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Moniz Bandeira,
premio Juca Pato
Un país que actualmente exporte capitales
y haga inversiones en el exterior, no
significa que sea imperialista
Disertación del Profesor Luiz Alberto
Moniz Bandeira al recibir, el
pasado en agosto de 2006, el trofeo Juca Pato,
otorgado al Intelectual
del año, por la Unión Brasileña de Escritores
con sede en la ciudad de Río de Janeiro/ Brasil.
(Versión en español de LA ONDA digital por Cristina
Iriarte)
Con nostalgia y tristeza por su
desaparecimiento, quiero antes que nada prestar
homenaje a la memoria de nuestro querido amigo
Antônio Rezk, el primero que investigó el
lanzamiento de mi candidatura al Premio Juca Pato,
inmediatamente después del lanzamiento de la
elección del notable economista, profesor Luiz
Gonzaga Belluzzo, que ya me brindara el honor de
escribir el prefacio de la 3ª edición de mi libro
Presencia de los Estados
Unidos en el Brasil
, publicada por la Editora Senac/SP.
Ganar el tan honorable Trofeo Juca
Pato, que conlleva el ser elegido el Intelectual del
Año de 2005, constituye para mí el mayor homenaje
que podría recibir, al cumplir 70 años de vida y 50
años de intensa actividad literaria y académica,
pues fue en 1956 que, por indicación del poeta
Augusto Federico Schmidt, el Servicio de
Documentación del entonces Ministerio de Educación y
Cultura publicó mi primer libro, un libro de poemas,
titulado Verticales.
Comencé a escribir poemas a los 14/15
años de edad. Y poemas, según destacó el poeta
alemán Rainer María Rilke, no son, como algunos
creen, simples sentimientos. Son experiencias.
Mis experiencias, sin embargo, me
desviaron de la poesía, primer modo de expresión,
que se diferencia de la prosa, por la esencia, no
por la forma y cualidades superficiales, y pasó a
dedicarme, casi exclusivamente, al estudio
científico y a la investigación académica, como
cientista político e historiador.
Y fue fundamental para mí el contacto
directo con el fenómeno político, que pasé a tener
desde los 15 años de edad, cuando mi prima Isa Moniz
de Aragão me llevó a trabajar con ella en el
Diario de Bahía, en el horario de la tarde,
luego de finalizadas las clases del curso, que aún
hacía, en el Colegio Estadual de Bahía. En Río de
Janeiro, donde fui a vivir después, a los 18/19 años
de edad, en la casa de mi tío, el periodista y
profesor Edmundo Ferrão Moniz de Aragão, a quien le
debo gran parte de mi formación intelectual, pasé a
vivir dentro del medio político y a conocer los más
diversos personajes tanto de la política interna
como de la política exterior del Brasil.
Jean Jacques Rousseau, en su novela
epistolar Julie ou la nouvelle Héloïse,
publicada en 1761, dijo: Entiendo que es una
locura querer estudiar la sociedad (el mundo) como
un simple observador. Quien desea apenas observar
no observará nada ya que, al ser inútil en el
trabajo, es un estorbo en la diversión, no está en
ninguno de los dos lados. Observamos la acción de
los demás en la medida en que actuamos nosotros
mismos. En la escuela del mundo, como en la del
amor, tenemos que comenzar con el ejercicio práctico
de aquello que deseamos aprender 1.
También Kart Kautsky destacó que lo
que aprendemos con la simple observación de las
cosas es insignificante comparado con lo que
aprendemos por medio de la experiencia.
El que milita, el que actúa, si está
dotado de una suficiente preparación científica,
entenderá con más facilidad el fenómeno político que
el estudioso de gabinete, que nunca tuvo el menor
conocimiento práctico de las fuerzas motrices de la
historia.
Sin embargo, los hechos sólo valen
por lo que expresan y nada significan si no son
concatenados, con base en una teoría, de modo que
permita establecer sus mutuas relaciones.
Aceptar pura y simplemente la
observación y el registro de hechos brutos no es
hacer ciencia. Es resbalar hacia el empirismo
estéril. No basta observar los fenómenos. Es
necesario averiguar sus causas, su desarrollo y
consecuencias.
A esta investigación, que tiende a
develar los hilos ocultos por atrás de la superficie
de los acontecimientos, algunos, intentando ocultar
la realidad, la llaman teoría conspirativa de la
historia. Pero la ciencia busca conocer y revelar
los vínculos que condicionan e interdigan los
hechos, coordinarlos, y no puede descartar las
hipótesis, que serán o no desmentidas por la
investigación empírica. Sabio no es seguramente
quien observa y acumula hechos; si no quien los
armoniza e imprime unidad a esos materiales
dispersos: es quien parte del estudio analítico de
los fenómenos para llegar a una apreciación
sintética, a la determinación de las leyes generales
que los rigen escribió mi tío Egas Carlos
Moniz Sodré de Aragão, catedrático de la Facultad de
Medicina de Bahia, en su obra La Vida y sus
Fenómenos Vitales2, publicada en
1892, poco antes de su fallecimiento, a los 51 años
de edad.
A lo largo de mi vida, no me limité a
ser un mero observador. Al mismo tiempo en que
estudiaba ciencias jurídicas, en las cuales me
gradué en 1960, trabajé en importantes periódicos,
como el Diario da Noite, Jornal do Commercio,
Correio da Manhã y el Diario de Noticias,
de Río de Janeiro, en los cuales conviví con grandes
profesionales, como Nahum Sirotsky, que actualmente
vive en Israel, Luiz Paulistano y Antônio Callado,
así como con dos personalidades extraordinarias, mi
prima Niomar Moniz Sodré Bittencourt y el jurista
Francisco Clementito de San Tiago Dantas, luego
canciller en el gobierno de João Goulart.
