslucir las dificultades que han debido atravesar en el ejercicio del gobierno y reiteró que los cambios previstos se van gestando en forma lenta.

 

Vázquez apeló a la comparación de los dos primeros años de gobierno de períodos anteriores, para tratar de demostrar que su gestión ha sido más eficaz y que trata de impulsar cambios profundos y que los mismos no se instrumentan fácilmente.

 

Se apoyó en las cifras para demostrar cómo se gobierna. Ya lo había hecho en el mensaje enviado al Parlamento con la memoria anual del año 2006.

Allí decía que , en la medida que las circunstancias lo han permitido, las cifras muestran que ha mejorado la calidad de vida de los uruguayos. El documento lo señala  con un ejemplo, el de la mortalidad infantil en el Departamento de Artigas, que descendió de un 55 por mil, registrado en el 2003 a un 13 por mil registrado en el 2006.

 

Pero volviendo a la Plaza Independencia, el discurso del Presidente no ha tenido “punch”, le ha faltado impacto. Vázquez se muestra más moderado, intentando que la gente escuche lo que dice y no tanto que festeje cuando habla.

 

Sus referencias a los temas urticantes como la corrupción son conocidas. Los frenteamplistas podrán “meter la pata” pero no “la mano en la lata”, aunque acotó  algo más radical, si se llega a comprobar que alguien mete la mano en la lata, “se la cortamos”, dijo Vázquez.

 

El discurso reflejó también como el Presidente, sabe contemplar a unos y a otros, por más distancias ideológicas que lo separen y lo hace de una forma que ambas partes salen conformes. Esto sucedió con el tema de la próxima visita del Presidente de los Estados Unidos. Para la interna del Frente Amplio, dijo que Uruguay va a recibir a todos los mandatarios de los países con los que mantiene relaciones diplomáticas y que las diferencias no se arreglan a los gritos, en clara alusión a  las marchas previstas para esos días. Pero agregó también que su gobierno es “antioligárquico y antiimperialista”, contemplando así a los sectores más críticos en la interna.

 

Dentro de ese recorrido pendular en que transcurre el Presidente, reafirmó el compromiso con más y mayor MERCOSUR, sin cerrar las puertas a incrementar el comercio con los EE.UU.

 

En el marco del análisis que realizó en cuánto a qué se ha hecho desde cada Ministerio, ha quedado de manifiesto una de las principales carencias de este período, la dificultad que existe para comunicar lo que se hace.

 

Una señora lo resumía en forma muy clara: “ por qué tenemos que esperar a que se cumpla un aniversario para enterarnos de todo esto”, en clara referencia a que no existe difusión adecuada del trabajo que realiza  cada secretario de Estado.

 

En el plano netamente político, Vázquez descubrió una de las estrategias. Habrá que pelear por un segundo período al frente del gobierno porque uno sólo no alcanzará para instrumentar todos los cambios previstos.

 

La realidad muestra que el proceso es lento “ y falta mucho todavía”, dijo el Presidente. Agregó que creerse que todo está bien es mentirnos a nosotros mismos y quedarse solo con lo que se ha hecho es conformarse. Ambos caminos son equivocados, según su criterio.

 

No despejó la duda de si optará por la reelección. Recordemos que Vázquez cree en el proyecto y no tanto en quien lo conduce aunque dijo que se sentía  “muy  tranquilo” y  a gusto en el trabajo y la responsabilidad que le ha tocado en la vida.

 

En definitiva, el discurso del viernes ha sido una rendición de cuentas pública. Ya no era posible echar toda la responsabilidad a cómo se había encontrado el país. En dos años, la gente ya percibe que hay un camino propio pero abrirlo para transitarlo no parece ser una tarea fácil.

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