Claves geopolíticas XXIII
El dilema sudamericano

por Héctor Valle

El profesor Milton Almeida dos Santos, geógrafo y filósofo brasileño pero, y por sobre todo, un librepensador que ha dejado una huella tan profunda como permanente, manifestaba hace ya unos años, al ser entrevistado por otros colegas[i], lo siguiente: “Estamos para pensar el mundo y no apenas algo fragmentado”.

 

Bien  cierto es, puesto que ¿cuántas veces solemos distraernos y pensar que nuestra circunstancia, la propia, por cercana y común es, en sí misma centro de gravedad del mundo...?

 

Pero partamos de esa tal circunstancia, que en mi caso es el Uruguay, para luego ir  formando nuevos círculos (cual guijarro que cae y pica repetidas veces en el agua hasta alcanzar su límite, que será la total profundidad) de forma de terminar comprendiendo por realidad, la regional, la sudamericana y así, avizorar el horizonte cercano, con mayor realismo y, por qué no, mejores perspectivas, una vez despejada la hojarasca que nubla la visual y perturba la correcta focalización de las vías más próximas a lo posible, en materia de intercambio comercial y, a la vez, opciones geopolíticas precisas.

 

I - Uruguay, en números y en palabras

Veamos su comercio exterior durante el año 2006 (enero a diciembre), datos estos que  pueden hallarse en la página web de la Asociación, www.aladi.org, apenas dirigirse al país (en este caso, el Uruguay), visualizando los archivos que traen la totalidad de los números que, reitero, de los que apenas citaré algunos pocos, pero relevantes, para la comprensión de lo que pretendo significar[ii].

 

Dice el informe que “En 2006, el comercio exterior de Uruguay se caracterizó por un crecimiento importante de sus exportaciones (15,7%) y uno aun más significativo de sus importaciones (23,1%), respecto del año anterior.

 

Como resultado, el déficit comercial aumentó pasando de 462 a 823 millones de dólares en el período considerado, resultado del incremento del déficit con la región que más que compensó la mejora en el superávit con el resto del mundo (Cuadros 1 y 2).”

Para agregar, seguidamente, que: “El incremento de las ventas abarcó tanto a las exportaciones tradicionales (24,8%) como a las no tradicionales (11,8%). Las ramas con mayor incidencia en el aumento global fueron la frigorífica (25,5%) –que dio cuenta del 43% del incremento total de las exportaciones-, las curtiembres y marroquinería (20,9%), la pecuaria (98%) y el material de transporte (62,3%). Cabe destacar que Rusia, Brasil y Chile fueron los destinos que más contribuyeron al incremento de las exportaciones, dando cuenta del 35%, 23% y 15% del crecimiento total, respectivamente.

 

Y aquí sale una nota a pie de página en la que se aclara el origen de la información: “Intercambio de bienes del Uruguay a Diciembre de 2006, Banco Central del Uruguay.”

 

Nada como ir en busca de informes precisos y que permitan trabajar sobre ellos, como en este caso y compartirlos. Digo esto, porque en los últimos tiempos fueron proporcionados a la prensa uruguaya datos fragmentados de períodos muy breves (a lo sumo un trimestre, el primero), por tanto inestables –por variables según sucesos acontecidos en un espacio mínimo dentro de los mismos (una semana, por ejemplo, como la de Turismo, que caiga antes o después del mismo) como para tomarlos como fiel reflejo del comportamiento de un país.

 

Prosigamos.

Luego de explayarse, con datos, sobre la expansión de la actividad económica, entre otros elementos aportados, el documento da cuenta de lo que sigue: “El intercambio comercial con los países de la ALADI se mostró más dinámico que el global, tanto en las exportaciones (23,6%) como –especialmente- en las importaciones (45,9%). Como resultado de este comportamiento, el déficit comercial intrarregional se profundizó, pasando de 869 a 1.522 millones de dólares en el período considerado. Cabe destacar que gran parte de este incremento se explica por el fuerte aumento del saldo comercial negativo con Venezuela (asociado a las compras de petróleo), así como al mayor déficit registrado con Brasil y Argentina (Cuadros 1 y 2).”

 

Seguidamente, se advierte que: “Las exportaciones intrarregionales mostraron un comportamiento heterogéneo según copartícipe. (...) Por su incidencia se destacaron los incrementos de las ventas a Brasil (26,5%), Chile (98%), y en menor medida, Venezuela y Argentina (13%) (Cuadro 2)”.