Esta experiencia, que tuve en la
prensa, me permitió el contacto directo con el
fenómeno político, hechos y personajes. Sin
embargo, en virtud de mi formación académica y
teórica, no me conformé con la accidentalidad de los
episodios históricos, fuesen nacionales o
internacionales, y procuré interpretarlos en su
encadenamiento mediato, en su condicionalidad
esencial, por entender que la ciencia política sin
historia es un mero ejercicio impresionista. Un
artículo un ensayo o un libro, evidentemente, no
reflejan solo experiencias.
Tuvo razón mi amigo y colega, el
profesor Luiz Gonzaga Belluzzo, al recordar, cuando
recibió el Trofeo Juca Pato, el año pasado, que
Johann Christian Friedrich Hölderlin, otro gran
poeta alemán, consideraba el lenguaje el mas
peligroso de los bienes (der Güter
gefährlichstes, die Sprache dem Menschen gegeben),
pero acentuaba que fue entregada al hombre para
que de testimonio de haber heredado lo que él es,
pues la herencia jamás es una donación, sino un
deber3.
De hecho, cuando escribo, estoy dando
un testimonio de que soy lo que heredé, voy a
revelar el legado que recibí, adaptado al tiempo y a
las circunstancias de mi vida, a mis experiencias en
la tierra.
Y algo que heredé y guardo es la
memoria paradigmática de un antepasado mío, el
filósofo Antônio Ferrão Moniz de Aragão, que fuera
discípulo de Augusto Comte y quizás el primer
introductor del positivismo en el Brasil.
Él liberó a todos los esclavos al
regresar de Europa para asumir los ingenios de
azúcar, de su padre, el barón de Itapororoca, uno de
los próceres de la lucha por la independencia en
Bahía, fallecido el 5 de diciembre de 1934.
Entendió que dueño de ingenio,
filósofo y caballero son, en efecto, tres
características difíciles de unir en una sola
persona. Y prefirió ser filósofo. Dedicó su
vida al saber. Esta herencia yo la tenía que
preservar y trasmitirla a mi hijo. Es mi deber.
Fue dentro de tal tradición
libertaria y de amor al conocimiento que me crié, al
mismo tiempo que recibía el impacto de la lucha
contra el nazi-fascismo, durante la Segunda Guerra
Mundial que aunque trabada en un escenario lejano,
repercutió en Bahía y marcó mi infancia. Los
Estados Unidos se mostraban entonces como el
baluarte de la democracia, el paladín de la
libertad.
A los 18 años de edad, sin embargo,
percibí otro aspecto de la realidad. Acompañé de
cerca, en Río de Janeiro, la crisis político-militar
durante la cual el gran presidente Getúlio Vargas se
suicidó, denunciando el dominio y la expoliación de
Brasil por parte de los grupos económicos y
financieros internacionales. La campaña
subterránea de los grupos internacionales se alió a
la de los grupos nacionales sublevados contra el
régimen de garantía
del trabajo acusó Vargas.
Y agregó: Quise crear la libertad
nacional potenciando nuestras riquezas,
pero ni bien comienza a funcionar, la onda de
agitación se acrecienta. La Eletrobrás fue
obstaculizada hasta la desesperación. No quieren
que el trabajador sea libre. No quieren que el
pueblo sea independiente.
Estas palabras me despertaron a la
problemática de los intereses económicos, como
eventuales factores de fenómenos políticos, y al
estudio de la penetración de los Estados Unidos en
el Brasil, su grado de influencia en los
acontecimientos y sus esfuerzos para impedir el
vigoroso surgimiento de industrialización que se dio
durante los años 50 del siglo XX, como consecuencia
de la implantación del complejo siderúrgico de
Volta Redonda.
El triunfo de la revolución en Cuba,
en 1959, fue otro evento que enriqueció mi
experiencia. Visité la Habana, en abril de 1960, en
la condición de editor político del Diario de
Noticias, de Río de Janeiro, integrando la
comitiva de Jânio Cuadros, entonces candidato a la
presidencia de la República. Allá conocí a Fidel
Castro, al Che Guevara y a otros. Asistí a sus
conversaciones con Jânio Cuadros.
También, vi aviones, que salían de
Miami, vaciando bombas incendiarias sobre
cañaverales cubanos, en las inmediaciones de
Santiago de Cuba. Eran acciones de terror, en el
contexto de la campaña, que la CIA ya perpetraba
contra el gobierno oriundo de la revolución, cuyo
carácter real no era el comunismo y si el
nacionalismo, la lucha contra el predominio imperial
de los Estados Unidos.
A fin de entender este fenómeno, que
fue la revolución cubana, se tornaba necesaria
conocer la esencia de su processus histórico,
dentro de las condiciones de toda América Latina,
cuyas contradicciones con el sofocante predominio de
los Estados Unidos, no resueltas, la misma exprimió,
y de ahí la popularidad y el amplio respaldo que
también recibió entre todos los pueblos de la
región.
Mientras pudiese tener como vector la
formación de la identidad política nacional, con la
derrota de los que pretendían la integración de Cuba
a los Estados Unidos por parte de los
independentistas, la revolución, comandada por
Fidel Castro, no constituyó un fenómeno aislado.
Fue un fenómeno da América Latina,
donde el nacionalismo, que se manifestara, en gran
medida, bajo formas nazi-fascistas, durante los años
30 y 40, se inclinó cada vez más hacia la
izquierda, hasta el punto de identificarse con
el comunismo, como en el caso de Cuba, en medio de
la Guerra Fría, que se caracterizaba por la
contradicción entre los dos polos del poder
internacional. Desde que la vis atractiva de
la Alemania nazi, como polo de poder económico,
político y militar, desapareciera con el término de
la Segunda Guerra Mundial, la Unión Soviética se
manifestaba como la única fuerza capaz de
contraponerse al predominio de los Estados Unidos.
