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Uruguay y España:
la política en dos países
polarizados
por Raúl Legnani
Hoy
hay una similitud muy grande entre España y Uruguay,
en lo que tiene que ver con los comportamientos
políticos. En ambos países hay una oposición que
pelea todas, que va al trancazo en cualquier
circunstancia, buscando tensionar el clima político.
Seguramente esto debe de ser así que los dos
sistemas políticos son casi bipartidistas, lo que
genera determinadas dinámicas que no son frecuentes
en aquellos países en que hay más de dos fuerzas
políticas disputando el gobierno.
En
España la confrontación sustancial es entre el
Partido Socialista Obrero Español, en el gobierno,
con el Partido Popular, en la oposición. Hay una
tercera fuerza, la Izquierda Unida además de otras
- , con poco apoyo electoral y que oscila entre las
dos fuerzas que realmente confrontan.
En el
caso de Uruguay la confrontación es entre el Frente
Amplio, en el gobierno, con el Partido Nacional, en
la oposición. La tercera fuerza es el Partido
Colorado, extremadamente reducido en su caudal
electoral, que no tiene una posición intermedia sino
que se siente parte de la oposición.
El
Partido Nacional, donde uno de sus sectores, el
Herrerismo, es muy afín al Partido Popular - Luis
Alberto Lacalle tiene una muy buena relación con
José María Aznar- , practica una política de
acumulación de fuerzas que es la del golpeteo
permanente, con un claro sentido polarizador.
Si bien
en Uruguay no hay un tema que predomine sobre los
otros, como ocurre en España con Eta, hay una serie
de problemas en debate que no son muy diferentes. En
ambos países la derecha busca imponer temas como la
seguridad, la pérdida de valores y de las
libertades, el papel de la familia, a la vez que se
coloca como escudera de las capas medias.
La
radiografía nacionalista
El
diputado Federico Casaretto, hasta ahora el único
dirigente nacionalista que se ha atrevido a escribir
un documento sobre la estrategia nacionalista, ha
sido muy claro.
En pocas
líneas pinta al gobierno según sus intereses, en
pocos plumazos. Habla de un estilo autoritario y
personalista de gobierno, que busca el deterioro
gradual del Estado de Derecho, que apuesta a una
prensa independiente obstaculizada, presionada y
autocensurada, estableciendo el dominio militante
de las organizaciones de la sociedad civil y la
falsificación ideológica de la historia nacional.
El
gobierno progresista está estableciendo una
sociedad emparejada económicamente hacia abajo,
afectando negativamente a los sectores productivos y
dañando gravemente tanto a la clase media como a los
sectores pobres con deseos de progresar, a la vez
que establece acciones de gobierno que benefician a
empresas y particulares que están relacionados con
los gobernantes ya sea en lo familiar, en lo
amistoso o en lo ideológico.
Es un
modelo injusto, autoritario y empobrecedor, asegura
al legislador, pasando a sacar la conclusión de la
necesidad de la resistencia. Tenemos que dar esta
batalla en todos los ámbitos: en el parlamento, en
las juntas departamentales, en las juntas locales,
en los medios de comunicación, en las comisiones
barriales, en los sindicatos, en los gremios
estudiantiles, en las organizaciones no
gubernamentales, en las asociaciones profesionales,
en las gremiales empresariales, en la Universidad,
en los grupos culturales y en cada reunión a lo
largo y ancho de la República, dice con bríos que
asombran y que llevaron al diputado frenteamplista
Pablo Pérez González a decir que Casaretto se
golpeó la cabeza.
Ambos
legisladores son de Maldonado, departamento donde el
bipartidismo y la polarización son muy agudas,
expresándose con virulencia en los medios de
comunicación y en los muros.
Respuesta española, que pudo ser uruguaya
Hay un
desajuste entre clima social y clima político que es
el rasgo más destacado de este período. La clave que
aclara este desajuste, a mi juicio, es la siguiente:
el bienestar económico y social es una consecuencia
de lo que ha venido ocurriendo en nuestro país
durante los últimos años.
El
malestar político no es una consecuencia, sino un
propósito. No es el resultado de ciertos hechos,
sino una secuela buscada y alimentada. No es algo
que se ha producido, sino algo que se ha provocado,
son palabras de José Blanco, número dos del PSOE y
secretario de Organización, pero bien podría haber
sido la opinión de un analista político uruguayo,
hablando de Uruguay.
La
sensación que hay hoy en nuestro país es que el
Partido Nacional busca y alimenta el malestar
político, con la esperanza de hacer coincidir sus
descripciones del gobierno, que en mi opinión son
erróneas, con algún hecho que pueda suceder en los
próximos meses, donde uno de ellos puede presentarse
cuando las capas medias-medias sientan en sus
bolsillos las consecuencias de la reforma
tributaria.
La
estrategia nacionalista no parece tener futuro si el
gobierno no mete la pata en algún tema sustancial,
que pueda ser encasillado en ese plan de resistencia
a lo que hoy por hoy no existe. Más cuando en la
última encuesta el Presidente marcó 60% de adhesión.
En cambio, en España, el PP acortó distancias para
las elecciones municipales de mayo.
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