 

En cuanto a las importaciones, detalla el informe, por ejemplo, que: “(...) Los restantes orígenes registraron incrementos, destacándose Venezuela (144,9%), país que dio cuenta del 38,5% del aumento de las importaciones desde la región. Por su incidencia también se destacaron las expansiones de las adquisiciones en Argentina (37,3%) y Brasil (30,7%) (Cuadro 2).”

 

Finalmente, y respecto de países y áreas fuera del ámbito de la ALADI, el informe establece que: “Con el Resto del Mundo, el intercambio comercial de Uruguay se caracterizó por un incremento moderado de las exportaciones (11,7%) y por una leve contracción de las importaciones (-1,4%). De esta manera, el superávit comercial extrarregional aumentó, pasando de 407 a 699 millones de dólares en el período analizado (Cuadros 1 y 2).”

 

Ahora bien, importa saber los detalles de tal intercambio, es interesante conocer en su totalidad este informe que continúa con los diferentes cuadros.

 

El informe, ya avanzado el mismo, manifiesta lo siguiente: “Desagregando las mencionadas exportaciones según las principales áreas geoeconómicas se observan comportamientos diversos. Por un lado, se contrajeron las ventas a Canadá (-48,9%) y Estados Unidos (-32,1%).”

 

Todos los destaques en negritas como el subrayado de diversos pasajes, son de mi responsabilidad.

 

Sobre todo esto, apenas haré un brevísimo comentario, pues entiendo que los datos hablan por sí mismos y es beneficioso que cada quien procesa a su propia y serena lectura: El Gobierno del Uruguay, que en otros importantes sectores viene avanzando y generando instancias de esperanza tiene en la economía, en la generación de economía productiva -léase de instancias generadoras de producción con alto valor agregado más, y esto es vital para un gobierno de izquierda, una ampliación real, efectiva, de la base empresarial y dentro de ésta, de la exportable-, su más que pobre rendimiento.

 

El Uruguay, su economía, continúa exportando lo mismo que en la época de la colonia.

En los grandes números y en las principales áreas y destinos, esto es así, rotundamente lo es. Lo único destacable en su performance –y, en lo personal, juzgo de dudosa manifestación de alegría-, es el cambio que viene produciéndose en la deuda uruguaya, en el plazo de vencimiento, que se extiende.

 

Además, resumamos algunos otros aspectos que permanecen incambiados desde larga data y otros, como la inflación, que comienzan a preocupar:

 

·                    No existe movilidad social positiva.

·                    El desempleo no baja.

·                    La inflación apenas puede ser contenida (¿a costa de...?)

 

Parece ser que ha llegado el momento de reflexionar qué es lo que traba la generación de instancias productivas que a la vez impacten, y lo hagan favorablemente, en el grueso de la población económicamente activa y así se derramen los beneficios al resto de la sociedad.

 

No basta con transformar un Estado Benefactor en uno Recaudador sin siquiera intentar propiciar la mejora, lo repito, con una base socioeconómica lo más amplia posible, de la producción nacional con elementos que contengan alto valor agregado.

 

En un aspecto ya más abarcador, bueno es recordar lo que manifestara el presidente Tabaré Vázquez, en entrevista concedida al diario chileno La Segunda: “El MERCOSUR no es una jaula de oro, sino “un sistema vivo, dinámico, una plataforma para la inserción de la región en el mundo y no inhabilita la política exterior específica de quienes lo integran, países distintos en tamaño, pero igual en derechos.”

 

Veamos, pues, un nuevo círculo de acción, en lo regional.

 

II - Uruguay en el Eje MERCOSUR-Chile

Según se detalla al respecto, en la página web del IIRSA: “El Eje Mercosur-Chile está compuesto por la región norte de Argentina, la región sureste de Brasil, la región centro-norte de Chile, la región comprendida al este del río Paraguay y noroeste del río Paraná en Paraguay, así como también la totalidad de Uruguay. Cuenta con una extensión territorial de 3.1 millones de Km2 y una población de 125 millones de habitantes.”

 

Y, agregan: “ El Eje Mercosur-Chile engloba los estados más industrializados del Brasil, todo Uruguay y el corredor central Buenos Aires - Santiago de Chile. En este espacio se genera el 70% de la actividad económica suramericana. La gran mayoría del comercio desde y hacia Suramérica tienen como origen o destino la región del Eje. La Iniciativa IIRSA busca impulsar inversiones en transporte, energía y telecomunicaciones que permitan reducir el costos de producir en este territorio, a fin de potenciar y dar sostenibilidad al crecimiento económico del Eje y consolidar su contribución como pilar fundamental de la economía suramericana.”

 

OH, casualidad, la controversia bilateral entre la Argentina y el Uruguay, se da lugar, precisamente, en el punto de unión entre ambos países, dentro del citado Eje.  