La manifestación del nacionalismo,
bajo las formas de nazi-fascismo o de comunismo,
en diversos países de América Latina, demuestra la
necesidad de re-evaluar los conceptos de
izquierda o derecha, una vez que tales
tendencias ideológicas, importadas de Europa, se
modificaran, no sólo en su contenido, sino también
incluso en los objetivos que se propusieran,
al expresar, concretamente, otras condiciones
económicas, sociales y políticas.
Las contradicciones de América Latina
con los Estados Unidos llevaron el nacionalismo, que
en Europa constituyó la expresión política de
la derecha, a manifestarse, en países de
América Latina, como fuerza de izquierda, aún
cuando usó la retórica del nazi-fascismo.
Y esto se debe al hecho de que,
mientras la permanencia de las palabras tiende a dar
estabilidad al concepto, la realidad es, que el
concepto pretende representar y la palabra exprimir,
se modifica a cada instante, está en movimiento,
esto es, en un constante devenir, en un
continuo flujo en que el ser y el no ser se
integran, según resaltó el profesor Alberto da Rocha
Barros4.
Heráclito ya había enseñado que todas
las cosas fluyen, nada permanece parado. Y
a él también se le atribuye la frase: Nosotros
entramos y no entramos en los mismos ríos. Nosotros
somos y no somos5.
Tanto el concepto de izquierda y como
el de derecha no pueden, por lo tanto,
estabilizarse, en la medida en que precisan
acompañar y reflejar la realidad mutante,
dentro de las condiciones geográficas e históricas,
económicas, sociales y políticas de las regiones
donde el fenómeno político ocurre.
Asistí a las transformaciones que se
procesaron en el mundo a lo largo de la segunda
mitad del siglo XX. Puedo decir también que viví
los acontecimientos ocurridos en el Brasil, desde el
suicidio de Vargas, en 1954 y el gobierno de
Juscelino Kubitschek hasta la renuncia de Jãnio
Cuadros a la presidencia de la República, en 1961, y
al golpe militar de 1964, tanto en la condición de
asesor del diputado Sérgio Magalhães, del PTB,
presidente del Frente Parlamentario Nacionalista y
vice-presidente de la Cámara Federal, como de
periodista, jefe de reportaje en el Correio da
Manhã y jefe de la sección política del
Diario de Noticias, dos de los más importantes
órganos de prensa brasileña.
El golpe militar de 1964 no
constituyó sorpresa alguna para mí. La amenaza
estaba latente en la política brasileña, desde que
Jânio Quadros renunciara a la presidencia de la
República, con el intento de forzar al Congreso a
otorgarle el poder legislativo y entrar en receso
permanente, como condición para que él retornase al
gobierno, frente al impasse político y
constitucional, que se crearía con el veto
previsible de los ministros militares a la
investidura del vice-presidente João Goulart en el
cargo de presidente, como su sucesor.
Este designio suyo lo divisé después,
porque, aunque nunca fuese adepto a Jânio Quadros,
yo lo acompañaba, al servicio del Diario de
Noticias, de Río de Janeiro, durante la campaña
electoral, y poseía un conjunto de informaciones que
me permitieron deslindar el enigma y publicar, dos
meses después de la renuncia, un pequeño libro
El 24 de Agosto de Jânio Quadros - en el cual
revelé que Quadros pretendía dar un golpe de Estado
sui géneris, constituyéndose como
alternativa para la junta militar que él mismo
sugiriera7, cuando muchos aún creían
en la hipótesis de que fuera depuesto.
El propio Jânio Quadros, sin embargo,
confirmó, en la obra Historia del Pueblo
Brasileño, escrita por él en co-autoría con
Afonso Arinos de Melo Franco, que su propósito, al
renunciar a la presidencia del Brasil, fuera del
hecho de constreñir al Congreso, coactado por los
acontecimientos, a delegarle las facultades
legislativas, sin perjudicar aparentemente, los
aspectos fundamentales de la mecánica democrática7.
Cité estos episodios, porque, desde
el golpe militar de 1964, sufrí todas sus
consecuencias. Estuve exiliado en Montevideo, donde
conviví con el ex-presidente João Goulart, Leonel
Brizola, el general Enrique Oest, el coronel
Dagoberto Rodrigues y tantos otros. Volví
clandestinamente al Brasil.
En 1969, fui preso por los agentes
del CENIMAR, entre los cuales estaba un americano,
agente de la CIA. Después de un año, anulada la
sentencia de la Auditoria de Marina, fui libertado,
pero otra vez, a comienzos de 1973, la Marina de
Guerra mandó prenderme. Así pasé más de un año
encarcelado en el Regimiento Marechal Caetano de
Farias, en Río de Janeiro.
Solamente en las vísperas de Navidad
de 1973, fui soltado y, regresando a San Pablo, pude
retomar las actividades académicas, luego de diez
años, los cuales viví como exiliado, clandestino,
semi-clandestino y preso, debido a mi
participación en la resistencia y oposición al
régimen militar. Mi querido y nostálgico amigo
Mauricio Tragtemberg me invitó para sustituirlo como
profesor en la Escuela de Sociología de San Pablo.
Y pude hacer mi doctorado en ciencia política en la
Universidad de San Pablo.
A pesar de ser perseguido, durante
diez años, nunca paré de producir. No puedo dejar
aquí de mencionar un hecho que marcó mi carrera
académica. Al salir de prisión, a fines de 1970, mi
querido amigo Ênio Silveira, propietario de la
Editorial Civilização Brasileira, me sugirió que
escribiera sobre la penetración de los Estados
Unidos en el Brasil y mensualmente me adelantó los
derechos de autor, de modo que yo pudiera
sustentarme, además de suministrarme los recursos
para la realización de la investigación.
