Las conductas de Izquierda y la capacidad
para consolidar los procesos en sus
respectivos países

por Simón Pachano*

La gran diferencia entre Hugo Chávez y los presidentes de Brasil, Chile y Uruguay no es solamente el estilo histriónico y provocador del primero. Ni siquiera se encuentra únicamente en la nebulosa definición ideológica del Presidente venezolano frente a las líneas claramente marcadas de los otros. Está en la capacidad de uno y otros para consolidar los procesos que se desarrollan en sus respectivos países. Es innegable que, a pesar de los cambios constitucionales y legales, el socialismo del siglo XXI de Venezuela depende casi en su totalidad de la presencia directa de Chávez.

 

Su intención de permanecer por varios periodos consecutivos en la presidencia es la mejor expresión de esa situación. En los otros países, no importa en mayor medida el nombre del presidente o de la presidenta ni es necesario acudir a tanta parafernalia para hacer las cosas o más bien para decir que se las hace.

 

Esa parece ser la disyuntiva de la izquierda en América Latina y muy particularmente en el Ecuador. No se trata, como lo ha presentado parte de la prensa internacional, de tomar posición a favor o en contra de Chávez, sino de escoger entre los dos modelos de gobierno de izquierda que están a la orden en este momento (si es que se considera que Chávez es de izquierda, lo que es otro tema).

 

El un modelo se asienta en el liderazgo fuerte, en la personalidad abarcadora que reemplaza a las instituciones y que no puede trascender el corto plazo de la presencia de esa persona. El otro trata de crear instituciones robustas, que permanezcan en el tiempo más allá del efímero paso de un individuo y por lo tanto apunta a plazos largos. El primero se agota en la denuncia y en la protesta, mientras el segundo se empeña en construir una alternativa estable y duradera.

 

Ahora que ha quedado prácticamente allanado el camino hacia la Asamblea Constituyente, la izquierda ecuatoriana tiene la gran oportunidad de entrar seriamente a definir este tema. Por segunda vez en la historia nacional -la primera fue allá por el cuarenta, en la Gloriosa- tiene la oportunidad de definir una ruta para el país y sobre todo de quedar instalada en el escenario político como un actor clave y decisivo para lo que venga en adelante. De lo que haga en estos días, e incluso en estas horas, dependerá lo que suceda con ella en los próximos veinte o treinta años. La tentación del triunfo fácil, en la que ha caído durante los últimos episodios, puede darle resultados inmediatos, grandiosos e inapelables en lo inmediato, pero le alejan de una base sólida que asegure su permanencia y su efectividad.

 

La estrategia desarrollada para llegar a la asamblea, que asegura la realización de esta, pone en riesgo a  la propia  izquierda como fuerza política importante más allá del periodo del actual Gobierno y no garantiza la permanencia de los resultados obtenidos. Por su propia supervivencia, la izquierda nacional está obligada a revisar el modelo de conducta que ha escogido.

Columna originalmente publicada en el diario EL UNIVERSO de Guayaquil. 

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