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Muerte de Schlesinger:
el Maquiavelo de Kennedy
por Lisandro Otero
Arthur
M. Schlesinger murió en Nueva York, de un ataque al
corazón, a los 89 años de edad. Historiador liberal
estadounidense, uno de los más importantes del siglo
XX. Ganador dos veces el premios Pulitzer, su nombre
quedó irremediablemente relacionado con el de John
Fitzgerald Kennedy. Schlesinger fue el cronista, el
historiador de ese periodo gubernamental
norteamericano que duró unos mil días. Mil días:
John F. Kennedy en la Casa Blanca (1965) fue el
título que eligió Schlesinger para el libro en el
que resumió la presidencia de JFK, que él conocía de
primera mano como asesor y redactor de los discursos
del presidente Kennedy. Lo que sigue es el articulo
del periodista y escritor cubano
Lisandro Otero
inicialmente publicado en Cubaperiodistacom
sobre
Arthur M. Schlesinger.
Acaba de fallecer, a
los ochenta y nueve años de edad, Arthur M.
Schlesinger Jr., el principal asesor del
Presidente John Kennedy y uno de los panegiristas de
aquél breve y recordado gobierno. Kennedy se rodeó
de una capa de intelectuales que le asesoraban y
contribuían a pulir su efigie de mandatario
ilustrado. Talentosos economistas e historiadores,
como Arthur Schlesinger, John Kenneth Galbraith, Ted
Sorensen, Theodore White William Manchester y hasta
destacados escritores como Norman Mailer y Gore
Vidal se vincularon al episodio kennediano.
Schlesinger estudió
en Harvard y en la británica universidad de
Cambridge. Su padre y su abuelo fueron distinguidos
historiadores. A los veintisiete años publicó La
edad de Jackson, sobre la presidencia de Andrew
Jackson y la expansión hacia el oeste; fue un éxito
cultural y comercial: recibió el Premio Pulitzer y
vendió 90,000 ejemplares. Era un incansable escritor
que solía producir diez páginas cotidianas y se
zampaba una ringlera de martinis cada día.
Durante la guerra
trabajó en la Oficina de Asuntos Estratégicos,
precursora de la actual Agencia Central de
Inteligencia. En 1957 comenzó la publicación de
cuatro tomos sobre la presidencia de Franklin D.
Roosevelt, el New Deal y el liberalismo keynesiano
que salvó a Estados Unidos de la depresión. Conoció
a John F. Kennedy en una recepción, en casa del
director del Washington Post, y desde entonces no se
separaron. Durante la campaña presidencial escribió
mucho a favor de Kennedy y el esplendor de los
ideales que su gobierno traería. Cuando fue electo,
el nuevo Presidente almorzaba una vez por semana con
Schlesinger para recibir su apoyo conceptual. El
hermano, Robert, organizó un seminario de
discusiones intelectuales, en su propia casa, que
era dirigido por Schlesinger. Cuando ocurrió la
crisis de los misiles en Cuba se opuso enérgicamente
a la invasión a la isla y escribió un memorando
contra esa alternativa. Años después visitó Cuba
en compañía de una de las hermanas del Presidente
asesinado.
Tras el golpe de
estado en Dallas, Schlesinger escribió su obra Los
mil días, que apareció en 1966 y recibió el Premio
Pulitzer y el Premio Nacional del Libro. En 1978
publicó Robert Kennedy y su tiempo que le ganó,
por segunda vez, el Premio Nacional del Libro. En
1973 publicó La presidencia imperial, contra el
gobierno de Nixon.
John Kennedy le debió
la presidencia a una hábil manipulación de los
medios de comunicación, en la cual Schlesinger fue
uno de los principales propulsores. Le rodearon de
una imagen de atlética y audaz juventud pese
a que era un hombre muy enfermo que recibía fuertes
dosis de medicamentos. Le crearon el talante de un
perfecto cabeza de familia, padre ejemplar, esposo
fiel, cuando en realidad era un mujeriego
irrefrenable que no cesaba en sus parrandas. Gustaba
de fumar habanos pero se evitaba que eso
trascendiera al público porque era una costumbre que
lo semejaba a los viejos caciques de la
politiquería.
Kennedy fue el líder
que encarnó la imagen de los años cincuenta, cuando
se rompió la barrera del sonido, el número de
pasajeros por vía aérea sobrepasó a los que usaban
el ferrocarril, se aumentó de manera colosal la
venta de electrodomésticos, creció la oferta de
automóviles. Tras la muerte de Kennedy comenzó la
edad de la ansiedad, del desafío a la autoridad, de
la rebeldía estudiantil, de manifestaciones,
asesinatos, motines antirracistas, de inquietudes
revolucionarias y expansiones de la violencia
cívica.
El ascendente de los
Kennedy en la mitología nacional es una demostración
más de la fuerza de los medios de comunicación
masiva en la creación de mitologías. La intensa
repercusión de la muerte de John F. Kennedy, y la
pesadumbre que crearon los infortunios de esa
familia, es la confirmación de cómo se puede
influir en la opinión si se cuenta con los recursos
necesarios para conformar la imaginación pública.
Esa familia, enriquecida con turbios manejos, ha
pasado ha ser un símbolo de la identidad nacional
como el perro caliente y la Coca Cola.
Schlesinger fue un hijo de su tiempo, un liberal, un
verdadero demócrata, que solía decir que la
comprensión del pasado no
es un mero ejercicio estético sino el único camino
para comprender el presente.
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