Conté entonces con el respaldo de un
escritor Ballano, Adonias Filho, considerado de
derecha y ligado a los militares, pero amigo mío y
de Enio Silveira. Él, como director de la
Biblioteca Nacional, en Río de Janeiro, me dio ahí
un despacho especial y acceso a todos los libros y
documentos para que yo pudiera trabajar.
También conté con otros amigos dentro
de Itamaraty y el apoyo de Alzira Vargas de Amaral
Peixoto, hija de Getúlio Vargas, y de Euclides
Aranha Neto, hijo del ex-canciller y embajador
Oswaldo Aranha, que me abrieron sus archivos.
Trabajé día y noche y, cuando fui
nuevamente condenado por la Auditoría de Marina bajo
la acusación de incitamiento de motín, escapé otra
vez para San Pablo, donde terminé el libro, en la
clandestinidad, con cobertura de Aldo Lins y Silva.
Al ser llevado nuevamente a prisión,
a comienzos de 1973, ya había entregado los
originales a Ênio Silveira. El libro se titula
Presença dos Estados Unidos no Brasil (Dois sécalos
de História). Fue lanzado, en setiembre de
1973, mientras yo estaba encarcelado en el
Regimiento Marechal Caetano de Farias.
Conté tales hechos porque ellos
consustancian mi experiencia y desde entonces
pautaron mis estudios e investigaciones. Y fue a
partir de ahí que traté de ampliar la investigación
histórica, en los archivos, y profundizar aún más,
mis conocimientos sobre los Estados Unidos,
considerándolo como la expresión más avanzada del
sistema capitalista mundial, cuyo dominio se tornara
inigualable luego de la Segunda Guerra Mundial,
aunque contestado por la Unión Soviética y el Bloque
Socialista.
El único medio de comprender el
fenómeno, según lo enseñó Karl Kautsky, es saber
como comenzó. No se puede comprender la
sociedad actual sin saber como surgió, como sus
varios fenómenos (capitalismo, feudalismo,
cristianismo, judaísmo, etc.) se desarrollaron9.
De ahí que el cuentista político deba ser
necesariamente historiador.
Los Estados Unidos configuran un
producto directo de la gran revolución inglesa de
1648. Y el capitalismo fue el único modo de
producción que tuvo capacidad de expansión mundial,
extendiéndose a todas las regiones del planeta y
tendiendo siempre a eliminar todas las otras
formaciones económicas naturales, pre-capitalistas y
no-capitalistas, necesarias a su alimentación y
desarrollo.
La economía mundial capitalista no
constituye, por lo tanto, un conjunto de economías
nacionales, sino un todo, una realidad viva, una
unidad superior. Ella integra, como un bloque
asimétrico, potencias industriales y países
agrícolas y atrasados o en vías de desarrollo.
Y de ahí la imposibilidad de
instituir, en el modelo nacional, un sistema
armónico y autosuficiente, con todos los ramos
económicos, sin considerar las condiciones
geográficas, históricas y culturales del país, que
solamente constituye un pedazo de la unidad
económica mundial.
La división internacional del trabajo
y de las fuerzas productivas, y la creación del
mercado mundial, así como la subordinación de la
industria en la Unión Soviética a la tecnología
extranjera y a la importación de materias primas
hacían, por consiguiente, inviable la sustentación
de una sociedad socialista, planificada, a mediano o
a largo plazo. No podía ser asimilada por el
sistema capitalista mundial.
Y así es por lo que Lenin retrocedió
del comunismo militar o comunismo de guerra,
implantado durante los años de la guerra civil, y
restableció el funcionamiento de la economía de
mercado, con la adopción de la NEP (Novaia
Ekonomitcheskaia Política), a partir de 1922,
no como táctica, a fin de enfrentar dificultades
momentáneas9, y sí como estrategia de
desarrollo de las fuerzas productivas, necesario al
socialismo. Él concebía el capitalismo de
Estado como el capitalismo privado, permitido y
controlado por el Estado, y no como la propiedad y
la operación de las empresas por el Estado.
Stalin, mientras tanto, liquidó la
NEP en 1927 y, con la perspectiva de instituir el
socialismo dentro de las fronteras nacionales de la
Unión Soviética, trató de implementar el Plan
Quinquenal (1928-1933), promoviendo la radical
colectivización de las tierras y acelerando,
brutalmente, el proceso de industrialización.
Kart Kautsky, en aquel tiempo,
criticó el régimen soviético por haber transportado
los métodos del absolutismo monárquico de
la política para las industrias, aumentando más y
más los poderes de los directores de fábricas sobre
los operarios, no obstante, sometiendo a los mismos
directores a tal subordinación al aparato político
que les quitaba toda la capacidad de actuar con
independencia y así poder tomar por cuenta propia
cualquier iniciativa en el proceso de producción y
distribución10.
Y, a través de la restricción del
consumo a un mínimo absolutamente intolerable, el
Estado se apropió del excedente económico, con el
cual se dispuso a crear y organizar usinas,
centrales de energía eléctrica, industrias de
máquinas y equipamientos, así como de otros bienes
de capital11.
Esta acumulación primitiva de
capital, en que la socialización se convirtiera ya
no más en consecuencia pero sí en vía de desarrollo,
sólo fue viable también mediante la socialización
del terror. Alrededor de 1931, Stalin ya habría
mandado ejecutar, como mínimo, un millón de
ciudadanos soviéticos o, según el historiador
Roy Medvedev, cerca de 12 millones, además de otros
38 millones, que sufrieron las más variadas medidas
de represión (prisión, campos de trabajo, etcétera)12,
y determinó, en los 10 años siguientes, esto es,
hasta 1941, el fusilamiento de más de 100.000
dirigentes bolcheviques, entre los
cuales todos o prácticamente todos
los compañeros de Lenin13.
