Nelly Goitiño revisitada
“De los montes de pitanga
al jardín de los cerezos”

por Leandro Prigioni

El pasado 1º de marzo falleció, a los 77 años de edad, Nelly Coitiño, presidenta del Sodre y ex presidenta de la Junta Departamental de Montevideo. La ONDA digital la recuerda con una entrevista que le realizara Leandro Prigioni.

Hace ya casi diez años. Los entreabiertos ventanales del local de Asamblea Uruguay dejaban pasar el ruido de motores y bocinas, sobre Carlos Quijano al 1273. En la sala de recepción, moquete azul, sillas de respaldo rojo y  paredes blancas –con los retratos de Líber Seregni y José Artigas- componían un entorno indudablemente frenteamplista. Nelly Goitiño, entonces edila por el departamento de Montevideo, se autodefinía como una trabajadora del teatro, miope y distraída. Decía percibir la vida sólo bajo el signo del placer y manifestaba que la principal obligación de su generación era permitir a los jóvenes una buena formación. En los ojos de Nelly Goitiño se podían ver todavía los frascos de porcelana de la farmacia de su padre, allá en el Durazno natal, el piano que no había vuelto a tocar y los montes de pitanga en orillas del Yí. 

 

- Aquella maestra de Durazno recién llegada de Montevideo, ¿cómo se acercó al teatro?

- Cuando ingresé a la Facultad de Derecho ocurrió una de esas cosas que pasan misteriosamente en la vida. Tenía unas horas puente entre mi trabajo en el Ministerio de Ganadería y la facultad, y estaban repartiendo entradas gratuitas para ir al Teatro Solís, nunca en mi vida había ido al teatro y tampoco había al Solís. Allí, en medio de un deslumbramiento espiritual inolvidable vi a Margarita Xirgu haciendo El zoológico de cristal de Tenesee Williams y me impresionó profundamente. En ese momento tuve la premonición, quizá sean fantasías, de que eso que allí había pasado era muy importante.

 

Pocos días después de mi primera ida al teatro, Poema Vilariño (hermana de Idea) que era compañera de clases me preguntó si me gustaba el teatro –si me lo hubiera preguntado diez días antes le hubiera dicho que no sabía lo que era. Le manifesté que sí que me gustaba y que acababa de ver esa maravilla. Entonces ella me invitó a participar en un grupo de jóvenes llamado Teatro del Pueblo. El grupo iba a representar una bellísima obra de Elliot, Crimen en la catedral, donde había un coro femenino de doce jóvenes. Al mismo tiempo querían representar La prostituta respetuosa de Sartre pero ninguna de las chicas se animaba a decir malas palabras. Yo dije que lo hacía. Fui a la prueba y comencé a leer el libreto –jamás en mi vida había tenido uno en la mano- y más o menos en el quinto parlamento la prostituta decía una parrafada de disparates, yo llegaba allí y me trancaba. Entonces me sacaron el libreto y seguí meramente de corista. Así empezó una historia que duró cuarenta años.

 

- Pero siguió estudiando...

- Sí, porque en el teatro independiente trabajábamos en forma honoraria y había llegado a un grado de pobreza tan grande que se iba cerrando un círculo maléfico porque no tenía dinero ni para viajar en el ómnibus. Continuaba en el ministerio pero no ascendía porque no caía bien que hiciera teatro. Entonces decidí terminar la carrera. Finalizarla me permitió ordenar mi situación económica y a través del ejercicio de la abogacía conocí a mi esposo, Hugo Malherbe, en lo que para mí fue el hito más importante de mi vida.

 

- Si pudiera separar las diferentes actividades que ha realizado en su vida, ¿cuál de ellas sería la más importante?

- El teatro. Se dice muy fácilmente que se han vivido 40 años de teatro, pero te imaginás que es una montaña de vida. Si yo tuviera que rendir un examen final para mí lo más importante en la vida ha sido lo afectivo, mi compañero es absolutamente clave, y luego lo más importante ha sido la actividad teatral. Allí fui actriz con muchísimas satisfacciones y con muchísimos fracasos, luego fui docente, conocí gente magnífica, tuve excelentes compañeros, y después tuve experiencias muy gratificantes en la dirección. He trabajado muy duro en mi propia formación, a veces ensayaba hasta la una de la mañana, todo eso llevaba mucho esfuerzo y mucho placer. Y yo percibo la vida únicamente bajo el signo del placer...

