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La modernización del Estado,
una mirada desde el territorio
por Prof. Bernardo Quagliotti de Bellis
Uruguay
está viviendo un doble desafío: la agonía y muerte
de su falso destino como Estado-tapón y las
dificultades enormes de presentarse como un Estado
moderno. El contexto contemporáneo obliga a pensar
en nuevas políticas territoriales, por que así lo
exigen las transformaciones y desafíos del presente
siglo. Pero, es necesario tener en cuenta que
ordenación del territorio no es sinónima de
descentralización.
Por la Constitución de
1967 se creó la Oficina de Planeamiento y
Presupuesto. (OPP), que funcionó prioritariamente
con una sola P (presupuesto). Veintitrés años más
tarde, por ley 16.112 de 1990, se creó el
Ministerio de Vivienda, Ordenamiento Territorial y
Medio Ambiente, que respecto a su segundo cometido
poco realizó. El 11 y 12 de mayo de 1994, el
Ministerio realizó un seminario en el auditorio del
Banco Central sobre Ordenamiento Territorial que
denominó : Territorio: apuesta al futuro,
exponiendo 24 uruguayos, entre técnicos y
políticos y 5 expertos franceses que enfocaron la
experiencia en su país sobre El desafío de
pensar hacia el futuro. (El MVOTMA,
publicó las exposiciones, 1994).
Era evidente que era
necesario identificar el territorio, la estructura
de su población; las actividades y su distribución
en el espacio; el sistema de ciudades, sus funciones
y jerarquías; su morfología; las redes de
comunicación física; el sistema natural; pero,
fundamentalmente la organización administrativa del
territorio por parte de las autoridades nacionales y
departamentales.
En esa oportunidad
-hace 13 años- se presentó un anteproyecto de ley
de ordenamiento y desarrollo, que a pesar de
reiterados pedidos por los sucesivos jerarcas de ese
Ministerio dirigidos al Parlamento para que lo
tratara, éste fue postergando su análisis. Ahora, en
Uruguay, entró la urgencia respecto a la
descentralización -sin haber consolidado la previa
fase analítica global- pensando que por una
reforma constitucional, se van a resolver los
objetivos nacionales: crecimiento, competitividad,
generación de empleo, equidad, sustentabilidad
ambiental, disminución de pobreza; siete grandes
temas que están íntimamente compenetrados, a su
vez, por otros cuatro vectores: la revolución
científico-tecnológica, la informacional, las
reformas macroeconómicas y las macropolíticas.
(Roccatagliata)
Desarrollo regional e integración nacional
Peter Taylor, en su
conocida obra dedica una extensa reflexión al
análisis de los sistemas mundiales , como forma de
encontrar un marco conceptual para integrar la gran
diversidad de temas que debe abordar la geografía
política. El análisis de tales sistemas, más aun los
regionales, plantea la cuestión de cómo
conceptualizamos el cambio social.
En un reciente trabajo,
el economista chileno Sergio Boisier, señala que
El Estado es moderno si es capaz de comprender
la estructura de su entorno y es capaz de construir
su futuro. En estos tiempos, el Estado se
ve compelido a la apertura externa impulsado
por la globalización y a la apertura interna
motivada por la descentralización. Por tanto, en mi
criterio, todo lo atinente a la descentralización es
un tema difuso y confuso, pues entre los objetivos
nacionales y las megatencias está el territorio que,
como opina el Dr. Millán Muñoz del Centro de
Estudios Ambientales del Mediterráneo, El
territorio se confirma como el soporte de la
competitividad.
¿Imaginar y preparar el futuro, es
posible?
En mi libro
Uruguay
y su espacio ( 1979),
consideré que una política de ordenación
territorial puede imaginar y, a su vez, construir
posibles escenarios alternativos, por lo cual es
indispensable construir un sistema de reflexión
colectiva y de acción. Posteriormente -a comienzos
de 1995- en Bruselas se reunió el
Comité
de Desarrollo Espacial,
estableciendo en sus conclusiones finales que el
Estado
después de su reforma, de la apertura
externa y la descentralización
deben asumir las responsabilidades de
definir prioridades, es decir, los principales ejes
prospectivos.
En dicha oportunidad, Gérard-Fraçois
Dumont, enfantizó que en estos tiempos,
se requiere de un Estado promotor
del desarrollo, programador y orientador que
reemplace al Estado centralista, burocrático e
ineficiente. (Lamenagement du territoire.
Uruguay ha sido,
históricamente, indiferente con su territorio, salvo
la excesiva importancia que le otorgó a la
ciudad-puerto-capital. Lo cierto es que según las
circunstancias que viven los pueblos, éstos y sus
gobiernos deben volver a reconquistar su
territorio, con el objetivo de actualizar el sistema
de sus relaciones tanto internas, como con el mundo
exterior.