No sin razón Leon Trotsky, en 1935,
previó que, sin la restauración de la libertad
política y sindical, el prolongado aislamiento de la
Unión Soviética, dentro de una economía mundial de
mercado, acarrearía, finalmente, la restauración del
capitalismo y el surgimiento de una nueva clase
poseedora14.
De hecho, el colapso de la Unión
Soviética y del Bloque Socialista no negó, sino
que confirmó la conclusión a las que Karl Marx
había llegado, expuestas en el prefacio de Zur
Kritik der Politschen Ökonomie, según las cuales
una formación social nunca se desmorona sin que
las fuerzas productivas dentro de ella estén
suficientemente desarrolladas, y que las nuevas
relaciones de producción superiores jamás aparezcan,
en el lugar, antes que las condiciones materiales de
su existencia sean incubadas en las entrañas de
la propia sociedad antigua15. Ni
Marx ni Engels jamás concibieron el socialismo
como vía de desarrollo o modelo alternativo para el
capitalismo, sino como consecuencias de su
expansión, de su madurez.
Sin el rápido perfeccionamiento de
los instrumentos de producción y el constante
progreso de los medios de transporte y de
comunicación, conque la burguesía arrastraba hasta a
las naciones más bárbaras a la civilización, no
sería posible su implantación.
Lo que viabilizaba, científicamente,
el socialismo, de acuerdo con la teoría de Marx y
Engels, era el alto nivel de desarrollo de las
fuerzas productivas, que el capitalismo impulsaba,
pero que, al mismo tiempo, socializaba cada vez más
el trabajo, tornaba el progreso discriminatorio y
excluyente, en virtud del carácter privado de la
apropiación del excedente económico.
Sólo en dichas condiciones, el
aumento de la oferta de bienes y servicios, en
cantidad y en calidad, podría alcanzar un nivel en
el que la liquidación de las diferencias de clase
constituyese un verdadero progreso y tuviese
consistencia, sin acarrear consigo el estancamiento
o, inclusive, la decadencia del modo de producción
de la sociedad, según lo advirtiera Engels16.
La desintegración de la Unión
Soviética y de todo el Bloque Socialista demostró
que el capitalismo, como sistema económico mundial,
no había agotado su capacidad de desarrollo. Y
le dio un nuevo respiro, le abrió un nuevo campo
de expansión. El surgimiento de la nueva área, el
Este Europeo, con grandes zonas de economía
no-capitalista, amplió el círculo de consumo para el
capital, como mercado para la inversión de su
excedente económico y como reserva de fuerza de
trabajo, posibilitándole el incremento de la
reproducción, la acumulación.
Así, los Estados Unidos, que ya se
habían convertido en la potencia dominante en
Occidente, liderando el cartel de las grandes
potencias capitalistas, pudieron avanzar en su
proyecto de instituir un imperio global. Y
disponían por lo tanto de todas las condiciones.
Así, actualmente, los Estados Unidos
responden por cerca del 25% del PBI mundial,
están al frente del desarrollo científico y
tecnológico, con cerca de 50% de las patentes
requeridas en todo el mundo, su poderío militar, con
7.000 ojivas nucleares, es superior al de todas las
demás potencias y se expande por todos los países
del mundo, donde tiene bases instaladas y más de
300.000 soldados acuartelados. Controlan la economía
mundial por medio del FMI, Banco Mundial, Banco
Interamericano de Desarrollo y otras instituciones y
tratados.
También los Estados Unidos extienden
su preeminencia, a nivel cultural, a través del
control de la información y de aparatos ideológicos,
como la CNN, Internet, las agencias de noticias, el
cine de Hollywood, las sectas evangélicas
fundamentalistas, fundaciones académicas. E,
igualmente, diversas instituciones como National
Endowment for Democracy, Internacional
Republican Institute, National Democratic
Institute for Internacional Affaire y el
American Centre for International Labour, brazo
de la política exterior de la AFL-CIO, promueven
intereses de los Estados Unidos, en todos los
países, donde sus servicios de inteligencia
igualmente conducen acciones encubiertas,
manipulando y subvencionando la oposición interna a
los gobiernos que eventualmente contraríen los
intereses políticos y estratégicos de Washington.
Al escribir la obra A Formação do
Imperio Americano no pretendí producir un libro
sobre la historia de los Estados Unidos, ni de la
sociedad americana. Ya hay muchas obras, narrando
la historia de los Estados Unidos, una historia en
gran medida pasteurizada por los autores.
Mi objetivo fue hacer un análisis
estructural,
en su dimensión histórica, del proceso que
posibilitó a los Estados Unidos convertirse, en
menos de un siglo,
en una superpotencia, un super-Estado
internacional, entendido como el dominium que
ejerce imperium (poder) sobre los hombres
(para el caso sobre otros Estados), de acuerdo al
concepto amplio de Nicoolò Machiavelli
(1469-1527)17.
Investigué y recogí informaciones que
están en las más diversas fuentes, fuentes
primarias, diarios, memorias de presidentes de los
Estados Unidos, secretarios de Estado, asesores de
Seguridad Nacional, agentes de la CIA y de
otros servicios de inteligencia, gangsters,
que mantuvieron reracionamientos con presidentes
americanos, etc. Las cotejé, así como crucé todos
los datos que existen pero están dispersos,
fragmentados y, por esto, no permiten al público, de
modo general, conocer la causa y la esencia del
fenómeno político, de los diversos episodios
históricos, episodios domésticos o internacionales,
o que se dieron en otros países, con la
participación directa o indirecta de los Estados
Unidos. A partir de ahí traté de reconstruir el
mosaico que la formación Imperio Americano
configuró. La historia es un emerging design.
