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Ante los nuevos nombramientos;
el Estado reformado y otros dilemas
por Jorge García Alberti
El
Gobierno analiza en estos días cómo emprender una de
las tareas más difíciles que tendrá por delante
hasta finalizar el período. A tal punto es así, que
a la reforma del Estado, en el cónclave que se
realizó en la Estancia de Anchorena, se la denominó
la madre de todas las reformas, y vimos que
ya empezó por la Oficina de Planeamiento y
Presupuesto.
En medio de la ya
polémica reforma tributaria, causal del alejamiento
en estos días del titular de la Dirección General
Impositiva, de la discusión que se está librando en
torno al nuevo Sistema Nacional de Salud o de la
también discutida y polémica reforma educativa, se
ingresa ahora en el plan de ajustar el Estado para
intentar modernizarlo y mejorarlo.
Si esto se hace en
serio, habrá mucha tela para cortar. Va a implicar
cambios profundos en la concepción de lo público,
del rol que juega y jugará la participación
ciudadana en las decisiones gubernamentales y , algo
fundamental para la convivencia y la reafirmación de
la democracia, cómo se mantendrán los equilibrios
políticos necesarios para lograr el apoyo de la
oposición con el fin de hacer posibles los cambios
previstos.
Si algún ingrediente
le faltaba a esta ya complicada realidad, aparece
sobrevolando la nunca descartada reelección del
Presidente de la República en períodos sucesivos, es
decir para el próximo, y no alternados, como ocurre
hoy.
Para instrumentar esa
posibilidad habrá que reformar la Constitución de la
República y para introducir otros cambios profundos
en el Estado es posible que también. Por lo tanto,
los uruguayos tenemos asegurada alguna consulta a la
ciudadanía mediante el voto.
Entonces surge la
pregunta que muchos se hacen ¿cómo discutir temas de
fondo para reformular el Estado y eventualmente
introducir cambios en la Constitución si, en forma
coincidente, hay posibilidades que, en algún
momento, entre por la ventana el viento de la
reelección.?.
Los actores políticos
más significativos, desde el Presidente Vázquez para
abajo, sostienen una y otra vez que no son tiempos
para hablar de reelección, sino que son tiempos de
gobernar. En todo caso, para hablar de ese tema,
habrá que hacerlo en el 2009.
Al mismo tiempo, el
Presidente anuncia a todos en el cónclave de
Anchorena, que no quiere que se mezclen las cosas
cuando comience a llamar a los líderes de la
oposición para analizar la reforma del Estado.
¿Alguien realmente
cree posible que en Uruguay actual se consigan
apoyos políticos para algo tan grande como cambios
en el Estado, sin tener claro cómo jugará en el
corto plazo el asunto de la reelección?.
Actores del Gobierno
sostienen que el punto no se va a plantear ahora.
Si damos por cierta
esta última afirmación y ya entrando en el terreno
de las suposiciones, deberíamos descartar entonces
dos posibilidades de una posible reelección
presidencial: la que supone un acuerdo político,
porque no habría ninguna posibilidad en ese sentido
y la que impulse la iniciativa de la Asamblea
Constituyente. Esta última, porque la Asamblea
General no debería tener los votos suficientes para
aprobar una moción de este tipo ahora, si se siguen
los lineamientos que pide el Presidente.
Entonces queda
abierta la única puerta posible, que puede abrirse y
cerrarse cuantas veces se quiera hasta el último año
del actual período: que desde el partido de gobierno
se participe con dos fórmulas y que la reelección
sea ratificada o no por la ciudadanía en las
elecciones del 2009.
Ahora volvamos el
razonamiento un paso atrás y preguntémonos : ¿ qué
sector político dará vía libre al nuevo Estado
uruguayo para que los méritos y rédito de tal
acción quizá sean aprovechados por el actual
Presidente?.
Porque si todo
transcurriera con absoluta armonía, aunque ello
parece poco probable si nos atenemos a las
circunstancias actuales, y se logra instaurar un
Estado mejor que el que tenemos, surge atractivo ser
el jefe del gobierno del nuevo Uruguay.
Si algún condimento
le falta a la sopa, no debe olvidarse que la
eventual reelección, además, le daría solución a un
grave problema interno en el Frente Amplio, como es
el de las candidaturas.
Ahora viene la Semana
Santa o de Turismo y es probable que los actores
políticos se tomen un respiro, como lo hace la
mayoría de los uruguayos, para que siga vigente
aquello de que el año empieza cuando el último
ciclista se baja de la bicicleta.
Luego de eso, habrá
que despertar y ponerle cabeza a más de un dilema.
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