 

En todo caso, y valorando en positivo los pasos que están dándose en materia sea de integración, es decir, de distensión para una mejora en la citada disputa, anotemos apenas la gran trascendencia que el Eje en cuestión tiene para la vida de la región.

 

La visita del Presidente Vázquez al país trasandino tiene, ciertamente, importancia creciente, no para estudiar esas figuras mágicas, de dudoso e incierto contenido, apoyado en tres letras, sino para mejorar, robustecer y ampliar las relaciones bilaterales, ya de por sí buenas.

 

En ese clima y con tal espíritu, recordando instancias superiores como la del citado Eje, irá el Uruguay aproximándose, más y mejor, a una región que nunca debió dejar de atender como el centro mismo de las posibilidades mayores de crecimiento de su pueblo.

 

III - Tercer golpe del guijarro en el agua: Brasil, un incómodo global player

Acierta el brasileño Mauro Santayana cuando afirma en su artículo intitulado “O Itamaraty e sua circunstancia”, lo siguiente: “Lo que incomoda a muchos, en la política externa del actual gobierno, no son los errores, sino los aciertos. La diplomacia existe para planear y ejecutar los actos necesarios a la soberanía de los Estados, mediante las negociaciones permanentes con los interlocutores.”[iii]

 

Es así que también a nivel de periodistas, sean esos dos curiosos norteamericanos que en vez de realizar una intensa y profunda campaña de concientización primero en su propio país, van extramuros pontificando soluciones en y para otros países, bien como aquellos colegas sudamericanos, pero que reportan a medios de prensa y ONG´s norteamericanos, que tímida pero sistemáticamente comienzan a atacar al Brasil del Presidente Luiz Inácio “Lula” da Silva y a su política externa.

 

Es que el país norteño viene cosechando una serie de resultados, sea en lo nacional, como en lo regional y, especialmente, en lo internacional, que le colocan a las puertas de una nueva era en su vida como Estado-Nación.

 

Además, y visto desde este lugar del mundo, el Uruguay, el Brasil es hoy, un articulador primordial para América del Sur no sólo por su fuerza económica, sino también por su condición de democracia estable, perfectible, lógicamente, pero estable y capaz de proyectarse a mediano y largo plazo a este respecto y desde allí imaginar nuevos y mejores horizontes para su gente.

 

El Uruguay, que ya no puede hacer gala de su manida “política pendular”, porque el péndulo perdió uno de sus extremos al estar inmerso en un contencioso con la Argentina, de incierto pronóstico, tiene en la nación brasileña un potencial articulador junto con el cual, desde el MERCOSUR, es factible imaginar mejores tiempos para su gente y para la región, también.

 

Porque el MERCOSUR, tiene sentido desde una base de aplicación democrática republicana y no, ciertamente, desde una base que quite aire a las libertades individuales como a la expresión electoral de la ciudadanía sin que por ello se reniegue, todo lo contrario, de una mejora, paulatina, pero sistemática, de las condiciones en equidad y desarrollo para todas sus gentes.

 

La contribución que el Brasil puede aportar para con –y junto con- sus pares en el bloque regional (digamos MERCOSUR, pero proyectemos tal acción a toda Sudamérica), según uno atisba a visualizar, es el facilitar desde la conducción democrática de cada Estado-Parte, la puesta en marcha de negociaciones prudentes, realistas y discretas como solución de controversias tanto internas a cada Estado como externas en el relacionamiento de los Estados-Parte entre sí. Esa es, por otra parte, la historia misma de la política externa del Brasil. Y así, avanzar hacia estadios de realizaciones más ambiciosos, ya pensando en el concierto internacional de naciones, sea desde lo político, sea desde lo económico y comercial.

 

IV - El dilema sudamericano

El que Cuba haya empleado, especialmente desde 1984, al Ejército como columna vertebral en la conducción, desde el management, de la economía (controlando el 30% de las compañías, a fines del 2006, y con resultados que superan el 64% de la recaudación total de divisas del país)[iv], no implica que otra nación piense en ensayar igual solución, esperando idénticos resultados.

 

El caso cubano, en más de un aspecto, es intrínseco a la isla que, desde la génesis de la Revolución, fue llevando al país al actual estado de situación, tan peculiar. Una circunstancia que, ciertamente, no es extrapolable.