El cuentista político portugués
Antônio de Sousa Lara destacó muy bien que los
Estados Unidos configuraban un modelo victorioso, o
mejor aun, configuran el núcleo duro de un modelo
que alcanzó suceso, la supremacía sobre todos los
otros modelos político-económicos y sociales y que
se tornó hegemónico18.
Sin embargo, como no hay bella, sin
un pero, según ponderó, los Estados Unidos,
aunque configuren el único Estado que tiene poder
político sin igual en el orden interno, superior en
el orden externo (
), el único Estado verdaderamente
soberano en la faz de la Tierra, constituye también
una sociedad materialista, egoísta, hedonista, de
desperdicio, de degradación de la naturaleza,
progresivo irrespeto por los más débiles, dentro de
la teoría de los descartables, que anima a la
sociedad de consumo a que todo se puede tirar a la
basura, desde los animales domésticos incómodos y
los fetos no deseados a los enfermos terminales,
ascendentes y parientes viejos y muy viejos que
insisten en no morir19.
El modelo capitalista victorioso en
los Estados Unidos, pues, no está exento de
paradojas, como aun resaltó Sousa Lara, y para
comprenderlo es fundamental percibir cómo surgió,
cómo se formó, cómo se desarrolló su realidad
histórica, tanto económica y social como política y
cultural.
Naturalmente, tenía que partir de una
teoría y ningún otro concepto, salvo el del imperio,
que puede, por consiguiente, exprimir mejor, y de
modo más aproximado, tanto como sea posible, la
realidad que los Estados Unidos pasaron a
configurar, sobre todo después de la Segunda Guerra
Mundial, y el carácter imperialista de su política
internacional.
Evidentemente, ninguna formación
económica, social y política se repite o se
reproduce, con las mismas características, a lo
largo de la historia. El imperialismo, además,
no constituye solo un fenómeno del capitalismo,
resultante de la fusión del capital bancario con el
capital industrial, generando el capital financiero,
que pasa a controlar todo el proceso productivo.
Según reconoció Lenin, la política
colonial y el imperialismo ya existían antes de la
fase actual del capitalismo y, aún así, antes del
capitalismo20, a ejemplo de Roma, cuyo
sistema productivo se basaba en la esclavitud. No
fue Lenin, sin embargo, quien desarrolló la teoría
del imperialismo. Los conceptos básicos fueron
formulados por los economistas Rudolf Hilferding
(1877 1941), John Atkinson Hobson (1858 1940) y
Rosa Luxemburgo (1870 1919). Fue en los dos
primeros que Lenin se apoyó y muy poco o nada
agregó, excepto la esperanza de que el capitalismo,
en su fase imperialista, condujese plenamente a la
socialización de la producción, en sus más variados
aspectos, y arrastrase a los capitalistas, a pesar
de su voluntad y conciencia, a un cierto nuevo
régimen social, de transición entre la libertad
plena de competencia y la socialización completa21.
No consideró que el imperialismo
constituyera la expresión política del proceso de
acumulación del capital, en lucha para conquistar
las regiones no-capitalistas que aún no se
encontraban dominadas y que estas regiones, en aquel
tiempo, aún abarcaban gran parte de la Tierra22.
Ignoró el aporte de Rosa Luxemburgo y atacó
violentamente la hipótesis de Kautsky.
Pero el hecho fue que la revolución
social no se extendió en Europa y, luego de la
Segunda Guerra Mundial, en que los Estados Unidos e
Inglaterra disputaron con Alemania el dominio
mundial, el cartel de las potencias
industriales de Occidente se consolidó, en la
confrontación con la Unión Soviética y el Bloque
Socialista.
La realidad ya no era más la
existente a fines del siglo XIX y las primeras
décadas del siglo XX, en que las potencias
industriales Inglaterra, Francia y otras
repartían el mundo y acoplaban a sus economías, como
colonias, las regiones agrícolas, las regiones más
atrasadas, en que la guerra era la competencia
comercial por otros medios, por medio de las armas.
El imperialismo no era el
capitalismo de transición o, más apropiadamente,
agonizante, como imaginaba Lenin, juzgando que
la revolución social que estallara en Rusia iba a
extenderse al resto de Europa23. La
política imperialista de aquel tiempo, de la
Belle Époque, sería desalojada por otra nueva,
ultra-imperialista, en que la explotación común por
el capital financiero unido internacionalmente
sustituiría el conflicto bélico entre las grandes
potencias industriales, de acuerdo a la previsión de
Kautsky. Las guerras, para el consumo de material
bélico, se desviaron hacia la periferia del sistema
capitalista.
Dado que la realidad se modifica a
cada instante, está en movimiento y continúa su
mutación, el concepto de imperialismo, en la medida
en que debe y precisa acompañar y reflejar esta
realidad, no puede más, por lo tanto, estratificarse
con base en el modelo económico y político de Roma,
como también en el modelo de Inglaterra, Alemania o
Francia, a fines del siglo XIX y principios del
siglo XX, no obstante puedan existir elementos y
trazos comunes de identificación.
El concepto de imperialismo debe
acompañar, evolucionar y reflejar la transformación
en las relaciones económicas y políticas
internacionales, ocurridas, principalmente, a partir
de la Segunda Guerra Mundial, como, por ejemplo, la
desaparición formal de las colonias, en la década de
1960, y la aparición de los NICs (New
Industrializing Countries.
