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Polémico discurso de Enrique Bonelli,
Comandante de la Fuerza Aérea
El
comandante en jefe de la Fuerza Aérea, teniente
general (av) Enrique Bonelli, volvió a abogar por un
"Nunca Más", ante la presencia del presidente de la
República Tabaré Vázquez y de la ministra de
Defensa, Azucena Berruti.
A la
vez convocó a los ex guerrilleros a que también den
un
"paso adelante" para superar la etapa de
confrontación en el país.
"Mucha gente que no
ha dado un paso adelante y no ha expresado lo que
sabe o conoce, que lo haga, porque creo que una
autocrítica vendría bien", dijo en el 94º
aniversario de la Fuerza Aérea en la base
"Capitán Boiso Lanza". Lo que sigue es el texto
completo de ese discurso, pronunciado el pasado 16
de marzo.
Hace
hoy exactamente un año, que, luego de haber dado
respuesta con lo mejor de nuestro esfuerzo, al
requerimiento del Poder Ejecutivo de conocer lo
acontecido y el destino de dos ciudadanos
desaparecidos hace tres décadas, reafirmábamos el
compromiso institucional de la Fuerza Aérea con la
libertad y el estado de derecho, para que hechos tan
trágicos, no sucedan ´Nunca Más`.
Un ´Nunca Más` que en
honor a la honestidad intelectual y a la verdad
histórica, debe necesariamente comprender no sólo
esos hechos, sino también aquellos que, cuestionando
gobiernos constitucionales y democráticos, iniciaron
en la década de los 60? un penoso proceso de
confrontación política y violencia social, que nos
condujo a épocas aciagas.
Hace un año, al
comprometernos con ese ´Nunca Más`, dijimos que
volvíamos nuestra mirada hacia el futuro, porque las
sociedades y sus instituciones no pueden vivir
enquistadas en el pasado, y menos aún forjando
peculiares e incompletas interpretaciones de éste.
Hoy, al dirigirme a
la Fuerza Aérea en su nuevo aniversario, deseo
seguir la senda trazada en aquel discurso, y fijar
la mirada en la construcción de ese futuro, en
cuanto a los roles y desafíos que el presente le
depara a las Fuerzas Armadas, y especialmente a la
Fuerza Aérea.
Las relaciones entre
civiles y militares en el Uruguay, se han
caracterizado muchas veces, por la mutua ignorancia
e incomprensión, cuando no, recelo o desconfianza.
Por nuestra parte,
estimo que los militares hemos tenido puntos de
vista ingenuos, desinformados y poco prácticos
acerca de las relaciones cívico-militares. Muchas
veces hemos sentido que las instituciones civiles no
nos entienden, y que los ciudadanos electos tienen
escaso interés y comprensión de la problemática que
nos atañe. Hemos así desarrollado una visión muy
acotada del potencial de la relación cívico-militar.
Dicha visión limitada
se ha nutrido, entre otros factores, de la falta de
cooperación y de la inexistencia de organismos o
ámbitos de integración múltiple, imprescindibles
para enfrentar adecuadamente los desafíos actuales.
La realidad actual
del país y del mundo hace inconcebible una Fuerza
Aérea y unas Fuerzas Armadas preparadas sólo para la
guerra convencional o no convencional.
Deben ellas, y la
Fuerza Aérea en particular, estar preparadas y
equipadas para ser componente esencial de una
respuesta integrada cívico-militar para enfrentar
desastres naturales, pandemias, accidentes
bioquímicos, ataques terroristas, así como otros
fenómenos naturales o provocados por el hombre que
afecten las comunicaciones, el transporte y la
infraestructura crítica del país.
Esta complejidad y
versatilidad de funciones debe reflejarse en la
concepción de defensa y doctrina de empleo, y en la
composición de los organismos de integración
múltiple que se formen, a fin de planificar la
eventual respuesta a dichos incidentes o amenazas. Y
también debe reflejarse en el presupuesto.
Debe dejar de
pensarse en el gasto de defensa como un elemento que
va en detrimento o absorbe fondos que de otra manera
irían a formar parte del denominado gasto social.
La seguridad,
constituye un componente esencial del progreso
económico y de cualquier proyecto de desarrollo
sustentable de país. Y los recursos dedicados a la
preparación ante esas potenciales amenazas, son
también un gasto social necesario; una inversión
indispensable que previene o mitiga males mayores,
que terminan castigando a los sectores más
necesitados de la sociedad.