 

Por ello, el MERCOSUR habrá de obtener nuevos y más venturosos estadios de realización, dentro de una circunstancia de efectiva y probada democracia que avente, sea el militarismo, sea el neofascismo o, si he de ser más directo, esa vieja e inalcanzable aspiración que suele provenir de lo profundo de la historia de estos pueblos: la idea del caudillo, del supremo, del “prócer”, militar él, iluminado civil aquel, que ponga, supuestamente, sobre sus hombros a la nación y la lleve a estadios de.... amargas decepciones para el grueso de su pueblo, claro está.

 

En el MERCOSUR, como en todo organismo plural, conformado por naciones democráticas, con su propia cláusula de salvaguardia de la misma, los que acuerdan son sus respectivos gobiernos y no, o no apenas, los individuos que, temporalmente, mal que les pese a algunos, están en ese puesto de dirección. Todo aquel que estando en el poder, olvide o entienda que la precariedad ya no le alcanza, ha comenzado a gestar su propia salida del mismo, porque a partir de tal soberbia le asistirá una razón patológica que sólo buscará, cada día con mayor ahínco, sostenerse en el mismo a como de lugar.

 

Los mandamases y los iluminados son personajes no sólo siniestros sino tragicómicos. Trágicos para sus pueblos y cómicos si los viéramos sin oírles, apenas moverse con sus gestos y sus carencias.

 

Debemos progresar por sobre individuos menores, con intereses subalternos y promover el imperio de una razón sensible que tenga en cuenta a la propia historia, en sus tiempos sociales y no apenas, valorar lo del tiempo cronológico de quien vive los hechos.

 

Hay que tener muy presente la génesis misma de esta reunión de naciones que hoy se plantea, con natural inquietud, la mejora y profundización de su condición superior como bloque de naciones libres.

 

Hay, en nuestras gentes como en nuestros suelos, y subsuelos, potencias y riquezas que las hacen sentir que un mañana promisorio no es una quimera sino una lógica conclusión, si es que sus gobiernos saben estar a la altura de la hora.

 

Por ello, no debe tomarse a la Historia del Presente como la  única y cierta sino como parte, y en aspectos no menores, como consecuencia o circunstancia que comprende a esta Historia del Presente que, tomada en su contexto, en la abarcación de toda nuestra Historia, permitirá dar pasos firmes hacia horizontes nuevos, por mejores.

 

Es preferible cerrar esta reflexión, así, en clave de esperanza, desde bases ciertas, que intentar llevar lodo a aquel lado o bien al otro. Nada ganamos con desnudar miserias comunes al ser humano, salvo el profundizarlas o, peor aun, radicalizarlas.

 

Mejor, creo yo, es generar buen aire desde un suelo habitado por personas erguidas que se miren a los ojos, se escuchan y dialogan.

 

Hay un mañana que merece ser pensado, y es mejor hacerlo desde este hoy, apagando miserias en tanto mejoramos la escucha y buscamos, mancomunadamente, que el dilema sea en grado de evolución, mayor hoy o mayor mañana y no el retroceder, groseramente, a modos de barbarie que nadie desea y que a nadie beneficiará.

 

Finalizo como comencé: citando al profesor Milton Almeida dos Santos quien, en oportunidad de recibir el Doctorado Honoris Causa de la Universidad Complutense de Madrid, afirmara sobre estas cuestiones, lo siguiente: “(...) Una región es una situación y una construcción, es decir, un producto social. (...)... la esencia de la región no está constituida por la longevidad del edificio sino por su coherencia funcional.”[v]

 

Por mi parte, recuerdo la porfía emprendida desde estas páginas: es imperioso construyamos una Teoría Crítica Latinoamericana que de esa coherencia reclamada por un ser tan visionario como comprometido socialmente, como el profesor Milton Almeida dos Santos. Es preciso. Y además, es posible.

 

[i] Entrevista de la TV Cultura de Florianópolis/SC/Brasil (año 2000), reproducida en parte por el “Jornal Universitario, en su edición de noviembre del mismo año.

[ii] Uruguay, Comercio Exterior Global: Enero-diciembre 2005-2006 (ALADI/SEC/di.2049.6, del 7 de marzo de 2007, www.aladi.org

[iii] Santayana, Mauro, “O Itamaraty e sua circunstancia”, Jornal do Brasil, Sección “Coisas da Política”,Río de Janeiro, edición del 28.02.2007.

[iv] Aznárez, Juan Jesús, El País, Madrid, Sección Internacional, Madrid, edición de fecha 11.02.2007.

[v] Milton Almeida dos Santos, Discurso de aceptación en su investidura de “Doctor Honoris causa” por la Universidad Complutense de Madrid. Publicado en Anales de Geografía de la Universidad Complutense, nº 16, págs. 15-27, Madrid, año 1996, págs. 20-21.

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