El
hecho que, actualmente, un país exporta capitales y
hace inversiones en el exterior no significa que sea
imperialista, que practique una política
imperialista. Si fuese así, Portugal, España,
China, África del Sur, el Brasil y otros diversos
otros países serían imperialistas.
Las fuerzas productivas del
capitalismo, en los más variados países, pretenden
pasarse de la estrecha raya del Estado nacional,
al mismo tiempo en que se acentúa el proceso de
internacionalización/globalización, de concentración
del poder económico y político, a escala mundial, de
la economía. No puede tomarse más la pura y simple
exportación de capitales como parámetro del
imperialismo.
El imperialismo, en la actualidad,
asumió nuevas características, las características
de ultra-imperialismo. Implica una política de
poder, y los Estados Unidos configuran la única
potencia capaz de ejecutarla, con el objetivo
estratégico de asegurar fuentes de energía y de
materias primas, así como las inversiones y mercados
de sus grandes corporaciones, mediante el
mantenimiento de bases militares, en las más
diversas regiones del mundo, en las cuales avanzan
sus intereses, a través de los medios de
comunicación, acciones encubiertas de los servicios
de inteligencia, lobbies, corrupción,
presiones económicas directas o indirectas por medio
de organizaciones internacionales, como el Banco
Mundial, el FMI, donde detentan la posición
mayoritaria.
La economía de los Estados Unidos,
cuyo dólar representa la principal moneda
internacional de reserva, está estrechamente
entrelazada con el mercado mundial, a través de
flujos de importación y de exportación, con déficit
crónico comercial que alcanzó el record con U$S
725.8 billones, en 2005, cerca del 17,5% más que en
2004, así como a través de flujos financieros,
remesas, lucros, intereses, amortizaciones,
royalties y dividendos, oriundos de sus
inversiones directas e indirectas, y de captación de
capitales con la venta de bonos del Tesoro
americano.
Este entrelazado es tan profundo, la
dependencia es de tal magnitud que la política
monetaria dictada por el Federal Reserve Bank
(FED), elevando o disminuyendo las tasas de interés,
o las decisiones del gobierno americano y del
Congreso, al imponer o abolir impuestos, y subsidios
repercuten sobre la economía de los más diversos
países y pueden sacudir todo el sistema capitalista
mundial.
A fin de mantener la hegemonía, el
Estado americano financia los programas de
investigación científica y tecnológica, sobre todo a
través de presupuesto de Defensa, que alcanzó
niveles record durante la administración del
presidente George W. Bush.
También el Estado americano subsidia
indirectamente las industrias bélicas, siderurgia,
metalurgia, fibras ópticas, etcétera, mediante la
compra de armamentos y otros pertrechos de uso
militar o dual.
Y de modo de mantener el complejo
industrial-militar, la connivencia entre las grandes
corporaciones, contratistas de obra (contractors),
y el Pentágono, el gobierno de los Estados Unidos
tiene siempre que crear nuevas amenazas a su
seguridad y a la way of life de los
americanos, así como a los intereses nacionales de
los Estados Unidos, intereses estos consustanciados,
en el exterior, tanto por la protección de las
fuentes de energía, el petróleo, y del acceso a los
mercados externos, como por el respaldo y defensa de
los países clientes, a ejemplo de Arabia Saudita,
Israel y Egipto.
La producción en gran escala de
armamentos, de pertrechos militares de tecnología de
punta y alto costo, implica, por lo tanto, no sólo
la necesidad de probarlos, sino también de
consumirlos en condiciones de guerra real, a fin de
que el Pentágono pueda hacer nuevas entregas, que
mantengan el proceso de reproducción, y descartar
los armamentos antiguos, de generaciones anteriores,
vendiéndoselos a los países clientes, a los
centinelas del Imperio, según la expresión de la
politóloga americana Jan K. Black.
Los Estados Unidos, donde, sobre todo
en la segunda mitad del siglo XX, la polarización
política y la desigualdad económica se entrelazan
cada vez más y, en 2002, cerca de 34,6 millones,
casi el total de la población de Argentina, vivían
por debajo del índice de pobreza, presentan, sin
embargo, un elevado nivel de vulnerabilidad.
Según la Heritage Foundation,
ligada al Partido Republicano, se espera que el
déficit fiscal de los Estados Unidos se eleve a U$S
1 trillón por año, hasta el 2017. Este déficit se
conjuga con el déficit comercial, que, según anunció
el Departamento de Comercio de los Estados Unidos,
en febrero de 2006, batió un nuevo record, en 2005,
alcanzando el monto de U$S 725.8 billones. Esta
tendencia, que se acelera, llevó al Fondo Monetario
Internacional , a comienzos de 2004, a advertir que
el déficit fiscal y el creciente desequilibrio
comercial, twin deficits, iban a elevar la
deuda externa de los Estados Unidos en tales
proporciones que quebraba todos los record y
amenazaba la estabilidad de la economía global,
generando significant risks@ para todo el
mundo24.
Efectivamente, a partir del primer
mandato del presidente George W. Bush, los Estados
Unidos tomaron préstamos de los gobiernos y bancos
extranjeros más que en todas las administraciones
desde 1776 a 2000. Su deuda externa alcanzaría, el
30 de junio de 2003, la cifra de U$S 6 trillones, de
los cuales U$S 1.270 trillones del principal, de
acuerdo con el informe del Departamento del Tesoro25.
Correspondían a los Estados Unidos, en 2004, cerca
del 22% de la deuda externa combinada de 206 países,
listados por el Factbook, de la CIA, en un
valor total de U$S 38,54 trillones26.