En el marco de las
amenazas del mundo moderno, el mantenimiento de
Fuerzas Armadas en niveles presupuestales
inadecuados produce un vacío quizás imperceptible,
hasta que una tragedia, una calamidad nacional o
cualquiera de los escenarios que vuelven necesario
su empleo a fondo, ponen en evidencia, ya demasiado
tarde, el error cometido.
Es necesario por
tanto mejorar la coordinación entre las Fuerzas
Armadas, pero también entre éstas y otras entidades
estatales y no estatales, teniendo una visión y un
plan operacional común, para una adecuada gestión y
empleo de los recursos económicos y capital humano.
Debemos transformar a
las Fuerzas Armadas en el componente militar
optimizado de la defensa nacional. Asumir que las
operaciones conjuntas y las estructuras de
organización y de mando necesarias para ellas, son
hoy una necesidad impostergable.
Movernos de enfoques
basados en amenazas o hipótesis de conflicto
conocidas, hacia un marco más flexible sustentado en
el desarrollo de nuestras capacidades para enfrentar
conjuntamente amenazas cambiantes e impredecibles.
De una arquitectura
de información cerrada y segmentada, a otra abierta
y basada en redes de información.
De una cultura de
Fuerzas organizadas competitivamente y en
compartimientos estancos, a organizaciones militares
integradas con objetivos comunes y compartidos. De
planificación deliberativa y autónoma a una
planificación conjunta, flexible y con capacidad de
adaptarse rápidamente cuando cambian las
circunstancias para las cuales el plan fue diseñado.
Crear una red
integrada de defensa de aire, mar y tierra.
Ello requiere
importantes cambios institucionales y legales. Pero
fundamentalmente exige que la integración logística,
operacional, de comunicaciones y de personal sea
estudiada, planeada y puesta en práctica.
Necesitamos un cambio
cultural que permita mejorar la agilidad y capacidad
de despliegue rápido de las Fuerzas Armadas, y que
por tanto transforme nuestra habilidad para
responder a eventuales crisis.
Cambios en
infraestructura y localización física para facilitar
el agrupamiento y despliegue operacional, la
integración de mandos conjuntos y la experiencia de
intercambio profesional y adaptación mutua
permanente.
El trabajo en
operaciones conjuntas es esencial para la
posibilidad de éxito en el uso del poder militar, y
debe ser la piedra angular de los planes de
transformación de la Fuerza Aérea y de sus conceptos
de operación.
La Fuerza Aérea
propone, focalizar nuestros esfuerzos en este cambio
mental y estructural como una de las principales
transformaciones a realizar.
Ahora, ¿cómo educar y
entrenar los recursos humanos que constituyen la
base intelectual y material de las Fuerzas Armadas?
¿Qué clase de
educación y entrenamiento precisamos para alcanzar
los objetivos antedichos?
Para facilitar la
acción integrada de nuestras Fuerzas Armadas se hace
necesario un cuerpo común de conocimientos,
prácticas y experiencias. En ese sentido deberíamos
aumentar la cooperación entre las distintas Fuerzas
mediante la creación de un programa de desarrollo
profesional que incluya requisitos y medios de
educación, así como destinos militares y tareas
conjuntas, lo que incrementará nuestra capacidad y
confianza mutua a través de la formación, el
entrenamiento y la práctica en el trabajo.
La importancia en
este contexto de la educación militar no puede ser
minimizada.
Aún ante un
presupuesto limitado e ingentes necesidades de
renovación tecnológica, de materiales y
equipamiento, la inversión en capital humano, y en
los mecanismos y medios para mantenerlo, es esencial
para sostener la capacidad de adaptación de las
Fuerzas Armadas a nuevos y cambiantes desafíos.
El primer objetivo de
la educación militar debe ser enseñar a nuestros
Oficiales la habilidad y capacidad de desarrollar el
pensamiento critico necesario para analizar y tomar
las mejores decisiones en situaciones complejas,
dinámicas e impredecibles.
Las cuestiones
morales y políticas constituyen también una esfera
de conocimiento muy importante, que la formación
militar debe profundizar.
Nuestros Oficiales
deben entender las ideas e intereses que hay detrás
de los conflictos del siglo XXI, la dimensión
política y geopolítica de los mismos, así como la
complejidad de las relaciones entre civiles y
militares anteriormente señaladas.
Por tanto, el
programa educativo militar debe incluir educación
liberal clásica para preparar a nuestro Cuerpo de
Oficiales y Personal no sólo en el arte de la
guerra, sino también en los fundamentos de la
LIBERTAD, que es en definitiva el valor último y mas
preciado de toda la Humanidad.
Muchas gracias
LA
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