 

- ¿Cómo fue su ingreso a la política?

- Mi ingreso en la actividad política fue tan azaroso como mi ingreso a la vida artística. Una noche estaba en mi casa y me llamó Jorge Orrico –que todavía no era diputado- y me preguntó si mi nombre podía figurar en las listas de Asamblea Uruguay (AU). Acepté con la condición que me situaran en una ubicación donde no saliera y se me ubicó en un sitio donde sensatamente no podía salir... y cuando quise acordar era edil departamental por Montevideo. Hay un cuento de Kafka – recuerda entre risas-, El médico rural, donde dice que hay que tener cuidado con las llamadas nocturnas porque pueden catapultarte a lugares inesperados. Cuando empecé teatro recibí la llamada nocturna de Poema Vilariño y cuarenta años después la de Orrico. Parecería que me queda una tercera llamada y sospecho que significará el fin de los tiempos... (vuelve a reír).

 

Entré a la vida política pensando cómo se podía desde algún plano luchar porque los jóvenes teatristas sean profesionales. En 1994 me acerqué a AU con el ánimo de trabajar culturalmente, mi deseo era buscar vías de profesionalización, aperturas, acercamiento, que no hubiera un escritorio de distancia entre los gestores culturales y los artistas.

 

- Antes de Asamblea Uruguay ¿cuál había sido su relación con la política?

- Únicamente había tratado con políticos para pedirles cosas para los teatros. En eso tenía larga vivencia de escritorios, pasillos, intendencias, Junta Departamental, siempre pidiendo para construir salas y cosas así.

 

- ¿Está conforme con su actuación en la Junta Departamental?

- (Duda. Respira. Pregunta.) ¿Qué quieres que te diga? La conformidad es un ajuste con un objetivo o ideal. Quizá te lo pueda contestar dentro de dos años y medio, si todavía te interesa hablar conmigo.

 

- Desde que está en ella, ¿ha cambiado su opinión sobre la actividad política?

- Yo diría que no. Desde mi casa en Asamblea Uruguay era lo que esperaba. Hago mi trabajo en medio de gente amiga, en AU he encontrado los lineamientos en los que creía.

 

- ¿Cree en la aplicación de las cualidades histriónicas a la actividad política?

- No sé. Como el histrionismo es para los demás eso lo tendrían que contestar los otros. (Se ríe.) Lo importante es tener ideas claras y decirlas lo más sencillamente posible.

 

- ¿Cuál es su opinión sobre el líder de AU, Danilo Astori?

- Por Danilo tengo una gran admiración y un gran afecto personal.

 

- ¿Tabaré Vázquez?

- Es un bellísimo hombre. Conocí a Tabaré en la Comisión ProReferéndum del Voto Verde, yo estaba encargada de  propaganda y él de finanzas.

 

- ¿Arana –intendente de Montevideo-?

- Un ángel.

 

- ¿Sanguinetti –entonces Presidente de la República-?

- Un hombre que llegó tarde al arte.

 

- ¿Lacalle?

- (Profundo y largo silencio) ¿Qué diría de él su abuelo?

- ¿Una obra de teatro?

- Esperando a Godot.

 

- ¿Un personaje?

- Lubov Andréievna de El jardín de los cerezos de Chéjov.

 

- ¿Sus sueños?

- Creo que la vida me ha dado todo lo que alguien puede pedir. Suena cursi decirte que soy cursi pero lo soy. Me ha costado mucho hacer todo lo que he hecho, pero he podido hacer todo lo que he querido. Creo que la mayor obligación que tiene mi generación es que los jóvenes se puedan formar bien. Si no, vamos a formar un país de servidores y no precisamente en el sentido espiritual de la palabra.

 

- ¿Sus miedos?

- Miedo a la barbarie.

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