Y, de acuerdo con el World
Factbook, de la CIA, la deuda nacional de los
Estados Unidos, en 2005, representaba el 64.7% del
PBI, estimado en U$S 12.49 trillones, mientras la
deuda externa de China, con un PBI calculado en U$S
2.225 trillones, era del orden de U$S 242 billones.
Y, en el primer semestre de 2006, la deuda externa
de los Estados Unidos tendía a crecer, en una media,
de U$S 628 millones todos los días. La deuda del
gobierno federal, en junio de 2006, ya estaba en el
entorno de los U$S 8,3 trillones27.
El alta del precio del petróleo, del
cual la guerra en Irak lleva sacado 1,5 millones de
barriles/día del mercado, y de oro, así como la
valorización del euro son síntomas de la profunda
crisis que esconde la economía americana.
Los Estados Unidos emiten dólares,
sin base, para pagar la energía, commodities
y manufacturas que importan, y los países que les
venden, tales como Arabia Saudita, China y otros,
con los mismos dólares sin base compran bonos del
Tesoro Americano.
En otras palabras, son los bancos
centrales de otros países que continúan financiando
el déficit en la cuenta corriente de la balanza de
pagos de los Estados, que en 2005 alcanzó el record
de U$S 805 billones, 25% más que en 2004 y el
equivalente a 6,4% del PBI28.
Las estadísticas del Departamento del
Tesoro indicaban, a fines de 2004, que los
extranjeros detentaban el 44% del débito federal en
poder del público. Cerca de 64% de los 44% estaban
en poder de los bancos centrales de otros países, la
mayor parte de los bancos centrales de Japón y de
China. Sólo China detenta cerca de U$S 854
billones, el valor más alto que el déficit de la
cuenta corriente de la balanza de pagos de los
Estados Unidos.
Esta situación genera ciertamente un
enorme potencial de riesgo para los Estados Unidos,
si los bancos pararan de comprar los bonos del
Tesoro o comenzaran a venderlos, masivamente, en el
mercado. Lo que aparta, por el momento, la
perspectiva de colapso es el hecho de que el dólar
es la moneda internacional de reserva.
Aparta, pero no elimina la amenaza.
The most worlds richest, most powerful country,
depends on the savings of the worlds poorest
exclamaron Bill Bonner y Addison Wiggin, en su obra
Empire of Debt29.
Pero ¿hasta cuando?
La burbuja financiera de los Estados
Unidos, inflada de esta manera, va a explotar, día
más día menos. El 28 de marzo de 2006, el Asian
Development Bank advirtió a sus miembros en el
sentido de que se preparasen para un posible colapso
del dólar, que, aunque incierto, tendría graves
consecuencias para la economía mundial30.
El financista George Soros considera que el
estallido de la burbuja es inevitable y previo que
se daría en 2007.
Señales muy similares a las que
marcaron el declive y la caída del Imperio Romano
descritos tan magistralmente por Edward Gibbon, ya
se manifiestan y se acentúan en los Estados Unidos.
Sin un estado de guerra permanente la economía de
los Estados Unidos deja de funcionar. La paz es
contraria a sus intereses. Lo mismo sucedió con el
Imperio Romano, cuya economía, en la forma que
finalmente alcanzó, se basaba en la guerra31.
El Imperio Americano, militarista,
necesita también de guerras para mantener su
economía en funcionamiento, reducir el número de
desocupados, etc. Ya se enfrenta, sin embargo, con
serias dificultades para frenarlas en más de un
escenario de operaciones. Los gastos con las
guerras en Irak, donde los Estados Unidos ya
sufrieron más de 2.510 bajas, y en Afganistán, donde
las fuerzas de la OTAN pierden más y más soldados
cada año, sin conseguir dominar la situación,
concurren para agravar la perspectiva de una grave y
profunda crisis en su economía. La guerra en Irak y
en Afganistán está perdida para los Estados Unidos.
Dentro de tres o cuatro años, tal vez
menos, los Estados Unidos, cualquiera sea su
presidente, tendrán que retirar las tropas de Irak.
La crisis en Oriente Medio, mientras
tanto, tiende a agravarse. Aunque no sea el único
factor, la política del presidente George W. Bush,
con la llamada guerra contra el terrorismo, es en
gran medida responsable por el recrudecimiento del
conflicto en Palestina y que ahora se extiende al
Líbano.
El Estado de Israel, por cierto,
tiene el derecho de existir. Es una realidad
irreversible y no se puede pretender destruirlo como
intentan los radicales, fundamentalistas islámicos.
Nada, sin embargo, justifica la masacre de civiles y
la devastación de la infraestructura del Líbano y de
la Franja de Gaza que las fuerzas armadas de Israel
van a perpetrar, como gendarme del Imperio
Americano, a fin de extirpar a Hizbolah, la milicia
chiita apoyada por Irán. Israel pierde lo que le
queda de autoridad política y moral, así como
compromete su economía y el futuro de su propia
seguridad.
Los Estados Unidos no podrán
sustentarlo, indefinidamente, en medio de los
pueblos musulmanes, que pasarán a hostilizarlo y
amenazarlo cada vez más, como consecuencia del odio
y del sentimiento de venganza generados por tamaña
ferocidad.
Si la decadencia del Imperio Romano
duró muchos siglos, la decadencia del Imperio
Americano probablemente llevará tan solo unas
décadas. El desarrollo de los medios de
comunicación y del transporte imprimió una mayor
velocidad a la civilización moderna.
El desarrollo de las herramientas
electrónicas, la tecnología digital, imprimieron
velocidad al tiempo. Y la caída del Imperio
Americano será tan vertiginosa, dramática y violenta
como su ascensión.
Al reproducir este material en
español es necesario
colocar el origen de esta traducción
.
Traducido para LA ONDA digital por
Cristina Iriarte
LA
ONDA®
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