Muy bien señala el argentino Dr. Juan
A. Roccatagliata:
Si la
ordenación territorial resulta un mandato
constitucional, un sentimiento de necesidad o una
forma de concebir un proyecto de país, de sociedad,
podemos concluir que las GESTION y la ORDENACIÓN
TERRITORIAL constituye un POLÍTICA DE ESTADO.
La descentralización:
complejidades de un proceso
En las últimas décadas, el proceso de
descentralización en Iberoamérica ha estado asociado
con la democratización del Estado y con la
modernización de la gestión pública. El citado
economista chileno Sergio Boisier plantea que la
vaguedad conceptual está asociado al empleo de
conceptos que tienen significados diferentes, pero
que se usan como equivalentes:
descolonización, desconcentración y
descentralización.
Siguiendo con Boisier, (Postmodernismo
y globalización
(1994)
éste argumenta que otro error frecuente consiste en
diferenciar erróneamente las diversas modalidades y
clases de descentralización:
funcional, territorial, política.
La
primera, implica el reconocimiento de competencias
específicas a un solo sector de actividad. La
segunda, presupone el traspaso decisional a un
territorio o localidad. Finalmente, la tercer, se
establece cuando el cuerpo descentralizado se
generas mediante procesos electorales.
En Uruguay ha pareciera se inscribe
en un proyecto mayor,
la
reforma del Estado,
La madre de todas las reformas, a criterio del
presidente de la República) Es decir, procurar
aportar una diferente redistribución del poder
político en la sociedad , estableciendo un nuevo contrato
social
entre el Estado y la sociedad civil. En mi criterio
ello implicaría construir política y socialmente las
regiones que, con sus particularidades se definen:
litoral, norte, noroeste, sudoeste, centro,
metropolitana. ¿Han sido todas (a excepción de la
región sudoeste) estudiadas a nivel nacional,
regional, microrregional, comunal?
A juicio del Dr. Carlos Haefner
(sociólogo de la Universidad de Chile), la reforma
política, la gobernabilidad y la descentralización
constituyen procesos independientes . La denominada
reforma estructural del Estado
o modernización de éste obedece a dos
grandes fuerzas:
1).-
La necesidad de colocar la indelegable función
estatal de respaldo a la acumulación a tono con las
nuevas modalidades derivadas de la revolución
científica y tecnológica y,
2).-
la necesidad de lograr una nueva relación entre el
Estado y el nuevo agente protagónico del proceso de
cambio y modernización en la reestablecida
democracia iberoamericana.
Esta actitud implica pasar de un
arreglo institucional centralizado a otro
descentralizado acotando el Dr. Haefner.
el cual se convierte en una
contribución a la gobernabilidad al dispersar el
conflicto político que se expresa en los sistemas
con un alto grado de concentración.
El proceso de reforma en países
iberoamericanos
En los países de la región se han
manifestado diferentes concepciones de la reforma
administrativa. Tal el caso de
ARGENTINA,
que en 1985 analizó un proyecto modificativo al
1880, estableciendo ocho regiones, aunque la
influencia del polo Buenos Aires, mantiene aún su
predominancia.
BOLIVIA,
ha concebido la descentralización como un proceso
integral de revisión y transformación de la
organización administrativa del Poder Ejecutivo.
BRASIL,
distingue dos conceptos básicos: reforma
administrativa y, modernización administrativa.
COLOMBIA,
concibe
la administración pública como sistema y los cambios
difieren sustantivamente de los de carácter jurídico
y estructural tradicionales.
CHILE,
aplicó
la filosofía administrativa y con una fuerte
preeminencia del aspecto político interno y
electoral, aglutinando las provincias en 9 regiones
autónomas a partir del corriente año.
MÉXICO,
considera a la reforma administrativa como un
proceso permanente y sistemático, vinculado a otras
transformaciones básicas en lo político, económico y
social; y se ha tratado que dicha reforma no
conduzca a una tecnocracia.
PERU,
la vincula al desarrollo
socio-económico del país.
URUGUAY,
se ha planteado la necesidad de una reforma del
Estado a través de una nueva constitución, (la
sexta).
VENEZUELA:
la
reforma es entendida como un proceso sistemático y
permanente que no concluye en ninguna de sus etapas,
dado que cada una de éstas provoca nuevas
necesidades de cambio administrativo que deben ser
atendidas y resueltas.
Abreviando: en todos
los casos iberoamericanos existe un común
denominador: centralización asfixiante, falta de
adecuación geográfica del absoluto del respectivo
territorio, situación que lleva a consecuencias
peligrosas inevitables: ausencia de expectativas de
las subrregiones nacionales y, como consecuencia,
carencia de una participación real de los
habitantes del país.
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